With or without you.
El proceso político iniciado en 2003, que continúa en buena medida las líneas heredadas por su predecesor en materia de política económica, atraviesa una circunstancia particular. Electoralmente, depende de sí mismo. Más precisamente, depende de una candidatura que ha probado ser la mejor, con chances de ingresar a la lista de corta de aquellos candidatos que superaron el 50% en elecciones libres sin proscripciones ni fraude.
Políticamente, el proyecto ha alcanzado cohesión a partir de un cierre de listas que, aunque cuestionable, ha consolidado el liderazgo de la presidenta sobre la fuerza que la representará en el plano institucional.
Económicamente, el ciclo kirchnerista corona casi una década de crecimiento con altísimas tasas de generación de empleo y masa salarial, que también se expresa en una política social activa, cercana al 50% del gasto fiscal total.
Socialmente, podemos conjeturar el ascenso de una nueva clase media urbana y rural, que valora los progresos alcanzados y vota con menos sentido de pertenencia que en el pasado, en un contexto de mayor integración social. Habrá que prestar atención, porque no han firmado un cheque en blanco.
Pero no son todas buenas nuevas. La crisis económica de los países centrales amenaza nada menos que el pilar de estos años de acumulación política: la estabilidad y el crecimiento económico. Nuestros principales clientes y proveedores comienzan a sufrir los efectos de la parálisis de las economías centrales. El modelo basado en el tipo de cambio “alto” parece una caricatura de sí mismo, y la continuidad del gasto en los niveles actuales depende en buena medida de un cambio estructural en la matriz tributaria. Ninguno de esos frentes presenta soluciones sencillas.
Asimismo, la coalición oficial muestra signos de agotamiento en su estilo de construcción y en las modalidades de participación que abre a los sectores sociales vinculados al mundo del trabajo, a las organizaciones territoriales y sociales. Cierta esclerosis parece congelar a figuras del gabinete cuyo desempeño y eficiencia, amén del cuestionamiento social, merecen una revisión en lo que refiere a las prioridades estratégicas de una etapa que ya no es de mera reconstrucción.
El dispositivo de poder que se ha consolidado en estos años no es otro que el justicialista: los peronismos disidentes y sus sucursales provinciales se han mostrado incapaces de capitalizar apoyos de derecha dura. El peronismo, en sus trazos más gruesos (55% en la PBA, porcentajes aún mayores en el NOA y NEA), se encuentra dentro del justicialismo y responde, con las protestas que cualquier fuerza política de magnitud puede interponer, al proyecto político presidencial.
Es cierto, se trata de un apoyo interesado: al fin y al cabo, el éxito de CFK será también el de un justicialismo que sigue consolidando su presencia en prácticamente todos los territorios del país, y que por ende aspira a heredar la conducción de un país ordenado, próspero y pacificado. Nadie, en el peronismo que acompaña a la presidenta, quiere que fracase su mandato, pues ello sencillamente hundiría a cualquiera de sus delfines, tanto en la pecera propia como en el acuario colectivo.
Las fuerzas sociales que se han consolidado en esta etapa -pienso principalmente en el sindicalismo- aspiran a obtener un lugar en esa estructura de poder, un lugar que poco a poco van recuperando -si me preguntan, demasiado despacio- en el mercado laboral y en el ámbito social.
La militancia oficial también enfrenta desafíos, el menor de los cuales reside en reinventarse, no ya como minoría intensa, sino como parte de un proyecto colectivo que aspira a perdurar imponiendo -o, si se prefiere, consensuando- un modelo económico y político neodesarrollista, una política exterior signada por la integración regional, una determinada visión del pasado reciente, etc. La épica resistencial, de minorías, no tiene lugar en el nuevo escenario.
Un desafío de envergadura mayor reside en hallar, para nuestra generación, las huellas de una identidad que no es, no puede ser, la de nuestros padres. Sea lo que sea el peronismo que surja, es evidente que ha de parecerse poco, y retomar aún menos, de las perimidas discusiones setentistas, cuyos faccionalismos vencidos no debemos hacer propios.
Esto plantea, naturalmente, la pregunta acerca de qué significará, para las generaciones que se suman a la militancia, el peronismo tal cual lo entienden. No hay respuestas predeterminadas, aunque es evidente que habrá que trabajar para mantener vivos en la memoria algunos elementos esenciales que hacen al compromiso de una fuerza política con un destino determinado para la nación, y especialmente para sus sectores populares.
Este peronismo que mira con esperanza un juego democrático ciertamente favorable ya no hace rutinaria la distinción entre reglas formales y contenidos sustantivos, pues ha encontrado, en un contexto favorable, el modo de congeniar ambos principios. Ha entendido, sobre todo, que ciertas formas son, también, sustanciales. Insiste, con un tono un tanto sorprendente, en la primacía del Estado frente a todas las corporaciones, dejando tal vez de lado viejas veleidades, pero también indudables certezas respecto a lo que significan las agrupaciones de interés en la vida nacional. Sería de lamentar que, priorizando excesivamente la arena institucional, no se perciba adecuadamente todo lo que aquella no incluye, todo lo que por ella no pasa, especialmente en un contexto de representaciones incompletas y en remodelación.
En este contexto, el desafío más importante será diseñar estructuras institucionales capaces de contener, expresar y representar a los nuevos sectores incorporados a la política en la versión que se propone protagonizar el proceso histórico. La reformulación del peronismo, como un partido estructurado con representaciones diferenciadas y reglas de juego claras, aparece como un dato de inmediata importancia para quienes aspiren a jugar un papel en la sucesión del kirchnerismo de cara a 2015. El gigante invertebrado ha probado ser una amenaza, antes que nada, contra sí mismo.
Ezequiel Meler.





“Sea lo que sea el peronismo que surja, es evidente que ha de parecerse poco”
Y… que se yo… la verdad es que cada tanto repaso los libros de Peron y veo que es casi todo aplicable a nuestra actualidad. Tal vez lo que se deba perseguir es tratar de volver a enamorar a la mayor parte de la población con el peronismo. Pero para eso se necesitaría que los nuevos dirigentes lean a Peron, y la verdad que creo que muy pocos lo han hecho.
Mauro: Yo me refiero en ese párrafo a las discusiones de los 70, principalmente en el seno de las orgas que aglutinaban a la juventud.
Ah, ok, entonces entendí cualquierasa, pensaba que estabas hablando sobre las agrupaciones actuales
Todo bien, igual también es cierto que hoy pocos somos los que leemos a Perón. Hay que laburar más eso.
Sería bueno que especificaras cuáles son esas discusiones. La frase “Un desafío de envergadura mayor reside en hallar, para nuestra generación, las huellas de una identidad que no es, no puede ser, la de nuestros padres. Sea lo que sea el peronismo que surja, es evidente que ha de parecerse poco, y retomar aún menos, de las perimidas discusiones setentistas, cuyos faccionalismos vencidos no debemos hacer propios” tiene, me parece, un contrasentido, porque si hay “HUELLAS” entonces hay identificación, o un continuo, entre distintas identidades. Admito que se debe crear algo nuevo, pero lo nuevo se crea con parte de lo viejo. Sobre si ha de parecerse poco o mucho, lo veo como algo subjetivo. Me parece que hay que hacer pie en la continuidad mas que en la ruptura. Saludos
“Admito que se debe crear algo nuevo, pero lo nuevo se crea con parte de lo viejo.”
Coincido. Mi pensamiento en los últimos tiempos está demasiado influenciado por el hegelianismo, lo tengo claro. Bien. Aún así, y poniendo bajo sospecha el movimiento hacia algún fin superior, lo que sigo notando en los últimos análisis es una visión estrecha. Y para mi, detenerse en las particularidades es tomar el riesgo de toparse con algún inevitable contrasentido que nos impulse a invalidar todo el proceso.
Ahora bien, como en el caso del peronismo “el Todo” es “la Nada” (porque es “tantas cosas” que no es ninguna de ellas), yo tiendo a ver este proceso como algo nuevo. Algo nuevo que se crea con parte de lo viejo. Parte de lo viejo es esta estructura viciada llamada PJ. O los tejidos neoliberales que aún persisten en el país, con sus indigentes y subocupados. O una sociedad adulta aún recelosa de la actividad política. A esa bola de barro se le adiciona una revolución científico-técnica sin precedentes, un crecimiento sustancial de jóvenes volcados a compartir fracciones de su vida a la construcción política, una coyuntura latinoamericana que no existió desde que Colón pisó estas tierras y una crisis mundial que pone de relieve el gran error de haber soltado el mercado financiero en detrimento del mercado productivo, hace 40 años. A menos que vivamos una revolución, como acontecimiento espasmódico de la historia, todo indicaría que esta metamorfosis es larga y no se define por el nombre del partido político mas poderoso de la actualidad. Podría llamarse peronismo o garimportismo, en vistas de que ni Garimporti existió ni Perón vive. Poco me importa.
Ezequiel:
Cuando subiste ese enigmático “Continuará”, no sabía que iba a ser tan literal. Desde entonces, te mandaste 3 posts al hilo que – con distintos acentos – profundizan en la coyuntura actual del peronismo. Retomaste tu rol de analista, y todos tenemos que congratularnos.
Por mi parte, siento que hice algunas observaciones acertadas en mi blog, pero todavía no pude armar un “relato” que me satisfaga.
Por eso, supongo que lo natural es que me ponga a fastidiar a los amigos. En tu caso, Eze, creo que tenés que avanzar un poco más en precisar los sujetos a los que te dirigís. La “militancia oficial”, la “generación”… son demasiado vagos, para un análisis del nivel del tuyo.
Se me ocurre, no estoy seguro, ojo, que pasa porque la iniciativa política reposó en todos estos años, fundamentalmente, en Kirchner y luego en Cristina. El exagerado combate de algunos compañeros contra el “progresismo” tuvo que ver, me parece, con la sensación que muchos peronistas tenían que Néstor y Cristina lo estaban metiendo de prepo al progresismo en niveles de conducción. Mi impresión es que nunca fue tan así, excepto en el ámbito de la “batalla cultural”, donde tienen más poder de fuego que nosotros, reconozcámoslo.
No importa si estoy en lo cierto o no. El peronismo existe – el peronismo de izquierda es una parte significativa de él – y el centro izquierda pro oficialista también existe. Los lugares que ocupen las estructuras que los expresan se lo van a ganar/construir ellos. Cristina… va a operar, por supuesto, en los márgenes que le posibilita y permita el ejercicio del gobierno. Pero será un factor a tener en cuenta, no el único factor. O su intervención en el armado de las listas provocó cambios en los sistemas de poder? Eso es lo que deben entender el sindicalismo, los movimientos sociales, los gobernadores e intendentes, los militantes.
No caigamos en el error trágico de la oposición, que se limitó a reaccionar a lo que el gobierno hacía. Así les fue.
Un abrazo,
Abel:
Uno responde a inspiraciones y rachas, más que a deseos: si fuera por lo que debo hacer, una monografía de posgrado me sigue esperando
Yendo a la respuesta, creo que son los desafíos de los jóvenes que se suman a La Cámpora y a la JP Evita, y que es el desafío de los que no somos ya tan jóvenes, acompañarlos. Cosa que me dispongo a hacer en ambos casos, pero no le cuentes a nadie…
Hay pocos intelectuales peronistas, en parte porque la Universidad nunca dejó de ser liberal, y en parte porque no tenemos ni idea de qué hacer con ella. Respecto del progresismo, yo en lo personal siempre repliqué, no a una conducción que cuando tuvo que apostar lo hizo con tropa puramente propia, relegando a Moyanos, Pérsicos y Sabbatellas por igual, sino al duelo más chiquito y habitual de la militancia. Como dije ya varias veces, el eje no es ese, sino ver qué arma el peronismo desde 2012.
La oposición tuvo otros problemas: nunca supo, al menos, decir que iba a mantener una estructura de políticas públicas. Y, además de convencidos, todo orden tiene beneficiarios.
Un abrazo grande,
Ezequiel
La “identidad que no es la de nuestros padres” me deja perplejo. Había federales luchando por los principios federales con Alen, y luego de él, en la revolución radical de 1905. Las identidades tienen restos aluvionales de anteriores identidades. Se mata simbólicamente al padre para crecer, pero nuestra identidad es nuestra identificación con el padre.
Ni siquiera hablo de leer a Perón como se leía el libro rojo de Mao. Antes bien, algunos de sus escritos se han incorporado a cierto sentido común que yo llamaría “una condición de la argentinidad”, porque creo que el peronismo es sobre todo eso, una huella cultural indeleble, y que eso aparece en un determinado momento histórico de construcción de la Nación. Las nuevas “condiciones” del capitalismo financiero dominante, en fin, la globalización en esta etapa, no significan que esa tarea haya desaparecido. Se transformó en otra cosa, pero es una tarea necesaria. Salvo que nos conformemos con ser un suburbio cultural del imperio donde se baila el tango y se hacen algunas cosas incomprensibles
Ezequiel, vos decís: creo que son los desafíos de los jóvenes que se suman a La Cámpora y a la JP Evita, y que es el desafío de los que no somos ya tan jóvenes, acompañarlos.
¿Desde que lugar hablás? O, mejor dicho, ¿desde que lugar CREES que hablás? Te pregunto porque me parece importante que tomes conciencia de que AÚN sos TAN joven y que estás todavía en proceso de maduración, especialmente en el campo de la política. Salvo excepciones, en este terreno se alcanzan los niveles de la toma de decisiones alrededor de los 40. Desde que comencé a leerte no he hecho más que confirmar la idea de que sos un tipo excepcionalmente inteligente y con un futuro muy pero muy brillante en cualquier emprendimiento que elijas. Cuando meditás -y lo hacés muy bien- sobre la evolución del proceso político, tené en cuenta que tu análisis tiene que incluir también la perspectiva de como vos vas a influenciarlo y modificarlo en el futuro próximo. Creeme: te lo digo desde mis 72 años. Los tipos como yo, nosotros sí, “no somos ya tan jóvenes y nuestro desafío es acompañarlos a ustedes”, como, con toda justeza, dice Ezequiel Meler.
Eddie