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Notas sueltas (I): Variaciones sobre la contradicción secundaria.

26/12/2010

En general, reservo el tiempo que tengo frente al escritorio para las cuestiones que me parecen esenciales, dejando de lado aquellas que son o resultan secundarias. Ello es especialmente así cuando ya dije casi todo lo que tenía que decir sobre este tema.

Pero, como estamos a fines de diciembre, casi arrancando el año electoral, uno no puede escapar a la tentación de dedicar unas palabras al hit del verano. Por eso, esta nota podría llamarse también “Kirchnerismo: ¿peronismo o progresismo?”, o algo más serio, pero de entrada quiero advertirles que el tema a tratar no me resulta prioritario.

El discurso de Cristina Fernández, que hemos reproducido completo días atrás por considerarlo una pieza de colección, alentó de nuevo este debate metropolitano. Calculo que muchos vieron en este párrafo la voluntad de construir un Tercer Movimiento Histórico:

“Si nosotros hacemos una retrospectiva de nuestra historia como movimiento, y no me refiero únicamente a los años pasados, me refiero a nuestra propia génesis, desde nuestra propia matriz, cuando nacimos, en realidad no nacimos como lo que somos, nacimos como un aglomerado o desprendimiento de distintos sectores políticos que no se sentía identificados, hasta ese momento, con lo que estaba pasando en sus partidos o en su país, y se agruparon en torno a la figura de un hombre que supo representar un proyecto de país y llevarlo adelante; el nombre vino después, los títulos vinieron después. No se recuerda ningún título, ningún diario anunciando, por ejemplo, el 17 de octubre, mañana es 17 de octubre.”

O, el pedido de apertura al peronismo:

“Por eso creo que es bueno que haya muchas voces, que haya mucha pluralidad de voces, que no creamos que solamente nosotros, quienes integramos una fuerza política, podemos ser los únicos protagonistas, los únicos en llevar esto adelante, que necesitamos de la colaboración del resto de las fuerzas políticas, de las que por allí no tienen tanta identidad con nosotros pero sí también de los otros que tienen identidad con nosotros pero que no integran nuestro espacio.

Los peronistas en ese sentido somos un poco a veces, si no es peronista ya lo miramos medio un poco torcido; tenemos también que terminar con esas cosas, tenemos un mundo diferente, un mundo más amplio, tenemos muchos jóvenes, muchos chicos, mucha gente que por ahí se siente identificada con otros movimientos, con otros espacios. Tenemos que tener la suficiente amplitud de darles la participación para que se sientan parte de un país, de un proyecto.”

Mirado con toda la amplitud del caso, el tema reviste, no obstante, algunos límites evidentes. Por un lado, tenemos la vocación de trascender -una vez más, y van…- las fronteras de los partidos históricos a través de la incorporación de otros sectores a la balanza de una concepción movimientista de nuevo cuño, con identidad propia. Esta retórica refundacional ha sido una característica de todos los gobiernos desde 1983, y no es esperable que deje de serlo, especialmente cuando las encuestas dan bien.

Pero no sería deseable, ni para los intereses de la propia minoría intensa ni para las alas siempre insuficientes del progresismo, confundir el deseo con la realidad. El progresismo, K o no K, tiene que tener su propio partido -aventuro que ello será más fácil en los centros urbanos- y construir y trabajar sobre su propia identidad. Apostar a la continuidad eterna de una sociedad con el peronismo no es, claramente, algo de su mejor interés.

Por otra parte, debe comprenderse que, en muchos distritos, ese crecimiento del progresismo choca necesariamente con los intereses del peronismo. Un caso emblemático es el de Martín Sabbatella. Su partido, el EDE, tiene dos clases de blancos:

a) A nivel distrital, las estructuras políticas del peronismo, especialmente el bonaerense.

b) a nivel nacional, una difusa noción de “derecha” que, en general, se identifica con los adversarios del gobierno nacional.

Se plantea la pregunta: ¿debe la existencia del segundo nivel ocluir la presencia del primero? Naturalmente, no. En la medida en que se acerquen los tiempos de la competencia electoral, donde ha de saldarse el peso relativo de cada parte en la sociedad, habrá inevitables chispazos, como el que protagonizó en estos días Baldomero Álvarez, hombre del conurbano por excelencia, al cuestionar con inusitada dureza a Sabbatella.

Esto, debe subrayarse, es perfectamente normal entre estructuras competitivas, tal y como lo son el EDE y el peronismo bonaerense. No hay, a nuestro juicio, maniobra inquisitorial que condenar. Simplemente hay política.

Y es que, en la medida en que lo necesiten como soporte electoral esencial para superar la intrascendencia, el peronismo, sea el movimiento o el partido, tratará siempre de marcar la cancha donde haya una disputa de poder. Porque esa es su matriz, porque por eso está donde está. La unidad que es parcialmente posible (unidad de acción) en el plano nacional no supone, en lo absoluto, fusión en el plano distrital. No se sorprendan si estas declaraciones se repiten: al contrario. Los peronistas hablamos solamente de aquellos que miden bien, de modo que ese debe ser el caso de Sabbatella.

Lo que queremos reiterar en estas líneas, sin propósito exhaustivo, es que la retórica refundacional es, en sí misma, un producto discursivo metropolitano, con objetivos precisos: sumar socios en el AMBA que engrosen los apoyos. Fue el caso de Alfonsín, fue el caso de Menem, fue el caso de la Alianza, y también del primer kirchnerismo. Los dos primeros trataron de reforzar su liderazgo mediante la incorporación de sectores no partidarios que les diesen autonomía relativa respecto de su partido. La democracia cristiana, el PI o la UCEDE.

En el tercer caso, tenemos una experiencia interesante. Un partido nacional en decadencia se une a una estructura de armado ligero, pero altamente dinámica en términos electorales. El resultado es el gobierno de la Alianza, que a pocos meses era claramente un gobierno radical, con algunos funcionarios de procedencia frepasista para que se note menos.

Para el primer kirchnerismo, esta lógica frentista y refundacional tenía nombre propio: era la Transversalidad. Pero, inevitablemente, se fue cayendo desde fines de 2005, y ya para 2007 los partidos habían dado el paso al frente. Lo cual terminó no alcanzando como definición, y ya para 2009 la sigla FPV había mutado a FJPV, marcando el peso del peronismo en la coalición nacional.

Hoy, aparece un replanteo que, por lejos, es el más tibio en términos institucionales, de esa misma dinámica. No hay, como el mismo discurso de la presidente señala, espacios de participación para esos votantes no peronistas en el peronismo. Y, me temo, no es esperable que los haya, tampoco. Por su parte, la centro – izquierda tiene la oportunidad de capitalizar esa lentitud que se confunde a veces con reluctancia y medrar en ella. Si lo hace, será un socio en mejores condiciones de negociación. Por ahora, sólo reedita viejas discusiones, en las cuales ha de llevar, como sus predecesores, la peor parte. Toda alianza, debe recordarse, es circunstancial. En rigor, todo en política es circunstancial.

EM

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6 comentarios dejar un →
  1. 28/12/2010 02:05

    El fracaso de Alfonsín anunció el fin de la política; y el “progresismo” fue la primera baja. Diez años después de tener que elegir entre Menem y Angeloz, tener que hacerlo entre Duhalde y De la Rúa equivalía a no poder despertar de una pesadilla. La estrategia del Chacho fue “liquidacionista”.

    El último párrafo de tu nota se me hizo un poco abstracto (tal vez lo refines en la siguiente). Cuando se habla de “centro-izquierda” me parece que se engloban dos niveles:
    a) un universo socio-cultural más o menos constante en un sector de las capas medias. Ese sector depende mucho de los “estados de ánimo” que oscilan con los avatares políticos. Siempre a la expectativa de alguien “a quien seguir”, alguien que alimente las “esperanzas” e invoque -dosificadamente- las “utopías”. Ante la frustración, se retrotrae a lo privado hasta cicatrizar las heridas.
    b) un abanico de estructuras políticas limitadas a un sector minoritario de ese universo; más voluntarioso o resistente a las frustraciones, pero que rápidamente encuentra su techo de crecimiento y empieza a desgarrarse cuando alguna de las estructuras más consolidadas y masivas adopta políticas cercanas a sus banderas motivacionales.
    ¿Cuál sería el espacio de crecimiento de esas estructuras si ya existe otra mayor que pone en práctica el programa propio?
    Tal vez lo interesante del kirchnerismo fue advertir que su propio límite de crecimiento como sector progresista al interior del PJ se expandía si podía estimular un concenso por afuera que, a su vez, hiciese compresión sobre los adversarios internos. En ese sentido, no está del todo mal el llamado.

    Y aprovecho para desearte los consabidos augurios para este año junto al fuerte abrazo de siempre.

    • 28/12/2010 02:49

      Roberto:

      Tu comentario, sumamente interesante, apunta directamente a una vieja tesis de quien escribe, producto de mucha charla con los militantes reagrupados en el alfonsinismo: ese fue, en definitiva, el momento de nacimiento del progresismo reciente. Claro que algunos malvados pueden decir que el bebé nació muerto: yo no lo creo. Nadie es dueño del porvenir.

      Sobre lo demás, vamos por partes.

      a) Tu refinamiento del concepto de centro – izquierda, que delimita el auditorio respecto de la militancia, es especialmente relevante, y lo hago propio.

      b) Creo que lo críptico del último párrafo tiene que ver con que no me terminé de definirme por hacer explícita la metáfora de los “precedentes históricos”, y mandar al frente al progresismo como variante contemporánea de los errores de la “juventud maravillosa” en su relación con el liderazgo de Perón y en su comprensión del peronismo. Si algunos siguen escribiendo las cosas que leo, creo que lo voy a decir derecho viejo. Pero trato de evitarlo.

      c) ¿Cuál sería el espacio de crecimiento de esas estructuras? Bueno, yo sería más optimista. El peronismo, seguro que no. Pero eso no implica que no podamos pensar, para la Argentina, en un “partido verde”, como lo llama Nicolás.

      http://artepolitica.com/articulos/el-partido-verde/

      Creo que ese es el lugar de un eventual progresismo partidario en la Argentina, y que pese a ser un lugar subordinado, no es en modo alguno un lugar menor. Operar sobre el peronismo, lisa y llanamente, es un suicidio. Porque el peronismo, en definitiva, no es CFK. Y hoy el peronismo tampoco tiene la apertura de hace cuarenta años para capitalizar el envión de los nuevos militantes.

      En ese sentido, esta podría ser una oportunidad dorada para el progresismo, si quiere vertebrar un partido que lo represente en el tiempo, y que apunte a ser EL partido de la centro – izquierda tal cual la describís.

      d) Y sí, el kirchnerismo buscó por afuera un margen de maniobra que, paradójicamente, se encontró para 2005 que podía conseguir por adentro. Entonces, el adentro y el afuera se desdibujaron un poco, pero en la medida en que no surgió una estructura de relevo, eso era provisorio.

      El llamado no está mal, pero es, diría Aníbal, de imposible cumplimiento. Especialmente si el agente de ese cumplimiento es el peronismo.

      El resto de los posts… en rigor, son cuatro. De no ser porque vengo con 16 horas de corte de luz, posiblemente los otros dos posteos ya estarían publicados.

      Pero bueno, también es cierto que la recuperación de la fractura viene tranqui, y es lindo aprovechar estas semanas, para los que no disfrutamos especialmente los eventos familiares, a los fines de distenderse un poco y leer algo piola, en general no producido por uno. En mi caso, Laclau, Laclau, y más Laclau.

      Aprovecho, por este y por cualquier medio, para hacerte llegar mis mejores deseos en estas fiestas, tanto para Eva como para vos. Traté de convencerla a mi vieja para que pase, pero anda vaga. Ya la escoltaré.

      Un abrazo grande,
      Ezequiel

  2. 28/12/2010 14:24

    Bueno, quedo a la espera; pero -a riesgo de agarrar para el lado de los tomates- me permito adelantar un par de opiniones más.
    La propuesta de Nicolás se autoanula en el anteúltimo párrafo: “El problema de la Argentina…” en definitiva, es que no es Europa y la presencia del aparato territorial del PJ deforma el espacio del centro-izquierda. Así, nuestro “Partido Verde” (PSur) se vertebra por su oposición a ese aparato; y los otros dos -PSol y EDE.- (sin analizar los MMSS por ahora) por su apoyo al progr. K en su pulseada ambigua desde adentro.
    Me imagino que tu alusión a cierto sector fastidioso tiene que ver con el revisionismo del propio Perón y la Triple A. En mi opinión, lo mejor es no menearlo; con cada generación las figuras fundacionales se tornan más simbólicas y menos operativas.
    Por último (aunque no me involucra en lo personal directamente) si esa parte del “estado de ánimo” centro-izquierdista de las capas medias que se acercó al peronismo por los K abandonase la pelea, el futuro del movimiento sería gris: un aparato electoral-sindical-territorial sin una épica que ofrecer al imaginario colectivo.

    Cambiando de plano: cuando te recuperes y nos visites con tu vieja, recordá hacerlo entre las 15, 30 y las 19hs.
    Otrosí: ¿conocés al historiador Pablo Hupert (.com.ar)? Aunque exhibe cierta desafectación molesta (“kirchnerato”, dice) emplea (y explica) algunos conceptos que me parecen útiles para discutir: Estado posnacional, carácter “astituyente” del Estado, etc. Digo, para complementar la perspectiva laclausiana.
    Que la “Luz y Fuerza” te acompañe :D . Un fuerte abrazo.

    • 28/12/2010 14:41

      Roberto:

      En verdad, ya salieron tres de los cuatro, mañana sale el último de esta serie, y seguramente el último del año.

      Yo creo que los dos, Nico y vos, tienen razón, pero lo cierto es que hay más de un partido que puede operar como socio menor, si entiende lo que significa ser socio menor, esto es, que no va a gobernar jamás de los jamases. El EDE es, en ese sentido, una experiencia que rellena el pedido. Lástima los gurkas que tiene, pero incluso eso es legítimo.

      El progresismo en el que estoy pensando tomó a CFK de oráculo de la enésima transversalidad, reclama pertenencia desde adentro, pero derecho a crítica desde afuera, e imagina a la centro – izquierda como el único apoyo incondicional con que cuenta la presidenta. En ese relato, que me llega de varias fuentes, CFK estaría “cercada” por profesionales del oportunismo, como los intendentes, gobernadores, en algunos casos los sindicatos -en suma, el “PJ colegiado”- y apelaría a la CI para ganar margen de autonomía. La CI sería, entonces, el verdadero kirchnerismo. Ya te imaginarás lo que vengo contestando.

      El tema de la función del CI en la experiencia kirchnerista está muy bien definido en tu comentario anterior, entendiendo no obstante que el apoyo en los planos nacionales no obstruye, sino al contrario, que las “morochas” compitan con el partido de Estado en los distritos.

      No lo conozco a Hupert. Después miraré su página. Hay varias inteligencias especialmente lúcidas en la actualidad argentina que no tienen mucha prensa. Yo acabo de descubrir a Roberto Follari como una de ellas -aunque sospecho que eso sucede porque soy un dormido :P -

      Recién la luz y fuerza tembló de nuevo. Los muchachos son unos genios. Explota una cámara y la puentean (cuatro años atrás). El puente vuela todos los años, hasta que explota la cámara de la calle paralela. Ahí cambian la primera, y puentean la segunda. Resultado… mejor invierto en paneles solares y generadores :P

      Ahora Lili arranca las vacaciones. Veo si logro llevarla. En rigor, es un 2×1, porque los últimos anteojos que tengo son los que hizo Eva. Per-fec-tos.

      Tendré en cuenta el horario.
      Abrazo,
      Ezequiel

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