La verdadera prueba de ácido.
Ya hablamos de los desafíos económicos que enfrenta la próxima gestión. Sin embargo, la verdadera prueba de ácido de un proyecto político nunca es de matriz económica; por el contrario, se trata siempre de un desafío político. Y ese desafío, como hemos dicho hace ya largo tiempo hablando del emblemático caso venezolano, pasa por la sucesión.
Por ejemplo, ¿qué tanto quedará del “nosotros somos el kirchnerismo” cuando llegue a la Rosada, sea en 2011, sea en 2015, un candidato oficialista que no se identifique automáticamente con el significante “kirchner”? Podemos aventurar una respuesta: poco, o nada. Y eso sucederá independientemente de los lineamientos de su gobierno, porque depende de un factor decisivo en las experiencias populistas, tal y como es la persistencia de una base de sustentación socialmente autónoma que sea capaz de perdurar en el tiempo -en otras palabras, la diferencia entre Perón y Vargas-.
¿Puede constituirse una base de ese tipo “a tiempo”? No lo creo. Ni a tiempo, ni en tiempo de descuento, ni en tiempo muerto. Pero bueno, esa es mi opinión, que he fundamentado en otro lugar.
Esto no equivale a decir que la base de sustentación deba ser una sola, o que lo sea, sino a reconocer que quienes aspiran a heredar esta experiencia lo hacen cuestionando las bases existentes. Y ese gesto, que es totalmente legítimo, es sin embargo uno de los indicios más claros de la imposibilidad de sustentar una nueva identidad popular en el tiempo.
Nadie tiene o debe renunciar a sus identidades: es parte del juego político que algunas cosas estén en el mazo y otras no parezcan estarlo. Pero si todo lo hecho desde 2003 a la fecha, si las sociedades políticas vigentes en este momento -que no son las únicas disponibles, cabe aclarar-, si todo eso puede irse por la borda con un simple paso al costado de Cristina Kirchner en 2011 o con su herencia en 2015, hay algo que anda mal en la lógica de los voceros del enésimo Tercer Movimiento.
A la política le hace mal el pensamiento binario: lo he dicho muchas veces. Aparte del blanco y del negro, que existen sólo en las mentes de los más afiebrados, existen infinitas tonalidades de grises posibles que pueden encarnar apenas uno da vuelta la esquina. La pregunta es si esos grises son tolerables para todos los que hoy se sienten dentro del barco. Pienso que no.
La apelación a la unidad de lo diverso en torno de un liderazgo de orden carismático de alta instalación, capaz de instaurar clivajes nuevos en derredor, es tan vieja como la política misma. Yrigoyen y Perón, por caso, fueron exitosos en trascender la prueba de ácido aún cuando no quedase tan claro qué grado de pureza tenían sus herederos a mediano plazo -recordemos las denuncias de FORJA frente al “alvearismo”, o bien las internas, en el peronismo y fuera de él, en los años ochenta y noventa-. Sin embargo, fueron exitosos en un plano decisivo: las estructuras que edificaron, aún con otros fines, perduraron, y fueron capaces de enhebrar sociedades impensables en sus días originales. Los discursos que construyeron también perduraron, y sirvieron para consolidar identidades que, aunque no fueron impermeables al paso del tiempo, mantuvieron un núcleo más o menos intacto en el transcurso del devenir.
¿Alguien ha trascendido esas fronteras desde entonces? ¿Alguien puede trascenderlas? No nos equivoquemos: la premisa básica para la existencia de un proyecto político que merezca tal denominación reside en que exista, en todo momento, alguien capaz de retomar la conducción cuando ella cae. Y no, no es fácil hacerlo, pero debe ser posible.
Retomar la conducción no implica necesariamente que todo siga igual, pero sí implica, necesariamente, que los que estaban reunidos en torno al primer liderazgo -no todos, pero sí una proporción importante- perseveren en torno al siguiente.
¿Están dadas las condiciones en el caso del kirchnerismo? Las respuestas a priori, ustedes lo saben, no me agradan. En general, como dice Abel, Marte juzga a los príncipes en el campo de batalla. Y es en el campo de batalla electoral propio de la democracia representativa que hemos sabido conseguir y consolidar en estos casi treinta años en el que se dirimirá qué tanto es posible mantener de las coaliciones de estos días.
Nada ni nadie puede evitar un momento centrífugo. La cuestión es qué pasa después de ese momento. En el plano nacional, lo que está claro es que ha comenzado la lucha por la sucesión y el legado, que se dará complementariamente junto a la pelea por continuar el sendero abierto en 2002/03, un sendero que muchos ya han abandonado a medida que cobraba un significado preciso, y dejaba de lado otros.
Ezequiel Meler.






muy bueno Ezequiel ! la cuestión del pensamiento binario y el ‘significante’ “kirchner”. La continuidad del modelo nacional y popular es es el mayor requisito, que algunos peronistas K no lo cumplen
Ezequiel:
En tus dos últimos posts sobre economía hacés uno de esos resúmenes lúcidamente razonados que te envidio. Me parece admirable tu capacidad de describir lo esencial del “modelo” K, y, al mismo tiempo, señalar los factores que ya han limitado su vigencia.
No te digo que no voy a agregar nada (no sería yo), pero me será difícil.
En cambio, en este análisis político … está muy bueno, y bien escrito, pero me parece que estás asumiendo un enfoque que vos sabés que es, por lo menos, discutido. O eso es lo que entendí yo. Es un sábado a la noche, y a lo mejor mis neuronas no están a full.
Vos decís: “¿qué tanto quedará del “nosotros somos el kirchnerismo” cuando llegue a la Rosada un candidato oficialista que no se identifique automáticamente con el significante “kirchner”? Poco, o nada. Porque depende de un factor decisivo en las experiencias populistas, tal y como es la persistencia de una base de sustentación socialmente autónoma que sea capaz de perdurar en el tiempo – en otras palabras, la diferencia entre Perón y Vargas”. Creo que es un resumen justo de tu planteo.
Y, Ezequiel, estás asumiendo que el “kirchnerismo” es algo diferente del “peronismo”. Porque si no lo fuera, tiene una base de sustentación socialmente autónoma capaz de perdurar en el tiempo: la que lo produjo. Porque Kirchner no salió de un repollo: lo produjo el peronismo.
Por supuesto, es defendible el argumento opuesto: que el “kirchnerismo” es algo distinto del “peronismo”: mejor o peor. Son posturas que tienen sus argumentos. Por la primera, se inclinan muchos compañeros cuya definición política fundamental es el repudio a Menem (en algunos casos, el repudio a Duhalde, o a Reutemann). Por la segunda, algunos compañeros (generalmente más viejos) cuya definición política fundamental es el repudio a Montoneros.
Valen. Son cosas muy sentidas, y es inútil discutirlas. Y pueden provocar que algunos de ellos se hayan alejado del peronismo como fuerza política, o se vayan a alejar en el futuro. Y? Lamentable, claro. Las fuerzas políticas se componen de hombres y mujeres. Pero la base de sustentación socialmente autónoma – el movimiento obrero, los sectores humildes y de clase media que se siguen definiendo peronistas – seguirá.
Esta es mi opinión, al menos (que vos ya conocés). Si te la menciono, es porque tu post parece ignorar esa posibilidad.
Desde un enfoque diferente, te propongo que leas esta otra visión distinta, la de Luis Bruschtein de hoy: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-160097-2011-01-08.html
Un abrazo
Abel:
Ahí te respondí en extenso, en la general.
Abrazo,
EM
Ángeles:
La mayoría del kirchnerismo no pasará esa prueba: esa es la tesis.
Abel:
No estamos en veredas opuestas: de hecho, ya charlamos esto. Kirchner sale del peronismo, el peronismo es su soporte. Pero, conforme a la tradición, arma sociedades políticas y electorales diversas que le permiten atraer a un sector del electorado progresista, en general no peronista o incluso furiosamente antiperonista. Minoritario y estruendoso como es, el arco de la minoría intensa que muchas veces tiene su correlato en el fenómeno juvenil no se acerca sólo ni primordialmente al peronismo, en parte porque éste no tiene las puertas, lo que se diría, abiertas.
Entonces, lo que se produce es una sociedad desigual, donde las bases de sustentación las pone el peronismo, los dirigentes y principales candidatos los pone el peronismo, pero existe un reconocimiento explícito (Cristina ante el PJ, para tomar un ejemplo trillado) del Otro, de aquellos que apoyan pero NO son peronistas ni han de serlo. Sabbatella, por ejemplo.
Lo que planteo es que esa experiencia de asociación política tiene los días contados. Precisamente, debido a que no ha construido otra base de sustentación, y los significantes no duran para siempre. Yrigoyen legó a la Argentina el radicalismo, como partido – estructura e identidad de los sectores medios. Perón legó a la Argentina el peronismo, o sea el movimiento obrero organizado y la identidad de los humildes. Esa es la diferencia entre el Peludo, el General y sus contemporáneos o sucesores.
Un abrazo,
Ezequiel
Soy un poco más optimista. Creo que la muerte de Kirchner significó tomar absoluta conciencia para muchos de que hay una sola “plaza” y que “no hay otro lugar adónde ir”. Uno puede fantasear con “volver a la casita de los viejos” si se pudre todo. Pero ese no es un lugar para estar. No es un lugar donde deba vivir un Hombre (una mujer, lo que sea, un adulto, quiero decir).
Si hegemonizan el proceso “kirchnerista” sectores que van en contra de los intereses de la mayoría, creo que el resto deberá apelotonarse en una línea interna desde donde pelearla. Para que se dé lo que vos decís de que no quede nada de nada y volvamos a la dinámica de “resistir contra el menemismo”, digamos, tiene que pasar algo en lo económico que dé cuenta de eso. Y un elemento central sería que los sindicatos de la CGT hagan un pacto con los Grupos Económicos (Nacionales y Transnacionales) para cagarse en todo el resto.
Eso no está ocurriendo y con la dinámica económica actual es difícil que ocurra.
Veremos
Un abrazo
Nicolás:
Por supuesto que no hay una sola plaza, como podíamos pensar en 2006, y eso es bueno, y no tanto. Porque, en rigor, la disyuntiva no es binaria -vg: kirchnerismo o menemismo, populismo redistributivo o giro neoconservador con visos reaccionarios, etc.-. Hay multitud de cosas en el medio que no van contra el sentir y los intereses de “las mayorías”. Mayorías que, por cierto, pueden ser compuestas de más de una manera. Por eso mismo, tampoco me considero pesimista: simplemente creo que las mayorías circunstanciales que se armaron ahora no son, en absoluto, duraderas.
Tampoco creo, honestamente, que la muerte de Kirchner implique el súbito redescubrimiento de la política, de una vez y para siempre, por todos y cada uno de los que salimos a compartir nuestro dolor, ni que sea en el mismo sentido.
Nunca dije que no quedaría nada de nada: es un planteo complicado borrar una entera experiencia histórica, y ciertamente no va con mi pensamiento. Pero sí es posible que no continúe en los términos que se dieron hasta ahora, sin que ello necesariamente implique mayorías excluidas o bien procesos de ajuste estructural a la Cavallo.
Ajustes de modelo, vamos a tener. Esperemos que lleguen antes de las crisis en espiral que han utilizado los grupos dominantes para destruir el lugar del Estado.
Respecto de los sindicatos, bueno… no se ve cómo podría producirse una “traición” de la CGT, pero el solo planteo de que la cosa pueda venir por ahí es sintomático del lugar desde el que hablás. Primero, porque en rigor hoy la CGT está sobregirada en el terreno de la esfera pública: juega con ejercer un poder mucho más alto que el que realmente tiene en número de afiliados y capacidad operativa en vistas a parar el país. Y eso es lo que le pasa cuando se sienta a negociar con los territoriales las listas: la acuestan.
Segundo, y por lo mismo, la CGT no sería en absoluto central en un cierre de los factores de poder en contra del proyecto, porque en rigor no hay proyecto. No hay más dolar alto, el gasto fiscal está al límite, no se han encarado reformas estructurales en el plano tributario ni se han producido cambios sustanciales en la productividad sistémica, y en esa línea el modelo económico deberá cambiar necesariamente muchos de sus ejes centrales en un contexto no demasiado favorable, fuera de los términos del intercambio que sí lo son.
Finalmente, habría que examinar un poco más eso de que una dirigencia pueda cagarse olímpicamente en “los demás”. Creo que el terreno de las representaciones es un poco más complejo, y en general más bi-direccional, que eso. Hoy no tenemos una clase trabajadora con niveles de consciencia como para sostener mucho más que esto, no hemos encarado procesos de empoderamiento político que supongan la emergencia de otros actores capaces de lo mismo, y por ende la normalización nos golpea la puerta, tanto política como económicamente. Pero, por suerte, normalización no es menemismo.
Un abrazo,
Ezequiel
No la veo de esa manera. Claro que hay un montón de matices en el medio entre el kirchnerismo y cualquier otro formato “peronista”. Pero creo que, como está planteada la cosa, uno podrá estar ahí entre los que hegemonizan el proyecto, o siendo minoría, pero por fuera no la veo.
La CGT creo que contrapesa como puede, con lo que tiene. Si no puede tener candidatos propios es porque el voto en la Argentina es bastante complejo.
Saludos
La lamentable muerte de Néstor Kirchner hace imposible la “alternancia” que iba a ser una herramienta útil para asegurar la extensión en el tiempo de la gestión actual, que para mí es lo mejor que le pudo haber pasado a la Argentina de hoy.
En mi humilde opinión aparece entonces la necesidad de reformar la Constitución tan pronto como Cristina sea re-electa en Octubre para hacer factible un tercer período presidencial consecutivo. Entre 2011 y 2015 habrá tiempo de ver si esa posibilidad es útil, necesaria, factible, deseable, etcétera. Pero que esté allí llevará sosiego a muchos corazones y calmará muchas ansiedades.
Eddie
Ezequiel, todo muy bueno, pero pecás de iluminado, estás acostumbrado, después de haber estudiado tanto, a la metodología de tomar todas las variables, relativizar unas con otras, llegar a una conclusión e hipótesis papapapa, que vaticinas como algo irrefrenable próximo a ocurrir, y creo que el árbol te tapa el bosque. Primero, si bien es cierto lo que decís, y atendible la impaciencia por la falta de referentes que puedan asomarse y bien heredar la conducción FPV, está claro que nadie va a ser la expresión más pura de lo que es el kirchnerismo, nadie podría serlo porque son Néstor y Cristina, y cada persona es diferente, si proyectamos hoy lo que podría ser la gestión en el futuro de digamos Rossi, Scioli, Boudou, está claro que van a descuajeringar lo existente, y tendrá sus más y sus menos, es imposible de medir. Lo que no podemos obviar es el enorme respaldo que encontró el modelo de Cristina en la ciudadanía, y obviando sí que va a ser ella la candidata y que va a g*nar, la discusión de la herencia K queda archivada por 4 años más. ¿Y cómo estarán las cosas dentro de 4 años? No lo se, pero soy incrédulo de que con toda el agua que paso por el puente, con todos los palos, las crisis internas, externas, la agonía y la resucitación… Nos predispongamos a pensar que la fluctuación del dolar, el gasto fiscal, etc etc son engorrosos obstáculos de los que quizás pasemos, pero no seremos los mismos. Me parece medio agorero el análisis, factible pero improbable.