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Cuarteles de invierno.

22/08/2011

Es tarde, hace frío, y me llega una propuesta para escribir sobre un determinado aspecto del así llamado “pensamiento nacional”. Miro las noticias y pienso que es una mala época para las terceras posiciones: la caída de Egipto y Libia como producto de un mismo ciclo de protestas deja al desnudo el fracaso de los proyectos panarabistas otrora impulsados por Gamal Abdul Nasser. En fin, dicen que un escritor escribe, y aunque no soy un escritor extrañamente yo también escribo.

Miro el panorama internacional y percibo el intento de dibujar un mapa a la medida de necesidades y urgencias demasiado cercanas, y por ende poco perdurable. Las sociedades norafricanas que entraron en crisis no tienen las condiciones sociales y económicas como para sostener culturas democráticas que tampoco abundan en la región, siquiera como caso testigo. Los sectores rigoristas parecen haber jugado, como mucho, un papel expectante en la crisis: no se les ha visto ni el pelo y no parecen ser más que una parte, no demasiado significativa, de las curiosas coaliciones apoyadas por Occidente.

Giro hacia América Latina y observo el intento continental más acabado por sellar las compuertas a los coletazos de la crisis económica que azota los cimientos mismos de los países centrales. Sospecho que es un intento vano, aunque como todo lo inútil debe intentarse. Lo cierto es que sin el crédito al que acceden nuestros socios y clientes, y en la medida en que las políticas neoconservadoras profundizan la recesión y el desempleo, es muy probable que esa crisis llegue como un huracán a nuestras playas. Eso sí, no ha de encontrarnos mal preparados, ni ha de sorprendernos como un relámpago en una noche calma.

Bajo un poco más la mirada y me encuentro con el un tanto aburrido panorama doméstico, donde parece quedar clara la supremacía de CFK, al menos transitoriamente, tanto dentro como fuera de la coalición oficialista. ¿Será que una cosa causa la otra? No lo sé.

Me llaman a construir kirchnerismo y me quedo pensando en esos maravillosos castillos de naipes que hacía cuando era chiquito, con puro equilibrio y paciencia oriental, sólo para contemplarlos un instante, el más maravilloso que pudiese captar, antes de su eventual derrumbe. Eran magníficos, como este momento.

Si me pusiera serio diría que el kirchnerismo es, entre otras cosas, la conjunción coyuntural de sectores del peronismo y de sectores del progresismo tradicional e incluso instintivamente antiperonistas, unificados sólo por un liderazgo que ha de atravesar duras pruebas en estos años, la menor de las cuales pasa por la conducción política de este conglomerado.

En esas condiciones, pueden crecer los sectores peronistas que apoyan a Cristina desde las organizaciones sociales, los sindicatos y la mentada juventud. Pueden acercarse incluso las culturas políticas que hoy caminan por vías paralelas mirando por encima del hombro en busca de traidores. En suma, pueden pasar muchas cosas, pero lo que ha vuelto a mostrar este año es que no existe superación de las identidades históricas, sino sólo relevos generacionales a sus referencias más salientes.

Macri no es la nueva derecha, es la vieja, y como tal está inexorablemente limitado. Duhalde trata de volver a ganar una pelea dentro de un peronismo que, por suerte, se parece muy poco al de su juventud -en rigor, el país también falla en el parecido, pero el Negro no nota nada últimamente-. Alguno entona la tesis de la unidad entre el macrismo y el peronismo disidente. Y eso, ¿cuánto da? ¿Llega al 20? Bueno, si no pasa de ahí no veo nada nuevo.

Los distintos progresismos se entusiasman con resultados que los confirman en una vocación testimonial que nunca podrían abandonar sin aliarse a frentes que incluyan al peronismo. E incluso así, es dudoso que alcancen alguna vez sus objetivos. No lo digo con mala fe, no lo digo con fe alguna, pero ni el PS puede gobernar la Argentina, ni Sabbatella ha de gobernar la PBA. Que los hechos me demuestren el error en la sentencia anterior: las apuestas son legítimas, pero eso no las vuelve viables, y en tanto miro el panorama, me parece lógico extraer las conclusiones del caso.

En esta década, el peronismo se ha consolidado como partido dominante. Esto es, el partido que en los hechos gobierna la mayoría de los distritos, en algunos casos hace más de veinte años, y en otros lisa y llanamente desde que tengo memoria. Por supuesto, definir al peronismo me excede, no quiero abundar en la tesis de la pluralidad intrínseca de los partidos nacionales en territorios con fuertes desigualdades estructurales -pluralidad, no pluralismo, ojo-. Quienes observan esa heterogeneidad como un déficit no vieron demasiado lejos: siempre ha sido así, y aunque no somos dueños del porvenir, el peronismo pensado como plural es perfectamente viable en términos políticos.

El peronismo rehuye las definiciones propias y ajenas. Partido sindical al estilo laborista, no ha sido jamás. Quienes confunden las circunstancias del 83 -salida de un régimen autoritario, sin alternativas para una dirigencia política que había colapsado con Isabel- con una trayectoria donde el poder de los sindicatos es apenas un reflejo regional de la estructura de clases hacen mal. Pero, si lo que quiere es ganar, tampoco puede ser sólo un partido conservador al estilo que nos tienen acostumbrados los gobernadores de los territorios más lejanos: esa imagen tradicional alcanza para negociar, para condicionar, pero no para imponer un candidato. Es el drama de nuestra modernidad periférica, irresuelta: lo que no dejamos de ser, y lo que no alcanzamos a la vez.

El saldo más importante de estos años… me detengo antes de seguir, porque, ¿cómo ponderar con justicia estos años de modo de colocar un predicado conveniente a la oración que inicié? Bueno, supongamos que nos salteamos la recuperación de la política y pasamos directamente al ámbito de los sujetos. Están los sindicatos, más atrás los movimientos sociales, que tienen ante sí el formidable desafío de reinventarse para enfrentar circunstancias laborales y sociales muy distintas, y la juventud, esa savia bendita que tiene que reverdecer de algún modo las anquilosadas estructuras de la política argentina.

Nota: la juventud no es sólo ni principalmente kirchnerista, y la parte que lo es no necesariamente ha decidido qué tan fuerte es su compromiso con las fuerzas sociales que componen la coalición oficial. Posiblemente no resista las heladas de los próximos cuatro años, pero quiero creer que lo hará, que podrá entender que no todas son buenas.

Suena un Bono ya viejo y pienso que el viejo empiezo a ser yo, que el tipo de pelo largo que me mira desde la libreta universitaria también soy yo, o al menos es un resto fósil que puede demostrar taxativamente que alguna vez lucí de ese modo. Un poco pálido para mi gusto, aunque debo reconocer que eso no ha mejorado demasiado: el sol y yo no nos encontramos seguido.

Y ahí es cuando pesco que parte de mi intolerante carácter se debe también a que el paso de los años no ha sido en vano, y que corresponde entregar la posta a los que llegan entusiasmados a hacer lo que uno hizo demasiado tiempo, demasiado solo, y por momentos a oscuras, leyendo textos de Cooke que hoy, reeditados, nadie lee, porque es Arturo Jauretche, y no Cooke, el comodín de estos tiempos.

Y sin embargo, fue el Bebé el primero que apuntó la necesidad de conformar un peronismo orgánico, con Perón a la cabeza y en línea con los MLN de todo el Tercer Mundo. Fracasó: el gigante invertebrado siguió invertebrado, y aún intentos más modestos, como el de Augusto Timoteo Vandor, fueron descartados. Tal vez haya que buscar en esa constante imposibilidad de conformar un polo orgánico la mejor definición de lo que nos une y nos separa, de lo que en definitiva nos constituye, porque hay pobres y pobres, clases medias y clases medias, y el peronismo se parece mucho más a las sociedades que representa que a alguna clase de ente abstracto con la peregrina idea de conducirlas a alguna parte.

Hace frío en la noche porteña, más frío en estas zonas menos edificadas que habitamos los pobladores de la zona sur. Es en este momento cuando pienso que el frío y la oscuridad deben ser las condiciones ideales de la reflexión, como en el mito griego de la caverna, alegoría del lugar que el Filósofo se daba a sí mismo en lo que entonces podría llamarse con justicia su propia cueva, la academia. Mientras tanto, la noche respira.

EM

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6 comentarios dejar un →
  1. ezequiel gaut Enlace permanente
    23/08/2011 01:31

    Qué tinta melancólica…

  2. 23/08/2011 10:05

    Aunque melancólico en su forma, creo que es un texto brillante en contenido y, aunque no lo parezca, me resultó esperanzador.

    Saludos.

  3. 23/08/2011 16:40

    Ezequiel, ¿por qué tenés una visión dinámica de todas las identidades políticas, menos del “progresismo de izquierda”?
    O sea, entiendo que te simplifica toda la argumentación, pero te la pasás, con Artemio y unos cuantos más, usando una especie de arquetipo que abarca a todos los que tengan una determinada procedencia sociocultural, para transformarlos en el ser despreciable perfecto. Lo mismo que hace el tipo que nos sintetiza a nosotros como burócratas municipales que aparcelan recursos públicos para uso personal. No es más que una agresión desde el prejuicio y la generalización.
    El progresismo de izquierda antipopular y antipopulista que describen es tradicional y existe, claro, pero yo creo que su mejor expresión política hoy esta (estaba) en Proyecto Sur, en el FAP, en Liebres de Sur, no veo por qué andar usando ese arquetipo para agredir a muchos que se suman.
    Los que están dentro del kirchnerismo, están dentro del kirchnerismo; ¿qué argumento tenés para desconfiar de su adhesión? Porque te recuerdo que muchos se subieron en el peor momento, cuando mucho PJ se bajaba…

    Digo; ¿no puede ser que dentro del kirchnerismo se esté gestando algo que sea diferente, esto es, ya no encasillable con esa cantinela cansadora de prejuicios que Artemio corta y pega para autocitarse día por medio?
    ¿Por qué tiene que ser una conjunción coyuntural, efímera, que de un soplo en cualquier momento vuelve a los arquetipos tranquilizadores? ¿Nadie colaboró para que se diera, fue de pedo, o por viento de cola? De las conjunciones conyunturales no siempre se vuelve al punto de reposo.
    Saludos.

  4. Juan Pablo Enlace permanente
    23/08/2011 21:34

    Ezequiel, me permito comentar algo sobre el comienzo de tu artículo.

    Me parece un poco vago concluir que los proyectos panarabistas demostraron su fracaso a raíz de las revueltas árabes en Egipto y Libia.

    En primer lugar, desde la muerte de Nasser no hubo interés en construir un proyecto panarabista. Precisamente ese proyecto murió luego de los acuerdos entre Egipto e Israel iniciados luego de la guerra de octubre de 1973, donde Egipto (con Sadat como presidente) le demostró a Israel que poseía fuerza militar para desafiarlo. En resumidas cuentas, Israel le devolvió los territorios ocupados a Egipto a cambio de la neutralidad del gobierno de Sadat. Neutralidad que se mantuvo con Mubarak. Ese fue el punto final del panarabismo, hace no seis meses, sino 38 años.

    Vijay Prashad lo sintetizó en un artículo escrito para Counterpunch, titulado “La larga revolución árabe”: “Nasserism after Nasser was as hollow as Peronism after Perón.”

    Gadafi se subió a caballo de aquel movimiento y se autoidentificó como un sucesor de Nasser, pero como dice el viejo refrán, el hábito no hace al monje.

    Por otro lado resulta ambiguo definir a las protestas de Egipto y a las de Libia como pertenecientes al mismo ciclo. En un aspecto si, porque una revuelta parece haber contagiado a la otra; pero es importante no perder de vista que en Egipto la explosión tuvo su origen en la desmedida suba de precios internacional de los alimentos, que impactó de manera decisiva en las clases mas bajas; mientras que Libia, con un nivel de vida superior, materializó el foco insurreccional sobre las diferencias subyacentes entre las multiples tribus agrupabas bajo un mismo territorio político. Y por supuesto, cabe preguntarse si ese foco hubiese tenido éste éxito incendiario sin la ayuda de la OTAN. La pregunta es necesaria para hacer una mejor comparación con el caso Mubarak.

    Se que no era el punto central del artículo, pero dado que el resto pertenece mas al ámbito de la especulación, opté por dejar mi opinión sobre ese fragmento.

    Aún así, agrego un breve comentario sobre el nudo central: tuve la impresión general de que le estabas pidiendo a un nene de diez años que gane los cien metros llanos en los juegos olímpicos. Tal vez fue solo una sensación mía.

    Saludos.

  5. 23/08/2011 23:51

    Ezequiel, Ricardo:

    Como verán, hay muchas y muy distintas lecturas de un mismo texto. A veces, lo que uno escribe trasunta más un estado de ánimo que una reflexión, y otras veces, la reflexión no se precisa lo suficiente. Hace mucho tiempo, cuando me planteé el perfil que iba a adquirir en mi producción escrita (sea para rebelion.org, para los distintos portales o para el blog) elegí una prosa aséptica, neutral, “seria”, un poco acartonada, que hoy me resulta un lastre en términos de estilo. Este es el primer intento explícito por ir más allá y tomar otro registro.

    Juan:

    No veo por qué el texto te resulte agresivo. Incómodo, molesto, o simplemente erróneo, puede ser, ¿pero agresivo?

    Respecto del debate sobre superación / no superación, creo haber dicho lo esencial: en ausencia de Cristina Kirchner, los candidatos y los perfiles que el peronismo puede presentar son precisamente aquellos más cuestionados por el progresismo más cercano al gobierno.

    En lo personal, desde el cierre de listas, pienso que la disputa -más bloguera que política- entre peronismo y progresismo por la identidad y sucesión del kirchnerismo resulta, como mínimo, atrasada respecto a la coyuntura. Me parece que la realidad se movió de ahí, no sólo por la decisión de la sociedad de premiar a algunos dirigentes (De La Sota, Scioli, Macri) y dejar de lado a otros (Rossi, Filmus, etc.), sino porque cambió el propio diseño de la política oficial, desde el vértice superior. Ya escribí sobre eso unas cuantas veces, podés chequearlo.

    Pero, en síntesis, lo que deja la experiencia de estos años es la consolidación de opciones de centro y de opciones de derecha, tanto dentro como fuera del peronismo. Las posiciones institucionales más importantes no serán ocupadas por dirigentes procedentes de especie alguna de la familia progresista, en buena medida porque no existe una base de sustentación política y electoral para que ello suceda. ¿Decir esto, que es una simple aseveración, resulta insultante? No lo creo. De todos modos, cada uno proyecta como quiere: yo lo hago de este modo, vos lo harás de otro, y la realidad y el paso del tiempo nos dirán quién estaba más cerca de arrimar el bochín.

    Entiendo que Artemio ha cancelado sus comentarios. Tal vez es a él a quien dirigís estas líneas, no a mí.

    Juan Pablo:

    Gracias por enriquecer la parte internacional no latinoamericana del posteo: los historiadores muchas veces tienden a exagerar las continuidades. Sin embargo, creo que el proyecto del socialismo árabe y del panarabismo seguía vigente en un aspecto esencial, especialmente después de la Revolución Iraní, y es el hecho de que actuaba como barrera política de corte laico frente a la emergencia de eventuales sectores rigoristas. Y creo que en ese sentido el proyecto ha sido políticamente exitoso: no veo a los HM como necesarios herederos de Gaddaffi y Mubarak. Pero es muy discutible lo que planteo, yo mismo lo tengo claro, y no en vano no he posteado sobre ello.

    Eso sí, no tengo la menor idea de cuál es el nudo central de este texto. En parte, porque estaba pensando en música cuando lo escribí.

    Un abrazo a los amigos lectores que se han tomado el trabajo de leer y comentar. Como siempre, gracias por pasar.

  6. 26/08/2011 02:44

    Ezequiel,

    Como bien dijiste arriba, la disyuntiva peroncho-progre, es casi propiedad de la blogosfera, y de hecho, es mucho más profunda en cuanto a desarrollo de conceptos teóricos, articulación y retórica discursiva y hasta en coherencia ideológica en el plano de los blogs que en el mismo plano político en sí.

    En lo personal, no veo alternativa progresista superadora por fuera de la estructura del PJ, ni desde la inserción a medias del sabatellismo. Puedo comprender, desde un eje realpolítico, la vigencia de una estructura de partido hegemónico que reside en el PJ (cual PRI mexicano o PSD sueco sin entrar en las diferencias puntuales de los contextos). Soy claro, no quiero extrapolar concepciones ideológicas, el “ideal a tender” por denominarlo de alguna manera al arco realpolítico. Pero a la vez, me resulta cuanto menos chocante verme en un lejano, pero no tan lejano, 2015, optando por un De La Sota o un Scioli y sin embargo, creo que lo voy a hacer ya uqe concuerdo en que las alternativas de sucesión progres al liderazgo de CFK, se encuadran en el terreno de lo imposible.

    Veo a la conducción actual como la derecha que se ubica a la izquiera de la sociedad realmente existente, la legitimo desde el voto, la reinvindico para mis afueras pero internamente uno no puede dejar de exigirle una profundización, y definitivamente no va a ser Scioli un paladín de la misma. Coincido, no es el sabatellismo y el arco 678ista bajo ningún punto de vista, una alternativa posible de sucesión en ninguna esfera. Pero, pregunto: ¿no deberíamos, dentro de la estructura del PJ, formar un espacio que se oponga (trataría de relativizar un poco el término “oponga”) desde la construcción a los sectores más conervadores y tradicionales a futuro?

    Al fin y al cabo, el verdadero enemigo es la emergencia social a combatir y no sectores políticos, un tanto, afines y el verdadero objetivo es llevar a cabo políticas económicas, sociales, culturales, y no imponerse políticamente a cualquier costo. Entiendo y apoyo a la estructura, pero pedirle más, es un deber. Definitivamente, a través de la colectora de Sabbatella, figuras simpaticonas en Twitter, el apogeo de La Cámpora, no son las formas (ni hablar del frepasismo o experiencias locales como el PS o el auge del voto bronca coyuntural en CABA con figuras como Zamora o Pino), pero, ¿cuál sería la forma? Creo yo, que es hora de crear un contrapoder dentro del PJ, que no reniegue del aparato, pero que se proponga ser superador del mismo y que a largo plazo, sea una alternativa y no una oposición como actualmente es el progresismo.

    Saludos, un abrazo
    Luca

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