¿Por qué gana Cristina Fernández?
“Cinco goles no se meten de casualidad”
César Luis Menotti.
1. La magnitud del triunfo de Cristina Fernández de Kirchner, en el marco de una gestión que lleva ocho años y se asegura otros cuatro, amerita reflexiones serias. Las cifras finales, la diferencia, no las conocemos. Alcanza saber que CFK se ha superado a sí misma nuevamente, al superar la frontera de las PASO.
Mirando hacia atrás, otros datos refuerzan el motivo de estas líneas. Cristina Kirchner llegó a la presidencia con un 45%, pero apenas superó el 30 y monedas en las legislativas de medio mandato. En aquel momento, algunos observadores apresurados, que se calzaban ya el traje de candidatos, llegaron a vaticinar entonces “una transición civilizada“, que por supuesto se cerraría con su propio ascenso al poder.
La doble comparación guarda alguna utilidad. Cristina obtiene hoy mucho más que los votos perdidos en 2009, en tanto supera su cifra originaria. Esto sucede porque, contrariamente a lo vaticinado durante los meses de junio y julio, ha mejorado notablemente su performance en las provincias del Centro – Litoral, incorporando un voto urbano de clase media de notable envergadura. Varias de las ciudades más importantes del país prueban que efectivamente existe un voto cruzado, fenómeno notable en una etapa que al mismo tiempo ve resurgir, en perfecta compatibilidad, una identidad oficialista militante como no veíamos en años. En mi caso, al menos, como no vi nunca.
2. Suele atribuirse buena parte del éxito del kirchnerismo al marco internacional favorable. Indudablemente, existe un margen de maniobra que depende de variables como el precio de la soja. Sin embargo, hay datos de gestión que son insoslayables a la hora de explicar la vitalidad del oficialismo para revertir la pendiente y llegar a estas cimas. El impacto de la política social, especialmente a partir de la AUH, ha recompuesto sus bases populares, generando efectos multiplicadores en toda la economía. La política laboral y salarial expansiva, incluyendo los millones de nuevos jubilados, ha permitido atemperar el impacto de la inflación en el bolsillo popular. El crecimiento ec0nómico, sabiamente administrado, ha sido visiblemente impulsado por un gobierno que siempre vio en la economía y en las finanzas públicas una baza no negociable.
La superación de la “prueba de ácido” de 2009, indudablemente, ha jugado su papel. Se mantuvo a grandes rasgos el nivel de empleo relativo, se mantuvieron los niveles de consumo, y se esquivó buena parte del primer coletazo fuerte de la crisis mundial. Con el paso del tiempo, estos logros se valoraron de manera creciente.
3. La política de alianzas de la oposición también amerita un comentario. El sistema político argentino soporta mal más de dos o, en casos excepcionales, tres fórmulas competitivas: sólo los opositores ofrecieron cinco. Los resultados están a la vista.
No quisiera dejar pasar un hecho. Desde diciembre de 2009, la oposición ha manejado posiciones institucionales de poder. Al alcanzar una notable mayoría propia en Diputados, se encontró en condiciones inmejorables para proponer y forzar situaciones que brindaran netas mejoras sociales. Más importante aún, se presentó como el contrapeso efectivo y el control de gestión del gobierno. Con ese discurso, lo que no vio era que también pasaba a compartir responsabilidad. Y, para peor, cayó prisionera de su propia trampa discursiva al no ser capaz, en la mayoría del período legislativo, siquiera de garantizar quorum, no digamos ya de impulsar legislación de un interés que superase la frontera de lo sectorial. Como resultado, con el parlamento opositor, tuvimos dos años de parálisis legislativa.
Hubo, al mismo tiempo, otro fenómeno, que los referentes opositores más significativos no supieron prever. El antikirchnerismo ferviente de los primeros años -ese que denunciaba al mismo tiempo las carteras, los glaciares, a los montoneros y al INDEC- lisa y llanamente agotó su poder de fuego. Ya se había mostrado inservible para construir mayorías en 2007: ahora iba quedando claro que ni para sostener minorías visibles le alcanzaba. El votante promedio pedía de la oposición dos cosas claras: una garantía de continuidad de políticas básicas (AUH, paritarias, crecimiento, estatizaciones, etc.), y un reconocimiento de los logros del kirchnerismo en temas que considera saldados (juicios por delitos de lesa humanidad, por ejemplo).
La oposición, en todos esos temas, seguía en 2007, por no decir en 2004: Duhalde pedía un país para el que quiere a Videla y el que no, Alfonsín recordaba que el gobierno de su padre había encarcelado a Firmenich y a “muchos de los responsables de la guerrilla”, Ernesto Sanz pedía una CONADEP de la corrupción, mientras que el politólogo Marcos Novaro sugería que los puntos quitados a los bonos de la deuda eran comparables a los desaparecidos, and so on.
Esos datos, bastante duros, de una oposición que prefería la intransigencia al reconocimiento, también se ven validados en la jornada de hoy. Por un lado, a quienes peor les va a es a aquellos que más se han aferrado a posiciones reaccionarias -por ejemplo, Duhalde-, o bien a quienes siguen haciendo sonar el disco algo gastado del INDEC, que como es visible ha amortizado su costo político. Por otro lado, la oposición que, dentro de la debacle, mejor sostiene y hasta acrecienta su potencia electoral es precisamente aquella que, tal vez por su mayor roce de gestión, o quizá porque supo reconocer, en circunstancias clave, la necesidad de avanzar con el gobierno, mejor se dispone frente a un eventual legado. Esto es, Binner.
4. En suma: el oficialismo se benefició de una gestión positiva de la economía, de la continuidad de un ciclo de prosperidad bien administrado y socialmente distribuido, de la garantía que su candidata implicaba de cara al futuro. La oposición no supo reconocer los méritos sociales y políticos del kircherismo, quedó presa de intereses sectoriales, no ofreció visibles continuidades ni puntos de ruptura socialmente compartidos, y fracasó en su política de alianzas.
Aunque los primeros términos de la explicación son los que mandan, dado que el porcentaje presidencial en primera vuelta es de mayoría absoluta con rasgos históricos, el conjunto alcanza a explicar los motivos diversos de una jornada electoral cuyos guarismos quedarán en la historia de la Argentina. Todo esto puede resumirse: el kirchnerismo ha anclado definitivamente en la sociedad argentina, como un piso al que se le pide más, pero, como bien reza el candombe, nunca menos.
Ezequiel Meler.






Lúcido análisis, como siempre. saludos
El que quiera tener un minimo de exito en la oposicion va a tener que hacer kirchnerismo con buenos modales sino RIP
Excelente! felicitaciones por el análisis tan lúcido!