La política no conoce mundiales.
Mientras disfruto la goleada uruguaya frente al local, Sudáfrica, anoto mentalmente algunas de las noticias de una semana que no dejó de ser profundamente política.
1. Disidentes versus PRO.
El culebrón De Narváez – Macri, donde el primero acusó al segundo de “bipolar” y “derechoso”, para disculparse en menos de doce horas, puede ser también visto como el reflejo, algo torpe y adecuado a jugadores poco experimentados, de una limitación ya señalada por nosotros respecto del armado PRO: su problemática dimensión nacional.
Desde el 28 de junio, De Narváez ha hecho cabales esfuerzos para mostrarse cerca de los disidentes, y en colusión con su proyecto, y ha evitado, en cambio, toda referencia al futuro de Unión PRO como algo distinto del futuro del peronismo en general.
Una muestra de ello reside en las ofertas que en estos días deslizó el Colorado hacia mujeres fuertemente identificadas con el peronismo, como Hilda “Chiche” González de Duhalde y Graciela Camaño. Pero, para los disidentes como para el oficialismo, la figura del colombiano es un jarrón chino. Nadie sabe, a ciencia cierta, cuáles son sus intenciones y cuáles sus perspectivas. Y, para un peronismo que busca un eje de reordenamiento interno, De Narváez no deja de ser visto como un paracaidista.
Será por eso, tal vez, que primero Chiche, y luego Graciela Camaño, declinaron la generosa oferta del multimillonario diputado.
2. El ACyS.
Mientras tanto, en el rincón que se asume como no peronista, parecen consolidarse liderazgos concentrados en el objetivo de aglutinar, allí, una fuerza electoral de claro corte nacional. Nos referimos, claro, a la reiterada derrota del cobismo, esta vez en Neuquén, que puede anunciar una cascada imparable de reveses para el vice, y al claro triunfo, en las internas socialistas, de Rubén Giustiniani.
Los llamados de este último para agrandar la base política del ACyS, incluyendo sectores netamente identificados con la tradición progresista -como es el caso de Solanas-, y la impresión que deja su optimismo sobre el lugar que el socialismo puede ocupar en un frente de esa naturaleza aparecen, sin embargo, como contradictorios: a nuestro juicio, primero tocará decidir si se sostiene la alianza con el radicalismo -en la cual el PS ocupa un lugar subordinado- y sólo de negarse esa posibilidad, será posible pensar en una estrategia alternativa.
3. Noticias oficialistas.
En el oficialismo, mientras tanto, se van estrechando las filas. Todo parece indicar que el gobernador Scioli, que no viene precisamente en una buena performance, competirá por la reelección con el apoyo del grueso del partido y del sindicalismo peronista.
Al mismo tiempo, y en un claro reconocimiento de que no alcanza con el fifty – fifty, la CGT ha anunciado su intención de extender los patrones de agremiación tradicional al sector informal de la economía, y especialmente, a los trabajadores en negro -un aspecto que los gremios estatales vienen contemplando hace tiempo-.
Esto pasa, mientras esperamos por un nuevo triunfo del equipo de Maradona.
Ezequiel Meler,
Administrador.





Amigo Ezequiel: si el 50-50 no alcanza, estamos entrando de lleno en el socialismo del siglo XXI. No me haga asustar!!
Jorge:
El 50-50 era en una sociedad salarial, donde la población económicamente activa era un porcentaje altísimo del total, y la clase obrera tenía un nivel de homogeneidad social sin equivalente en América Latina, por la ausencia o relativa insignificancia de sectores marginales urbanos o rurales. Hoy, el cuadro de despoletarización, si bien parcialmente revertido, fuerza a buscar por ese lado la compensación que los gremios no tienen por el otro. Y además, fija pisos para la negociación salarial -estamos acostumbrados a pensarlo al revés, pero así también funciona, ojo-.
Abrazo,
Ezequiel
Pero que queres decir que no alcanza con el 50-50? Hay que ir al 70 para el trabajador en blanco o negro y 30 para los empresarios?
Si el nivel salarial negro no lo paga el privado, lo tiene que pagar el estado. Para eso hace falta mayor presion impositiva. Entonces, a que te referís? Porque si aumenta el negro, eso va a aumentar el piso del blanco, pero NO VA A DISMINUIR LA DISTANCIA ENTRE UNO Y OTRO
Jorge:
Me parece que ponés como homogéneo aquello que ya no lo es, ni lo volverá a ser. El “50-50″ era en una sociedad salarial, donde la población económicamente activa era un porcentaje altísimo del total, y la clase obrera tenía un nivel de homogeneidad social sin equivalente en América Latina, por la ausencia o relativa insignificancia de sectores marginales urbanos o rurales. Hoy, el cuadro de desproletarización, si bien parcialmente revertido, fuerza a buscar por ese lado la compensación que los gremios no tienen por el otro. Y además, fija pisos para la negociación salarial -estamos acostumbrados a pensarlo al revés, pero así también funciona, ojo-.
Yo hago eje en la eventualidad de que ciertos rasgos del mercado laboral, como la desproletarización y la informalidad, pueden haber llegado para quedarse. En esa medida, claro que quiero que el Estado, vía, por ejemplo, AUH, ponga la diferencia, pero también quiero consolidar a los que están adentro a través de una organización que les permita avanzar en el blanqueo. Y en el medio, reconozco que el vínculo salarial no llegará a todos y a todas: no ha llegado en más de ocho años de políticas inclusivas, y en el Primer Mundo previo a la crisis mundial -vg, Alemania-, ya era una quimera.
Dicho de otra manera:
Hoy, aquel 50 y 50 no es una perspectiva realista. Tenemos que pensar más allá de la PEA, porque tenemos sectores informales que antes no existian. En esa medida, sindicalizar a los trabajadores en negro fortalece a todo el movimiento obrero, y plantea un sustituto real a los llamados movimientos sociales. Pero no alcanza, y lo sabemos. Porque el mercado laboral ha cambiado más allá de lo que podemos revertir.
Abrazo,
EM
Muy bien. Entonces afine el lápiz y sume con qué porción del ingreso total se va a quedar esa suma de trabajadores en blanco mas trabajadores en negro. Tire una cifra, la actual y la deseada
Jorge:
La actual, efectivamente, ronda el 30%. La deseada, sin dudas, ronda el 50%.
Lo que me pregunto es si, de alcanzarse esos guarismos, habremos resuelto el problema social en la Argentina. Con el sector informal que tenemos, con la cantidad de personas que ni siquiera son alcanzadas o registradas por los mecanismos estatales, veo difícil que alcancemos aquellos niveles de integración de antaño. A eso me refería.
Un fuerte abrazo,
Ezequiel