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Incógnitas.

07/08/2011

La menor de ellas es la que apunta a las elecciones de mañana, donde en teoría debería triunfar un De La Sota recargado, pero la sorpresa pasará por el segundo puesto, donde parece que se consolida Oscar Aguad. Claro que las teorías son muy lindas antes de las seis de la tarde, pero el panorama por ese lado es simple: Juez repite una campaña no tan buena en la Capital y pésima en el interior de la provincia, De La Sota hace una campaña razonable en la ciudad y excelente en el interior de la provincia, y Aguad hace una elección relativamente pareja en ambos distritos. De nuevo, en teoría.

¿De quién son los votos de De la Sota? Pues, de De La Sota. El PJ cordobés es uno de los más refractarios, junto al santafesino, al predominio kirchnerista, por razones tanto viejas como recientes. Para decirlo brevemente, el kirchnerismo es, dentro del peronismo, su bloque bonaerense sumado al NOA – NEA, mientras que Córdoba y Santa Fe representan otros sectores, como por ejemplo los agroindustriales, que no por ser mencionados por Cristina están más contentos con las políticas nacionales. Súmese a ello la delegación política en tipos como Jaime y De Vido -no lo digo en registro moral, sino de eficacia: ambos son un desastre operando- y el resultado parece estar a la vista. Ni siquiera es posible presentar una fórmula.

Abel, acá, se hace dos preguntas importantes que me parece prudente recorrer. Ambas giran en torno al 14 de agosto: la primera indaga acerca de las razones de su realización -para Abel, y yo tiendo a coincidir, más allá de sus bondades intrínsecas la reforma política atrasa respecto de las condiciones tácticas-, y la segunda tiene que ver con los resultados.

Mi respuesta al primer planteo es doble: por un lado, hubiese sido muy costoso bajar esas internas. Por otro lado, el kirchnerismo siempre ha dejado que una cuota muy importante de ideología permee sus decisiones. En cualquier caso, no existe forma de predecir el resultado de un tipo de interna como nunca antes se practicó, y menos en las condiciones actuales, donde hay un porcentaje del electorado que sólo busca la opción más eficaz para hacer frente a al aparentemente ineluctable triunfo kirchnerista.

Si uno mira la estrategia de Cristina y su mesa ínfima, rápidamente se adivinan similitudes y diferencias con 2007. Por las primeras, continúa la estrategia de hacer poca propaganda directa, exhibir realizaciones y logros que a veces tienen casi una década, y dejar el ring del marketing a los dirigentes opositores. Se ha instalado, asimismo, una percepción similar, en el sentido -hoy menos evidente que hace dos meses- de que las elecciones estarían ganadas de antemano.

¿Es una diferencia el modo en que se cerraron las listas? Se siente como una, pero no estoy tan seguro de que sea el caso. Si revisamos bien las listas, sospecho que será en 2005, y no en 2007, donde hemos de encontrar la primera y única opción de ascenso de dirigentes sociales, gremiales y barriales en lugares seguros. Desde esa fecha, se ha incrementado el predominio, en las listas y en los primeros lugares, de dirigentes profesionales con mayor o menor distancia respecto del territorio, y por ende con mayor o menor representación propia. Ese debate ya lo dimos y no me interesa reiterarlo: como dijimos en su momento, habrá que ver el dispositivo en la cancha, pero yo albergo serias dudas de que funcione y creo que es un signo de eso que antes llamábamos “retroceso” -como su la historia fuese un camino lineal, o incluso espiralado, hacia algún fin supremo portador de sentido-.

Me animaría a decir que, por el formato que elige, el gobierno sabe que el próximo mandato será de mayor o igual debilidad relativa que el actual, y que por ende busca asegurar sus apoyos institucionales. Si eso es inteligente, en una cultura política como la nuestra, donde lo institucional es apenas una porción de la balanza de la gobernabilidad, es algo que se verá. Suena muy lindo decir que el Estado tiene primacía sobre las corporaciones, pero se lleva de malas con la realidad de los últimos cuatro años.

Variables a tener en cuenta el 14: la consolidación de Duhalde puede o no expresarse en las urnas, y en caso que ello no suceda, afectaría directamente sus chances de mantenerla. Sospecho que Duhalde hará una buena elección allí donde, parece, peor le irá al kirchnerismo: Capital, Córdoba, Santa fe. Alfonsín podría hacer buenas elecciones en Córdoba y Mendoza, pero la gran duda reside en cómo ha de salirle el experimento de su alianza con De Narváez. Al norte, al sur, y en la Provincia de Buenos Aires, gana Cristina, y en todo caso habrá que ver si los puntos de Sabbatella (otro enigma) más los de Ischii alcanzan para evitar la impresión de una dependencia respecto de la performance de Scioli.

Existen muchos indicios favorables en esta elección, que es posiblemente -sobre todo, si gana- la marca final de mi alejamiento del kirchnerismo como relato oficial de la Argentina. La recuperación de Cristina en distritos como La Plata y Tigre, adversos en 2009, el casi 40% que alcanzaría en Capital, parecen compensar parcialmente Córdoba y Santa Fe. De Mendoza no conviene hablar hasta el escrutinio definitivo, pero parece que es el único distrito donde en principio quedan algunos radicales, los suficientes como para poner a Alfonsín cerca de un objetivo que hoy le queda a distancia sideral, tal y como es pelear un ballotaje con Cristina.

Creo que hay dos factores adicionales que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, el grado de concurrencia. La desinformación respecto a las condiciones de participación del 14, sumada a cierto fastidio con el calendario y a un creciente voto en blanco, anulado, etc., visible en las distritales recientes, pueden influir en el resultado favoreciendo el impacto de estructuras que, aunque no pasan por su mejor momento, todavía existen.

El segundo aspecto reside en el grado de compromiso que han de mostrar los concurrentes respecto de su decisión en octubre. Al fin y al cabo, este no es sino un ensayo general, y habrá que ver si la sociedad le da la importancia que los sectores politizados le asignan.

No estoy particularmente entusiasmado o pleno de expectativas por los resultados, ni creo que vaya a estarlo de acá a octubre. Los cuatro años que vienen debieran ser muy distintos de los que pasaron, y serán, en cualquier caso, toda una prueba para la imagen que el kirchnerismo se ha dado de sí mismo. Cómo se resuelven y procesan esas variables… bueno, eso sí es interesante.

Ezequiel Meler.

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5 comentarios dejar un →
  1. 08/08/2011 14:52

    Está bueno el análisis. Aunque no entendí la oración “Existen muchos indicios favorables en esta elección, que es posiblemente -sobre todo, si gana- la marca final de mi alejamiento del kirchnerismo como relato oficial de la Argentina.”
    ¿Si gana Cristina, si gana Scioli…?

    • 08/08/2011 15:59

      FD:

      Ambos. En diciembre, desde mi punto de vista, termina una etapa y empieza otra. En la nueva etapa, cumplida la tarea de enderezar el bote, hay que pensar en alternativas en el marco de un proceso que forzosamente me parece agotado, al menos como horizonte de construcción nacional y bonaerense.

      • 09/08/2011 11:04

        Empieza otra etapa, totalmente de acuerdo. Lo que no me queda claro es que haya pasado el fenómeno K. Si es que se puede llamar así. Claro que en general, que yo sepa, los procesos sociales de la historia se comprenden mucho más claramente habiendo pasado tiempo de su suceso.
        Hubo momentos en donde se planteó el Movimiento K que se inscribe con las letras del Proyecto Nacional y Popular levantando las tres banderas del peronismo. Muchos plantearon si el proyecto fue superador, pero lo cierto es que ganando Cristina en octubre, quedan cuatro años de construcción política para otro cambio, otra cara y otra batalla con otras complejidades.
        Y ahí va el asunto, muchos K no son peronistas ni justicialistas, también hay peronistas y justicialistas que no son K. Todos nos decimos ser o estar con… más cerca o más lejos. Pero de alguna manera siempre estamos en una u otras veredas tengan el color que tengan.
        ¿Qué se viene, cómo se viene? ¿Dejaremos que nos vacíen las calles?
        ¿Se puede ser K sin la K? ¿Le podremos poner a nuestro hijo Karl y que sea uno más?…
        Ayer y hoy compañeros de mi trabajo escucharon varias veces Pink Floyd, no dejan de sorprenderme, todos muchachos entre 25 y 30 años, que se quejan con cada episodio que los puede afectar y votaron en general amarillo. Termino concluyendo que solo escuchaban hits, que también es real pero claro no termino de convencerme…
        Prestaré más atención, lo intentaré.

      • 09/08/2011 11:18

        FD:

        Preciso un poco la idea porque decir “agotado” tiene resonancias equívocas.

        El cambio de etapa no supone el agotamiento de una experiencia en curso, sino simplemente distintas modalidades y apuestas de construcción que se corresponden con una evaluación política diferente del proceso político y de su futuro. El kirchnerismo tiene cuatro años más para gobernar, y desde distintos sectores tendrá todo el acompañamiento para hacerlo del mejor modo posible. Pero su modalidad de construcción es inexistente, y en la medida en que como señalás, aparecen diferencias serias entre sus participantes, no parece conducente la consigna de construir kirchnerismo.

        A lo que me refiero, en menos palabras, es a la construcción de una sucesión que esté preparada y sea competitiva, si no en el plano nacional, que es muy difícil, al menos en la Provincia de Buenos Aires. Y esa alternativa, hoy por hoy, no pasa por Scioli.

        Son apuestas, salen o no salen.

        Saludos,

        Ezequiel

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