No puedo esconder las canas (a propósito del fenómeno juvenil).
1. Ríos de tinta han corrido, algunos vanamente, desde la muerte de Néstor Kirchner para dar cuenta o explicar un fenómeno en apariencia novedoso: la participación de la juventud en sus exequias.
¿Por qué sería novedoso? Esto se relaciona, en parte, con las representaciones mediáticas de la juventud, que pocas veces han tomado nota de otra cosa fuera de su descreimiento, de su desinterés. Como señalaba Mario Toer hace tiempo, en estas lecturas, “tácita o explícita enseguida aparece la comparación con los jóvenes sesentistas o setentistas, sus mayores”.
2. Pero sobre todo, ¿por qué sería bueno? Como recuerda con acierto Dante Palma, “la novedad no es de por sí virtuosa”. De lo que se trata, para el aún joven escritor, es de analizar el fenómeno fuera de su marco etario:
“Los jóvenes que se sienten comprometidos con el modelo kirchnerista, no se reivindican en tanto rango etario, pues tal cosa supone dotar de virtud a una fecha de nacimiento o a un DNI que supere los 30 millones. Más bien, reivindican un ideal militante, que equivocado o no, pretenden llevar adelante y que más allá de que esté envuelto en una retórica épica tradicional con íconos de décadas pasadas, deberá ser evaluado y pensado sabiendo que existirá una dosis importante de la innovación típica de toda nueva generación y que el acento debe estar en el contenido concreto del proyecto y no en la cantidad de abriles que puedan contar quienes lo llevan adelante.”
En términos semejantes, Florencia Benson señalaba que
“El componente generacional del crecimiento del campo nacional y popular, que habitualmente es leído como ”re-politización de los jóvenes”, no tiene que ver tanto con la magia del kirchnerismo per se sino con un hastío frente al vacío de los noventa. [...] El kirchnerismo, en tanto expresión preponderante del campo nacional y popular fue el receptáculo natural de esa reacción y capitalizó eso, al principio de manera silvestre y más sistemática después.”
3. El tema, claro, es que Florencia se mantiene sumamente aferrada a una categoría -por cierto, rica- de análisis, como es la variable de clase. Y yo pienso que esa categoría empobrece y reduce un poco el fenómeno desde el punto de vista político. Como señala agudamente mi amigo Abel Fernández, con su habitual escepticismo de fondo,
“Los jóvenes que se identifican hoy con Néstor y Cristina y se sienten impulsados a militar, les agradecen, más que una situación económica, una oportunidad de ilusionarse con la política.”
Entusiasmo silvestre, si los hay, pero no por ello menos valorable, que no necesariamente requiere o supone la adecuación de la política a esta suerte de aluvión etario. A mi juicio, y aquí disiento con Natanson, no es un problema de tener o no tener políticas específicas de bienestar y comunicación simbólica hacia los jóvenes, o, en clave partidaria, de “abrir” o no abrir estructuras convocándolos como si fuesen caballos salvajes, sino de pensar las condiciones fácticas en que estos jóvenes pueden, quieren o se interesan por participar. Es raro y sumamente improbable que una flor tan silvestre sea domesticada con los usos de tres décadas atrás. Y los “nuevos”, en todo caso, están por y para inventarse.
4. ¿Potenciales votantes, como argumenta Florencia Benson en su segunda aproximación? Eso puede ser, o no, según la agenda que se privilegie. Yo aquí anotaría una fuerte correlación positiva entre cierta presencia juvenil y una determinada agenda progresista, que muchas veces no distingue demasiado los niveles orgánicos en que se libra la disputa política -y no tiene por qué hacerlo, en la medida en que no ha de embarcarse necesariamente en ese navío-.
5. Y aquí es forzoso trazar la línea en la arena. Porque el nuevo auditorio, participativo y hasta festivo, que acompañó a Néstor Kirchner hasta su destino final con cánticos y brazos en alto, no se identifica necesariamente con una tradición política específica, sino con una noción más difusa, digna de ser archivada, como es la noción de campo o tradición nacional y popular. Las nociones, vale subrayarlo, no se presentan a elecciones, y sus consecuencias políticas dependen en buena medida de la libre interpretación de quienes las mantienen. Por eso tampoco comulgo con la lectura por izquierda que proponen quienes insisten en el esencialismo como método práctico. Es el caso de Guillermo Almeyra, para quien
“En las decenas de miles de jóvenes que empiezan a hacer experiencias políticas comienza a abrirse paso un sentimiento de unidad sobre la base tradicional antioligárquica y antiimperialista que a fines de los 70 juntó a sectores no peronistas con los peronistas. Ese nacionalismo con contenido social plebeyo y no capitalista pero aún sin clara conciencia anticapitalista es lo que mantuvo vivo al peronismo desde su época de esplendor en los años 40 hasta su crisis profunda en los setenta y después, con el menemismo y lo que siguió.”
Yo soy enemigo, abierto y declarado, de estas lecturas nacidas de la inocencia o el voluntarismo aritmético. La realidad política, el mapa de identidades que la componen, no es perfectible: simplemente, es.
6. ¿Qué es lo que no se ve? Desde luego, que no hay una juventud, sino diversas manifestaciones de un tránsito a la vez etario, social y, en contados casos, político. Que debe celebrarse, desde luego, toda porción de humanidad arrebatada a la indiferencia, pero no por ello estamos, ni cultural, ni económica ni políticamente, en un plano que nos permita aludir al nacimiento de un nuevo sujeto, militante o elector. Porque ya no hay argamasa que unifique a las distintas tribus de la vida juvenil de hoy. Antes, podían cumplir ese rol la música o la política -en menor medida, el deporte-. Hoy, las subculturas juveniles carecen de un centro que las unifique, y sería muy ingenuo concluir que ese centro puede rondar siquiera la política tal cual la entendemos tradicionalmente.
7. Todo lo anterior no viene a negar una constatación elemental: hay jóvenes que hacen política, claro, y son muchos más de los que podíamos contar en los años noventa. Diversos hitos sociales y políticos los unieron a la preocupación por las cosas públicas, desde la debacle de 2001 hasta el conflicto con las patronales agropecuarias o mediáticas. Son jóvenes en politización, con capacidad de movilizarse y sin complicidades con el pasado. Jóvenes que siguen viendo en la política una arena de lucha por ideas y por proyectos. Y que esos jóvenes existan, en estos números, en estos tiempos líquidos, siempre es digno de valor.
Como en la imagen, esos jóvenes son hoy más infantes que adultos de la política. Dependen más de la convocatoria a un mundo que conocen hace demasiado poco, y están continuamente amenazados por el fantasma de la desilusión. Quienes tienen lugares de responsabilidad deben saber que, en todo momento, esos jóvenes los estarán observando. Buscarán conducción, buscarán referencia, pero sobre todo, buscarán la esperanza de que su compromiso más allá de lo privado no sea en vano.
Ezequiel Meler.






En elecciones realizadas ayer o anteayer, el centro de estudiantes del Mariano Acosta fue ganado ampliamente por la lista 10, El Acostazo, de indudable filiación K. Eso incluyó los dos coordinadores, los dos voceros y 3 de las 5 secretarías. Otra Argentina es posible
Que significa, Ezequiel: “sino con una noción más difusa, digna de ser archivada, como es la noción de campo o tradición nacional y popular”. Qué significa “digna de ser archivada”?
Jorge:
Me enteré de que varias agrupaciones secundarias identificadas con el oficialismo han ganado o están por hacerlo. Lo que no queda claro es si ello implica que se sostiene esta Argentina o una expresión profundizada, de la cual no hay hoy una acabada propuesta nacional. Yo diría que la apuesta en este momento es seguir o retroceder, no profundizar.
Como sabrás, y habrás leído, yo no creo en la noción de campo popular. Tiende a dibujar en la arena un presunto conjunto de fuerzas que estarían sólo artificialmente divididas, pero que comparten los mismos anhelos. La realidad, siempre concreta, es que existen diversas fuerzas en competencia por encarnar ese ideario, tampoco tan representativo, y dichas fuerzas no ahorran ni ahorrarán munición entre sí, porque sus proyectos no son complementarios. Lo vemos en la CTA.
Es complicado teorizar sobre un fenómeno inexistente. La juventud kirhcnerista no es gran cosa, si te fijás. Menos que la Franja Morada, hacé el cálculo. Pero no deja de ser mala la estrategia de repetir que todos los jóvenes son kirchenristas para que algunos quieran serlo.
Néstor (otro):
Tampoco diría eso. Hace rato que la Franja no convoca ni siquiera en las Universidades, que siempre fueron una parte de la más amplia JR.
Desde el punto de vista cuantitativo, el fenómeno es muy significativo. Aún sus opositores más férreos, como Mario Das Neves, eludieron negarlo y en todo caso jugaron con la idea de una juventud radicalizada.
Desde el punto de vista cualitativo, este análisis intenta eludir los determinismos etarios y de clase, pensando a la juventud kirchnerizada como parte de un fenómeno más amplio de politización social, que obviamente se extiende a otros sectores -la izquierda, por ejemplo-.
Es que no existen elementos reales, concretos, para hablar de una juventud kirchnerizada, y menos para decir que esa kirchnerización de la juventud se extienda otros sectores. Cientos de análisis sobre un supuesto fenómeno y nadie se toma el trabajo de demostrar nada. Como si el hecho de repetir algo lo convirtiese en verdad.
Acá un comentarista menciona lo del Mariano Acosta, también ganaron en el Nacional. Pero por qué no averiguan cuántos centros de estudiantes fueron ganados por agrupaciones de izquierda. Los partidos de izquierda más importantes, digamos PCR y PO, tienen una influencia muy superior al kirchnerismo en el movimiento estudiantil secundario. En el Nacional de Formosa la agrupación identificada con el oficialismo para ganar tuvo que proscribir a las demás listas, que no eran kirchneristas, y mandarles la cana. Para hablar de una juventud kirchnerizada hay que negar a esos jóvenes a los que les mandaron la cana. Esos también son jóvenes, también hacen política, pero no son kirchneristas. Y les mandan la cana.
Mencionás el conflicto con las patronales agropecuarias, como un hito que sumó a los jóvenes a la política, y es verdad. Pero fueron miles los jóvenes que se sumaron a la política y no lo hicieron del lado del kirchnerismo. Desde los jóvenes agrarios que estuvieron en los piquetes más de cien días, hasta los que se sumaron en las ciudades. Jóvenes que se sumaron a la política y no son kirchenristas.
No fueron kirchenristas, tampoco, los jóvenes que protagonizaron las luchas de Kraft, de Arcor, de Paraná Metal, entre muchas otras. Ni era kirchnerista Mariano Ferreyra.
Entonces yo no veo ningún fenómeno de kirchnerización de la juventud. Existe una politización en la juventud, eso es claro. Lo sorprendente es cómo, existiendo esa politización en la juventud, luego de siete años en los que hicieron uso y abuso del aparato y los recursos del Estado, el kirchenrismo aún no construyó gran cosa entre las masas juveniles. Hasta ahora, quizá con la muerte de NK y a fuerza de repetir que todos los jóvenes son K, a los mejor revierten esa debilidad.
Néstor:
No vengo a negar la existencia de un proceso de politización más amplio, en el cual se inscribe aquel que se ha debatido tanto. Justamente, mi texto era relativista, y mi posición sigue siendo escéptica respecto de magnitudes y calidades del fenómeno kirchnerista.
Pero ser escéptico no es sinónimo de negacionista. Tanto en la Universidad como fuera de ella, y principalmente en el trabajo territorial de los MMSS, como el Evita, los niveles de jóvenes que se han acercado a participar, pibes que tienen precisamente 22 o 23 años, cuando no menos, son muy importantes. Y una divisoria de aguas fue el conflicto con el campo, otra la derrota de 2009, etc. Todos eventos que conmovieron a la primera fuerza nacional y al gobierno, y que generaron fuertes movidas de apoyo en personas que hasta ese momento estaban dedicadas a la vida privada. Esos jóvenes no se acercaron al PO: se sumaron, mal o bien, a los agrupamientos que rodean al oficialismo
No voy a discutir, porque no me interesa ni es el sentido de este post, si hay más jóvenes de izquierda, de centro derecha o derecha, o los hay más en el peronismo. En mi opinión, los hay en todas partes, pero sólo es novedad que se acerquen a este último, vía el kirchnerismo, ya que hasta PRO tenía mejor trabajo de juventud que el gobierno. Por eso hablo de un fenómeno silvestre.
Mariano Ferreyra, asesinado por las patotas de la UF, también tenía 22-23 años. A mi juicio, es un ejemplo excelente del proceso de politización que estamos atravesando, que -creo que lo dije como cuatro veces ya- no es exclusivo del kirchnerismo, pero -y ahí nuestro desacuerdo, que empieza cuando me traés a colación a la Franja Morada, hoy prácticamente inexistente- tampoco excluye al kirchnerismo. Hoy, de nuevo, para bien, muchos jóvenes (nótese que no dije “los jóvenes”) hacen política. Algunos lo hacen con el gobierno, otros en la vereda de enfrente, y yo me alegro por ambas veredas, porque me recuerda que, hace 16 años, empecé mi propio trayecto político, en ese momento en un partido de oposición.
No sabía, por otra parte, que los trabajadores de Kraft, Arcor y Paraná Metal se definían por un perfil etario. Yo pensaba, claro, que se trataba de luchas obreras -ciertamente, acotadas: estamos hablando de empresas, ni siquiera de sectores-. Pero no importa, porque reconozco fielmente que, con base en la FUBA, muchos jóvenes como Ferreyra acompañaron esas luchas puntuales, así como las de los trabajadores del subterráneo.
Tu insistencia es tan notable que me fuerza a citar experiencias personales que fueron jalonando la mirada de estos años. Los plenarios del Evita en Arsenal, por ejemplo, estuvieron repletos de pibes -tenés videos en youtube-. Lo mismo sucedió en Ferro (dos veces). La reorganización institucional de la Juventud Peronista, por más que me disguste que ese trabajo termine en manos de la Cámpora, como parece que ha de suceder, respondió a esa inquietud.
También tenés otras juventudes, además de la JP Evita y ese armado conocido como la Cámpora, que acompañan el proyecto que han crecido exponencialmente, como JP Descamisados, Peronismo Militante, la Corriente Nacional Martín Fierro, la Vallese, etc. Todas esas denominaciones, volcadas de lleno al trabajo en los territorios. Y, finalmente, tenés la Juventud Sindical.
Desde luego, no tenés por qué aceptar nada de lo que digo, pero ciertamente, yo tampoco. Mis saludos más cordiales.
Ezequiel Meler
Yo no niego, Ezequiel, que existan jóvenes kirchneristas, ni digo que estos sean pocos. Lo que digo que no podemos dejar de ver, a la hora de analizar este supeusto fenómeno, es que existieron y existen miles d ejópvenes que se sumaron a la lucha y a la política al margen del kirchenrismo. Esto, que vos lo ves y lo decís, apunta a no caer en la idea esa de que todos los jóvenes tienden a ser kirchneristas (idea que hasta Das Neves parece compartir).
El conflicto con las patronales agrarias, o como se llame, contó con miles de jóvenes en los piquetes, jóvenes que discutían política en las rutas, y no se sumaron al kirchnerismo. Pero resulta que las voces dominantes coinciden en mostrar solo una cara de la moneda. Exsite una juventud kirchnerizada, pero no existen los jóvenes de Federación Agraria. Eso es lo que quería decir.
Las luchas obreras que mencionaba (y creo que se entiende que son muchas más) no se definieron, como bien decís, por una cuestión generacional, fueron luchas obreras. Pero una de las características de lo que viene pasando en Argentina desde el 2001 es que, junto al recambio generacional en el movimiento obrero, aparecieron miles de jóvenes obreros que se pusieron a la cabeza de las luchas. Ese fenómeno no lo menciona nadie, ni los medios oficialistas ni los opositores. A Mariano Ferreyra lo mataron en una lucha contra las tercerizaciones, y en Argentina más de la mitad de los trabajadores sufren la precarización laboral (tercerizados, contratos basura, en negro, etc). La inmensa mayoría de ellos son jóvenes, y la inmensa mayoría de los jóvenes que laburan están precarizados. Y no se van a hacer kirchenristas, no por una cuestión de ideas si no porque cuando luchan contra la precarizacion chocan también contra el kirchnerismo.
Hace poco Cristina firmó un pacto con los empresarios y los jerarcas sindicales petroleros, dijo algo así como que ahí estaban todos y al que se le ocurra cortar algo lo iba a matar. Más allá del exabrupto, atrás de la necesidad de firmar ese pacto están las luchas de los petroleros de Santa Cruz y Chubut, con un gran protagonismo de los jóvenes. Podrán ser kirchenristas porque, no sé, les guste 678, digamos, pero a la hora de lo concreto de sus necesidades, chocan contra el kirchnerismo (gobierno, empresarios y jerarcas sindicales).
Te repito que no niego que existe una juventud kirchnerista, pero de ahí a hablar de “fenomeno” es otra cosa. También participan miles de jóvenes en la CCC, por ejemplo. Pero a esos los ningunean parejo tanto desde el oficialismo como desde la oposición.
Y para terminar, la mención a la Franja Morada es más histórica que actual: fueron, en su época, mucho más de lo que hoy e sla juventud kirchnerista. Y actualmente, continúan siendo la fuerza principal en la universidad (millón y medio de jóvenes). Un plenario de la Franja Morada o de la Juventud Radical puede convocar tanta o más gente que uno de la JP-Evita. Para no contar que es nacional (en mi provincia practicamente no existen ni La Campora ni el Evita). Yo no tengo ninguna simpatia por la Franja, pero me parece que su existencia prueba que el fenómeno de la juventud kirhnerista no tiene nada de especial.
Un abrazo.
Néstor:
Las posiciones están ya bastante cerca. Por lo menos percibiste que yo no era un fan de la idea de “todos los jóvenes son K”, o J, o P.