Palpitando el superclásico
Conforme avanza el calendario político, cada vez más observadores perciben el fenómeno político que ha de marcar decisivamente el año electoral. No, no es la aparición de una nueva fuerza. Es el retorno a los primeros planos de uno de los primeros partidos modernos de la Argentina, el radical.
Lógicamente destrozado por el descalabro de 2001, que aún no ha dejado de pesar en el recuerdo de la sociedad y de sus propios dirigentes, el radicalismo parecía tener firmada el acta de defunción hacia 2002. Sus cuadros y referentes de mejor imagen estaban en el ARI, en RECREAR, en PRO… en cualquier, lugar, menos en el radicalismo.
Sin embargo, ya en 2009 quedó claro que el radicalismo era y es la principal opción de recambio presidencial en la Argentina. En efecto, pese a que todos los flashes se los llevó el triunfo disidente en la provincia de Buenos Aires, lo cierto es que la derrota oficialista en dicho distrito fue capitalizada, en el plano nacional, por la única fuerza, aparte del peronismo, que sigue siendo eso, nacional.
Abel Fernández, con un inevitable agrado por la noticia, señala con acierto que parte de la identidad cívica construida por el radicalismo -yo señalaría específicamente la parte que lo separa del peronismo- mantuvo su vigencia en estos años a través de otros referentes. En los comentarios, desarrollé este argumento señalando algunos de los casos más notorios, como son el de Elisa Carrió y Ricardo López Murphy. También aparecen hombres y mujeres del radicalismo en el armado de PRO (Vanossi, por mencionar un ejemplo), y hasta en el kirchnerismo (es el caso de Silvia Vázquez). En estos casos, sin embargo, se trata de armados periféricos sin demasiada trascendencia respecto de la nueva identidad que se constituye.
Lo cierto es que, según datos de Poliarquía, el partido de Alem e Yrigoyen parece retomar, a partir del crecimiento del diputado Ricardo Alfonsín, la posta de eventual recambio nacional, cosa difícil en el caso de que Cristina Fernández finalmente se presente, pero para nada improbable si no es el caso.
Las encuestas, para bien o para mal, inciden ya tanto dentro como fuera de las estructuras, y la mejor calidad de Alfonsín como presidenciable ha desatado, sin embargo, una interna nada cómoda con el cobismo, en la cual el partido se ha dividido transversalmente, exponiendo tal vez demasiado su escasa integración a la luz del público. El inevitable desplazamiento del cobismo, aunque resistido en algunos distritos, es menos un resultado de este crecimiento como de un cambio en la estructura de alianzas de la UCR, que se expresa en la composición de las dos líneas internas hoy enfrentadas por la nominación presidencial.
¿Qué desató el incendio? Un hecho menor, como suele suceder. El reemplazo de Oscar Aguad por Ricardo Gil Lavedra, más afín a la dupla Morales – Alfonsín, en el rol de jefe del bloque de Diputados, motivó al todavía vicepresidente Julio Cobos a un burdo y poco eficaz intento de desplazar, a su vez, a Morales del rol equivalente en senadores. La acritud de la interna incluyó crudos intercambios de golpes entre los partidarios de unos y otros: así, mientras el sector alfonsinista denunciaba un “golpe de estado“, los hombres leales a Cobos cuestionaban el “estilo autocrático” de conducción de Morales. Por supuesto, Morales a su vez contraatacó a Cobos -algo muy común en estos días… ¿se acuerdan de aquellos meses en los que se creía que el mendocino era número puesto en 2011?. En fin.
¿En qué medida es importante esta disputa? En primer lugar, cabe aclarar que no es previsible que afecte la estrategia opositora en el Parlamento. Sin embargo, y en la medida en que ese es el ámbito de las disputas entre los principales precandidatos opositores, la selección de los referentes y voceros del radicalismo necesariamente incidirá a la hora de instalar candidatos.
Un segundo problema reside en el mecanismo de resolución del diferendo, y en sus tiempos. El radicalismo sabe que no tiene el tiempo para estas disputas, y ya su presidente, el también mendocino Ernesto Sanz, pidió que se adelanten a marzo las primarias que han de definir quién conduce y quién acompaña -sería gracioso que ese rol le quepa nuevamente a Cobos, pero eso lo decidirá la Convención Nacional-.
La propuesta, rechazada de plano por el cobismo a través del intendente de Junín, Mario Meoni, refleja la incomodidad con que enfrentan el momento los hombres del vicepresidente, conscientes de su segura derrota y posterior ostracismo en las circunstancias actuales.
La interna radical, que amenaza con prolongarse hasta agosto de 2011, impacta también sobre el marco de sustentación que pretende el radicalismo de cara a las presidenciales. Aunque las posiciones de Carrió no son previsibles, en principio la chaqueña habría decidido, nada sorprendentemente, impulsar su propia candidatura.
Boyando queda la posibilidad de un acuerdo con sectores como GEN y el socialismo, acuerdo que depende de la selección de candidatos en Santa Fe y la Provincia de Buenos Aires. Mientras tanto, esos sectores coquetean con la posibilidad, poco creíble dadas sus expectativas en uno y otro espacio, de un frente con Solanas -otro que viene cayendo en picada en todas las encuestas, tanto dentro como fuera de la Capital-.
Así las cosas, todo parece indicar que, aunque carentes de la unidad de otrora, serán dos coaliciones con el justicialismo y el radicalismo a la cabeza, respectivamente, las que se enfrenten por la sucesión presidencial para el período 2011 – 2015. Por supuesto, faltando menos de un año, todo está por verse, pero los datos parecen indicar que el denunciado y vituperado bipartidismo argentino vuelve a gozar de buena salud. Seguramente pocos hubiesen imaginado este presente en las brumosas jornadas de 2001, de las que se cumple una década el año entrante.
Ezequiel Meler.






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