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Macri, la derecha y el Estado.

27/06/2010

En estos días, la Ciudad de Buenos Aires vuelve a ser noticia de aquello que deberíamos considerar un moderno crimen de lesa humanidad. Por primera vez en cinco años, según informan medios diversos, el distrito con mayor PBI per cápita del país ve subir la mortalidad infantil.

La noticia, en realidad, sorprende poco a quienes hace tiempo venimos alertando sobre la orientación política del gobierno macrista, así como sobre su gestión práctica del presupuesto. No es un problema de plata -los fondos y los equipos están-, sino de decisión política. Y no puede tampoco decirse que esa decisión haya faltado. Al contrario, la decisión del macrismo en estos tres años consistió en desarmar lo existente, pieza por pieza, bajo la bandera del retorno de un Estado fuerte, al servicio de un proyecto excluyente.

Mi amigo Abel Fernández siempre cuestiona el modo restrictivo en que ejerzo el uso del término “derecha”, al menos respecto de sus tradiciones históricas, indudablemente más ricas. Tiene razón: hoy tenemos que pensar de nuevo qué quiere decir ser de derecha y qué ser de izquierda. Apropiándome temporalmente de la excelente definición de María Esperanza Casullo, diré aquí que derecha es “aquella fuerza política que de manera sistemática y sostenida en el tiempo, frente a cada diferendo referente a cuestiones públicas actúe en contra de los intereses de la parte más débil.”

Para que un acontecimiento puntual adquiera sentido, debemos siempre pensar las causas que lo generan, así como la serie o secuencia en que se inscribe. En este caso, podemos narrar la destrucción de los servicios de salud, la desinversión educativa, el uso autoritario de fuerzas parapoliciales para controlar el espacio público por medios gansgteriles, la ausencia de una política de vivienda -que, en verdad, se traduce en una política de desalojos y expulsiones-, etc.

Los acontecimientos puntuales son conocidos: bebés muertos por falta de insumos, ambulancias que nunca llegan a destino, bachilleratos populares sin sueldos y cursos cerrados que equivalen a escuelas enteras, establecimientos cuyos alumnos sufren la falta de los servicios básicos, como el gas, etc. Las protestas luego son criminalizadas, pero lo cierto es que no se trata de eventos puntuales, sino de un déficit estructural, provocado deliberadamente por quienes sólo conciben en el Estado a un defensor activo de sus intereses. No es un Estado ausente: es un Estado jodidamente presente el que puede cerrar escuelas y centros de salud justo allí donde más se necesitan, en el castigado sur de nuestra ciudad. Como señala Martín Rodríguez,

“Hacer invisible al estado (para un sector social) es una decisión que se toma todos los días, un sapo que se traga todos los días. Dejar de hacer cosas significa hacer muchas otras, y, entre ellas, esencialmente, las que puedan ocultar esa desaparición. No se puede instalar que el gobierno de Macri “no hace nada”, “hace la plancha”, etc. No, hace de todo, se rompe el culo, deja todo en la cancha, con tal de que desaparezcan políticas públicas y sociales.”

Por supuesto, siempre cabe preguntarse por las razones que obran en torno del consenso arrollador con que Macri llegó al gobierno de la Ciudad. Martín hace blanco en un punto indudablemente cierto, tal y como es el fracaso de las gestiones progresistas:

“El criterio “normalizador” hace pie en el fracaso de las gestiones progresistas que tornaron esa situación en permanente. Aquí aparece uno de los perfiles macristas mas claros: mostrar la ineficacia administrativa del pasado progresista, y oponerle a eso el peso de su nueva ley. Es el Estado recuperando al Estado. Cuando Macri decía: vamos a recuperar el Estado hablaba de esto. De esta fuerza. Porque Macri es el fin del Estado débil construido para los débiles [...] La recuperación del Estado que encabeza Macri está asociada a la capacidad de reconstruir una autoridad pública sobre los mas débiles: ese es el resultado de estos años [...] El macrismo avanzó sobre una cosecha de desencanto alrededor de lo que fueron las experiencias de gestión progresistas. ¿Tan malas fueron? ¿Tan malas para quiénes? Tan malas fueron, tan malas para quienes mas las necesitaban. Macri llega al poder con el consenso acerca de la ausencia del Estado. El consenso acerca de que se haga presente una fuerza de “arriba hacia abajo”. Porque el progresismo no reconstruyó un Estado benefactor, apenas amplió los márgenes para convivir entre los restos de ese viejo imperio y una energía cortoplacista de pequeños programas y direcciones construidas a la velocidad de la luz frente a las “nuevas realidades”. Surgía por ejemplo un programa para elaborar políticas alrededor de los cartoneros (al amparo de una nueva ley) y que reaccionaba frente a ellos con la misma sensibilidad de una ONG. Y con el mismo alcance.”

Aceptando, como señalé en otro momento, que se trata de un fenómeno más complejo que el mero fracaso de un determinado estilo de gestión, creo que Martín señala el límite más agudo de aquel modelo: las políticas públicas que no encarnan en los supuestos beneficiarios son, probablemente, las más fáciles de desarmar por el aventurerismo político que vemos campear en estos días. Los planes de contingencia que no se vuelven derechos sentidos como tales rara vez sobreviven al anochecer. Lamentablemente, Macri se está encargando de mostrarnos lo fácil y rápido que puede volverse cierto el aserto mencionado.

Ezequiel Meler,

Administrador.

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6 comentarios dejar un →
  1. 27/06/2010 12:48

    Primera vez que entro a tu blog.. es muy bueno… te pido permiso para extraer tu texto para postearlo en el m{io… (nombrando la fuente obvio)… Saludos

  2. 27/06/2010 14:05

    Lo esencial, Ezequiel, es, como escribís, que “No es un Estado ausente: es un Estado jodidamente presente”.
    Ahora bien, uno podría ponersee a pensar quién lee estos blogs. Lo digo porque, estando en general muy de acuerdo con lo que posteas, y subrayo eso porque no deseo ni tengo ganas de polemizar sobre lo que no se puede, me parece quizás excesivo atribuirle al Pro ese carácter que con más razón se le dio a Atila en cuanto a destruir todo lo que encontraba a su paso.
    Estamos de acuerdo en lo básico respecto del carácter del neoliberalismo empresarial o la gestión corporativa o como se la llame.
    Pero, pero, el Pro ganó las elecciones por varias razones y no solo x una. Teniendo en algún lugar, no sé dónde, las cifras correspondientes para fundamentar lo que diré, lo cierto es que las diferencias entre el sur y el norte en cuanto a educación y salud, por ejemplo, existieron SIEMPRE o al menos desde 1983 que es desde cuando llevo la cuenta. No es que el Pro destruyó un aparato idílico, sino que vino a reforzar lo que ya era natural. En cierto sentido, casi no veo diferencias entre una administración, ésta, y las anteriores. En la época de Ibarra, y mucho antes, en la de Saguier o Lastra, si uno comparaba cifras de pobreza con escolaridad y salud, había un continuo. Al sur de avenida Rivadavia, una cosa. Al norte, otra. Se cumplía lo de El Viejo Criado de Roberto Cossa. Al norte, 15 alumnos por aula. Al sur, 25. Y así.

  3. 27/06/2010 14:23

    Claro que la acentuó. No dije lo contrario y no tengo ningún problema (xq soy inimputable) de que el Pro es el Enemigo del Pueblo. Sólo marcaba que no hay un pasado idílico sino de fuertes asimetrías crónicas, lo que ya está diciendo algo.

    • 27/06/2010 14:30

      Jorge:

      Y ese es, políticamente, el fracaso de las gestiones mal llamadas progresistas, que hicieron lo que bien describe Martín en el texto: poner curitas, y no muchas. Ese es, también, el desafío de las fuerzas que quieran cambiar el tablero porteño, desde su presencia histórica en la zona sur. Algo que venimos conversando desde distintos ámbitos a partir de la recuperación territorial que comienza a notarse en el peronismo a partir del desembarco de las 62 Capital (con Alejandro Amor a la cabeza).

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