El peronismo federal en su laberinto.
Hace ya algún tiempo, venimos anticipando el inevitable crepúsculo del sector del peronismo disidente, y su relevo por el macrismo. Varias razones obran para ello. En primer lugar, el repunte continuo del oficialismo ha generado buenas opciones para el retorno de muchos dirigentes que jugaron enfrente en 2008-2009. En segundo término, la ausencia de un emergente claro en ese espacio -más parecido a una liga de caudillos subalternos que a otra cosa- no ofrecía demasiados atractivos en tanto oferta electoral.
En tercer lugar, el discurso del peronismo federal bien puede ser relevado por el macrismo, que tiene un tono y un conjunto de referentes más jóvenes y ciertamente más modernos, incluso en su derechismo.
El panorama general compuesto por estas reflexiones, necesariamente, implicaba reconocer que la apuesta, especialmente tras el exorcismo sufrido por la patria mediática a la muerte de Néstor Kirchner, era netamente perdedora. Por eso, apenas vieron la oportunidad, algunos comienzan a fugarse. Y la lista es de obvia confección: Solá, Das Neves y el inefable De Narváez, que busca alguna lista no perdedora donde colarse, son los más incómodos en estos días.
Tal vez resulte difícil de entender, pero, además de sus futuros personales, muchos dirigentes de este espacio sienten, en alguna medida, que el límite está dado tanto por la reiteración de los guarismos de la fórmula de Potrero de Funes, como, peor aún, por la posibilidad de incorporar a Macri a las internas -es decir, de terminar detrás de Macri en la general-. Esos planes le cierran a un Barrionuevo, a un Puerta, pero no tanto al propio Duhalde, que por ahora prefiere la primera opción.
Muchos peronistas, de este y del otro lado, entienden que ese paso, de darse, sería trascendental y definitivo en lo referente a sus identidades y convocatoria. Mario Das Neves, por ejemplo, señaló que se encuentra ”en las antípodas de lo que es el proyecto político y el pensamiento de Mauricio Macri. Lo respeto como dirigente político pero es un hombre claramente identificado con la derecha argentina y yo no comulgo con esa idea.”
Es que el salto del peronismo federal a una alianza presidencial con PRO es tan complicado, en términos de supervivencia estricta, que muchos prefieren agotar las alternativas o permanecer al margen.
Macri, mientras tanto, espera y enfría la cosa. Juega al amague en su sucesión porteña. Disfruta de la indefinición radical, que lo coloca como el referente natural de la oposición. Sabe que, en la medida en que los disidentes no cierren acuerdos por arriba, unos cuantos referentes distritales caminarán silbando bajito hacia sus filas, sin necesidad de acuerdos macro. Pero tampoco cancela la eventualidad de esperar otro turno, de ser necesario, para construir el armado que hoy no parece que llegue a tener fuera del AMBA.





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