Saltar al contenido

Notas sueltas (II): Los límites del Tercer Movimiento.

27/12/2010

Existen límites muy estrictos para enhebrar una discusión acerca de las posibilidades del kirchnerismo de devenir una nueva frontera política, más allá del radicalismo como del peronismo. El primero, lo hemos dicho muchas veces, es la limitación del análisis a ciertas áreas metropolitanas. Incluso en zonas modernas de la Pampa Húmeda, los clivajes políticos son y siguen siendo tan tradicionales como hace treinta años, si no más. Es el caso de buena parte del Centro Litoral, donde pensar para el kirchnerismo una opción nacional de centro izquierda choca de frente con la sensibilidad de los electores. Y ni hablemos de las zonas más tradicionales del país, como el NOA y el NEA.

Un segundo límite proviene de la conversión ficticia de lo circunstancial en duradero. El kirchnerismo expresa, es cierto, una alianza posible, mas no la única, entre el peronismo como estructura nacional y sectores del progresismo. Los expresa, pero no puede fundirlos en uno. La explicación más simple que se me ocurre, naturalmente, es que sigue pesando en el imaginario de amplios sectores sociales una suerte de rechazo a la lógica política del peronismo.

Es cierto que al peronismo no le alcanza con su fuerza simple. Una sociedad política bien armada puede vencerlo. De hecho, ocurrió dos veces en nuestra joven democracia. Dos veces, en treinta años, pero pasó.

Lo que es forzado en ese razonamiento no pasa por la necesidad política de asociarse, sino por la implícita suposición que de ello sigue, a saber, que sólo el progresismo está “disponible” para una sociedad de ese tipo. Ello implica confundir el rumbo actual con el rumbo esencial del Movimiento, algo lógico para quienes disfrutamos estos años, pero peligroso.

La dependencia que los sectores progresistas filo kirchneristas muestran respecto de la presencia y el liderazgo de CFK en el peronismo como garantía última de su apuesta es una ilustración innegable de que la otra opción sigue vigente. De que, en rigor, el peronismo puede enhebrar otras sociedades, tanto en 2015 como, inclusive, en 2011. Para muchos, eso sería algo así como el apocalipsis.

No es tan así. Del mismo modo que costó, y sigue costando, salir de la sociedad menemizada -categoría que excede largamente al justicialismo, para incluir al Frepaso del 95 y a la Alianza del 97 / 01- costaría mucho a cualquier presidente, de cualquier signo, desmontar este camino mientras la economía funcione razonablemente y podamos evitar el descontrol macroeconómico que siempre fue funcional a los ajustes. Y los peronistas, por pragmatismo nivel uno, saben esto. Si hubo un acierto estratégico de Néstor Kirchner, éste fue, sin duda, comprender la importancia que tenía, para la batalla política, la dimensión cultural.

El tercero de los límites es el más complejo de evitar: como reza el título de una conocida canción, nada es para siempre. Ello aplica especialmente a los liderazgos de tipo personal, y al afecto que suelen despertar en ciertas minorías. Más tarde o más temprano, los obstáculos, las malas decisiones, o bien aquellas aceitadas pero difíciles de degustar para el paladar de los socios, han de cobrar su libra de carne. E incluso en el plano de una proyección idílica, el recambio natural y la emergencia de nuevos liderazgos pondrán a prueba la consistencia de la sociedad política vigente en estos días.

Por debajo de todo esto, sin embargo, el límite que juzgamos más importante permanece. Ese límite, ni más ni menos, estriba en la escasa integración socioeconómica de buena parte del país. Porque, a fin de cuentas, si no transformamos la sociedad a través de la política -en el sentido de gestión-, no habrá tampoco transformación de la política en tanto representación. Ese es el desafío central para quienes se planteen superar a la llamada “política tradicional”: modernizar e integrar la Argentina, mejorando la calidad de vida de los argentinos. Todo lo demás, es menor.

EM

Advertisement
4 comentarios dejar un →
  1. 27/12/2010 09:55

    Pero cuando decis que nada es para siempre especialmente los liderzgos de tipo personal , que ocurre cuando el lider esta ausente y empieza a ser mito , ahi si parece durar eternamente ese liderazgo porque no es esa la historia de Peron ?
    Digamos que para las nuevas generaciones Peron es historia del siglo pasado , por eso es mucho ams facil para la juventud idelizar la figira de Nestor que es una figura viva que lo interpreta y que desaparece y permanecee como icono o noya lo veremos , pero me resulta mas dificil pensar la identificacion con un lider del pasado y que expresa muchas contradicciones frente a la actualidad ( me refiero a que el peron de 1945 no es el mismo Peron de 1973 pormas que e digan que eso es una teoriozacion tipica de la clase media )

    Un abrazo

    • 27/12/2010 10:43

      Javier:

      La prudencia operativa me dice que no puede responderse esa cuestión aún. Está todo demasiado fresco como para sacar un balance

      No obstante, hay que marcar que es posible que marchemos hacia una política sin mitos -ciertamente, hoy el peronismo ha dado tantas vueltas que Perón ha quedado más como una referencia forzosa que como un Padre Fundador-.

      El otro tema es que Perón estuvo treinta años presente / ausente en la sociedad argentina hasta convertirse en un mito. Pero una condición de posibilidad de esa presencia / ausencia fue la existencia continua de un movimiento político que, con alas diversas, mantuvo su retorno al tope de la agenda.

      Supongo que te he tirado, a mi pesar, dos o tres pistas respecto de la dirección de mi pensamiento, pero reitero: no se puede concluir nada todavía.

      Un fuerte abrazo

  2. 29/12/2010 05:13

    Si, claro; la antinomia Litorial-Interior sigue siendo una de las claves. En una reciente discusión con un familiar “lozanista” que me enrostraba la no intervención en Formosa, se planteó la paradoja del sistema federal que le otorga una desproporcionada representación legislativa y capacidad de veto a las provincias más atrasadas (qué fea palabra).
    Ahí el kirchnerismo no puede hacer pie como progresismo sino como peronismo populista-conservador (siguiendo el esquema de Godio).
    La alternativa es la inversión pública y políticas desarrollistas de largo plazo, como las que en su época transformaron a Córdoba en polo industrial. Sin clase obrera moderna no puede haber modernidad política.

    • 29/12/2010 10:27

      Roberto:

      El tema de la subrrepresentación relativa de la PBA, y especialmente del conurbano, cada vez suena más en los pasillos de la toma de decisiones. Es un tema esencial, pero no creo que se lo aborde en año presidencial.

      El otro tema es el sistema bicameral -en concreto, el Senado-. Como está el desarrollo territorial de la Argentina, yo lo mantendría, precisamente hasta que haya desarrollo territorial. Si no, multiplicás la inequidad.

      Para ciertas cosas, el lenguaje de la modernización (Germani) sigue siendo el único, aunque lo disfracemos. Y sus propuestas (Mora y Araujo y Llorente), también.

      Un nuevo abrazo,
      EM

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 42 seguidores