Del Estado después de Kirchner: un intercambio con Luciano (1).
Hay que leer a Luciano. Su prosa, sus ideas, su certeza y su experiencia de gestión en el País del Infierno (Conurbano, 2002) lo acreditan como un tipo que sabe y entiende cosas que otros no.
Un ejemplo de esta calidad:
“Podemos, quizás, si queremos, adentrarnos en una valoración más compleja que exceda la que precariamente hacen el gobierno nacional y sus simpatizantes más duros cuando dicen que los 180 son una masa de guita que impacta positivamente en el consumo y en la economía nacional. Una mirada macro, lejana y autocomplaciente: la asignación por pendejo nacional vista como la solución del 80% del problema de la pobreza nacional y popular. [...] Prefiero pensar la asignación como un simple escalón dentro de la compleja trama de y hacia una ciudadanía social. Trama que no se teje con la sola dación en pago de una guita estatal sin intermediaciones: la gestualidad anti-clientelista de la que son devotos los Kirchner (Néstor, Cristina y Alicia) se consume realistamente en una antipolítica territorial bastante repudiable por el voto popular. [..]La política social del gobierno es fría, se hace con frío, con omisiones deliberadas que hacen que toda mención abstracta a la profundización del modelo suene como una cómica necrológica.”
Quien entienda que en las líneas citadas hay un adversario del gobierno o de la asignación universal, debería leer de nuevo. Porque lo que reclama Luciano es la médula misma de un programa de cambio: reorganización del entramado territorial desarmado por un lustro de políticas focalizadas, ajuste de la épica kirchnerista a una realidad social mucho más estable que sus representaciones progresistas, reconstrucción de un Estado que hoy ni siquiera está en condiciones de saber cómo operar cambios significativos en los sectores y en los lugares a los que ya no llega, etc.
Y eso, por supuesto, ligado a un reconocimiento de aquellos temas que la transición (2003 – 2007) no resolvió y que es hora de resolver mediante un proceso de cambio, que requiere de interpelaciones más amplias y de programas más ambiciosos: estabilización del poder adquisitivo, trabajo registrado, democratización del crédito en general y del crédito hipotecario en particular, profundización de la intervención pública en el mercado laboral, etc. Allí no hay, no puede haber, una diferencia sectaria: el planteo de Luciano toca el núcleo duro de los temas que el kirchnerismo ha venido evitando, porque no quiere o porque no sabe enfrentarlos. Y esos temas son precisamente los que le estallan diariamente en el rostro a nuestra militancia cotidiana.
Hagan un ejercicio. Vayan a una Básica del Conurbano a repetir que “a este proyecto político lo atacan mucho más por los aciertos que por los errores.” Allí les darán la lista de los errores, errores que no son de forma y que no se cometen en el Parlamento o frente a los medios. Errores de concepción -la destrucción de los núcleos territoriales que son la base de cualquier política pública transformadora-, y de ejecución -nómbrese aquí cualquier plan de infraestructura que agrade al lector-. Retrasos inexplicables, como el caso de la legislación laboral, esquemas distributivos que no se tocan -vg: reforma fiscal y tributaria-, etc.
La frase citada oculta un eje falso: la oposición puede responder a un esquema retórico de esa naturaleza, pero la población del Centro – Litoral (Santa Fe, Córdoba), los sectores pauperizados del conurbano, e incluso algunas provincias mal llamadas periféricas, responden con rechazo a los errores, no a los aciertos.
Por esas cosas es bueno tener a tipos como Luciano de este lado.
Ezequiel Meler,
Administrador.





Absolutamente de acuerdo. Ahora creo que hay q profundizar en el “Kircner no quiere o no puede”, habria que ir un poquito mas alla en el analisis, q ya de por si es muy incisivo.
Mauri:
Ojo, no digo que no quiere o no puede, digo que no sabe o no quiere. Primero, porque es obligación del gobernante hacerse del poder para afirmar sus decisiones más importantes, aquellas esenciales, tanto a su reproducción como a la recuperación social. Segundo, porque los proyectos están. Basta ver el laburo de Recalde sobre todo tipo de renta extraordinaria, o bien su insistencia en volver a la vieja ley de contratos laborales, para tomar conciencia de que dentro de la misma coalición existen los voceros del cambio necesario.
Porque si no, cuando aprobemos el matrimonio entre personas del mismo sexo, cuando avancemos en la implementación de la LSCA, etc., ¿qué pasa? ¿Se terminó el programa? ¿Salimos a decir que arreglamos todo?
El tema es volver a situar en la agenda lo esencial, que en este caso, no es invisible a los ojos.
Un abrazo,
EM
Tengo una pregunta ( llámese chicana si así lo quieren, pero la verdad es que mi intención es solo la de preguntar y ver si existe una respuesta concreta a mi duda).
Cómo piensan que el Kirchnerismo puede profundizar sus avances: estabilizar el poder adquisitivo, democratizar el crédito en general y el crédito hipotecario y muchas otros avances más si no existen realmente los recursos para hacerlo?
El Kirchnerismo tal vez no sepa o no quiera profundizar los cambios, eso no lo se, pero lo seguro es que NO va a PODER profundizar los cambios hasta que no existan recursos para redistribuir.
Estamos en una situación de superavit fiscal, está bien, pero las reservas se van en pagos de la deuda externa…
Los recursos que hay, no se utilizan para profundizar los avances de los que este post habla. Y por otro lado, hasta el momento no tenemos una fuente estable que nos suministre importantes recursos, el superavit puede no ser más que momentaneo; Cómo piensan que se puede profundizar los cambios sin recursos y sin una fuente importante de recursos?
Pablo L:
No se toma como chicana.
En primer lugar, pensá que muchos de los que escribimos y militamos en estos años del kirchnerismo lo hicimos con convicciones de mínima -por caso, la caracterización del Movimiento Evita sobre el gobierno de Néstor transitaba las categorías de “gobierno de transición” -es decir, no de cambio- y “gobierno en disputa”, para quedarse con la primera.
En pocas palabras, yo no creo que el kirchnerismo pueda tomar esta agenda y llevarla a la práctica. No tiene, como mínimo, las bases de sustentación. Pero si miramos las bases sociales y los proyectos que amanecen con su ocaso, desde los MMSS hasta la CNSP y la CTA, la cosa cambia.
Los recursos existen y el tema reservas no es un impedimento, al contrario. El gobierno tiene aprobado un presupuesto que lo autoriza a endeudarse por seis mil millones: eso ya está contemplado. El uso de reservas habilita ese monto, aproximado, para gasto público. Las organizaciones sociales más importantes han insistido en la necesidad de un fondo patriótico, la posición de Lozano es similar, y yo me conformo con que las provincias paguen sus salarios.
Y todo eso, sin tocar la matriz impositiva, que es el caballito de batalla, no sólo de P. Sur, sino de buena parte del arco oficialista, que entiende que ha llegado el momento.
El modelo económico de matriz diversificada ha experimentado dificultades derivadas de su dependencia de los precios de exportación de bienes que cada vez poseen más valor agregado, pero la perspectiva de precios es favorable, y, de nuevo, con el PBI más alto de la década, y uno de los más altos del continente, el problema no es el tamaño de la torta, sino cómo y quién la reparte.
Abrazo,
Ezequiel