Panorama general, a menos de un año de los comicios.
¿Cómo queda el tablero en los días finales del año que se va? Lo único seguro de las líneas que siguen es su inevitable fluidez, producto de decisiones y tiempos que aún no se han dado, o no han transcurrido.
Políticamente repuesto de la trágica muerte de Néstor Kirchner, el oficialismo termina el año con la iniciativa en sus manos, con su autoridad interna recompuesta, y con una candidata, la actual presidenta, que encabeza cualquier encuesta de cara a las presidenciales del año que viene. Siempre que dicha candidatura se confirme, sólo restaría acompañarla con desempeños aceptables en los distritos más importantes para lograr el anhelado 40 + 10, algo que por cierto logra hoy por hoy sin ayuda. Pero, lo cierto es que la confirmación no está, y todavía faltan más de diez meses -lo que se dice, desde la concepción al parto y más allá-.
Toda encuesta nacional por denominaciones partidarias reconoce, también, el retorno del radicalismo a las primeras lides. Más por la inercia estructural de su carácter y presencia que por las virtudes de sus candidatos y programas, el radicalismo se presenta como la única fuerza genuinamente nacional -aparte, claro está, del FPV-. También le resta cerrar definitivamente su fórmula y su sistema de alianzas -que, por ahora, aparece reducido centralmente al acuerdo con el PS y con GEN-. Todo parece indicar que es del radicalismo de donde ha de provenir el próximo candidato a gerente, bendecido por el establishment empresarial y especialmente, mediático.
El macrismo termina el año golpeado, sin iniciativa, complicado en su distrito central -en rigor, el único donde puede aspirar a una cifra de dos dígitos- y reducido a un auditorio de derecha dura que difícilmente le sirva. Sobre todo, paga ahora las deficiencias de una construcción que siempre calculó como propio el voto de un sector del peronismo, en una variante por derecha del “Tercer Movimiento Histórico”. Con su principal candidato dudando entre Capital y Nación, con una gestión que tiene índices de rechazo altísimos, y sin proyección estructural fuera del área metropolitana, la dirigencia de PRO tiene que pensar seriamente en un futuro mucho menos promisorio que el augurado en las jornadas de junio de 2007.
La opción duhaldista, a estas alturas, no alcanza siquiera el grado de consistencia reaccionaria del macrismo, y no presenta ningún tipo de atractivo fuera de un auditorio aún más restringido y, sobre todo, más viejo.
Resta la incógnita sobre cómo ha de enhebrarse el armado progresista que responde al diputado Pino Solanas. De entrada, cabe señalar que cualquier rendimiento nacional de una fuerza de estas características depende de su alianza con partidos genuinamente nacionales. Eliminada esa opción, y aparentemente descartada la alternativa de consolidar el territorio porteño por parte de su máximo referente, habrá que ver si los pergaminos le alcanzan para presentarse en elecciones.
Como en el caso del resto de la oposición, la centro izquierda opositora depende más de los errores eventuales que pueda cometer el gobierno en sus meses finales de gestión que de sus propias decisiones e iniciativas.
La protagonista principal de lo que vendrá está ahí, en la foto que abre el post. Para bien o para mal, ahora todo depende de ella, que ha asumido con carácter efectivo la conducción del peronismo.
Ezequiel Meler.





