La economía política del kirchnerismo futuro (O, acerca del “modelo” y su perduración).
El debate sobre el conjunto de políticas económicas que compondrían el supuesto “modelo K” es casi tan viejo como su vigencia política. Desde el principio, combinó en dosis variables cierta ortodoxia fiscal -que lo llevó a privilegiar el superávit en todos los rubros-, con una llamativa heterodoxia en materia monetaria, donde fijó, primero, un dólar “alto” y luego lo fue administrando para disociarlo de la estructura de precios internos.
El eje de la presidencia de Néstor Kirchner no giraba, paradójicamente, sobre el baluarte de las tasas chinas, sino sobre el efecto de las mismas sobre los niveles de empleo, dado que los mismos se asociaban a un criterio algo elemental de inclusión y recomposición de lo social. La política de ingresos, por su parte, fue, en general, expansiva, e implicó el retorno de bazas de negociación elementales como las paritarias y los convenios colectivos. Esto permitió una importante redistribución inicial de la riqueza, que fue luego afectada por la inflación
En 2008 / 2009, el gobierno sumó herramientas y aclaró prioridades ante la “prueba de ácido” que sufría la economía nacional a partir de la crisis externa. Esas herramientas supusieron una multiplicación de la inversión pública en infraestructura, préstamos a empresas y una política social derivada de la medida que le dio autonomía absoluta respecto de experiencias previas -nos referimos, claramente, a la estatización de los fondos de pensión-.
Los objetivos declarados de esta estrategia política proactiva eran el sostenimiento del empleo, la producción y la demanda agregada -objetivos que, en rigor, estuvieron siempre, pero pocas veces tuvieron un impulso tan decidido como entonces-.
Sin embargo, ya para esos años, algunas cosas habían empezado a cambiar. Conforme la política de ingresos se veía carcomida por el todavía incipiente brote inflacionario, la relativa estabilidad del dólar implicó, en la práctica, una apreciación correlativa del peso, que fue erosionando la competitividad de los sectores nacionales frente a la producción extranjera.
La excepción, paradoja de paradojas, fue el sector agropecuario, cuya contribución a las exportaciones fue creciendo, en términos relativos, a lo largo de los años señalados. La razón es simple: se trata del único sector que ha experimentado una verdadera revolución tecnológica desde los años noventa a la fecha, convirtiéndose en uno de los polos más significativos, si no el más significativo, de desarrollo económico en el país y en la región.
Pero volvamos al eje central. Decíamos que el efecto combinado entre la política de ingresos, el atraso cambiario y la inflación puso en duda, de algún modo, la eventual continuidad histórica de estos años de intenso crecimiento y desarrollo. Pone de nuevo sobre la mesa, asimismo, la discusión sobre la identidad del modelo económico post- convertibilidad. Implica, necesariamente, un tiempo de ajustes y cambios que le de otro sentido a lineamientos antes muy gruesos y hoy más angostos. Porque ni el desarrollo industrial ni el avance adquisitivo de los sectores populares son posibles sin competitividad externa. El crecimiento es la condición necesaria -pero en absoluto suficiente- no ya del desarrollo, sino también de la distribución.
(¿Será por eso, tal vez, que hoy la discusión sobre el contenido del “proyecto” pasa menos por lo económico que por lo político?)
Es cierto que el contexto internacional presenta algunos desafíos… peculiares. El derrumbe de las monedas centrales -del dólar, por ahora, pero como van las cosas, también del euro en un futuro próximo- ha colocado a todos los países emergentes en una situación delicada. Las herramientas naturales de política macroeconómica, las más simples, no parecen estar a disposición, en parte debido al éxito mismo de nuestras naciones en el plano del crecimiento económico luego del marasmo neoliberal. Ojo, esta discusión ocupará también la agenda brasileña, como muestran las recientes declaraciones de la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff.
Pero hoy, precisamente debido al éxito continuado de las “tasas chinas”, el panorama no es tan sencillo como hace diez años. Y en buena hora que no sea así, porque eso implica que estamos en otro lado, pese al idiotismo de ciertas comparaciones.
Con todo, la pregunta subsiste, y habilita el paralelismo. ¿Cuáles son los rasgos perdurables, en términos de medidas y lineamientos concretos, de la economía kirchnerista para la próxima década?
Por ejemplo, todos queremos continuar con el cuadro de políticas sociales inaugurado por la AUH, pero sabemos que debemos financiarlo adecuadamente. No existe el mismo acuerdo respecto del mantenimiento de un cuadro tarifario “retrasado” en el AMBA, que ha sido objeto de varias controversias en los últimos años. Pero nada de todo eso nos alcanza para deducir cómo y de qué manera ha de continuar la economía, incluso bajo un gobierno kirchnerista. Hace ya demasiado que venimos pateando la necesaria “chapa y pintura”, y hoy tal vez nos toque todo el tren delantero.
Está claro que aquí no hay, como en el pasado, una bomba de tiempo socialmente consensuada, casi plebiscitada diría, como era la Convertibilidad. Y eso es bueno. Porque, en principio, la perduración pasa a depender menos de un dispositivo de imposible desarme que de los nuevos derechos sociales surgidos y reconocidos en estos años. Eso sí: habrá que empezar a pensar cómo seguimos. Del otro lado, ni idea.
EM.





Para mí, lo central es corroborar si es cierto que el peso perdió competitividad porque la siguiente pregunta es: competitividad respecto de qué? De Mendiguren (con Lavagna y Duhalde detrás) afirma eso. La respuesta está por un lado, en quiénes son los principales compradores, y luego si son MOI o agropecuarios.
Aprecio este post porque pone el foco en temas fundamentales tapados por las urgencias de la agenda política y la acumulación y consolidación de poder de cara a las elecciones…
Me parece que es importante encarar seriamente un proyecto científico-tecnológico. Acortar la brecha que existe entre nosotros y los países que producen conocimiento. De algún modo, fortalecer el modelo desarrollista.
Para eso es necesario diseñar políticas de integración entre universidades y crear centros de investigación. También adoptar medidas conjuntas con Brasil, que nos lleva bastante ventaja.
El que escribió en los ’60 sobre cómo llevar a cabo un cambio profundo en este sentido es Oscar Varsavsky.
Por ejemplo, no puede ser que la medida de calidad de un científico sea la cantidad de papers publicados. Hay que evaluar al calidad y la relevancia de esos trabajos en relación al proyecto de país que queremos. Y para poder evaluar hace falta gente que entienda el tema.
La CONEAU podría funcionar como instancia de organización si estuviera organizado por gente que supiera hacer ciencia. Los concursos docentes están manipulados. Hay que evitar el amiguismo. En la facultad de ciencias exactas el oficialismo (obsecuente y transero) está haciendo estragos. Así, la calidad científica se va a pique…
Bueno…un abrazo
Jorge:
El qué son los valores y costos de los países centrales, medidos sea por el valor real de su moneda, sea por el de sus mercancías.
FCEyN:
Estamos de acuerdo: el eje de la productividad es el progreso tecnológico. Y mirá, yo vengo de Filo y pasa lo mismo, o peor.
Abrazo,
EM
Está muy bien el artículo. Difieron en algunas cositas:
“El derrumbe de las monedas centrales -del dólar, por ahora, pero como van las cosas, también del euro en un futuro próximo- ha colocado a todos los países emergentes en una situación delicada. ”
No veo la parte delicada. Creo que hoy las economías emergentes están más fuertes que nunca. Al menos los emergentes sudamericanos y asiaticos.
El segundo punto que no estoy tan de acuerdo es que hoy tengamos un “modelo” similar al que manteníamos hasta por lo menos el 2007. Es cierto que los lineamientos en materia de política social son los mismos, pero está claro que el “modelo productivo de tipo de cambio alto” tiene los días contados, por dos cuestiones:
1) La inflación. La única ancla que tiene el país hoy es un dolar clavado en 4 mangos.
2) Brasil algún día devaluará y fuerte.
Lo demás, coincido. Buen artículo.
033:
Gracias a vos por leerlo. Me quedaré pensando en tu comentario.
Abrazo,
EM