Córdoba: cerquita del pronóstico.
Bueno, se completa la serie de pronósticos abierta acá, y actualizada para el caso cordobés aquí. Y en principio, sin mucha sorpresa: la aplastante victoria de José Manuel De La Sota traduce un nuevo triunfo del peronismo cordobés, y del justicialismo en el plano nacional, aunque es claramente dudoso que se trate de una victoria a computar como propia desde Balcarce 50.
Mientras tanto, Juez quedará como el Paul Keres cordobés, anécdota próxima a ser olvidada por el implacable paso del tiempo (y de las estadísticas, claro). El hombre no entendió o no leyó el panorama desde 2007 para acá, no construyó donde era débil, y perdió por afano.
La derrota de Juez es, también, la de Binner. El tercer puesto de Aguad, que parece no cumplir mi expectativa de alcanzar el segundo puesto, de acuerdo a las bocas de urna hasta ahora difundidas, carga de dudas la candidatura de Alfonsín, quien no tiene un sólo desempeño aceptable que mostrar -no digamos ya un triunfo- en el conjunto de las elecciones realizadas con anterioridad a la crucial encuesta nacional del 14 de agosto, donde un sector de la sociedad estará buscando la opción electoral que más fuerza pueda hacer contra la candidatura de Cristina Fernández.
¿De quién son los votos del Gallego? Simple: del Gallego, como dijimos más temprano. Para mayores precisiones y la correcta compartimentación de ese 40 y monedas, habrá que esperar a la semana que viene, pero parece claro que en la victoria de De La Sota juega un papel importante el carisma individual, la proyección nacional, y los apoyos más variados, desde el macrismo y el duhaldismo hasta sectores del oficialismo -es el caso del gobernador Daniel Scioli- o ligados a él en el distrito.
¿Puede convertirse la victoria del Gallego en victoria de Balcarce? Lo dudo seriamente. Primero, porque fue el único candidato que se negó a cualquier clase de cierre con el kirchnerismo… e impuso su pensamiento. Segundo, porque su campaña, hasta su propio leitmotiv, apunta en una clave que se diferencia netamente del discurso nacional. Y está bien, es su apuesta, y la ha ganado. No por casualidad serán más los afiches de este tipo que las banderas con la leyenda “Cristina 2011″ los que primen en el festejo. Para evaluar el discurso, tendremos que esperar: De La Sota, uno de los dirigentes más experimentados del país, ya dijo que esperará a que pasen las primarias para analizar el panorama, si bien reconoce que el partido a nivel nacional ha tomado una decisión.
Y es lógico: Córdoba, junto a Santa Fe, es uno de los distritos donde la alianza con Cristina reporta menos, y la autonomía, más. En función de ello, y según el grado de apoyos que reciba la candidatura de la actual presidenta, lo más probable es que el Gallego considere prudente el silencio o la libertad de acción.
La fractura del peronismo cordobés, fenómeno que replica, en parte, el caso santafesino, no se expresó en las urnas dada la sabia decisión de la Rosada de no hacer correr una candidatura propia que no hubiese llegado a los dos dígitos, todo ello sin mencionar el costo de una eventual derrota.
Como están las cosas, el triunfo de De La Sota debe leerse en un mapa más amplio y temporalmente extendido, que es el que ha de recorrer el país desde el 10 de diciembre de este año, y que seguramente alumbrará alineamientos diferentes de cara a los distintos desafíos electorales, en la esperanza de reconstruir sobre el territorio lo que se fracturó en el discurso y en la praxis de gestión en el plano nacional. El tiempo kirchnerista llega a su clímax… que como enseña la historia de todas las grandes cosas es también el momento de su suave (esperemos) declive hacia otra cosa. ¿Qué será? Hemos de verlo en los próximos cuatro años. Pero José Manuel quiere ser parte de ello, y tiene con qué.
Ezequiel Meler.





