En la coyuntura: (III) La situación de Macri.
La jugada de Mauricio Macri, consistente en propiciar un juicio político con los votos de su propio bloque -y absolverse de este modo- cada vez resulta más problemática.
A las dudas de sus aliados más cercanos, se suman las crecientes convergencias entre los diferentes grupos del mosaico opositor que es la Legislatura porteña. A ese grupo se ha sumado el bloque de Proyecto Sur.
Todo parece indicar que el macrismo enfrentará un proceso largo y desgastante, donde el tiempo y el ritmo de la acusación quedará en manos de la mayoría simple opositora. Si esto ha de acabar en destitución o no, ello dependerá, antes que nada, de la capacidad de Macri para retener el control de su propio bloque.
Un trámite largo no es favorable a ese propósito, y Macri lo sabe. La popularidad medida por encuestas de opinión es variable, y al menor indicio de caída, varios de sus legisladores más fieles -que no son muchos, en verdad, no en el formato de construcción de PRO- pueden comenzar a buscar nuevos horizontes.
Como señala Natanson,
“Guste o no, Macri no deja de ser un fenómeno político, con características que se derivan tanto de su personalidad como del tiempo político que le tocó vivir (y que expresa de manera inmejorable): una construcción más individual que colectiva, un estilo de liderazgo radial y una mirada muy atenta respecto de los humores del mercado electoral expresado en la opinión pública. La decisión de pedir su propio juicio político se inscribe dentro de esta lógica de acción: lo devuelve al centro del escenario con un alto grado visibilidad, le permite distraer la atención del trámite judicial, que no controla, y lo reubica en el lugar de víctima, que viene explotando con éxito desde hace años. Y que lo dejen hacer.
Pero la jugada encierra un riesgo. Desde el punto de vista institucional, es cierto que la composición actual de los bloques en la Legislatura le permitiría reunir los votos suficientes para zafar de la acusación, aunque por un margen más bien estrecho. El problema es que el escenario político porteño presenta algunas particularidades. Es como si reuniera, exacerbadas, algunas tendencias verificables en el orden nacional: la desagregación de las fuerzas políticas y el carácter precario de las coaliciones, la emergencia de partidos-personales de vida efímera, la supremacía casi total del formato personalizado.
[...]
El PRO no escapa a esta lógica: dispositivo de ocasión, está formado a partir de una figura rodeada de una serie de aliados pegados con plasticola, procedentes por lo demás de orígenes muy distintos: restos del viejo PJ Capital, tecnócratas de derecha, dirigentes provenientes de las ONG, tradicionales líderes conservadores, pequeños partidos tipo PDP. En fin, monotributistas políticos que orbitan alrededor de Macri pero cuya permanencia no está garantizada.
Retomando entonces el inicio de esta nota, la personalidad política de Macri lo empujó a dar un golpe de efecto de alta visibilidad mediática. Pero no solo las características del líder, también la estructura –el sistema político– definirán el proceso. El éxito de la jugada, que implica una alta exposición durante meses, descansa en el apoyo de los legisladores del PRO, que a su vez depende de la popularidad del líder. Si ésta se apaga, aquéllos se van. Como están las cosas hoy, lo más posible es que el resultado sea positivo: Macri conserva una buena imagen y su coalición parece sólida. Pero nunca conviene confiarse. Lo sabe bien Aníbal Ibarra, abandonado por legisladores aliados cuando su imagen comenzó a trastabillar, que había apostado a una construcción política similar, quizá la única posible en la Ciudad de Buenos Aires, muy posmo, muy como Macri.”
Efectivamente, algo de eso comienza a suceder. Las encuestas, por empezar, no lo absuelven tan fácil como estaba previsto. Y esto recién empieza: uno puede conjeturar que los números han de bajar, no al contrario, con el correr de los días.
Esto fortalece la vocación opositora de tomarse el tiempo para “analizar” la medida -esto es, para favorecer eventuales éxodos-. Y complica, también, el escenario del macrismo en lo referente a los aliados. Es difícil, en ese sentido, que los legisladores que responden abiertamente a De Narváez se despeguen del resto de la oposición para inmolarse en una estrategia que no los beneficia en sentido alguno.
Mirando los antecedentes y el perfil del grupo de legisladores oficialistas que decidirá la suerte de la acusación, la cifra de deserciones (cuatro sobre diecinueve) que podrían abrir el camino a la destitución no parece tan difícil de alcanzar.
Macri lo sabe, y por eso presiona, aprieta, insiste, a veces públicamente y en ciertos casos por otros medios, sobre los referentes de su partido que bien pronto podrían pasar a ser jueces y verdugos. Esta presión se siente especialmente sobre Cristian Ritondo y Diego Santilli, los dos dirigentes con mayor futuro y perspectivas fuera de PRO.
Pero incluso si logra sortear con eficiencia ejecutiva el juicio político, Macri expone mucho de su capital político en el modo en que lo haga. Una mayoría exclusivamente propia puede resultar contraproducente, como señala Ricardo Gil Laavedra:
“El macrismo no podrá decidir, sin asumir un costo político de proporciones, de espaldas a lo que surja de la averiguación pública de los hechos. Todo lo dicho supone una búsqueda sincera de la verdad. Cualquier manipulación que trasunte un montaje, un escenario prearmado, una farsa destinada sólo a conjurar los daños políticos del procesamiento producirá los efectos contrarios. Frustrará los reclamos de la sociedad y robustecerá las sospechas acerca de la conducta del jefe de gobierno.”
El mismo pensamiento fue expresado, en estos días, por Eduardo Duhalde, uno de los pocos defensores de la estrategia de Macri: la debilidad, y no la fortaleza, es lo que espera al macrismo en casi cualquier horizonte. Y, en las condiciones actuales del escenario político, ello bastaría para eliminar incluso su candidatura, que desde el vamos depende del acuerdo con otras fuerzas opositoras para alcanzar rango nacional.
En suma, el devenir político no parece tan favorable al macrismo como señalan, incansables, sus principales voceros. Aunque a la población no le interese demasiado, este no es un simple concurso de popularidad: su resultado se dirime en el seno de dos corporaciones, la judicial y la política, que tienen importantes cuotas de autonomía respecto de los humores populares. Y que bien pueden tener sus propias razones para enterrar definitivamente el sueño de una derecha democrática y moderna, tal cual surgió a la vida pública en 2007.
Ezequiel Meler,
Administrador.





Epa, muy buen análisis ezequiel.
A mi me quedan un par de cosas dando vuelta, que “lo institucional” atañe sólo a la política, y es algo que a la gente le importa un carajo, su transgresión digo, lo del autojuicio; y que si gran parte del potencial electorado macrista puede encontrarse en las clases populares, cómo y cuanto de la info del espionaje llega a ellos? máxime a nivel nacional?
Hubo un podo de apuro en la oposición, tal vez lo mejor hubiese sido actuar sólo a la justicia.
Manuel:
Van a dejar actuar a la justicia. De hecho, se van a tomar todo el tiempo del mundo. La Comisión Investigadora, en lugar del juicio, es precisamente la herramienta para parar la pelota bajo la suela, abrir el expediente en el trámite legislativo, y pregonar lo actuado por la justicia. Esto sirve como desgaste, pero también como justificación del paso subsiguiente, que dependerá de la capacidad del macrismo para retener tropa, o bien, de la eficiencia opositora en prometer mejores horizontes a los miembros de su bloque. Ya hay operadores (todos opositores, aclaro) trabajando incansablemente para sacarle al bloque PRO esos cuatro votos de resguardo. Uno de ellos, el Bulldog, que sueña con la revancha después de haber perdido su propio partido a manos del primo de Macri, vía fraude escandaloso.
Yo relativizaría el caudal electoral del macrismo a nivel nacional. Lo relativizaría a secas, antes de tomar una segunda prevención que refiera a su componente popular. Ya no estamos en 2007, ni siquiera en 2009.
Un abrazo,
gracias por pasar.
Ezequiel
Muy interesante tu post, Ezequiel.- Tengo la impresión que a Macri el tiro puede salirle por la culata.- Los 19 legisladores del Pro en la Cámara Acusadora recién deberán emitir su voto al término de un proceso que podría llegar a ser larguísimo dado que la mayoría simple que tiene la oposición le permitirá conducir el trámite.- Ya fue denegado el tratamiento sobre tablas.- ¿Cuántas sesiones en comisión tomará hasta que se vote en el recinto si se hace, o no el juicio político? Si se decide seguir adelante, habrá que integrar la comisión investigadora. ¿Le tocarán 5 ó bien 6 miembros de esa comisión al Pro? Entretanto ya estaremos cerca de fin de año.- La oposición tendrá la mayoría simple en esa Comisión y podrá exigir una serie de medidas que pueden complicar mucho a Macri.- Imagino un interrogatorio público y televisado a Franco Macri y a su yerno Leonardo, a Palacios y Ciro James, a los ex-jueces destituidos en Misiones, a las distintas víctimas de las pinchaduras de los teléfonos, etc.. Varios meses de este tipo de cosas puede ser muy desgastante.- Si para marzo/abril del año que viene ello se refleja en las encuestas y los legisladores del Pro advierten que no solamente Macri no será presidente sino que el Pro también se quedará sin la Ciudad de Bs. As., creo muy probable que comience una diáspora buscando nuevos puertos donde recalar.- Es entonces que Macri puede llegar a perder la votación y ser destituido sufriendo en carne propia lo que le hizo a Ibarra.- Saludos, Capitán Medibacha.-
Ezequiel:
Tus análisis de coyuntura son muy buenos. En particular, me gustó el que dedicaste al oficialismo, pero todos son interesantes.
Eso sí, hay una observación que quiero hacerte, y es que estás prestando poca atención a lo que puede llamarse, con algo de generosidad, la estrategia de los diferentes actores. Aunque ninguno de los que hoy aparecen en los titulares de los medios se ha caracterizado por su capacidad para prever el futuro (los esfuerzos de la Dra. Carrió son patéticos) es un error creer que no trazan planes.
En concreto, en este tema: Hay una pregunta que se hace todo aquel que quiere derrotar a Kirchner con los votos del espacio que puede identificarse con el Peronismo Federal y/o con el centro derecha no definidamente anti peronista: ¿Quién es mi candidato para la Capital Federal? Y todos contestan, en principio, Macri (Salvo el mismo Mauricio, por supuesto. Pero es posible que acepte, resignado, esa lógica).
Un abrazo
Capitán:
Vemos el mismo desenlace si el proceso sigue esta pauta. Saludos, EM
Abel:
Gracias, antes que nada. Sí, es cierto que no le presté atención específicamente al armado federal, porque en parte coincidimos en que no tiene, todavía, entidad. Opera en mi silencio, también, la sensación de que otros (vos, seguro) entienden mejor ese mundo.
Seguramente, varios candidatos querrían llevar a Macri en su boleta para la Capi, y al Colo en su boleta provincial. Por qué no, a Reutemann en Santa Fe. Duhalde, seguro. Lo cierto es que Mauricio es convincente en el sentido de que no será candidato por la Capital, y por cierto, no creo que en ese distrito le vaya mejor, como media, que en el resto del país. Y eso se irá notando cada vez más a medida que las presidenciales se acerquen y las dos propuestas nacionales (K y ACyS) comiencen a disputar su espacio. Aunque sospecho que ambas tendrán pobres desempeños, seguro que le va peor a la boleta del Peronismo Federal. Es la Capital, después de todo.
Abrazo,
EM
Muy bueno tu post; aunque no comento paso frecuentemente, pero hoy llego desde el del ingeniero. Qué nivel! no te trae cualquiera!
Un abrazo
Sebas:
Y… el Ingeniero es amigo. Fijate que siempre he estado en su lista de blogs, incluso con el primero, que era bastante flojo. Gracias, de todos modos.
Abrazo,
EM