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Casi una remake.

10/07/2011

(*) Bueno, se terminó la novela: ya percibimos los contornos del final. Y es muy malo. Casi definitivo, como lo fue en junio de 2007. Las encuestas, una vez más -ya había pasado en 2009- nos dieron una falsa imagen de disputa allí donde no la había. No es tiempo de verificar si fueron errores o inducciones deliberadas de la opinión. Tampoco es tiempo de señalar con el índice a nadie.

Porque, en definitiva, aquí ha perdido algo más y algo menos que una fórmula política. Algo menos, en la medida en que no hay implicancias inmediatas para Balcarce 50: el puesto en litigio ya estaba en manos opositoras. Es, sin duda, una derrota dolorosa para la militancia, pero no afecta la imagen de Cristina Fernández, casi ausente en la campaña, tema que es el leitmotiv de su mesa mínima. Octubre, por ahora, no corre peligro. Octubre, como ella quiere, será de Cristina.

El candidato derrotado, Daniel Filmus, será seguramente fulminado por una ola de críticas que recorrerán su derrota de 2007, su no concurrencia en 2009, y el resultado actual, todo ello sin solución de continuidad. Tal vez el término – estigma “mariscal de la derrota”, que siempre queda a mano, así para los que se quieren lavar las manos de la misma, como para los adversarios que se pretenden del palo, sea nuevamente recuperado. No habría en ello sorpresa o innovación alguna. Distinto, dicen las malas lenguas, hubiese sido el caso si la presidenta hubiese elegido a Amado Boudou como su candidato, aunque como quisiera argumentar nada aseguraba, de todos modos, un resultado diferente.

La campaña del kirchnerismo, intervenida por la Rosada al poco tiempo de andar, fue mala, por momentos catastrófica, especialmente en zona sur. Fue, casi, como la carga de caballería polaca contra los panzers alemanes que ilustra el posteo: muchachos que se ve que no eran de la zona, junto a candidatos que no pasan muy seguido por ella, la recorrieron con una mezcla de extrañeza y horror. El propio candidato lo expresó en su recorrido:

“Las condiciones de vida aquí son muy precarias. Es increíble cómo esta abandonada la zona sur, y cómo siendo Buenos Aires la ciudad más rica de America Latina, no se pueda resolver temas mínimos como el asfalto, la electricidad, el gas, la vivienda digna”

Daniel habla del sur como de otro país. Esto no es responsabilidad de la militancia, especialmente de la que recién empieza, que deberá entender, en definitiva, que no todos somos kirchneristas, no somos tantos, no hacemos milagros y la derrota forma parte de la vida política. Es un aprendizaje: muchas veces sí podremos, muchas otras no: esto es como es y no debe dramatizarse.

Los votos de la presidenta no fueron a su candidato. ¿Era su candidato? Bueno, no era de la mesa mínima antes evocada, reducción a su vez de la mesa chica que antes fogoneaba a las figuras del oficialismo. Hacía tiempo que Daniel Filmus estaba en la lista de los tachados por Balcarce, debido tanto a su “ADN albertista” como a sus dudas de 2009. Pero tampoco creo, ya lo he dicho, que perder por diferencia fuese un ideal en esa mesa. Quisieron ganar, como quisimos nosotros: su propio accionar en el sprint final de la campaña lo demuestra. Fue un reconocimiento tardío, pero fue un reconocimiento al fin. No alcanzó.

¿Por qué? Bueno, algunas de las razones que esbocé cuatro años atrás mantienen su vigencia. Los sectores medios porteños, no beneficiados particularmente por una política nacional que los discrimina en su pugna con el macrismo, no han de elegir fácilmente a un candidato de la presidenta: aunque ella sea de su preferencia para ocupar Balcarce 50, de ello no se desprende que su candidato sea preferido para Bolívar 01.

Hay otras razones, sin embargo, que no vimos venir. Porque, al fin y al cabo, Filmus era también mi candidato, y aunque sostengo que cualquier referente hubiese perdido contra Macri, me toca reconocer la cercanía que sentí y mantengo respecto del candidato finalmente designado.

Muchos de nosotros guardamos en el recuerdo la figura de una Buenos Aires siempre esquiva al peronismo, no siempre a las mayorías. Una Buenos Aires que, en plena euforia del 73, con Cámpora electo presidente, supo decirle que no al candidato de Perón, Marcelo Sánchez Sorondo, para elegir, en cambio, a un ignoto Fernando De La Rúa. Una Buenos Aires que había sido socialista primero, radical después, y que nunca había abandonado del todo su vínculo con el partido de Alem e Yrigoyen, vínculo que en todo caso reforzaría desde 1983.

Esa misma Buenos Aires, cuando se enojaba, podía votar con dos dígitos a los desprendimientos progresistas procedentes tanto de los partidos mayoritarios -en especial, del radicalismo- como de la izquierda tradicional y de sus alianzas. Frente del Pueblo, FRAL, PI, Socialismo, Frente Grande, FrePaSo, ARI, AyL fueron algunos de los sellos que pasaron por ese descontento. Podemos agregar ahora a Proyecto Sur.

Buenos Aires podía ser radical o progresista. Nunca fue un distrito peronista, como nos recuerda hoy Mario Wainfeld. La zona sur, próxima en experiencia al conurbano fabril, lo era. La ciudad, en especial su cordón central (Parque Centenario, Caballito, Balvanera, etc.) votaba con un criterio definido, que se podría definir en la yuxtaposición de ambas miradas: radical – progresista.

Bueno, eso se terminó. No sabría decir cuándo, sospecho que en 2003 – 2005 se terminó de ver la matriz electoral de ese cambio, pero lo cierto es que el mismo es ya indudable y debemos ahora acostumbrarnos a su nuevo rostro. Un rostro tal vez más duro inclusive para aquellos que conocimos las versiones previas. Buenos Aires ya no vota así, porque ya no es así.

¿Ya está, entonces? ¿Cerramos en que el habitante medio de la CABA es de derecha, que quiere y merece a Macri? ¿La culpa es de ellos por no acompañarnos y elegir los peloteros? Bueno, lo quiere, que lo merezca es otra historia. Y no, en política no podemos darnos el lujo del elitismo, porque para triunfar en política -del segundo no se acuerda nadie- hace falta vocación de mayoría.

Creo que debemos recuperar la energía para, desde marzo del año que viene, no digo mañana, comenzar a construir de nuevo una alternativa genuina en todos los barrios de la Ciudad. Porque así es la política, y porque me parece que no entendemos la cosa. El año pasado, cuando a cuadras de mi casa estallaba el conflicto por el Indoamericano, escribí que la presidencia no entendía la zona sur. En enero de este año, en un post sugestivo, Artemio López sugirió que debido a los cambios en el paisaje socioeconómico, estaba cambiando el rostro histórico de la política de esta gran ciudad:

“El peso relativo del voto típico del paisaje sureño de gran carencia socioeconómica va ampliando su peso en el mix de la ciudad, terminando con la tradicional arquitectura electoral del norte porteño, con hegemonía de derecha clásica, el centro socialdemócrata con impronta radical y/o progresista y sur de mayor adhesión electoral a la oferta populista, en cualquiera de sus múltiples variantes.”

Hoy aparece claro que algo de eso hay, y que en la suma de ambas cosas, incomprensión del sur versus expansión de sus carencias, el progresismo pierde el puesto de privilegio y la oportunidad de ser algo más que una fuerza testimonial destinada al tercer, cuarto o quinto puesto en los distritos importantes.

No podemos seguir relegando a la Ciudad, tenemos que trabajar, y duramente, en ella para sacarla de este presente. El peronismo, el mismo entramado identitario que votan los sectores carenciados del otro lado de la Gral. Paz, es el vehículo adecuado para un nuevo estilo de interpelación. La consigna de la hora debe ser la de la reconstrucción, no ya la recuperación. Primero, debemos reconstruir el peronismo y su lazo directo con los ciudadanos a través de la renovación y apertura de locales funcionales, después vemos la política de alianzas. Y Nación debe comprender que su conflicto con Macri es secundario en esta tarea. Caso contrario, el actual Jefe de Gobierno y la derecha más dura tendrán siempre un bastión, que no dos

Ezequiel Meler.

(*) Nota preliminar: El día viernes, mientras mataba la ansiedad propia de la espera, empecé a escribir un boceto con los datos que tenía de muchos compañeros en el sentido de que existía, ya, una diferencia importante entre Macri, consolidado cerca de superar los 40, tal vez más, y Filmus, clavado en el 30%. Por un error, la nota quedó publicada, y aunque luego fue retrotraída al momento anterior, ya había sido enviada a distintos blogs, a FB y a TW. Cosas que pasan. Ahora, con los números finales, la coloco a disposición del lector del blog, suscripto o no. Mis disculpas, EM.

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6 comentarios dejar un →
  1. 10/07/2011 20:12

    lo que sigo sin entender es que lleva a un tipo que se queja del estado de las veredas y de la falta de control en las construcciones o de la sucia que está la ciudad a votar a Macri.

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