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La inflación y el fin de la historia, por Iván Torre.

01/08/2012

La inflación no es hoy en día una preocupación importante en el discurso oficial. En el mejor de los casos se la considera un “mal necesario”, hijo de las pujas distributivas que resultan del mayor poder de negociación de los trabajadores en un contexto de fuerte crecimiento económico. En el peor de los casos, la inflación directamente no existe, tal como lo indican las cifras publicadas por el INDEC.

Dejando de lado la tragedia que implicó destruir la credibilidad del instituto nacional de estadísticas, aquí hay dos puntos para señalar: primero de todo afirmar que la inflación es un mal “necesario” implica ignorar buena parte de la literatura económica de los últimos cuarenta años, que ha dado cuenta de la inexistencia de la llamada “curva de Phillips”, aquella que establecía que a mayor desempleo, menor inflación. La crisis del petróleo de 1973 probó que inflación alta y desempleo alto podían convivir sin problemas, de la misma manera que la “Gran Moderación” de los países desarrollados en los años ’90 demostró que se podían tener al mismo tiempo inflación baja y desempleo bajo. Las experiencias de decenas de países emergentes que han crecido con inflación baja y desigualdad decreciente muestran que cualquier intento de establecer una relación biunívoca entre crecimiento e inflación es prácticamente en vano.

El segundo punto a señalar es que la inflación tiene efectos no menores sobre el legado económico del kirchnerismo. En tanto las posibilidades de ahorro se vuelven limitadas en un contexto de alta inflación, los hogares pierden la capacidad de suavizar su consumo a lo largo del ciclo económico: es decir, se vuelven más vulnerables a los shocks de ingresos en la economía. Así, cuando los ingresos suben, los hogares los destinan integralmente a financiar nuevo consumo ya que se ven impedidos de ahorrar por la rápida pérdida de poder adquisitivo de la moneda. Cuando el shock es negativo los hogares, en forma simétrica, retraen su consumo bruscamente ya que no cuentan con un “colchón” de ahorros que les permita sobrellevar la parte descendiente del ciclo. En este sentido, las mejoras en los niveles de consumo que se han dado durante los años verdes de la gestión kirchnerista bien pueden borrarse de un plumazo con un shock de ingreso lo suficientemente fuerte. Más aún, las mejoras en los indicadores de igualdad distributiva pueden verse significativamente reducidas.

En tanto la distribución del ingreso (entendida como la distribución de la renta de los factores productivos, ya sea capital, trabajo o tierra) es un subproducto de la distribución de la riqueza (entendida como la distribución del stock de factores productivos), la inflación puede tener un efecto negativo sobre ella ya que inhibe la acumulación de stocks al limitar las posibilidades de ahorro. Para que esto quede más claro apelaré a un ejemplo práctico.

Imaginemos una economía donde existe una sola tecnología de producción, por la cual una unidad de capital provee una unidad de ingreso. Hay dos hogares, uno rico y uno pobre. El primero tiene dos unidades de capital (Kr=2), que le brindan un ingreso de Yr=2, mientras que el segundo tiene una unidad de capital (Kp=1) que le brinda un ingreso de Yp=1. Ahora imaginemos que ambos hogares reciben, en forma éxogena, una suma fija adicional de ingreso de 1. Esto, per se, reduce la desigualdad ya que ahora el ingreso del hogar rico (Yr=3) es solamente un 50% mayor que el del hogar pobre (Yp=2). A continuación los hogares tienen que decidir en qué gastar ese ingreso adicional: supongamos que el hogar rico lo destina a adquirir una unidad de capital mientras que el hogar pobre lo destina al consumo de bienes perecederos. En el periodo siguiente, entonces, Kr=3 y por lo tanto Yr=3, mientras que Kp=1 y Yp=1. Notemos que la desigualdad es ahora peor que en el momento inicial, ya que Yr es tres veces mayor que Yp y no dos veces mayor como al principio. Lo que este pequeño ejemplo quiere mostrar es que incrementos en el ingreso no necesariamente se traducen en mejoras permanentes de la distribución del ingreso sino que, paradójicamente, pueden empeorarla en el mediano plazo si las posibilidades de ahorro se ven limitadas para algunos hogares.

En este sentido, la reciente prohibición de compra de dólares para atesoramiento puede, en el corto plazo, generar un incremento en el consumo al eliminarse uno de los destinos principales de los incrementos de ingresos en la economía argentina. El peligro, sin embargo, es que al quedar prácticamente eliminada la forma de ahorro más común en contextos de alta inflación -la compra de moneda extranjera-, los hogares argentinos queden completamente expuestos a los vaivenes del ciclo económico. Los inversores más sofisticados podrán encontrar la manera de proteger el valor de sus ahorros adquiriendo bonos o activos financieros más complejos pero los pequeños ahorristas, aquellos que solamente pueden aspirar a ahorrar diez mil pesos, ¿qué pueden hacer?¿dónde invertir su dinero de modo de no perder poder adquisitivo? El consumo en bienes durables o semi-durables se presenta como la única opción viable.

La actitud “descuidista” del kirchnerismo respecto a la inflación revela, en el fondo, una particular visión sobre la economía y la política. El actual gobierno se ha mostrado, en muchos casos, poco propenso a institucionalizar su obra –recordemos, por ejemplo, que el andamiaje legal que sostiene la AUH es un decreto de necesidad y urgencia. Esto parece revelar una cierta despreocupación por el fenómeno de la alternancia política, quizás una de las características definitorias de los regímenes democráticos. De la misma manera, al minimizar el problema de la inflación, el gobierno parece olvidar que el ciclo económico existe, que puede tener efectos reales y que los mismos son más acentuados cuanto menores son las posibilidades de ahorro. Ambas actitudes revelan la idea de un gobierno que se concibe como “el fin de la historia”: no hay necesidad de preocuparse por proteger institucionalmente lo logrado en tanto este gobierno (o sus valores) llegó para quedarse, de la misma manera que la inflación no es un problema para el ahorro de los argentinos ya que la senda de crecimiento que este gobierno ha trazado no se torcerá nunca y, por lo tanto, nunca faltará dinero en el bolsillo de los argentinos.

La realidad, o la Historia (con mayúscula), se han encargado en reiteradas oportunidades de derribar el mito de que las “hegemonías” son para siempre. Quizás haya llegado el momento de que este gobierno reconozca su contingencia histórica y se preocupe, un poco más, por dejar su marca no solo en los libros de historia sino también en la economía real.

Iván Torre.

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17 comentarios
  1. 01/08/2012 12:30

    La pregunta que me ocurre es, si no hubiera inflacion ¿que porcentaje de familias podrian ahorrar para epocas de crisis? Sin tomar en cuenta que la mayor parte del pequeño sector con potencial capacidad de ahorro tiene mas habitos de cigarra que de hormiga.
    Ademas la alternativa de ahorro en dolares no hace mas que extraer recursos de la economia al retirarlos de la inversion productiva. Por lo menos podria haber recurrido a un ejemplo mas feliz de alternativa de ahorro que pueda conviertirse en posibilidades de inversion.
    Y el ejemplo de los hogares no explica nada; mas bien parece un sofisma. ¿Que tipo de agente economico es “cada hogar?. Porque si se refiere a familias, un incremento de ingreso absoluto claramente beneficia mas a la mas pobre que a la mas rica, . O sino a que decil de ingresos le es mas importante recibir, digamos 1000$ ¿A uno que cobra 30.000$ o quien cobra 3.000$? Sin contar que la primera familia tambien incrementara su gasto en proporcion a su nivel de consumo.
    Una inflacion menor , con una politica antiinflacionaria TAMBIEN tiene costos que pagan los mas desfavorecidos.
    Es el capitalismo, estupido. (Sin alusion personal)

    Wal

    • ivantorre Enlace permanente
      01/08/2012 13:19

      Hola Wal,
      La alternativa de ahorro en dólares la menciono porque es la más común en la Argentina. En otros países (Brasil o Chile por ejemplo) existen plazos fijos ajustados por inflación que protegen a los ahorros de la pérdida de poder adquisitivo. Aquí se intentaron una vez -los plazos fijos ajustados por CER- pero bien sabemos cómo terminó la historia: el CER se elabora con la inflación del INDEC… de modo que esos plazos fijos directamente ya no se ofrecen al público. Así, hoy en día, un pequeño ahorrista no tiene a mano un activo financiero que le permita proteger el valor de su dinero.

      Sobre lo que mencionás respecto del impacto de un aumento de ingreso en las familias, es claro que es como decís: por eso la desigualdad se reduce inicialmente. Lo que apunto yo es a una mirada más de mediano plazo. ¿Qué hacen los hogares con ese dinero? Si los ricos lo pueden ahorrar en un activo que los proteja contra la inflación y los pobres se lo consumen, el día de mañana -cuando ese shock positivo de ingreso desaparezca- los ricos se habrán quedado con una riqueza mayor que los pobres.

      Por último, la idea de que toda política antiinflacionaria es recesiva y desigualitaria me sorprende por su “ortodoxia”. Existen decenas de casos de políticas antiinflacionarias heterodoxas: el Plan Austral en nuestro país, por ejemplo, o el plan israelí de julio de 1985 (casi contemporáneo con el anterior, y más exitoso también). La política de metas de inflación, tan denostada vaya a saber uno por qué, redujo la inflación en Chile en el período 1991-1994 en un contexto de crecimiento y caída del desempleo.

      Saludos,
      Iván

  2. 01/08/2012 16:39

    My 5 cents (cai en este blog de casualidad). Creo que no es 100% acertado sostener que esta probado la “inexistencia de la curva de Phillips”. Comparto en que existe evidencia sobre la posibilidad de tener una desinflacion sin mucho costo en el nivel de desempleo ciclico (tipico ejemplo de libro de texto es las politicas de la administracion de Reagan con Volcker a la cabeza de la FED). Pero eso es distinto a sostener que no existe el trade-off desempleo inflation en el corto plazo. Justamente, es el rol de las expectativas (algo que el gobierno Argentino esta imposibilitado de coordinar -en mayor parte por culpa del gobierno mismo)! Si el BCRA (o el Ministerio de Economia, o la Secretaria de Comercio… ya no se que organismo esta a cargo de que – no vivo en Argentina) lleva a cabo una politica antiinflacionaria que es creible (ojo, no necesitamos rational expectations), la gente ajusta expectativas a la baja, lo cual te corre la curva de Phillips para adentro con un trade off mucho menor. Entiendo que la experiencia de los ’90s es consistente con la Curva de Phillip “pasando de moda” pero no siento que sea evidencia demoledora. Es mas, cada vez estoy escuchado mas que la “Curva” is back. Finalmente, tengo dudas que el Gobierno Argentino tenga en la cabezaa la “Curva” para justificar la inflacion (curva de oferta con pendiente positiva …expectativas? output gap? eso es reaccionario! :-) )

    • Iván Torre Enlace permanente
      01/08/2012 18:01

      Hola Emilio,
      gracias por tu comentario. En efecto, quizás fui demasiado simplista en decir que la curva de Phillips no existe más. Dado el público del blog no quise entrar en una discusión sofisticada sobre el tema, sino simplemente mencionar que el trade-off producto/inflación no es algo estático. Tenés razón en lo que decís y justamente a eso quise apuntar en la respuesta al comment anterior – ejemplos donde el trade-off se corre hacia “adentro” son varios y el rol de las expectativas es clave en ello.

      saludos
      Iván

  3. Mariano T. Enlace permanente
    02/08/2012 01:32

    Yo creo que el no ahorro en dólares es algo temporario. Si el blue se modera un poco en precio y se institucionaliza un poco más, la gente va a volver a ahorrar en dólares.
    El problema hoy es que el pequeño inversionista no convalida el 6 y pico (el grande si, ver valor de los bonos).. Pero es cuestión de acostumbrarse.

  4. 02/08/2012 10:43

    Muy interesante la explicación. La manera de equilibrar crecimiento y empleo sin alta inflación, sería aumentando la inversión? Pero cómo es la relación entre ahorro e inversión en un país con tan poco mercado crediticio como Argentina? Se me ocurre que si se minimizan las posibilidades de ahorro, se va a tender a invertir más (la contraparte el aumento del consumo de los más pobres), pero si se fomenta el ahorro esa plata va a parar al sistema financiero y no se traduce en créditos a la producción, que sería lo deseable. Ahí tal vez juega también el problema histórico, ya suena un poco trillado decirlo, de la falta de iniciativa de la burguesía argentina. Como dice Iván, de sus hábitos más de cigarras que de hormigas. Si el excedente no se reinvierte productivamente, no crece sólidamente la economía y aumenta la inflación. Cómo se fuerza a los privados a invertir? Tiene que hacerlo sí o sí el Estado? Y el Estado tiene la capacidad para eso en este momento?

    Con lo que no coincido es con la conclusión “política” acerca de la falta de institucionalización, me parece una salida un poco fácil. No sé por qué podría haber una tendencia por parte del gobierno hacia la no-institucionalización (lo voy a pensar), pero creo que cualquier sueño de inmortalidad pereció junto con la 125. Y hoy en día la cuestión de la continuidad está muy presente en la cabeza de todos. Tampoco son estúpidos.

    • Mariano T. Enlace permanente
      02/08/2012 13:37

      Yo creo que en las condiciones actuales al que invierte en Argentina hay que hacerlo ver de la cabeza, salvo que sea en uno de esos negocios fabulosos que se dan de tanto en tanto.

  5. 02/08/2012 19:22

    Hola Ezequiel, comenté en el blog de Abel con relación a tu discusión con Leandro y otros que creo que, más allá de su estilo tiene razón, como creo se desprende de la distribución del ingreso en un período mediano (5 años) utilizando daros de CEDLAS.

    El tema se relaciona con este post, sin duda, porque creo que la didáctica explicación de Ivan tiene un problema: el efecto regresivo de la inflación que muestra solo afecta a quienes mantienen capacidad de atesoramiento, que son una minoría, concentrada en los deciles superiores.

    Muy buena idea esa de abrir el blog a otras plumas. Y bienvenido a la blogósfera el autor si es nuevo en este barrio flotante.

    el link: http://abelfer.wordpress.com/2012/07/31/la-crisis-y-nosotros-el-pesimista-y-el-optimista/#comments

    • Iván Torre Enlace permanente
      03/08/2012 00:24

      Hola Guido,
      solo para comentar lo siguiente: que hoy en día el ahorro esté concentrado en los deciles superiores bien puede ser una consecuencia del contexto inflacionario – con 25% de inflación anual, los únicos que pueden ahorrar son aquellos que tienen acceso a activos que tengan rendimientos nominales iguales o superiores a ese porcentaje. Se trata, en general de bonos, títulos públicos, obligaciones negociables y otros activos financieros que requieren un capital inicial importante. Muchos hogares de menores ingresos no ahorran porque no tienen opciones de ahorro viables en un contexto de alta inflación (claramente no estoy hablando de hogares por debajo de la línea de pobreza sino de aquellos de los deciles medios). Como indico en el post, si hoy en día una familia junta 5 mil o 10 mil pesos no hay activo en el que pueda invertir para proteger el valor de sus ahorros y, por lo tanto, ese dinero se termina volcando al consumo.

      Saludos
      Iván

    • 03/08/2012 00:27

      Guido:

      1) Vengo de una serie de días fatales, confieso que no tuve tiempo de mirar con tiempo la serie. Después, si tenés ganas, me gustaría que desarrolles el argumento in extenso. Meté los links que hagan falta, en eso no hay drama. Aunque sea, copiá y pegá.

      2) No quiero preguntar una obviedad, pero el impacto de la inflación que se registra, ¿sobre qué índice de precios se elabora? En principio, lo que veo en el CEDLAS es el uso intensivo de datos de la EPH que inevitablemente remiten al IPC nacional. ¿No afectaría esto, pregunto, la verosimilitud de la información requerida? Todo ello sin meterme en la cuestión de fondo, que es interesante, respecto de qué sectores se ven castigados por la inflación y cuáles no.

      3) Me parece también que es un poco forzado el argumento. Por ejemplo, los sectores en blanco tienen, entre otras ventajas, acceso privilegiado a bienes que exceden la porción más grande (la mitad, en rigor) de la masa salarial. Puntualmente, servicios de salud vía obra social. Si pagan una, eso afecta sus ingresos. Y su calidad de vida, en caso contrario, si eligen depender del sistema de salud pública -ojo, en CABA al menos yo me quedo con los hospitales toda la vida, al menos para cosas serias-.

      4) Tampoco tengo claro que el universo de lo informal sea todo lo homogéneo que se supone. Tomemos, por caso, a los deciles más bajos. Imaginemos personas que perciben asignación universal, o bien que participan en los planes de cooperativas tipo Argentina Trabaja. Si no me equivoco, no estoy seguro, andan abajo de las 2 lucas. ¿Seguimos sosteniendo que el fenómeno inflacionario es neutral para esos sectores?

      5) Cambio casi completamente de tema. Más allá de lo anterior, hay un tema que la nota de Iván no aborda, y es el efecto que la suma de distintas inconsistencias macro, pero centralmente la inflación, tienen sobre el tipo de cambio, y por ende sobre la competitividad industrial. Esto impacta de lleno en la actividad económica, por distintas vías de transmisión, pero sobre todo en lo que refiere a las llamadas exportaciones no tradicionales. Lo cual es otra forma de decir: si la inflación lleva al encarecimiento del tipo de cambio, y este impacta sobre la competitividad, ella sobre la producción, y la producción fuerza a reutilizar el REPRO para evitar las suspensiones… ¿hasta dónde podemos sostener que ese goteo inflacionario de veinte, veinticinco puntos al año no nos está reventando?

      Son preguntas que me hago, no presumo tener las respuestas.
      Abrazo,
      Ezequiel

  6. 03/08/2012 12:02

    Empiezo por abajo. Yo creo que el “modelo” (es decir las opciones macroeconómicas definidas por las coyunturas y los objetivos generales, en particular la necesidad de generar empleo) es estructuralmente inflacionario. Y que lo va a seguir siendo en la medida en que la productividad de las actividades que generan el grueso del empleo continúe estando tan exageradamente por debajo de los sectores con capacidad para competir en los mercados internacionales. En una economía abierta, los precios van a tender a converger licuando la productividad “artificial” del tipo de cambio, obligando a devaluaciones sucesivas hasta que los sectores de baja productividad mejoren su performance o todo se vaya al demonio. Vale decir: creo la “ortodoxia” tiene razón pero que sus recetas implican prender fuego el país, destruyendo el empleo y retrotrayéndonos 10 años y que la opción elegida es tremendamente riesgosa pero ha dado buenos resultados.

    Ahora vamos al punto, antes dos aclaraciones. La clasificación se los hogares de acuerdo a la proporción de la torta que se llevan no se solapa estrictamente con la dupla formal/informal. En 2003 yo era encargado de una librería en Palermo, en negro, y ganaba $3000, que era un salario bastante bueno en ese momento. En el otro extremo, un hogar de 5 miembros cuyo único ingreso es el de un familiar con pensión por discapacidad más las AUH de los otros 4 no es informal, y seguramente están en el decil más bajo. Mi planteo apunta más a la distribución del ingreso que a la condición laboral. Por supuesto, que ambas cuestiones no se vinculen de manera lineal no quiere decir que no estén relacionadas, pero no es allí donde voy.

    Otra cosa: la distribución del ingreso por deciles no tiene el IPC como insumo. Cada encuestado responde sobre sus ingresos nominales durante un período determinado y es eso lo que se refleja en la distribución (corríjanme si me equivoco en esto porque en ese caso se va toda mi argumentación a la banquina). En general, se supone que las respuestas sobre ingresos tienden a estar sesgadas a la baja, en particular entre aquellos con mayores ingresos, por eso más que el número lo que importa es la tendencia.

    Ahora si, vuelvo al argumento de Ivan. Como explica muy claramente, en un contexto inflacionario, los sectores con capacidad de invertir sus ingresos de determinada manera pueden blindarse contra la inflación mientras otros sectores van a ver reducirse sus ingresos en el mediano plazo. El argumento es sólido y corresponde al saber común de la economía. Entonces, dado que efectivamente estamos en un contexto inflacionario, ese efecto “desigualador” de la infla debería estar verificándose en el mediano plazo. “Mediano” es una medida bastante vaga para un intervalo de tiempo, pero me pareció que 5 años de inflación de dos dígitos era un período razonable para observar si en la tendencia lo que Ivan predice se verifica (de nuevo, si me equivoco en esto y me lo señalan a la hoguera con el comment).

    Tomo entonces los datos del CEDLAS sobre desigualdad que se puede bajar de acá: http://sedlac.econo.unlp.edu.ar/eng/statistics.php

    Ahí observo que la apropiación de cada decil entre el primer trimestre de 2007 y el primero de 2011 es como sigue:

    D1-de 1,3 a 1,6
    D2-de 2,6 a 3
    D3-de 3,7 a 4,2
    D4-de 4,9 a 5,4
    D5-de 6,2 a 6,7
    D6-de 7,7 a 8,1
    D7-de 9,8 a 10,1
    D8- de 12,6 a 12,7
    D9- de 17,2 16,9
    D10- de 33,9 a 31,3

    Claramente, los primeros siete deciles han pasado a comer más porciones de pizza (el octavo muy poco) y los dos deciles superiores las han resignado. Esto NO significa que la inflación no afecte al 80 más pobre, pero implica que, dado que el ingreso real del país ha subido durante este período (excepto 2009), y que ese 80% ha aumentado su participación sobre ese crecimiento real, hay que asumir que sus ingresos reales han mejorado (de vuelta, si hay una falla interna en este razonamiento todo el argumento se va a cantar música klezmer en la franja de Gaza).

    ¿Significa esto que lo que dice Ivan (y el sentido común y el consenso en las ciencias económicas) está errado? Lo dudo. Sin embargo, lo que se prevee no se verifica empíricamente. ¿Cómo se explica?

    La clave del argumento de Ivan (que repito que es correcto y ya lo voy a usar más adelante) es que al restringir las posibilidades de ahorro el excedente no rinde, lo que podría estando abiertas dichas posibilidades, la plata se “quema” y en la siguiente ronda el que tiene el capital cultural necesario para poder aprovechar las alternativas existentes se encuentra en una posición mejor. ¿Porqué esto no ha afectado durante este intervalo de tiempo a los 7 deciles inferiores y muy poco al octavo? En primer lugar, porque “quemar” en consumo no es un problema en la medida en que aún carecen de bienes culturalmente asumidos culturalmente como “necesarios”. Quien escribe, que la última vez que se fijó estaba entre el D7 y el D8, todavía no terminó de pagar el sillón del living, carece de DVD y anda con ganas de hacerse un placard. El no acceso a créditos inmobiliarios tampoco es un gran problema, porque esa opción nunca estuvo dentro de las posibilidades de ese 70%. La acumulación de capital por esa vía pasa por viviendas sociales o regularización de terrenos irregulares (entre los más pobres) o por compra de terrenos y autoconstrucción de a poco, mediante préstamos entre familiares (que es una práctica financiera informal a la que la tasa de referencia le importa un pito) o ahorro sobre ruedas hasta conseguir el capital necesario para arrancar. Ninguna de estas vías de ahorro está cortada para los primeros 8 deciles.

    Y llegamos a donde a mi parecer SI sucede lo que prevee el razonamiento de Ivan (y el resto del universo): los dos deciles superiores. La clave aquí está en los datos que me faltan. Concretamente, en una serie comparable con un mayor grado de desagregación. Obviamente, la heterogeneidad intradecil es muy grande. Mi sospecha (que si me la corrigen deja todo el argumento defendiendo el impuesto a las ganancias entre cirujanos y choferes de camiones) es que los percentiles superiores NO han reducido su participación como pareciera reflejar la serie copiada más arriba. Más bien, y en función del mecanismo que describe Ivan, lo que se ha producido allí es una redistribución al interior del 20% mas “rico” (que recordemos que mayoritariamente de “rico” tiene muy poco). Es decir, al tiempo que parte de las porciones de pizza perdidas por los deciles 9 y 10 fue a parar a los deciles 1 a 7 (y algo al 8), otras de esas porciones pasaron a concentrarse en los percentiles más altos. Porque aquí SI tenemos capacidad de ahorro, excedentes, y aquí si tiene sentido plantearse el efecto regresivo de la carencia de opciones financieras y el empeoramiento de la situación ante las restricciones a la compra de dólares.

    En resumen, lo que estaríamos viendo es que en el marco de un período de crecimiento de la economía con un contexto inflacionario se está produciendo una distribución del ingreso que da como resultado un crecimiento sostenido de la participación de los dos tercios más pobres al tiempo que el tercio más rico va viendo caer su participación pero no de manera homogénea: reduciendo su participación los sectores medios que pertenecen a ese tercio al tiempo que aumenta la participación de los más ricos. Con toda la ambigüedad de estas categorías (“clase media”, etc) : el kirchnerismo sería un proceso de distribución del ingreso desde los sectores medios y medios altos a los bajos y medios bajos sin afectar a los altos-altos.

    Esto me resulta consistente con las consecuencias sociales de este esquema: La conflictividad sindical tiende a concentrarse en trabajadores con sueldos que corresponden a los deciles más altos de ingresos (los que pagan ganancias, por ejemplo), al tiempo que entre los más pobres sigue siendo relativamente baja. Si la inflación estuviera teniendo el efecto pauperizador que se le atribuye sería necesario explicar porqué eso no deriva en la activación de las redes de sociabilidad y las estructuras organizativas todavía existentes entre los más pobres que en su momento dieron lugar a, por ejemplo, el movimiento piquetero (mientras que redes reivindicativas si se activan con otros objetivos, ligados a la inseguridad, por ejemplo, linchando violadores o quemando comisarías). También habría que explicar porqué la inflación queda siempre bastante por debajo en las preocupaciones de los encuestados cuando el universo consultado es más o menos amplio mientras que moviéndose uno en círculos que pertenecen a los deciles superiores, el tema es omnipresente. Todas esas cuestiones, sin embargo, la fuerte conflictividad entre los “privilegiados” (que siguen estando arriba pero no paran de perder participación en la torta), el desinterés relativo de la mayoría de las personas en los efectos de la inflación (porque ven que al fin y al cabo están cada vez mejor, aunque sea un poquito) son consistentes con un esquema donde la riqueza se distribuye en la mayoría, al tiempo que los sectores medios pierden participación y los ricos la juntan en pala.

    abrazo

    • Iván Torre Enlace permanente
      03/08/2012 13:48

      Hola Guido,
      Gracias por el comentario y por tomarte tu tiempo en escribirlo! Estoy de acuerdo en mucho de lo que señalás pero tengo, obviamente, mis disidencias.

      Ante todo, la intención de mi post no fue decir lo mala que ha sido la inflación para los más pobres hasta ahora, primero y principal porque, como los datos del CEDLAS que presentaste lo indican, en los últimos años los deciles inferiores de la distribución han aumentado su participación notablemente. Es decir, hoy en día, aún con un 25% de inflación anual el 70% más pobre de la población tiene una porción mayor de la torta. Como vos bien decís, si hay un efecto negativo de la inflación en los niveles de ingreso de los más pobres, ese no se ha visto hasta ahora.

      Pero el eje de mi post es justamente no lo que pasó, sino lo que puede llegar a pasar. La macroeconomía internacional ha sido relativamente benévola con la Argentina en la última década, aún con la crisis de 2008-09 de por medio, y nos ha ahorrado shock reales de ingreso negativos como los que ocurrieran históricamente. Mi punto es que la inflación ha limitado la capacidad de los hogares argentinos de protegerse frente a tales shocks negativos. Y aquí quiero hacer una crítica metodológica a tu argumento sobre los mecanismos de ahorro del 70% más pobre. Todos esos mecanismos de acumulación de capital que describís (autoconstrucción, préstamos intra-familiares, etc.) se dan en un contexto de inflación del 25% anual. Mi pregunta es ¿serían esos mecanismos de ahorro los mismos si la inflación fuese del 4%-5% anual? ¿el volumen del ahorro sería el mismo? Esta es una pregunta irresoluble porque nunca podremos ver el “contrafáctico” pero mi intuición es que justamente no serían necesariamente lo mismos. Muchas de las prácticas de acumulación de capital que mencionás bien pueden ser endógenas a un contexto inflacionario – p.ej. la compra de terrenos tiene que ver, en parte, con que se trata de un bien que ajusta “más o menos” como la inflación, aunque en manera super imperfecta y muy expuesto a los vaivenes del ciclo económico; idem el caso de la compra de autos usados, que tienen de todas maneras una depreciación relativamente rápida para el tipo de inversión que implican. Quisiera ver, justamente, el comportamiento del mercado informal de tierras y de autos usados en un contexto de inflación baja.

      Nos faltan datos, pero mi impresión es que en los últimos años sí hubo acumulación de capital en los deciles inferiores aunque seguramente muchísimo menos de la que hubiera habido de haber una inflación más baja, y esto es lo que motiva mi preocupación. Me podrás decir que el contrafáctico que propongo no tiene sentido porque, como mencionás al principio de tu último comentario, este modelo es estructuralmente inflacionario – las mejoras distributivas que se vieron en los últimos años no se podrían haber dado sin inflación. Disiento profundamente con esto y es lo que quise decir en la primera parte de mi post: la inflación no es un “mal necesario” de las mejoras distributivas. Este igual es un tema largo para discutir y vale para otro post per se.

      Saludos
      Iván

    • 03/08/2012 22:41

      Ivan, mirá que yo no creo que las mejoras distributivas necesariamente deriven en inflación (hay ejemplos internacionales en contra). Lo que creo es que la opción que este gobierno eligió es inflacionaria. Elección que, por cierto, no se da en el vacío sino, en parte motivada por la estructura productiva (pero eso ya es otra discusión).

      Tu contrafáctico ¿Puede evaluarse comparando con los sectores sociales tomadores de crédito en la “parte dorada” de los 90? Ahí no tenías inflación ¿Tomaban crédito los deciles inferiores? Obviamente no los tres primeros ¿Y los “del medio”?

      Te hago por último una pregunta, mi formación es mas cualitativa que cuantitativa, por lo que manejo mas o menos las fuentes de información disponible: ¿existen series de distribución desagregadas por percentil?

      saludos,
      Guido

    • Iván Torre Enlace permanente
      05/08/2012 00:10

      Hola Guido,

      A mano no tengo información sobre la distribución del credito privado por decil de ingreso en los años ’90. Estaría bueno ver si esa info existe en realidad. En principio, como % del PBI, el credito privado a fines de los ’90 llegó a casi el 25% y hoy está alrededor del 14%. Mi impresión es que el crédito muy probablemente haya llegado a deciles inferiores de los de hoy, pero en este momento no tengo la info para confirmarlo. No sé, igual, si los ’90s son el contrafáctico ideal para los ’00s – justamente por los movimientos en la distribución del ingreso. Lo ideal sería ver un período con desigualdad decreciente (distinto a los ’90s) y, al mismo tiempo, inflación baja. Es un tema interesante para investigar igual!

      Sobre series de distribución desagregadas por percentil, en principio deberías manejar las bases usuarias de la EPH (están libremente disponibles en el sitio del INDEC) para calcularlas. De todas maneras, dado el tamaño muestral, es probable que las estimaciones de casi cualquier variable a nivel de percentil tengan errores estándar muy grandes. Es por eso que, en general, no se publica información a un grado mayor de desagregación que los deciles. Hay quienes, sin embargo, han estado trabajando con otras fuentes sobre los ingresos del 1% más rico – fijate este trabajo de Facundo Alvaredo al respecto: http://bit.ly/NhcI4M

      saludos
      Iván

  7. Alejandro Enlace permanente
    03/08/2012 18:09

    Ivan, muy interesante el post el post, especialmente lo referido a la distribucion. Te queria preguntar 2 cosas.
    1)Porque persiste la alta inflacion? En anos anteriores, se pensaba que era un costo colateral del crecimiento acelerado y del TCR comeptitivo, ahora no tenemos ninguno de los dos, pero si una inflacion de 25 por ciento.
    2) Si la inversion equivale al ahorro, como se explica que la inversion (2011), aun con sus porcentaje seguramente dibujado, haya llegado a casi 25 puntos del producto. Un porcentaje alto es inversion publica, pero quien financia la inversion privada?
    Alejandro

    • Iván Torre Enlace permanente
      05/08/2012 00:17

      Hola Alejandro,
      Gracias por tu comentario. No soy un especialista en macro pero mis respuestas tentativas a tus preguntas son:
      1) La alta inflación hoy persiste sobre todo porque hay en ella un importante componente inercial – es decir, los precios suben hoy porque subieron ayer. Fijate que la mayor parte de los contratos que se firman hoy (los de alquiler son el caso típico) ya tienen incorporadas clausulas de ajuste que implican una inflación esperada de 20% anual. Hay un montón de mecanismos de indexación implícitos que hacen que la inflación persista aún cuando puede no haber cuellos de botella en la oferta.
      2)Aquí me faltan números, pero según recuerdo buena parte de la inversión privada es autofinanciada – sobre todo a través de reinversión de utilidades. El crédito privado hoy es muy bajo.

      saludos
      Iván

    • 05/08/2012 14:36

      Si el comportamiento inrecial fuera significativo, la inflación sería muy facil de abatir (como se hizo con el desagio del plan austral).
      Pero todos sabemos que la demanda agregada y la emeisión siguen creciendo por encima de la capacidad de oferta de bienes y servicios

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