Kirchnerismo reloaded.
1. Las cifras del día de hoy generan, para los que nos interesamos en política, un aura de acontecimientos histórico. Ya sabemos que es raro que en la Argentina un presidente supere el 50%. Más raro es que lo haga en su reelección, y más aún después de dos mandatos del mismo proyecto.
En el día de la fecha, el peronismo kirchnerista se asegura algo más que doce años de mandato por derecho electoral. Se inscribe, asimismo, en la lista corta de los oficialismos más votados -concretamente, supera al Alfonsín de 1983, tal vez ronde al Yrigoyen de 1928, y arriba de eso sólo queda Perón (52 y 73). También obtiene la máxima diferencia existente con el principal partido opositor, superando los cuarenta puntos porcentuales.
Hay algo de especial en las presidencias citadas: ninguna llegó a término. No traemos la anécdota a colación para abrir el paraguas de los malos augurios: lejos de ello está nuestra intención. Al contrario, este es un gobierno socialmente fuerte, con los mejores apoyos organizados que existen en la Argentina (volveremos a ello más adelante), y además tiene lugar en un contexto en que el partido tradicional de los intereses antipopulares -esto es, el partido militar- ya no opera como factor de poder.
Por ende, y a eso vamos, estamos en una situación marcada menos por la recurrencia que por la singularidad. La singularidad de un tiempo cuyo rostro nadie puede atreverse a adivinar.
2. De cara a un período que se muestra como poco amistoso en el plano económico, la elección también marca una preocupación, visible desde el cierre de listas, por acumular el máximo posible de recursos políticos. Esto no es gratuito, y sirve a los fines de poder solventar todas las decisiones políticas que el Ejecutivo considere necesarias para enfrentar los coletazos y eventualmente el impacto de la crisis mundial en curso. A partir de hoy, Cristina cuenta con esos recursos.
Inversamente, la oposición política atraviesa un ciclo de debacle que, sin ser del todo nuevo, parece contener elementos definitivos. Por ejemplo, es el caso de la UCR, que no retiene ninguna gobernación y resigna una nueva oportunidad de consolidarse como fuerza de alternancia eventual. No creo que sus líderes actuales tengan mucho retorno de este presente, pero menos futuro tiene el centenario partido en manos de los dirigentes que se proponen como recambio. En pocas palabras, estamos asistiendo al colapso definitivo del radicalismo como fuerza de contrapeso en la Argentina, lo que me permite sugerir que, de ahora en más, deberá considerarse al sistema político argentino como caracterizado, de manera estable, por el dominio de un partido, el justicialista.
Distinta, pero no tanto, es la situación del resto de la oposición. Binner tiene el dudoso mérito de un segundo puesto a una distancia tal que diluye cualquier festejo, pero además se enfrenta al desafío de evitar que su flamante coalición se desintegre antes de las próximas nacionales. En este punto, cabe recordar que desde 2003, la oposición no repitió segundo puesto dos veces seguidas. El rol de cabeza visible de dicho entramado quema a cualquiera: pregúntenle, si no, a Elisa Carrió.
El otro dato relevante, precisamente, reside en el ocaso de las fuerzas marginales que se habían montado sobre la crisis de representatividad de 2001. Sobre esto no cabe abundar demasiado porque es un tema tratado y a la vista.
3. En cuanto a Macri, a quien muchos ven como preservado de la debacle opositora, cabe aclarar que enfrenta un desafío no menos complejo. Sencillamente, el triunfo arrasador del kirchnerismo sobre los peronismos federales, disidentes, republicanos y bananas deja en duda que dicho soporte le alcance para una proyección naci0nal. A ello debe sumarse la incomodidad que le trajo aparejado su vecinalismo originario: mientras su fuerza llamaba abiertamente a cortar boleta, el Ingeniero debió recurrir a toda clase de evasiones para evitar un compromiso público con cualquiera de las alternativas opositoras, y su candidato a diputado otorgó menos claridad que un banco de niebla. No se atisba, todavía, ni un marco de alianzas potencial, ni un discurso desde el cual pueda partir la construcción del mentado polo de derecha democrática. Lisa y llanamente, el resultado es demasiado contundente.
4. Esto no significa que no exista oposición y que el triunfo sea una garantía indeleble de tiempos tranquilos en los años que vienen. Pudimos creer eso por dos meses entre diciembre de 2007 y marzo de 2008, y vimos que no fue el caso. Por el contrario, lo que parece indicar el triunfo aplastante de Cristina Fernández es que el principal peligro para el bienestar político de su coalición vendrá de la misma. Nunca es bueno gobernar en el vacío: la responsabilidad por lo que pasa es tuya y solamente tuya, y tus errores se remarcan con una facilidad asombrosa. Asimismo, si algo nos enseñan los triunfos plebiscitarios, es la dificultad que sus líderes y emergentes enfrentaron para mantener la fuerza y coherencia relativa de su coalición y por ende sostenerse en el centro del ring a lo largo de los años.
5. En estos días, soplan vientos de cambio en la coalición oficial. Ello tiene varios sedimentos que conviene analizar:
a) el recambio del personal de gobierno: no es secreto que, desde diciembre, ministros como Amado Boudou (por razones obvias), Carlos Tomada, Aníbal Fernández, Julio De Vido, Julio Alak, Juan Luis Manzur, Alberto Sileoni y la lista continúa han de dejar sus puestos. Incluso, es claro que muchos subsecretarios han de acompañar el éxodo de sus jefes, llámese Noemí Rial, Guillermo Moreno, y otros. El perfil de los nuevos ministros, salvo excepciones, puede resumirse en un nombre: Randazzo. Tipos jóvenes, como Hernán Lorenzino, suenan para ministerios estratégicos, como Economía, y es factible una reorganización ministerial. En mi opinión, lo que se gana en la mirada de la opinión pública se pierde, en parte, en la falta de roce de algunos de los nuevos funcionarios, pero como decía el General, en la cancha se ven los pingos.
Cabe señalar que esta configuración marca el acta de defunción de la mesa chica tal y como la conocimos. Es decir, pierde sentido aquel relato del kirchnerismo originario que hacía hincapié en las lealtades reunidas en torno a la experiencia del grupo El Calafate, proceso que inició con el desplazamiento de hombres como Alberto Fernández y Alberto Iribarne, pero que se vuelve imposible de esquivar ante la salida de tipos como Tomada, De Vido y Sileoni. Lejos de encontrarnos frente a una apertura del proceso de decisión política, asistimos en todo caso a un recambio en la lista de favoritos y hombres de confianza.
b) También resulta notable el modo en que se articula la nueva elite de cara a la interna del justicialismo -ya no vale la pena agregar “kirchnerista”: lisa y llanamente, no hay otro-. Si entre 2003 y 2007, el kirchnerismo, con referentes como Pérsico, Depetri, D´Elía y Tumini, apostó a una renovación de la política con un perfil netamente movimientista, transversal, que dialogaba tanto con la CTA como con la CGT y se mostraba desconfiado del “pejotismo”, a partir de 2007 apareció gradualmente un perfil distinto, que muchos interpretaron con la desafortunada metáfora del recueste, por el cual los partidos pasaban al frente, y con ellos -esto es lo que me interesa remarcar- los dirigentes políticos profesionales, sin otras ataduras que las electorales y aquellas derivadas de sus roscas.
No vale la pena en que insista en los peligros de constinuar y profundizar esta matriz, como de hecho sucede en el momento actual: lisa y llanamente, el caso chileno nos muestra los peligros de una política sin concurso de actores sociales en la eventualidad de un cambio en la variable “gobierno”. A veces me pregunto, sobre todo cuando leo cosas como ésta, qué tan lejos estamos de ese peligro. Como bien señala bien Fede Vazquez, “lo que molesta, lo que no deja de zumbar en los pedidos de disciplinamiento, es que al gobierno no le sobran sectores sociales organizados. Más bien lo contrario.” Y coincido plenamente. La emergencia de una nueva dirigencia política profesional, basada en un modelo delegativo de democracia, sin responsabilidad ante base alguna, cuya razón de existencia reside en su identificación con la cúspide del poder, es el peor de los síntomas posibles.
6) Hay muchas tareas a futuro. Algunas hacen a la gestión y administración del gobierno -por ejemplo, es urgente ensanchar la base tributaria, mejorar la infraestructura de transportes, incentivar las exportaciones no agrarias, etc.-, y otras hacen al manejo de la fuerza que respalda esa gestión. Concretamente, pienso en el futuro del peronismo, ahora que parece que cuando perdemos es culpa de los malvados villanos del conurbano, pero cuando ganamos el mérito es totalmente ajeno a ellos, como una suerte de doble parámetro.
A mis ojos, la conducción tiene dos grandes opciones. Por la primera, que hoy no parece la más probable, puede involucrar abiertamente a Cristina en el control del justicialismo, a los fines de institucionalizar la sucesión y colocar en posiciones de ventaja a sus mejores y más fieles aliados. O, como parece, puede confiar en que los resultados de octubre durarán para siempre, en que todos los votos son suyos, y por ende congelar la última herramienta institucional de que dispone para disciplinar a la tropa y competir / compartir, la conducción y por ende la responsabilidad.
Lo que queda claro a partir de la suerte diversa de los agentes locales del peronismo -tanto de aquellos que se mostraron más distantes, y aún así ganaron, como De La Sota, Urtubey y Massa, como de los que más disciplinadamente actuaron, y aún así quedaron fuera de todo, llámese la CGT-, es que en la etapa que viene la política no será, como no lo ha sido nunca, patrimonio exclusivo de un vértice omnisciente. Es más, ese vértice tiene todas las chances de verse condicionado por una situación poco vista en los últimos años: un marco externo netamente recesivo. En ese contexto, un pacto social y político requiere, como condición sine qua non, la rehabilitación de los cuadros intermedios que hoy aparecen discursivamente ninguneados. Porque, al fin y al cabo, su poder de fuego y sus posiciones institucionales -esto es, todo lo que hace a la frase “relación de fuerzas”- son intangibles para la Presidencia.*
Ezequiel Meler
* Este posteo fue escrito unos días antes del 23. Lo he dejado, con mínimas modificaciones, como estaba entonces.






Excelente Ezequiel, con la distancia y la ponderación que te caracteriza. Ahora hay que ver qué hacen.
ABZO
FD
“Unos dias antes del 23″ usted no podía, estimado compañero, conocer un hecho a partir de ahora insoslayable: la Dra. (?) Carrió ha anunciado que pasa ¡”a la resistencia”!. Terrible. Temible. Nos engañó haciéndonos creer que se retiraría a una chacra… y ahora nos sale con este inquietante anuncio.
Su análisis, como de costumbre, es muy bueno, pero me temo que deberá rehacerlo a la luz de esta novedad tan significativa.
¿O no?
Ahora se viene el momento de hacer oposición interna. Oposición interna de espaldas a la oposición externa gataflora que sólo busca erosionar para quitar y ganar poder, pero reclamando más derechos humanos, como en caso de la represión a los Qom, que personalmente es una espina clavada en mi costado; reclamando como bien decís, decisiones en materia económica como disminuir la dependencia en subsidios, mejoras en el trasporte y exportaciones no agropecuarias.
El PJ se resistirá, nos llamará traidores. No. No se equivoquen. Queremos hacer valer las mismas banderas que nos llevaron a votar a CFK. Derechos Humanos, principalmente.
Un par de cosas:
La primera que es comprensible despues del discurso de ayer: cuando Cristina dijo que “no se la cree”, a mi entender, apunta a desmentir mucho de los argumentos del post ya que deja en evidencia que no pretende un gobierno centrifugo donde los que no esten dentro del huracan sean expulsados. Tal vez eso suceda dentro del PJ, lo cual es sumamente coherente, pero no así en la discusion política nacional (siempre y cuando las propuestas sean por el bien del pueblo en su conjunto).
La segunda es atendiendo al discurso despues de las PASOS: en ese momento Cristina dejo bien en claro que sabía que los votos no les pertenecían, ni a ella, ni a los opositores. Lo cual demuestra una inteligencia y visión sobre la realidad popular terrible, ya que sabe que si se echa algunos mocos, los votos se van para otro (vamos, eso es la democracia, no?). Es por eso que me parece que es incorrecto el análisis atendiendo a ese punto.
Finalmente, todo esto es de discurso, habria que ver si realmente lleva a la práctica lo que pregona con el discurso, pero al menos yo la vi muy sincera en ambas ocasiones por lo cual no tengo por qué dudar que sea meramente discursivo.
En cuanto a lo de la renovación del Kircherismo, estoy totalmente de acuerdo, y creo que va a ser algo natural que se va a ir dando. Los cuadros de “la mesa chica” seguramente pretenderan avanzar a otros puestos de gestión, dando lugar a pibes que manejen las areas vacias. No tengo muchas dudas de que eso suceda. Lo que mas me preocupa es el armado de una kirchnerismo a nivel nacional dentro de la estructura del PJ, sacando a patadas a los viejos destructores del peronismo.
El cineasta J. Carpenter suele decir que el deporte nacional del pueblo norteamericano es la muerte violenta.
El de los argentinos, afirmo, culpar, inveteradamente, a otros de lo que nos pasa. Pues bien, ayer “el otro” como “comodín” culpable de todo lo malo, lo feo y lo equivocado como tal ha dejado de existir.
El único protagonista es ahora el gobierno y lo verdaderamente fascinante es que “…la historia continúa…” ahora sin muletillas berretas para dirigentes berretas.
nunca fue, ni será el único protagonista el gobierno, esa no se la cree nadie…