¿Redes 3.0?
El reciente cruce entre La Pipi de Caseros y Julio Cobos, con consecuencias conocidas, nos fuerza a una mínima reflexión, posiblemente incompleta, sobre el rol y la dinámica que tienen las redes sociales en la sociedad argentina.
Hacia 2008, el fenómeno eran los blogs. Formas impensadas e infinitas de -diría Carrasco, pero también quien escribe- redefinir la palabra de autor, los blogs se enfrentaron de entrada al cerco mediático, a la espiral de silencio impuesta en torno del conflicto agropecuario. Fue tan así que muchos de los mejores debates y las mejores intervenciones en torno a la pertinencia de la Resolución Nº 125 -a favor, pero también en contra- se dirimieron en la web.
Desembarcaba en la Argentina un fenómeno que Europa conoce hace cierto tiempo, y que ocasionó más de un dolor de cabeza en el sudeste asiático: la plataforma digital como lanzadera de opiniones no convencionales, que a su vez podían, también, convertirse en formadoras de opinión.
No sorprende que con esas características fundantes, la mayoría de la blogósfera surgida entonces en oposición a la pauta de información de los multimedios tuviese un sesgo amistoso -como mínimo- respecto de las experiencias nacional – populares, no sólo en la Argentina, sino en toda América Latina.
Esta tendencia, observada también en la campaña electoral que coronaría a Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, generó en el país fuertes reacciones por parte de la prensa establecida. Algunas que cabe reseñar son las de Clarín (aquí y aquí), La Nación, Perfil, etc. Hubo algunos intentos de persecución judicial, mucha tapa caliente, algunas respuestas notables (ésta y ésta) pero finalmente la mayor parte de los actores, salvo exabruptos aislados, asumieron que el fenómeno había llegado para quedarse, y tomaron cursos de acción menos irritantes.
El problema, sin embargo, no era sólo con los medios. No se trataba de una disputa sin fin entre medios principales y alternativos. Al contrario, el fenómeno de los blogs era una manifestación más de una crisis secular de representación en el régimen político argentino. Y la mejor prueba de ello estriba en lo rápido que pasó la posta hacia nuevos contextos y plataformas. Primero, con las convocatorias realizadas, de nuevo, mayoritariamente por simpatizantes del oficialismo, vía Facebook -la coyuntura de nacimiento de esta etapa quedó marcada, a mi juicio, por el tratamiento legislativo de la Ley de Medios-. Más recientemente, como ilustra el caso inicial, parece que pegamos otro salto con la movida discusión política surgida a partir de Twitter.
Se trata, claro está, de un fenómeno inherentemente restringido, socialmente limitado, difícil de utilizar como base para generalización alguna. Pero que muestra, a las claras, la facilidad con que distintos medios y tecnologías pueden utilizarse para trazar puentes plateados entre la sociedad y la política. Muestra, también, un nuevo modo de expresar, antes aún que medir, los humores sociales. Algo que quedaba, a lo sumo, en los márgenes de las versiones digitales de los grandes diarios se convirtió en una manifestación elaborada e interesante, con cierta autonomía y capacidad para sortear los escollos de la “matrix” virtual.
Ahí está, bien a la vista, el papel que juegan las nuevas tecnologías en la reconfiguración de las expresiones sociales y políticas de un sector de la opinión pública. Ayer fue en blogger, hoy es en twitter, y mañana seguramente habitará otros horizontes. Pero queda claro que, aunque los saltos cualitativos sean cada vez más rápidos, siguiendo el ritmo siempre autónomo de la técnica, las necesidades esenciales a las que responden son bastante simples, y son las mismas: participar, ser reconocido, hacerse escuchar, sentirse parte de algo más grande que la mera individualidad. No creo que la nostalgia por lo moderno, lo “sólido”, vaya a cambiar mucho la ecuación, de modo que la omito y no la recomiendo. Al fin y al cabo, fue lo sólido lo que se desvaneció en el aire en primer lugar, ¿no?
Ezequiel Meler,
Administrador.
Actualización:
Mal Clarín: ahora dicen que Twitter amenaza la libertad de prensa.





si oy es twit, mna sra l nada
Y la muerte de la palabra?
Jorge:
Se agradece que escribas en español, asumiendo que el que está de este lado tiene que entender. No es el caso.
Abrazo,
EM
Ezequiel: me parece espantosa la centralidad atribuida al twiteo. Esxcribí algo, cualquier cosa, como para ejemplificar. Abrazo