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Combates por la historia.

19/07/2012

“Pero, vista así, la historia se parece bastante al resultado de un concurso causal tan inexorable y necesario como el movimiento de las bolas de billar humeanas.  Llegaríamos a la tautológica conclusión de que nadie pudo ser ni hacer otra cosa que la que fue e hizo, como si se cayera en cierto determinismo histórico.”

Para debatir.

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15 comentarios
  1. El Lurker Enlace permanente
    19/07/2012 05:59

    A mi los historiadores modernos me parecen en general bastante deterministas.
    Para alejarse lo más posible hacer una historia sobre grandes hombres o como las antiguas listas y crónicas de reyes dicen que todo es un proceso, y que el personaje histórico es secundario, “si Perón no hubiera nacido otro habría hecho lo mismo o algo parecido”.

    Si la Historia fuera así, podríamos predecir bastante mejor el futuro. Ningún proceso obligó a Alejandro Magno a llegar con su ejercito hasta la India, lo hizo porque fue su voluntad individual, podría haber parado antes y la historia de India y Asia Central no sería la misma.

    Estoy en desacuerdo con el artículo que linkeaste porque las críticas de Romero no me parecen tan endebles, hacer una historia de buenos y malos subsidiada por el Estado tiene sus riesgos, además es verdad que no se enseña historia mitrista en las universidades o profesorados, la historia argentina no es muy larga y no se me ocurre algo pendiente por revisar, un instituto revisionista parece algo casi retro, de otra década, innecesario.

    Los revisionistas también usan el contexto para justificar. No niegan los crímenes de Rosas, dicen que no era peor que los que lo criticaban y que no era particularmente sanguinario para la época.

    Saludos

  2. 19/07/2012 11:12

    Hay una tendencia berreta en el neorrevisionismo, algo así como lo que describe la autora como una historia maniqueista de buenos y malos que llega al momento actual. Esto incluye el pecado del anacronismo (que para mi es descalificatorio en un historiador), y una especie de historia billiken al revés.
    No cabe duda de que el revisionismo ha formateado tantas mentes como el mitrismo, y que los historiadores desde la década del 70 presentan una mayor independencia de ambas vertientes.
    Pero hay un grupo que se pondría rojo de indignación si alguien osara por ejemplo refutar varias gansadas sobre los FC que escribió Scalabrini. Tipo el diseño o la política tarifaria, que estaban justificadas endógenamente desde el negocio ferroviario mismo sin necesidad de acudir a siniestras hipótesis conspirativas. Pero esa tendencia es así, yo pienso que a la hipótesis conspirativa solo se debe scudir cuando hay pruebas concretas, o cuando no se puede explicar conductas de los personajes desde el punto de vista de sus propios intereses, ideologías o prejuicios.
    Hay un cambio en la reivindicación de Moreno, que a veces cae en el exceso. Me acuerdo de la historieta que salía en los 70 en El descamisado, donde claramente Moreno era el “malo” y Saavedra el “bueno”. es el mismo grupo ideológico el que einterpretó 1810, lo que siempre es bueno más allá del resultado, al implicar replanteo de hipótesis iniciales.

    • 21/07/2012 18:49

      Permiso, Ezequiel. Mariano, ¿esto que figura en el libro de Scalabrini sobre los FFCC te parece una gansada?:

      “La construcción de ferrocarriles en las colonias y países poco desarrollados no persigue el mismo fin que en Inglaterra; es decir, no son parte -y una parte esencial- del proceso de industrialización. Esos ferrocarriles se emprenden simplemente para abrir esas regiones como fuentes de productos alimenticios y materias primas, tanto vegetales como animales; no para apresurar el desarrollo social como un estímulo a las industrias locales. En realidad, la construcción de ferrocarriles es una muestra de imperialismo en su función antiprogresista que es su esencia.”

      Aclaro que no son palabras del propio Scalabrini sino del inglés Allen Hutt.

      Concuerdo sobre la excesiva reivindicación de Moreno, alguna vez hice un post al respecto y justamente menciono tu comparación con el ’73 en un comentario.

      Saludos.

  3. 19/07/2012 16:06

    ezequiel: en tu opinión como historiador, ¿existen dos historias?

    Justo encontré este artículo en el blog de gargarella, http://seminariogargarella.blogspot.com.ar/2012/07/propiedad-indigena-en-la-reforma-del.html

    Es imposible no conectar ambos planos

    Si la historia es una sola, es la del devenir de 40.000 años del continente americano, en la que la que los aborígenes son mi historia, no sólo la de ellos

    Ahora, si hay dos historias, y la de Argentina empieza recién en 1810 ponéle, estamos ante un problema epistemológico grave

    ¿Entonces?

    Se me ocurre sugerir este enfoque http://juanjoserossi.com.ar/

    • 19/07/2012 18:24

      Mauro:

      En el tema legal no me meto, porque el especialista es Gargarella. En el tema disciplinario, te contesto: hay miles, millones de historias. La idea de que la historia es una, la historia universal, y de que tiene un sentido que se puede conocer a priori (esto último no importa tanto, pero quedate con esta noción: la historia como despliegue de UNA idea, la libertad, la justicia, la lucha de clases o simplemente el plan divino, según el caso) es un producto de la Ilustración, luego retomado por el idealismo alemán, el romanticismo, y el marxismo. La historia no tiene dimensión singular fuera de la idea, ya anacrónica y ella misma relativa a una época, de sentido histórico. Y hoy la creencia generalizada, para decirlo muy en criollo, es que existen tantas historias como perspectivas. Hay sentido EN la historia, atribuido por nosotros, pero la historia como tal, naturalmente, no tiene sentido por sí misma, sin nuestro concurso.

      Aplicado: los mismos individuos pueden tener, al mismo tiempo, una identidad como seres humanos, otra como argentinos, otra como pueblos originarios, otra como hombres y/o mujeres, otra como trabajadores y/o lo que sea, etc. No hay límites a priori.

      Abrazo,

      Ezequiel

  4. 19/07/2012 16:32

    Me parece que entre las diversas voces críticas a la “nueva historia oficial”, merece destacarse la de Hilda Sábato:
    http://www.clarin.com/opinion/discurso-unico-autonomia-poder_0_603539723.html
    Entiendo que esta historiadora ha sabido, en pocas palabras, demostrar las falencias del decreto de necesidad y urgencia (¿) que instituye el nuevo instituto revisionista, especialmente en cuando subraya que:
    “Este planteo se funda sobre premisas falsas. En primer término, no hay tal ausencia de “reconocimiento” académico de los personajes reivindicados. Esa afirmación ignora la extensa producción de investigaciones y publicaciones que se realiza en el marco de instituciones estatales y privadas de todo el país. Desde el fin de la última dictadura, la historia argentina se renovó profundamente, desarrollándose como campo de conocimiento de acuerdo con criterios compartidos en todo el mundo, según una diversidad de perspectivas y con autonomía del poder político. En ese marco, todos los personajes mencionados en el decreto han sido objeto de estudios, no en su calidad de “próceres” sino como mujeres y hombres enraizados en los procesos sociales de su tiempo.
    En segundo lugar, se define un enemigo: la historia “oficial”. Pero ¿cuál es esa historia? Teóricamente, sería la versión del pasado producida y difundida desde el aparato estatal, para imponerla sobre otras posibles e imprimir su sello en la memoria colectiva.
    Desde el principio, ese relato despertó reacciones críticas. Entre ellas, surgieron las corrientes revisionistas que propusieron una versión opuesta a la liberal, con sus propios próceres e hitos fundacionales.
    Los revisionistas fueron exitosos y lograron debilitar la influencia de la historia liberal, que perdió su lugar hegemónico. Pero hoy esa lucha, librada en las décadas centrales del siglo XX, ha quedado muy atrás y hace tiempo que el Estado ya no tiene un discurso único o privilegiado respecto al pasado.
    El argumento centrado en la vigencia de la “historia oficial” junto al que ignora la diversidad de la producción existente está destinado a crear un enemigo que pueda justificar una operación reñida con el pluralismo propio de una sociedad democrática: la decisión de fundar una institución del Estado destinada a promover y difundir una visión única de la historia Argentina”
    Agrego: no hay que tenerle miedo al revisionismo. Hace a la esencia de la investigación histórica el renovarse continuamente. Hay que reconocer los aportes del movimiento revisionista iniciado en los años 30 en nuestro país, valiosos en gran parte y que han servido para una mejor comprensión de nuestro pasado y obligaron a quienes no compartían esa visión a profundizar sus estudios. Lo que hay que tratar de evitar es que se imponga por decreto el relato oficial de los héroes ocultados, a los que es necesario reivindicar. La reivindicación resultará o no de las investigaciones y no de una decisión política.

    • Lada Laika Enlace permanente
      19/07/2012 21:04

      ¿Eso quiere decir que “la investigación histórica a la que aludís no resulta de “una decisión política”? Lo siento, sin que esto implique una reivindicación del Dorrego, la cosa, lamentablemente, es más compleja. Todas las investigaciones históricas son producto de una decisión, un recorte, un criterio de valor, y por lo tanto, son siempre en última instancia, “políticas”. Esto no quiere decir que haya que avalar cualquier cosa, ni que se pueda diluir la especificidad del conocimiento historiográfico en mero panfleto, claro…
      Saludos.

    • 20/07/2012 08:13

      Cuando se habla de una decisión política, se refiere a que ha sido tomada desde el poder, el ejecutivo, en este caso. El ejecutivo ya ha determinado que existen personajes de nuestro pasado que han sido ocultados y dispone que se los reivindique. Esa decisión se ha tomado en la soledad del poder, sin dar intervención al Congreso, donde hubiere sido interesante un debate sobre el tema. Distinto es el concepto de decisión política a que vos refieres, que son decisiones individuales y que por lo tanto carecen de la fuerza que emana de un acto legislativo del gobierno.

    • 20/07/2012 09:54

      En principio no parece que el ejecutivo haya “determinado” algo, más bien diría que dio una opinión, tan arbitraria y parcial como la que se desprende de todos y cada uno de los monumentos alusivos, nombres de calles, ciudades, etcétera que se despliegan por el país. No pocas veces nominadas ellas con su propio nombre por gobernantes en ejercicio (Sarmiento, Alsina y Mitre se destacaron particularmente en esa costumbre).

      Si lo que se plantea es que el estado (“el poder”) no debería intervenir en la determinación de la historia “correcta”, que debería quedar en manos de profesionales, la extensión del debate al congreso carece de todo sentido.

      Me parece que lo que hay aquí es una confusión entre diferentes funciones de la historia. La utilidad de la historia puede ser, por ejemplo, el entretenimiento. Algunos disfrutan jugar al metegol, otros salen a correr y otros nos interesamos sobre la vida privada de cadáveres venerables. Otra, que sería el punto de vista la ciencia social, busca extraer del análisis de sucesos ocurridos en el pasado algún tipo de lógica que le permita comprender la lógica de los procesos sociales. Desde este punto de vista, el pasado sería algo así como un laboratorio a mano para los cientistas sociales.

      Una tercer función, por supuesto, y quizás la más antigua, es la ideológica. La referencia a procesos y personajes, reales o más o menos imaginarios como estrategia de legitimación de cuestiones contemporáneas. La historia aquí es mítica, su utilidad radica la pregnancia de la metáfora. Los unitarios perseguidos por Rosas como metáfora de las almas sensibles horrorizadas por el populismo. La guerra de policía contra la revolución de los colorados como metáfora del conintes y la resistencia peronista, etc. La fuerza de cualquiera de estas construcciones no pasa por su adecuación a sus referente empíricos sino en su capacidad de resumir las aspiraciones de aquellos a quienes está dirigido.

      Pretender que un político renuncie a la función mítica de la historia es absurdo. Lo demuestra un poco el amigo Daio con su propuesta de buscar la “verdad” en el congreso: se trataría de poco más que una escenificación de la opinión deliberativista de que el interés del pueblo reside en la amable discusión parlamentaria. Una ritualización de la ideología de Daio.

      Si hay un problema, en cambio, cuando se supone que esa función ideológica debe primar sobre la función “científica”, profesional de la historia, aún en aquellos que se dedican a ella. Aquí tenemos un problema, porque la construcción de un relato debería estar por encima de lo que las reglas profesionales indican. Un historiador no es más importante que un plomero, solo es alguien que tiene conocimiento experto sobre una serie de cosas. Pero sobre esa serie de cosas, debe hace su trabajo con seriedad. Nadie pediría a un plomero que instale las cañerías de manera acorde a parámetros ideológicos específicos. Que se ocupe de que no goteen, después discutimos de política.

  5. 20/07/2012 10:48

    Guido:
    Para “construir” tu linea argumentativa, me haces decir que yo buscaría “la verdad en el Congreso”, cuando nunca hablé de verdad, palabra que no puede contribuir a aclarar ningún debate, sino que dije que “hubiera sido interesante un debate sobre el tema” en dicho ámbito. Por supuesto debatir en el congreso, puede ser entendido como un crimen de lesa majestad, para un gobierno de corte profundamente decisionista, como este.
    Tampoco me referí a la historia “correcta” y a su limitación a los profesionales y con lo del debate en el congreso, cree que claramente está referido a la creación del instituto, funciones, etc., para que no quedara limitado al capricho del soberano (*)
    Por supuesto que la historia puede ser utilizada para distintos fines,y teniendo en cuenta que nuestros gobernantes viven repitiendo los errores del pasado, una función primordial del conocimiento histórico, debería ser conocer el pasado para poder evitar al pueblo las gravosas consecuencias de ese desconocimiento.
    (*)Soberano, en el sentido que le da al término Carl Schmitt.

    • 20/07/2012 12:04

      Eduardo, el interlocutor imaginario del último párrafo no serías vos, sino Cristina, que avala la subsunción de la función científica o profesional en su función mítica, recurriendo para ello a personalidades que se dedican a la función de entretenimiento. El problema, por supuesto, no es que la historia tenga una función ideológica (que inevitablemente va a tener) sino que se desconozca lo que puede aportar el conocimiento específicamente historiográfico y su reducción a la diátriba política, que es parte constituyente de el pero no lo define.

      Un debate sobre la creación del ID en el congreso no tendría ningún sentido. Por definición, no sería un debate historiográfico sino político. No queda claro que sacaría el conocimiento histórico de ello. Y para discutir política no veo la necesidad de disfrazar a abogados (la mayoría de los legisladores) de historiadores. El ámbito de disputa natural de lucha por la función mítica es la política.

      (el pasado, diría yo, solo sirve subsidiariamente para entender el presente, es más bien un lugar para poner a prueba algunas hipótesis. El historicismo popular implícito en esa idea, no por difundido nos resulta más útil)

  6. 20/07/2012 22:28

    Ezequiel, te dejo estas palabras de Tulio Halperín Donghi:

    “:::Mi selección está hecha con mi criterio, es decir, lo que me parece importante. Ahora tengo una especie de adversario, [el historiador nacionalista Norberto] Galasso, que explica que para hacer historia hay una etapa en que se junta todo y otra en la que, desde una perspectiva militante, se explica la versión que a uno le gusta. Es una manera un poco tosca de decir lo que todos hacemos.”
    http://www.lanacion.com.ar/1048747-ya-me-acostumbre-a-la-idea-de-que-la-argentina-es-peronista

    Un abrazo.

    • 20/07/2012 23:38

      Rafa:

      Creo que las diferencias son otras, y yacen en la concepción de la historia, de los agentes, el rol de las estructuras, el papel de la teoría social, el diálogo con otras disciplinas, etc. Un mitrismo de axiología invertida, me parece que no tiene sentido, no aporta ni agrega nada al conocimiento. No hoy. En particular, Halperín hizo su contribución, pero eso no implica que su trabajo marque el sendero por el que necesariamente pasamos todos. En cualquier caso, con todas las salvedades hechas, lo de Galasso es lo mejorcito de los últimos 20 años en materia de historia argentina no producida en la Universidad, y de hecho dicta un seminario en Filosofía y Letras todos los sábados que ha resultado en una experiencia muy interesante. Y no por casualidad, Galasso no integra el Dorrego. lo cual es un tema, porque los deja sin otra obra fuera de lo que producen Pacho y Hernán Brienza.

      Pero acá estamos discutiendo algo distinto de revisionismo / historia social, etc. Que es lo siguiente: ¿es posible la historia como empresa colectiva de construcción de conocimiento sobre el mundo exterior? Y si lo es, ¿qué rol le cabe a la determinación (lo que hace mil años se llamaba las circunstancias), al azar, o a la acción humana?

      Un saludo cordial.
      Ezequiel

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