¿Construir kirchnerismo?
A la luz de algunos de los armados descritos en el post anterior, así como de otros por venir, y del ambiente general en que se debate la fracción politizada de la sociedad -sobre todo la más cercana al oficialismo-, creo que bien vale hacerse una pregunta: ¿qué es construir kirchnerismo?
La respuesta podría ser obvia: construir kirchnerismo es construir apoyos para la candidatura presidencial de Cristina Fernández y, al mismo tiempo, sostener la identificación general con el modelo económico, la política social, los derechos humanos, etc.
Ahora bien, también sabemos que la conjunción de lo primero con lo segundo no siempre es inmediata. Por ejemplo, en Santa Fe y posiblemente también en Córdoba y en Catamarca, construir kirchnerismo en el primer sentido no choca, al parecer, con la posibilidad de unificar a sectores reconocidamente muy distantes de las políticas aplicadas -por no señalar que se trata incluso de sectores con dudoso compromiso respecto a la continuidad de la actual mandataria-.
Para otros, en cambio, construir kirchnerismo tiene un sentido preciso: la superación o el ensanchamiento de las bases sociales y políticas del peronismo, con una dirección de centro – izquierda y una agenda progresista. En esta lectura, construir kirchnerismo sería distinto de, por ejemplo, construir peronismo tradicional, en la medida en que no necesariamente se haría desde el justicialismo -es más, muy probablemente se haría en oposición al mismo-. Sí podría construirse una nueva especie de peronismo, un peronismo “progresista”, emparentado con la gloriosa tradición de la Renovación, el Frepaso y… mejor no sigamos, ya se entiende.
Volvamos. Mucho se ha discutido sobre si es siquiera posible pensar en un movimiento “nacional y popular” que, en términos concretos, supere las sociedades políticas del peronismo. Una propuesta general de los “optimistas del gol” reside en pensar toda experiencia progresista como una continuidad histórica que viene a completar una secuencia siempre inconclusa de construcciones populares -es el mito originario de lo “nacional y popular” como campo ajeno a las disputas, sólo derrotado por artificiosas divisiones-.
Otra forma habitual de verlo reside en que las viejas identidades estarían atravesando una presunta etapa de crisis que estallaría en un nuevo cosmos de posibilidades, un cosmos en el que no es necesario tener presencia territorial para existir, ya que lo mediático alcanza por sí solo.
En general, la respuesta que la realidad ha dado, más tarde o más temprano, a estos pensamientos oníricos ha sido negativa. Un ejemplo simple: en la Provincia de Buenos Aires, tenemos una contienda genuina con intereses irreconciliables entre dos sectores aparentemente afectos a la misma tradición “nacional – popular”. ¿O es que uno de ellos no lo es? Bueno, entonces, ¿no deberíamos prescindir de sus servicios? Pero en ese caso, claro, no sólo se pierde la gobernación del principal distrito del país, sino que además se complican seriamente las chances de continuidad del “proyecto nacional”.
Afrontémoslo: tal vez el kirchnerismo no pueda ganar una primera vuelta sin los votos progresistas, pero directamente no figura sin los votos del justicialismo, sin sus legisladores, sin sus gobernadores y sin sus militantes. Puntualmente, no figura sin Daniel Scioli, como no figura en Santa Fe por afuera del PJ. Y eso, en las áreas metropolitanas, porque en las periféricas… bueno, en las periféricas hay que ver si le alcanza para pelear una intendencia.
Es indudable que, allí donde existen ambos, peronismo y progresismo son rivales locales, aunque deban soportarse mutuamente en aras de la necesaria victoria del kirchnerismo. Pero, si sobre el terreno mismo de la constitución de identidades aparece la competencia, entonces, volviendo a nuestra pregunta original, ¿cómo se construye una identidad duradera, ajena a las disputas políticas concretas?
La respuesta es simple: por el momento, dadas las circunstancias, no es posible superar los prejuicios -y también algunos juicios válidos, hay que decirlo- que mutuamente enfrentan, hace más de sesenta años, a los argentinos. No es posible, y a juicio de quien escribe, no debe intentarse. Tenemos la sociedad política que supimos conseguir: cuidémosla, porque, a la fecha, no ganamos nada si se disuelve. En rigor, no ganamos nada en general. Iremos unidos donde podamos, y separados donde debamos. Forzar la unidad en donde no es posible hacerlo es un acto de necedad.
EM.
Actualización:
Con posterioridad, hemos visto un lamentable error en el linkeado de uno de los párrafos, que llevó a Gerardo Fernández, con quien hemos compartido muchas ideas en los pasados años, a la necesidad de marcarnos claramente algunas diferencias. Su post es éste, y se recomienda.
EM






Estimado! De acuerdo en todo Ezequiel, pero en algun momento habrá que plantearse cómo salir por la tangente para romper el círculo vicioso. No será ahora, pero si aspiramos al largo plazo, no debería ser dentro de mucho.
La “herencia” deberá ser prioridad a partir del 11 de Diciembre (seamos optimistas, je).
Abrazo,
Javier:
Sí, yo también creo que se trata de una sociedad pasajera. Pero, a la inversa que varios, pienso así en la medida en que veo que, cada vez más, el dilema de la sucesión va haciendo imposible la continuidad de P + no P. Una vez que la primera magistratura sea ocupada por alguien no apellidado Kirchner, no hay trato.
Un abrazo, y saludos a la señora.
Ezequiel
http://tirandoalmedio.blogspot.com/2011/02/una-aclaracion-para-ezequiel-meler.html
“tal vez el kirchnerismo no pueda ganar una primera vuelta sin los votos progresistas, pero directamente no figura sin los votos del justicialismo, sin sus legisladores, sin sus gobernadores y sin sus militantes.”
Exactamente. Y el llamado de atención vale para las dos partes, que hace rato se vienen tirando dardos cuando la lógica implicaría, cuando menos, un pacto de no agresión. Te digo mas, no me extraña tanto en el ala progre como en los sectores que se autodenominan mas “ortodoxos” del peronismo, que usualmente tienen un mejor manejo de la construcción en pos de retener el poder. Veo mucho capricho, mucho sectarismo de todos lados.
Yo veo en problemas a la presidenta, y la verdad es un poco angustiante, porque por momentos pareciera ser que su base de sustentación son dos bandos que se arrancan los pelos por la herencia.
Saludos.
Cuando Nestor asumio en 2003 tenia menos de 10 diputados propios . me parece que no es la estructura , que Nestor recien tuvo que meterse en la estructura tras derrotarlos en las elecciones y que se sometieran al gobierno nacional en 2005 y ya asumio la presodencia del PJ en 2008 tras eel intento de golpe y el fracaso primero de la transversalidad primero y de la coalicion plural . Para mi Nestor a pasar de no lograrlo nunca renuncio a la necesidad del ordanamiento ideologico que requieren todos los partidos . Por ejemplo si fueramos logicos Rossi y Binner tienen muchas mas ideas en comun que Rossi y Mercier o Reutemann .
Porque renunciar a la idea de que algun dia culturalmente crezcan algunos dirigentes yb entiendan que los que pensamos parecido deben estar en un partido y los que piensan diferente de uno pero parecido entre ellos Sanz y Duhalde ,Macri , Carrio tambien , bueno son el grupo A . pero como contsruis hoy poder popular para reformar la constitucion e ir a una reforma basada en la de 1949 ? Sin el apoyo del partido socialista , porque necesitamos los 2/3
Martín: La pelea, en efecto, es por la herencia -de algo que no se ganó, encima-. Pero no veo viable un pacto de no agresión. Lamentablemente, está en la matriz de NE cuestionar a Scioli. Expuse las razones en un post hace poco tiempo.
http://ezequielmeler.wordpress.com/2011/01/22/dilemas-progresistas-frente-al-kirchnerismo/
Javier: El tema es que las identidades políticas se ordenan solas, no de acuerdo a nuestros ideales, y lo hacen siguiendo intereses, tradiciones, matrices culturales que juegan un rol completamente autónomo. Amén de lo cual, yo no iría tan entusiasmado por una constituyente donde las provincias, con los representantes que tengan, no van a devolver lo ganado (por ejemplo, por art. 124 tienen los recursos del subsuelo)´
http://www.senado.gov.ar/web/interes/constitucion/gobiernos.php
No sólo está el tema de la sucesión; también va a ser complicada la cuestión de cómo seguir. Resueltos una gran cantidad de problemas macro aparecen detrás las cuestiones que vienen con carácter de no urgentes. Pero estas cuestiones no están ni siquiera formuladas aún. Yo pienso en reformas en justicia, educación, derechos laborales e incluso pienso en tocar instituciones políticas y de representación, como medio para generar mejores condiciones de justicia e inclusión. Pero así como yo tengo mi diagnóstico, aparecerán otros y de esa elaboración tendrá que venir la segunda etapa del modelo, la encarne quien la encarne. Guarda con el anquilosamiento de los discursos. Yo no estoy con el progresismo y no me encolumno detrás de la agenda clasemediera caparrosística, pero concedamos que a veces se apela más a políticas simbólicas de alto impacto mediático, porque si se trata de pensar y modificar estructuras reales la cosa es mucho más complicada. A mi me gustaría que la misma CGT y las burocracias locales (intendencias – gobernaciones) fuesen ellas mismas las que tomaran la bandera de profesionalizarse, transparentarse y democratizarse en serio, sobre todo para asegurar que la institución de la política se robustezca frente a los incesantes ataques del mercado, que seguirán pugnando por destruir las redes de representación tanto laborales como sociales y políticas.
En fin… te comento esto porque es una inquietud que me viene soplando la nuca desde que se vio claramente que en 2011 no se puede perder.
También quería comentarte que coincido plenamente con lo que decís sobre Scioli y Solá.
Scioli entra a almorzar a su restaurant habitual y el mozo que lo atiende le pregunta “Como lo va a querer, a la plancha o frito? Y Daniel, siempre positivo, contesta “sí”.
saludos,
egvh