Lo real y lo simbólico. Por Ezequiel Gaut
LO REAL Y LO SIMBÓLICO
Apuntes para un estudio comparativo de la diversidad de reacciones, dentro de un marco gnoseológico peronista.
Un invitado en el blog del ingeniero, Teodoro Boot, nos cuenta aquí cómo el discurso de Cristina le hizo emocionarse y lagrimear. La verdad, me hubiera gustado reaccionar como él. Pero en mi caso la cosa fue diferente. Déjenme contarles lo que me pasó a mÍ, un invitado en el blog de Ezequiel Meler, con el mismo discurso.
Esa mañana entré en Ramble Tamble para ver qué novedad había. Me encontré con un apunte cien por cien atinado: hay que actualizar la AUH con más frecuencia pues, de lo contrario, la erosión que le produce la inflación se come una gran porción de su eficacia.
Llego a casa a las ocho y pico y me encuentro con el final del discurso de Cristina. Por llegar tarde, me pierdo la narrativa, la exposición propiamente dicha. A lo mejor, de haber podido ver la exposición entera habría podido emocionarme como el compañero Boot. Pero eso no pasó. Llegué sobre el final y me quedó captar solamente el sentido: cambian en el billete de cien a Roca por Evita. Fenómeno, ningún problema. Excepto éste: una reivindicación simbólica (perfectamente legítima, por cierto) se me aparece como respuesta en el final de un día que había comenzado con la pregunta por la eficacia real de la AUH. Es cierto que la conexión está sólo en mi cabeza y es únicamente contingente al día mío. Me dirán: “el gobierno es el que más hizo” o “Cristina no tiene porqué andar detrás de tus necesidades individuales de respuestas precisas, nada más que porque vos justo ese día leíste algo en un blog”. Cierto. Muy cierto. Pero…
Delante del televisor, una idea incómoda me invadió. La de una mujer humilde en un barrio pobre (no sé porqué me imaginé una mujer) mirando el nuevo billete de cien con la efigie de Eva.
Compra menos cosas, todo el mundo lo sabe.
Pero ahora tiene a Eva.
Y mientras la imagen de la mujer contemplando el billete me pasa por la cabeza, repiquetea en mis oídos el sonido de los aplausos…
Ezequiel Gaut
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Si de entrada decís que no escuchaste el discurso completo, estás admitiendo que tu comentario al respecto está un poco sesgado. Yo lo escuché completo y aunque no soy peronista como Teodoro, me emocionó y mucho, también. Entonces, lo tuyo, me parece que pasa por ésto que comenta Boot ”
Este gobierno podrá no reunir todos los requisitos que uno, atrevidamente, exige. que presenció, convivió y protagonizó, de una u otra manera, la pulverización de esa “Argentina grande con la que San Martín soñó”. Y enfatizo ese ATREVIDAMENTE del comentario, porqué pareciera que de eso se trata con algunas críticas, atrevidas, sin contenido. Y la idea que te incomodó, pensando en que le pasaría a una mujer humilde en un barrio humilde, que no es igual a pobre, como vos lo mencionás en el post, lo que te incomoda puede ser eso mismo que te impide emocionarte con lo que se emociona el pueblo viendo la imágen-no la efigie como vos decís, la imágen de la mujer más amada por su pueblo. Y ya se actualiza la AUH para que la felicidad sea completa.
Saludos.
A veces los esfuerzos de traerla a Evita al presente, “Ad usum Delphini”, se dan de bruces con la tecnología moderna:
http://www.perfil.com/contenidos/2012/07/27/noticia_0004.html
Puede que se debería consultar más a Marx, quien refiriéndose a la monarquía absoluta de Luís Napoleón Bonaparte –por algo se habla de peronismo y bonapartismo, que no es por el Código Civil, como cree la Presidenta- escribió: “La Constitución, la Asamblea Nacional, los partidos dinásticos, los republicanos azules y los rojos, el trueno de la tribuna, el relampagueo de la prensa diaria, toda la literatura, los nombres políticos y los renombres, intelectuales, la ley civil y el derecho penal, la liberté, égalité, fraternité, todo ha desaparecido como una fantasmagoría al conjuro de un hombre”, advirtiendo a los revolucionarios que la revolución del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir: “La revolución del siglo XIX debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido”.- Marx, Karl. El 18 Brumario de Luís Bonaparte. En: K. Marx y F. Engels. Obras escogidas en tres tomos. Editorial Progreso. Moscú. 1981. T. I. Págs. 404 y sgts.-
Muy bello pasaje. Y muy actual. Un hallazgo de un buen lector.
Gracias.
Un abrazo,
Ezequiel Meler.