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Internas abiertas y simultáneas, o…

23/11/2010

El panorama político nacional parece haberse normalizado por completo, e incluso vemos a los viejos actores retornar a las previas querellas. En el contexto de la campaña electoral no declarada -que, de todos modos, existe- un nudo esencial de la discusión y del ordenamiento de los partidos pasa, precisamente, por la reglamentación definitiva de la Reforma Política.

Pocas cosas han dividido tanto a la oposición como este tema, y es comprensible. Tanto el radicalismo, que se limitó a solicitar que se adelanten a sus tiempos internos, marcados por la creciente disputa Cobos / Alfonsín, como el justicialismo ven con agrado la generación de un mecanismo vinculante de resolución de diferendos según el tamaño de las estructuras, por razones que es demasiado obvio explicar.

Más complicados están los partidos chicos, locales, regionales, o quienes simplemente prefieren hacer valer sus candidaturas sobre la mesa. Ciertamente, en las condiciones actuales, de no modificarse la norma en curso, no todos podrían presentarse.

Precisamente, entre esos partidos comienza a cocinarse un intento (judicial, por ahora) de modificar las reglas. La acción judicial encarada por Margarita Stolbizer se sostiene en el argumento de que la ley “establece requisitos para la obtención y mantenimiento de la personería de los partidos que vulneran su autonomía” -en castellano, elimina o eleva el umbral para que te pongas un kiosko-. Con el seguro apoyo de Solanas -que viene condicionando todos sus apoyos a la modificación de los artículos más delicados de la ley-, siempre en el caso -muy probable, en vista de la jurisprudencia- de que fracase la alternativa judicial, buscarán también una salida política que, sospecho, no contaría con el aval de los dos bloques mayoritarios en el recinto.

En todo caso, y aunque no me quede demasiado claro por qué insistir con agosto -el planteo radical, en ese sentido, cierra mejor con mi pensamiento: las internas debieran efectuarse, al menos, en junio-, el mecanismo aparece hoy por hoy como seguro y no es probable que sea recusado, sea en el plano judicial, sea en el campo parlamentario.

Mientras tanto, quedan expectantes dos campos de fuerzas. Por una parte, las colectoras del radicalismo -a esta altura, no tienen otra entidad-, que dependen, para cerrar, tanto de un rápido triunfo de Alfonsín en la interna, como de una hábil negociación por lugares claves en la lista -intuyo que la gobernación de Santa Fe, y no la vicepresidencia, es lo que más interesa al socialismo, pero puedo equivocarme-. Por la otra, el peronismo federal intenta vanamente reorganizarse y carretear, pero carece por completo de estructuras, identidades, unidad estratégica a corto plazo y candidatos -en rigor, está peor que Proyecto Sur, que al menos tiene definido un presidenciable-. Y, finalmente, queda el armado de Carrió, por definición imprevisible, quien lanzará su candidatura en estos días.

Esta es la breve revista que podemos pasar a los acontecimientos de la semana política, a la espera de lo que suceda el miércoles en el recinto de la Cámara Baja durante el eventual tratamiento del Presupuesto. El pronóstico es obvio: no habrá sesión especial.

Ezequiel Meler

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