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Juventudes, modelo y disputas de fondo.

04/07/2010

En estos días, asistimos a una suerte de debate en torno de la existencia y naturaleza de un “nuevo” actor juvenil, traído a la política de la mano de las políticas -y también, de las omisiones- del kirchnerismo. José Natanson lo dispara acá.

Un gran déficit de las democracias contemporáneas reside en su capacidad para convocar a la participación activa de la ciudadanía. Por ello, toda propuesta o reflexión que rompa el cerco de la política profesional merece el mayor de los respetos.

Veamos, entonces, lo que plantea Natanson. El núcleo que me interesa discutir en este momento es el siguiente:

“Ahora bien, ¿cómo se sitúa el kirchnerismo frente a la juventud? ¿Y cómo frente a las dos juventudes que conviven en la Argentina del Bicentenario? En un principio pareció prestarles poca atención a los jóvenes, enfrascado en un relato generacional que alude a la juventud, pero a la de los ’70, y que muchas veces se reduce a la disyuntiva exasperante de “jóvenes idealistas que hacían la revolución” versus “jóvenes consumistas que sólo quieren jugar a la PlayStation”. [...] Pero el tiempo ha producido un fenómeno nuevo: la emergencia de una militancia juvenil kirchnerista, probablemente un subproducto de la progresiva transformación del kirchnerismo en una “minoría intensa”, un sector de la sociedad cuantitativamente minoritario pero cohesionado, con un liderazgo y un programa, en buena medida resultado de iniciativas como la ley de medios y la Asignación Universal. En todo caso existen hoy círculos de jóvenes militantes kirchneristas. Se trata por supuesto de grupos reducidos, mayoritariamente de clase media, irrelevantes desde el punto de vista del padrón electoral, pero activos e influyentes en los medios y las nuevas formas de comunicación, como las redes sociales y los blogs. [...] Quizás haya que remontarse a los primeros años del alfonsinismo para encontrar un fenómeno similar, aunque aquel momento probablemente haya sido más masivo y aunque tuvo una expresión universitaria (la Franja Morada) y partidaria (la Junta Coordinadora) más definidas.”

Por supuesto, toda comparación es odiosa, y las que realiza Natanson -vg: con los sesenta y setenta como con los tempranos ochenta- lo son en medida aún mayor. Pero es cierto que, en los últimos años, ha aparecido un nuevo actor juvenil, con estrategias menos orgánicas que en el pasado -cosa que bien puede explicarse por la debilidad general de las formas orgánicas-, dotado de formaciones heterodoxas y estilos de intervención diversos. Su auge ha sido especialmente notable durante los peores momentos del oficialismo, como la crisis desatada por el conflicto agropecuario y las batallas parlamentarias que siguieron a la derrota electoral de junio del año pasado.

En el nivel de las identidades, el grueso de esta juventud adhiere a un progresismo no muy definido, que ya no ve necesariamente en el peronismo a un enemigo de los intereses populares -como sucedió durante la década menemista-, pero que aún guarda cierto recelo frente al convite de participación que se le realiza.

En el nivel de la participación, estos jóvenes eligen muchas veces las nuevas tecnologías antes que los viejos repertorios, tanto por la comodidad que les brinda la primera opción como por el hecho de que los segundos no están aggiornados. El fenómeno de los blogs, las convocatorias de 678, las movilizaciones a favor de la ley de medios y del matrimonio entre personas del mismo sexo vienen mostrando la presencia de esta “minoría intensa”, esto es, “un núcleo de apoyo minoritario pero sólido“, que, pese a, o a causa de, los distintos reveses sufridos por el oficialismo, “se ha cohesionado y hoy es más sólido que en el pasado, como resultado de algunas iniciativas de cambio profundo impulsadas por el oficialismo.”

Natanson explica la génesis de este actor a partir de 2008 – 2009:

“Mientras toda la oposición y buena parte de la opinión pública reclamaban cambios en el sentido de una mayor calidad institucional, desde el fin de la intervención del Indec a la reforma del Consejo de la Magistratura, el Gobierno optó por impulsar proyectos polarizantes y conflictivos, como la ley de medios, y otros que, aunque se encontraban en la agenda de prácticamente todos los partidos, no aparecían entre las prioridades mediático-ciudadanas, como la Asignación Universal para la Niñez. Al hacerlo, el kirchnerismo retomó una estrategia que le había dado buenos resultados al comienzo de su primer gobierno y que por diferentes motivos había descuidado, consistente en recuperar algunas banderas levantadas desde hace años por grupos sociales ajenos a su dispositivo político y hacerlas suyas en base a un clivaje temporal: dictadura versus derechos humanos, neoliberalismo noventista versus distribucionismo de nuevo siglo. Esa es la línea invisible que une a la política de derechos humanos y el juicio a la Corte del 2003 con la ley de medios y la Asignación Universal del 2009, y que podría sumar este año una nueva norma regulatoria del sector financiero. En todo caso, el resultado ha sido el fortalecimiento de su (reducido) núcleo de apoyo: el kirchnerismo es hoy una minoría, pero una minoría intensa.”

Fede Vázquez, un amigo de la casa, anota una descripción semejante:

“Mi impresión es que en la misma medida que el gobierno logró contener a un tercio de la opinión pública dentro de sus márgenes, creció algo así como una militancia silvestre posmoderna. Incontenida, inorgánica, pero convencida. La minoría intensa que en otro momento histórico estaría reunidas en las unidades básicas o militando de alguna forma, asomó la cabeza. Desde el conflicto por las retenciones, la acción política kirchnerista terminó de despertar a ese “activo” social, aunque no le dio ningún canal de participación concreto.  Está ahí, en las fotos que pasa 678 cuando va al corte. Una masa electoralmente insignificante pero que por lejos constituye el núcleo politizado más grande de la Argentina. Porque, ¿que otro espacio político puede decir que tiene algo parecido? Ahí está otra de las demostraciones de que el kirchnerismo tiene algo para ofrecer al futuro del país: muchos, miles, creen. Algo de lo que no puede ufanarse ningún otro partido ni dirigente.”

Ambos se preguntan, desde sus gramáticas dispares, lo mismo: ¿servirá esta militancia como base o instrumento para (re) construir una nueva mayoría electoral? ¿Cuáles serían las condiciones para un nuevo romance entre gobierno y sociedad?

La respuesta no es fácil, y no creo, en lo personal, que descanse en un puñado de recetas de política pública, dura o blanda. Mi impresión, sin embargo, es que esta minoría intensa representa para el kirchnerismo algo mucho más importante que la -hoy- relativamente lejana posibilidad de ganar. Al contrario, representa el campo simbólico sobre el cual el oficialismo puede flotar en un eventual repliegue, un campo mínimo lo suficientemente alto como para volverlo alternativa de gobierno.

Lo otro -esto es, la reproducción política- aparece inevitablemente más complicado. En primer lugar, porque, a contrapelo de lo que se afirma, el kirchnerismo no sufrió en 2009 “una derrota táctica que impulsó un avance estratégico”, sino lo contrario: una derrota estratégica que no ha sido corregida por los eventuales contragolpes tácticos del oficialismo -ley de medios, reforma política, etc. El oficialismo sigue teniendo un desempeño insuficiente en los principales distritos, y su mayor fuerza reposa, hasta ahora, en la dispersión opositora.

La única medida que se anota en un registro estratégico -esto es, la AUH- sirve hasta ahora más para elevar el listón de la gobernabilidad poskirchnerista que como base política de una construcción popular. Y ello sucede, en buena medida, por los límites derivados de su propio diseño e implementación.

No en vano la oposición se regodea hoy en torno de los límites del “modelo K” por el lado del ANSES: sin una reforma fiscal que sustente su continuidad, ese flanco será débil tanto en el plano estructural como en el campo simbólico. Quienes apuntan a la contradicción de un sistema de seguridad social que se esmera en trabajar en todos los campos menos en aquel para el cual, en teoría, está específicamente diseñado, apuntan a la condición misma de trascendencia del modelo kirchnerista. Como señalaba, de nuevo, Federico Vázquez,

“La reestatización de los fondos jubilatorios -una medida a la medida de la crisis internacional y anunciada como respuesta a “un mundo que se caía”- fue la punta de lanza de lo que ojalá se termine plasmando como la nueva Convertibilidad, como el nuevo modelo (ahora sí, con legítimos padres K) de acumulación y distribución. Fue una batalla pacífica pero definitoria: desde ese momento el titular de la ANSES es un tipo que gestiona la seguridad social clásica, la asistencia alimentaria, la innovación educativa, la construcción de casas y hasta las inversiones de energía atómica. La toma de los fondos privados de pensión terminó creando la primera agencia de desarrollo argentino: la ANSES.

Mientras nos sigan comprando el aceite [...] y el empleo formal siga repuntando, el esquema es sólido. Pero también lo son sus limitaciones. La ecuación soja + trabajo en blanco se traduce en la recaudación del Estado como retenciones + más aportes de los mejores salarios en blanco, lo que termina dando una redistribución moderada del ingreso. Toscamente, de los sectores medios altos a los bajos. Esa es la rueda del desarrollo mientras no se toque la estructura tributaria regresiva, uno de los últimos bastiones del neoliberalismo.”

Ese es el aspecto del modelo en discusión en estos días. Como en momentos anteriores, lo mejor que puede hacer el gobierno es doblar la apuesta. Cierto, también es lo único que le queda por hacer. Habrá que esperar que la “casa” -esto es, la macroeconomía- aguante la temperatura, al menos, hasta 2011. Total, al paso que van, los opositores de hoy cercenan sus propias posibilidades de ser gobierno en el próximo lustro.

¿Y la juventud? Me olvidaba de ella. Creo que su mayor desafío de cara a la posibilidad de volverse actor de peso de la política nacional es, precisamente, superar su inorganicidad y empezar a encontrarse, a juntarse, en torno a épicas austeras, propias de la etapa, ajustadas a la relación de fuerzas. En otras palabras, para ser efectiva debe dejar de ser virtual.

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4 comentarios dejar un →
  1. 04/07/2010 21:14

    De dónde saca eso de las épicas módicas? Es un reconocimiento o una visión melancólica? Porque hay épicas o no las hay, según veo

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