Los problemas de Scioli y el panorama bonaerense.
1. Nunca fui, ni me considero, un admirador de Daniel Scioli. En rigor, como muchos peronistas, me sentí más identificado con la gestión de Solá, especialmente la segunda, que con la etapa inaugurada por el ex motonauta. Probablemente esta tampoco sea una frase afortunada en los días que vivimos, pero prefiero la honestidad intelectual: me gustaba más Arslanián que Casal, qué querés que te diga. De Scioli, en todo caso, me causa intriga su popularidad: no entiendo qué hace o qué es para medir relativamente bien en situaciones calamitosas.
Sin embargo, tampoco veo en él esa suerte de villano de la traición anunciada por un presunto ADN menemista (que, en rigor, y de aplicarse, sería demérito de todo dirigente del período 1989 – 1995, empezando por Néstor Kirchner). No lo veo, porque no es la forma como entiendo la política: los dirigentes pueden, en efecto, desplazarse según su conveniencia de un armado a otro -cosa que Scioli, vale la pena recalcar, nunca hizo-, pero esto no implica, necesariamente, que el poder que detentan se traslade con ellos en una valija.
Por lo mismo, nunca temí que Scioli se desplazara, porque siempre pensé, y sigo pensando, que el sciolismo como tal no existía, que lo que había era un bloque de intendentes con mucha más trayectoria y cientos de horas de vuelo, quienes expresaban, no siempre en monolítico bloque, el verdadero rostro del poder territorial bonaerense.
2. El problema con Scioli, entonces, no es su envidiable popularidad, ni su presunta autonomía política, ni, mucho menos, la supuesta amenaza de una traición que, desde 2003 a la fecha, no llegó jamás, sino la matriz que informa sus acciones como gobernante. Sencillamente, su gestión me parece mala. Creo que muchos dirigentes del peronismo podrían hacerlo mejor. Puede haber factores mitigantes, el más elemental de los cuales sería definir exactamente qué es una buena gestión en ese Estado fallido que es la PBA, pero son gustos.
Saliendo del terreno de los gustos, Scioli es hoy el emergente de un clima bastante enrarecido, en la medida en que representa, para muchos sectores aliados del peronismo, la sucesión más probable, y en esa medida, el final de lo que entienden ha sido el ciclo kirchnerista. Es una opinión controversial, en tanto que supone muchas cosas que habría que ver, pero que en todo caso se basa menos en una consideración de su personalidad que en un balance de su gestión.
Con todo, en principio, Scioli es el candidato mejor posicionado para competir por el justicialismo en la Provincia de Buenos Aires, así como uno de los pocos presidenciables que el kirchnerismo tiene, tal vez el único en este momento en no llevar el apellido Kirchner.
3. Éstas, y otras consideraciones, han colocado a Scioli en el ojo de una pequeña tormenta perfecta. Muchos sectores, empezando por Balcarce, quisieran ver acotado su poder, recortada su autonomía, imposibilitado su despliegue como candidato. El progresismo que compone la coalición kirchnerista -en concreto, el NE – EDE de Martín Sabbatella- coincide en este análisis, y espera, de su contribución electoral en octubre, lograr que no quede instalado como el heredero necesario de CFK en caso de una victoria que, vale recalcarlo, tampoco está asegurada -ni remotamente-.
De las controversias que ha generado la intención, hecha pública por parte del gobierno nacional, de habilitar a Sabbatella para que adhiera a la fórmula presidencial sin pasar por las primarias -lo haría luego de las mismas-, sólo puedo decir que expresan la difícil convivencia entre dos sectores que, aunque desparejos, se necesitan mutuamente, como son el peronismo -aquí reducido al bloque bonaerense, pues en rigor el peronismo hace tiempo que es más un plural que un singular- y el progresismo. Sectores que, en sus mutuos recelos y en sus constantes disputas demuestran que, por el momento, no existe síntesis a la vista, y por ende, construir kirchnerismo -así, a secas- es imposible.
¿Es lícita la jugada? Por supuesto que lo es, si de lo que se trata es, por un lado, de ensanchar la base electoral de Cristina, y por el otro, de prestar opciones al voto independiente a los fines de no ungir demasiado rápido un delfín. Es lícita y es legítima… y es un quilombo, como se ve.
4. Hay varias consecuencias de la jugada que, me parece, no se examinan con el detenimiento del caso, porque todo se salva con la línea que baja Aníbal de que esto es como cuando Perón habilitó al FIP… Perón sacó el 62%, Aníbal, y ciertamente el FIP no tenía un análisis con las ambigüedades del EDE sobre el peronismo. Por otra parte, la época no se parece mucho. Pero buéh…
Decía que hay varias consecuencias para Scioli del escenario que se desprende de las últimas noticias. Y son todas malas, pues todas tienen en común la vocación de desempoderarlo, o más cristianamente, desplumarlo, sea para forzar una ruptura, sea para dejarlo en un estado en que difícilmente pueda heredar nada. El tema, claro, es el costo para la estructura en general.
Un primer problema que aparece es la vocación de Balcarce de “armarle las listas” a la provincia. Siempre hay, y es lógico, un tironeo: esto no es nuevo en lo absoluto. Pero en el caso que nos ocupa, es razonable decir que los sectores más afines a Scioli hoy son los que menos chances tienen de entrar. Incluso los candidatos a vice de Scioli que más se mencionan -Gabriel Mariotto, Fernando “el Chino” Navarro, etc.- tienen poco o nada que ver con esa estructura territorial.
La variable de ajuste, inevitablemente, son los “transversales”: cada vez que hay que colocar a un dirigente partidario que quedó sin lugar, sale un muchacho de los movimientos sociales, de las organizaciones barriales, etc. Pero eso sería lo de menos, porque ha sido la marca registrada de Scioli en sus primeros dos años el delegar toda la gestión social y la obra pública en los intendentes -esto recién empieza a cambiar con planes como “Argentina Trabaja”, impulsados directamente desde Nación e implementados, en muchos casos, por y desde los movimientos sociales. No en vano, y en anticipación a este movimiento, los transversales han salido a pedir la habilitación de colectoras en todos los niveles, algo que los intendentes resisten y que aparece reñido con el artículo 27 de la ley de reforma electoral bonaerense.
5. Pero también habrá, de ser este el escenario, muchos referentes de segunda y tercera línea desplazados de las listas, tanto en los municipios como a nivel provincial. Asimismo, la merma eventual que pueda generar la colectora de Sabbatella -que ha de sentirse, sobre todo, en la primera y en la tercera sección electoral-, dejará a muchos de estos dirigentes, de estar en posiciones expectantes, relegados a estadísticas de uso histórico.
¿Hacia dónde irían esos fragmentos de estructura que no ingresen en el armado? La respuesta la da el pasado inmediato: hacia las filas de Francisco De Narváez, que en estos días ha revivido luego de un año virtualmente sabático y de estar estancado en quince puntos porcentuales.
En rigor, es todo el eje Macri – Duhalde – De Narváez el que aparece necesariamente fortalecido en caso que el kirchnerismo bonaerense no ofrezca posiciones acordes con las realidades de cada distrito. Algo que, a juzgar por las noticias frescas, parece ser de algún modo deseado por Balcarce. Lo cierto es que, como en 2009, el Colo hará las veces de ambulancia para armar su inexistente estructura con todo lo que el oficialismo deje fuera.
6. Daniel Scioli tiene, todavía, otro problema. El gobernador, que llegó con el 48 % de los sufragios, dato cortesía de Andy Tow, tuvo menos suerte en 2009, en ocasión de las listas testimoniales, y hoy arriesga ese guarismo. Por eso, también, el nerviosismo: si en ciertos distritos se arriesgan intendencias y concejos deliberantes, en la provincia el próximo gobernador puede no tener el control de su propia legislatura provincial.
Creo que este es el marco mínimo que necesitamos para entender el malestar del peronismo bonaerense. Le habilitan una oposición a renglón seguido de una derrota distrital (2009), en la que supuestamente se plebiscitaba el modelo nacional, en un momento en que es particularmente vulnerable a la competencia. Esto rompe, desde ya, con la modalidad del kirchnerismo en la PBA desde 2005, pero además fuerza inevitablemente gestos de ruptura más o menos disimulados, según el caso. No pocos jefes comunales acomodarán algún concejal en otras listas. Mientras tanto, todos los ojos del peronismo bonaerense se posan en Scioli. ¿Reacciona, se la banca, medita? ¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar?
Lo sabremos en el año.
Ezequiel Meler.






Sin embargo, pienso que la traición puede tener diferentes matices , se puede ser un traidor en potencia, cuando se es influenciable, cuando no se sabe lo que se quiere, cuando no se dimensiona la función pública con responsabilidad, y cuando los devaneos del poder hacen perder el verdadero sentido de la misión política. Yo creo que ni él sabe hasta dónde está dispuesto a llegar .Muy buena nota. Saludos, Eze!
La verdad es que yo no entiendo demasiado el horror por Scioli. No lo entendí en LDS, no lo voy a entender tampoco en las filas propias. Y no lo entiendo por el hecho simple y llano de que ya está: no se puede tener miedo de lo que ya es, y Scioli es parte (importante) del oficialismo. En la PBA gobierna Scioli, que además fué vice de Néstor Kirchner durante la primera etapa. No se puede desconocer eso y sorprenderse ahora de que hay “derecha” en el oficialismo.
De hecho, tu observación respecto a que Scioli no necesariamente tiene que ser una reversión del menemismo es algo que comparto, y creo que hay fundamentos para eso. En primer lugar, Scioli ha acompañado al oficialismo no sólo para la foto o en las listas testimoniales. El modelo oficialista requiere también del acompañamiento de los gobernadores o gran parte de ellos, siendo Scioli el gobernador de una de las provincias mas representativas del país. ¿Sería esperable que el modelo kirchnerista pudiera avanzar firme con un gobernador de la PBA opositor?
Me parece que, al contrario, Scioli es mas kirchnerista que menemista, y creo que le conviene serlo: hoy ser menemista no suma, no tendría demasiado sentido reflotar las políticas noventistas y generaría un gran rechazo, sobre todo de los sectores sindicales que también tienen apetencias políticas. A Scioli le jugaría en contra totalmente volcarse bruscamente a un menemismo recargado desde una hipotética presidencia. Por eso, a mi modo de ver, Scioli es la garantía conservadora de la continuidad del modelo kirchnerista y no precisamente el fin del kirchnerismo o el post-kirchnerismo, porque la verdad es que a muchos que ven con malos ojos al oficialismo por “sus modos” les simpatiza el hecho de que Scioli viene a hacer kirchnerismo pero sin estilo K. En definitiva, me parece que es un grave error querer sepultar a Scioli cuando es, en realidad, la última carta que le queda al oficialismo en el caso -probable- de que no quede otra que soltar el acelerador.
Todo esto no implica, por supuesto, ser condescendiente con la política espantosa de seguridad que Scioli tiene en la PBA, y que es lo que mas le resta a la hora de sumar simpatías por parte del peronismo de izquierda o del progresismo filo K.
Salutes.
Ciertamente, Ángels, la traición puede tener muchos matices;
se puede ser traidor desde abajo o traicionar desde arriba,
la lealtad es de doble vía
al menos en las parejas humanas es asi,
buehh ta bien, mal ejemplo, no todos comparten esto
jajaja Omix sangra por la herida? (a propósito de la cuestión de las parejas)
jajaja Omix pienso como vos a propósito de la lealtad en la cuestión de las parejas, la cuestión de las relaciones “abiertas” es un artilugio de los hipócritas,
Ángeles:
Scioli es el dirigente que más tiempo ha estado en la cúspide junto a Néstor y Cristina, primero como vicepresidente, luego como gobernador de la provincia más poderosa. Cuando le tocó arriesgar su capital político, como fue el caso de las testimoniales, lo hizo sin dudarlo, sellando una suerte que no era la suya. Creo que se ha ganado, al menos, algunos derechos.
Martín: Me gustó mucho la frase “Scioli es la garantía conservadora de la continuidad del modelo kirchnerista y no precisamente el fin del kirchnerismo o el post-kirchnerismo.” Me encantó.
Omar, a las cosas. Te necesito comentando. Abrazo.
Eze, creo tanto eso que, a pesar de que no me gusta del todo, quisiera que el candidato a presidente fuese justamente Scioli. Eso no va a pasar, pero no sé por que me da la sensación de que mientras Néstor vivía esa posibilidad se manejaba mucho, justamente porque Scioli puede funcionar como un resorte para el desgaste de Néstor en su momento y de Cristina. Cambiaron mucho las cosas, y se revalorizó lo que fué Néstor como dirigente político. Y eso sumado a otras cositas me parece que termina definiendo que Cristina Kirchner sea la candidata, pero yo estoy seguro de que tanto Néstor como ella sabían que esa idea de alternarse indefinidamente solamente cabe en la cabeza de Mariano Grondona o algún columnista de La Nación, pero no en el electorado, que es el que realmente define como son las cosas.
Para mi Scioli la caga con las políticas de seguridad, sería mucho mas difícil para el progresismo filo K criticarlo si no tuviese ese motivo, que es legítimo, porque todos los días aparece un pibe que mata la policía bonaerense.
Salutes.
Bueno, ese es el punto de vista de un buen sector de la estructura bonaerense… y también es lo más políticamente incorrecto que se puede decir (!)
Pero, vos sabés, martín, que lo políticamente incorrecto siempre fue lo mío, de modo que respeto la sinceridad y entiendo el pensamiento. Me gustaría una interna Scioli vs. Cristina, aún cuando sé que CFK tiene que ganar por escándalo. Pero que al menos haya internas, que los afiliados puedan expresarse. Basta de listas únicas, pensamiento único, comisarios políticos… así no se puede construir porvenir: construimos para hoy y nada más. Por eso, creo que tu comentario vale doblemente, porque el desafío hoy no es verticalizar, la palabra misma es odiosa y tiene penosos recuerdos para los peronistas. Verticalismo, antiverticalismo… la opción es otra: verticalismo u horizontalidad. Eso es que lo que pide el escenario político tras la muerte de Néstor: que las compuertas de las estructuras recojan la militancia silvestre que ha crecido fuera. Y que la expresen en todas sus diferencias.
Con todo, hay algunos datos que indican claramente la voluntad de CFK de a) competir, b) debilitar a Scioli. Algunos están reseñados en el post: la intervención en los distritos como CABA y Santa Fe, las editoriales de Verbitsky destrozando -legítimamente, por cierto- aspectos de la política de Scioli y a Scioli mismo… parece claro algo que hace un mes no era tan claro, y es que Cristina será candidata, y el Chino Zannini no ve otro adversario que Daniel Scioli. Algo lógico si miramos enfrente… y penoso a la vez. parece que perdemos de vista quiénes son los adversarios y quiénes los enemigos.
Un abrazo,
EM