De nuevo sobre economía.
¿Es sustentable el esquema económico improvisado entre 2002/03? Se me ocurren tres docenas de apellidos y seudónimos que pueden responder este interrogante mejor que yo, pero… de todos modos lo voy a intentar.
Adelanto una respuesta preliminar: si se lo entiende dentro de los estrechos parámetros y el instrumental utilizado desde 2002/03, creo que, fuera del caso del sector agropecuario, no tenemos garantías de que lo sea.
Un primer aspecto ya lo hemos analizado: es el tipo de cambio. Hoy vivimos una etapa de apreciación relativa que tiene muchas razones, externas -la crisis de las monedas centrales y el ascenso de los países emergentes- e internas -la inflación y la política de ingresos y gastos fiscales-.
Este tema no es menor, porque durante años el eje central del modelo como tal pasaba por el “dólar alto”. Congelado su avance en torno a los cuatro pesos, el avance de la inflación y el correlativo aumento de salarios han hecho que, en rigor, esos cuatro pesos valgan menos, hoy, que hace siete años. También, que sean más fáciles de alcanzar.
¿Se puede volver a devaluar? Bueno, siempre se puede probar. La Argentina tiene una larga historia de devaluaciones. Pero esa historia nos enseña que combinar devaluación con un contexto de inflación superior a ciertos márgenes es un tanto complicado. Por lo tanto, la competitividad se reciente. Y esto es lo que comienza a observarse, hoy mismo, en los sectores industriales: baja el contenido nacional de la producción.
¿Hay forma de evitar que la competitividad de la producción nacional se resienta? Por supuesto, miren si no al sector agropecuario: la clave está en mejorar sustancialmente la productividad, para generar el necesario ajuste entre demanda agregada y oferta nacional, a un costo razonable para el comprador. ¿Estamos en vías de que ello suceda? Al parecer, no.
¿Y entonces? Bueno, está el gasto estatal. Una herramienta esencial que hemos recuperado, sobre todo, para paliar las grandes inequidades sociales heredadas. Pero también para impulsar el consumo y la demanda agregada, sostener el empleo, subsidiar los cuadros tarifarios de transporte y energía, etc. De hecho, el ritmo de crecimiento y el ritmo de gasto han sido casi correlativos en estos años, y no es esperable que eso cambie mientras nada obligue a hacerlo. Desde las nuevas jubilaciones hasta la asignación universal, pasando por los préstamos a grandes empresas como GM, el Estado actúa todo el tiempo anticíclicamente o bien tratando de tapar los eventuales baches que se generan en el camino.
En todo caso, algo es cierto, y es que casi la mitad de ese gasto tiene fines de tipo social. Vale preguntarse, entonces, ¿cuáles son sus bases de sustento? La respuesta, de nuevo, es desagradable: tenemos uno de los sistemas tributarios más regresivos de la región, en que, para peor la expansión del gasto se apoya en un sector reducido de la economía, el que está “en blanco”, que ronda el 65%. Con una tasa en negro tan alta, las recetas neodesarrollistas conocidas encuentran serios problemas para desplegarse.
Más grave aún, en ausencia de otros mecanismos de contrapeso, la única manera de mantener constante el gasto o incluso incrementarlo reside en aumentar o mantener la presión tributaria sobre el sector de la economía que figura registrado.
Y todavía se puede poner peor. Por dos motivos. El primero es obvio: cada punto de inflación es también un punto de pobreza a computar. El segundo estriba en que, como bajar el gasto, fuera de ciertos límites de viabilidad política, no es una alternativa, es posible que en poco tiempo debamos volver a pensar en tomar deuda.
¿Qué tan preocupados deberíamos estar? En lo inmediato, no se avecina ninguna catástrofe, pero debemos tomar consciencia de que como no recuperemos competitividad y ensanchemos las bases de recaudación, el esquema se irá tornando más inestable, hasta llegar a la temida inviabilidad. La ventaja es que tenemos tiempo y experiencia en crisis como para saberlo.
Ezequiel Meler.





Estamos hablando de inflación o de aumento de precios en la canasta de alimentos?
Jorge: Estamos hablando de inflación, que implica las dos cosas.
Se da por sentado que el boom de los emergentes y los BRIC es indefinido y tiene traje de amianto ante los problemas del primer mundo.
Puede ser, pero tambien puede ser que cuando un fenómeno alcanza el 99% de adhesión de los especialistas, se pincha.l
Se habrá encontrado algo que dure para siempre? O tendrá razón la letra de vox dei?
Nadie sabe cuánto van a subir los bienes, ni por cuanto tiempo. Lo que queda claro es que, en cualquier escenario, el campo argentino seguirá siendo competitivo -salvo catástrofe-. Yo apunto más, por lo menos en estos dos textos, al modelito 2003 – 2009: creo que se pincha en menos de dos años, sin correcciones importantes. Y se pincha por el lado del gasto.