Notas sueltas (IV): Distorsiones y herejías.
Para al menos dos generaciones de argentinos, y quien dice dos dice tres, el único peronismo conocido antes de 2002 era el menemista. Perón, lógicamente, les queda demasiado lejos, y hay muy poco, si es que algo queda rescatable, del peronismo entre el 83 y el 89.
Cuando estas camadas de jóvenes, que hoy pueden jugar un sub 40, empezaron a jugar en las ligas mayores, el menemismo era el peronismo por excelencia. Poco y nada quedaba de aquel movimiento nacional y popular con fines redistributivos e impulsos desarrollistas que conoció la Argentina entre 1940 y 1975.
Estar en política, para ellos, implicó estar a favor o en contra de un peronismo que se declaraba enemigo abierto del Estado de Bienestar. Esa fue su experiencia del peronismo, ese fue su principio de normalidad. Perón era un relato de otros tiempos, posiblemente irrepetibles, y encima de todo, con final abierto. La movida venía por otro lado.
Las experiencias peronistas por fuera del justicialismo vinieron a reforzar esa impresión en dos sentidos. Primero, por sus sucesivos fracasos en construir una alternativa que superase el rango de “menemismo rubio, prolijo y honesto”, fracasos que terminaron estrepitosamente en la Alianza. Segundo, porque, como me señalaba un amigo, en el proceso muchos compañeros valiosos perdieron gradual o totalmente su identidad política previa. Pocos, muy pocos, reivindicaban al peronismo histórico, el primero, y podían lidiar al mismo tiempo con su hecho maldito. En cualquier caso, se trataba de grupos marginales, marginados, encerrados a cubierto de la intemperie, cuidando su propia identidad de los males del siglo.
Decir que Kirchner redefinió la cuestión suena a poco. Decir que el peronismo duhaldista, luego kirchnerista, recuperó sin más las banderas del “verdadero” peronismo, que sería el primero, es directamente forzado. Hizo más, e hizo menos, al mismo tiempo. En realidad, hizo algo distinto.
Kirchner fue el presidente de la reparación histórica. Recuperó la política como dimensión de disputa, recuperó el campo de las ideas, y recuperó al peronismo como defensor de un conjunto de banderas propias de una tradición afincada en el peronismo histórico, en la izquierda del peronismo, en el progresismo, etc. Pero sobre todo, dijo “este es el peronismo, señores”.
Claro, la discusión podía terminar de muchas maneras, pero después de Menem, no podía terminar ahí. Lo cierto es que muy rápido, apenas dos años después de asumir, Kirchner tenía el control del partido, control que sus seguidores y la actual presidente retienen sin inconvenientes.
La recuperación del Partido tuvo implicancias profundas. En conjunto con los beneficios organizativos de la recuperación económica, permitió a los trabajadores luchar por la recuperación de su lugar en el movimiento, palabra que expresaba ya claramente un retorno, una reparación.
Seguramente, en muchos sentidos, el kirchnerismo se quedó corto. Es materia de discusión cuánto ha cambiado realmente la economía, y si el “modelo” ha de durar para siempre. Pero lo que efectivamente realizó alcanzó para colocarlo como la tercera frontera de la democracia argentina desde 1983, una frontera que ya está inscrita en el muro de la historia grande de nuestro país.
Volvamos a esos jóvenes de los que hablamos al comienzo. Vivieron a Menem, se sumaron al kirchnerismo. Para ellos, naturalmente, la discusión sobre el carácter de la experiencia era vital, porque definía qué habían hecho y qué estaban haciendo al mismo tiempo. Puesto en términos simples, la secuencia Menem – Duhalde – Kirchner era y todavía es un desafío para el análisis y para las identidades. Si se asumían como peronistas, ¿qué debían hacer con el menemismo residual? Si no lo hacían, ¿cómo podían plantarse ante la experiencia en curso? ¿qué identidades quedaban disponibles? Más simple aún: ¿cuál era la ortodoxia y cuál la herejía?
Conversando con Gerardo sobre este tema, le decía que buena parte de la discusión sobre el carácter del kirchnerismo se alimenta de este problema: no de la aparición de Kirchner, sino de su aparición luego de Menem, en un debate todavía no saldado por los propios peronistas. ¿Cómo zurcir una continuidad, en un proceso que se remontase más o menos cómodamente hasta las jornadas de, digamos, octubre del 45? Y si se planteaba una ruptura, ¿cómo ignorar las bases de sustentación de la experiencia en curso, que pasaban y pasan, al igual que en los noventa, por los sectores populares pauperizados, los de abajo, los que no han acompañado otra experiencia en sesenta años?
Yo no pretendo ni me arrogo la capacidad de saldar el debate. Lo que podía decir al respecto, utilizando las herramientas de análisis propias de quienes conciben al populismo antes que nada como una lógica política, ya lo he dicho. No tiene por qué alcanzarle a nadie, más allá de mí.
Pero creo que se trata de una cuestión candente, especialmente para aquellos que, aún apoyando al actual gobierno, tienen presentes las conocidas “versatilidades” del peronismo. Para ellos, si el kirchnerismo ha de perdurar -y ese deseo alcanza, en estos días, su pico histórico- debe ser algo más que peronismo, pero sobre todo, debe ser otra cosa. Una herejía en el horizonte de experiencias propio de quienes enfrentaron al menemismo, antes que una vuelta al parámetro clásico del movimiento político iniciado en los años cuarenta.
EM






‘Pero sobre todo, dijo “este es el peronismo, señores”.’ Y esos sectores a la espera de un discurso convocante le tomaron la palabra.
Mientras Artemio, el Provocador y otros neo-ortodoxos hacen como que no, lo cierto es que los diez años de defección son un condicionante radical. Un peronismo replegado sobre su control del aparato territorial se quedará con ese 40% de Luder y de Duhalde, lo que sería muy malo para todos. A menos que imaginemos que un gobierno de Alfonsín II- Binner pudiera ser cualitativamente superior al de DLR-Chacho.
Por lo que veo, definitivamente pensás que si el kirchnerismo se empecina en persistir, tendrá que hacerlo por afuera del PJ. La famosa prognosis Di Telliana de la fragmentación. Yo no estoy tan seguro. Las internas abiertas pondrán a prueba los límites del peso de los aparatos y creo que hay menos intransigencia negociadora que en los ’70. Ni Barrionuevo tiene el poder de López Rega, ni Rossi es Firmenich. Ah!, y Cristina todavía tendrá algo que decir ¿no?
Muy buena la serie de reflexiones. Lástima que otros estén tirándose los Blogger por la cabeza. Un abrazo.
Roberto:
Tu lectura es una buena muestra de lo que señalo. Sin embargo, cabe una reserva, que consiste en preguntarse qué cuernos es el kirchnerismo. Si es, como sugerís, algo parcialmente distinto del peronismo -una suerte de ala progresista-, me temo que diferimos. No hay kirchnerismo como fuerza nacional sin el peronismo, y existen multiplicidad de socios disponibles en caso de que el progresismo no se preste.
Tampoco me parecen relevantes, per se, ninguno de los actores citados -el más relevante, Rossi, todavía tiene que mostrar, pese al apoyo sindical, que puede ganarle a Obeid y convertirse en un candidato con chances en su provincia-.
Cristina. En estos días parece que algunos quieren convertirla en una matriarca del progresismo. Precisamente porque tiene cosas que decir -la designación de Mussi, por ejemplo-, no estoy muy seguro de la reacción de la minoría intensa cuando ella finalmente las diga. Es pragmática, no es nada tonta, y jamás iría por afuera. Sabe, como todo jefe del peronismo, que tiene autonomía en la medida en que no meta mucho la mano en los distritos, y, sobre todo, en que garantice la victoria nacional.
Yo diría que no sé qué es el kirchnerismo, pero que seguro tiene mucho más que ver, desde sus bases sociales, desde sus plataformas políticas, desde su dirigencia, con el peronismo que con el progresismo. Ahora, si es el progresismo el quiere existir per se, como algo diferenciado de un coro trágico recurrente, entonces deberá vertebrarse como partido, a favor o en contra, pero orgánicamente. Como corriente interna, no va más.
Se agradecen tus comentarios. La serie, y los posts, terminan este año. No miré qué anda pasando por blogger porque ando bastante alejado, pero me imagino a qué te referís.
Abrazo y saludos.
Ezequiel
Me corrijo: ya vi. Sin comentarios.
Abrazo,
EM