No es verticalidad, es horizontalidad.
Noto con preocupación el surgimiento de una suerte de “nuevo verticalismo”, que a veces incluso se hace explícito, señalando la necesidad de que todas y cada una de las decisiones sean tomadas por una conducción que es vista al mismo tiempo como infalible y omnisciente.
Sospecho que pueden existir diversas causas para este tipo de pensamiento. La primera, el vaciamiento político – ideológico que hemos sufrido -y, vale marcar, no hemos revertido, sino empeorado- desde la última dictadura. Incide, también, la modalidad de profesionalización de la actividad política que fue el correlato de la desmovilización popular en los años ochenta y especialmente en los noventa, junto a la tendencia a creer que el dispositivo mediático resolvía -para algunos, propios y ajenos, sigue resolviendo- todo lo que antes dependía del ámbito del comité, la básica y el ateneo.
El desguace de los partidos por sus liderazgos más importantes desde el 83 a la fecha se debió, sin duda, a este convencimiento profundo de que la política debía reservarse a un puñado de profesionales por completo ajenos a las presiones sociales y a la deliberación popular.
Pero, en un proceso político como éste, la participación popular, continua y cotidiana, es el mejor reaseguro contra derrotas y retrocesos. Es, al mismo tiempo, una parte esencial del empoderamiento que requiere la recuperación de la dignidad social de los distintos grupos que componen el bloque popular.
¿Por qué temerle? ¿Por qué insistir en la fórmula de una conducción vertical? Hemos arrojado algunas razones posibles. Con todo, reservamos la que vale considerar como la más importante: los distintos grupos que coinciden circunstancialmente en la coalición oficialista, no sin competir entre ellos, apenas acuerdan en el plano de la conducción. De allí para abajo, no coinciden en nada. Y esto no es menor, porque se presenta como un límite concreto al despliegue horizontal de la experiencia populista, así como a la reconstrucción de las identidades políticas de los sectores populares.
Alguno podrá pensar que un horizonte de esta naturaleza es utópico. En mi opinión, utópico es hablar de “profundizar el modelo”, “ir por todo”, etc., con una concepción tan elitista de la política, que depende de -siendo generosos- tres o cuatro nombres propios, que encima son, casi siempre, salvo por defección o fallecimiento, los mismos que teníamos al empezar, ocho años atrás.
Decíamos que, sin lugar a dudas, la coincidencia en el vértice político es el único atributo en común de las fuerzas que componen la coalición oficialista. Pero ello no debiera detenerlas, sin embargo, en la tarea de recuperar canales de participación, generar vínculos horizontales y abrir las compuertas de sus propias estructuras al debate y a la actualización. Lo que se controla dentro de las mismas es muy pobre y escaso como para querer retenerlo, e incluso el modo en que se hace atenta contra ese control: cada vez es más visible el fenómeno de una militancia silvestre, política, social, gremial, barrial o simplemente periférica, que busca tener algún vínculo real con el proceso político en curso.
Hacer un cultivo intensivo de esa militancia silvestre, dejarla medrar en el seno de las identidades políticas existentes, así como de otras nuevas, puede ser el camino de una renovación etaria largamente reclamada por la lógica misma del sistema partidario, que hace rato muestra signos de esclerosis.
Al mismo tiempo, permitiría modalidades, naturalmente acotadas, de interacción real a la hora de implementar políticas que muchas veces no son cabalmente compartidas en los distintos sectores de la sociedad.
Por supuesto, una construcción de este tipo supone abandonar el modelo radial, vertical, que la propia conducción impuso hace ya ocho años atrás. Pero esa conducción ha demostrado no ser perfecta, sino humana, y si quiere trascender realmente el instante de lo inmediato, deberá dejar algo más que un conjunto de corporaciones interesadas o una etérea apelación a la conciencia popular.
Salvo que se prefiera el salto al vacío, sea en 2011, sea en 2015, necesitamos ensanchar la base de los que participan, de los que discuten, y por qué no, de los que deciden. Muchas experiencias de nuestra historia dan cuenta del sentido común presente en este planteo: no podemos dejar todo en manos de los nombres propios -máxime, cuando son en casi todos los casos los mismos, y cuando la mayoría de los dirigentes y candidatos son al mismo tiempo funcionarios del gobierno en sus distintas instancias-.
Por eso, concluimos, no se necesita un culto de lo vertical como garante último de la pureza de los contenidos y de la certeza de la transformación: se requiere un ensanchamiento horizontal de los procesos de toma de decisiones y de la promoción de cuadros intermedios para que cada transformación sea, también, un hecho colectivo capaz de inscribirse en la historia de nuestra modesta pero pujante patria americana.
EM






Valioso y necesario. No puedo estar más de acuerdo.
Te agrego una razón para el verticalismo de algunos sectores. Es la actitud natural de los más débiles. Quienes no tienen “base”, es decir, seguidores convencidos en número suficiente, o recursos, institucionales o económicos, no están en condiciones de asegurarse ser oídos por la conducción. Por eso, compiten en ser los “auténticamente obedientes”. No tienen otra forma.
Un abrazo
Eze, leí el post un par de veces. No lo tomes a mal, pero a menos que haya algo críptico que no llego a comprender en tu crítica al “verticalismo”, me parece más que nada una declaración de principios con el cual no se puede no estar de acuerdo; y, por eso mismo, me parece tan “utópico” como el “profundizar el modelo” que señalás en el texto.
Un abrazo.
Abel:
Es buena esa, y tiene casi todas las aplicaciones del caso.
Carlos:
Todo bien. Lo que pasa es que si explicamos el chiste, no tiene gracia. En una de esas tenemos suerte y aparece alguno de los que no están de acuerdo para ilustrar el punto. Pero no creo.
Eze, este ejemplo vale para la gran mayoría de los blogs, y por qué no en general para las redes 2.0: muchas veces escribimos para unos pocos, “por elevación”, y para ver si “alguno pica”; y sólo entonces, eventualmente, en el intercambio con “el otro”, se aclara un poco el panorama para los legos.
Esperemos entonces; quizás tengamos esa suerte.
Un abrazo.
Ct.
Es difícil estar en desacuerdo con lo que decís. Pero creo que la clave pasa por lo que señala Abel, no está mal que sean pocos los que conduzcan, el problema es que lo hagan sin condicionamientos, y para eso se necesita una base activa, cualitativa y cuantitativamente hablando. Los “dedazos” o “el grupo Calafate” se evitan no estableciendo un marco procedimental democrático ni con la buena voluntad de los liderazgos, sino asegurando equilibrios de fuerza que eviten que algunos pateen el tablero y otros se corten solos.
Coincido, lo procedimental no alcanza, y daría lugar a cada delirio… no me quiero imaginar. Sin embargo, sin ir más lejos, las internas son un excelente mecanismo para dirimir candidatos y alianzas (sin lista única, mucho mejor).
Por otra parte, creo que tenemos una masa crítica importante en estos años, a través tanto de los movimientos sociales, los sindicatos compañeros y los sectores juveniles. Indudablemente, esto no supone que todos y cada uno de los sectores mencionados esté preparado para dar el salto, pero… con este esquema no lo van a estar nunca. Me preocupa que una instancia de transición sea confundida con una de cambio.
Saludos
Una de las principales tareas pendientes que nos dejó el General es la de institucionalizar el movimiento peronista (Ese, al que Cooke calificaba de gigante invertebrado).
Visto así, lo que Ud plantea, Ezequiel, no es ni mas ni menos que una cuestión doctrinaria. Yo no podría estar mas de acuerdo: “Solo la organización vence al tiempo”.
Esta bueno Eze. En medio de tanta opereta y profusión de análisis berretas, tus escritos cada vez mas afilados, desafían la obsecuencia y ayudan a pensar el momento histórico que vivimos. Políticamente somos hijos de la derrota, hay que asumirlo. Nos cagaron a tiros y lo mejor de un generación ya no esta, y eso, lo venimos garpando desde el inicio de la democracia. Una democracia que surge de la derrota popular, del agotamiento dictatorial y de las condiciones hemisféricas de los 80´.La Garcocracia Radical y la bomba menemista fueron la frutilla del postre que empezó a cocinarse en el 55. Pero llego Néstor, sobreviviente de esa nocturnidad de espanto y puso luz donde no la había. Perdón por la extensión, pero lo que planteas en el post me parece medular para abordar cuestiones de fondo. El empoderamiento de las clases populares y la consolidación del rumbo iniciado en 2003….y estamos viendo lo que cuesta con los carcamanes y dinosaurios que se creen dueños del movimiento. Muchos tienen alma de Patrón y así viven la política, como un negocio. Un saludo horizontal y peronista !
Político, Polifemo:
Gracias por sus aportes: a veces parece que uno habla con la pared. Un abrazo,
Ezequiel