Parlamento, disputa política y puja redistributiva: el esquivo legado de estos años (Primera Parte).
Recientemente, el compañero y amigo Abel Fernández marca una de las imposibilidades que han de trabar el surgimiento de interlocutores opositores dispuestos a sentarse de nuevo con el oficialismo en el Parlamento. A su juicio,
“La dirigencia política argentina avizora, necesariamente, la próxima batalla electoral. Todo lo que ellos hagan en los próximos meses, oficialistas y opositores, va a ser pensado principalmente con el posicionamiento electoral en mente. Esas son las reglas de juego de la democracia, aquí y en Japón.”
Indudablemente, en ese marco tan bien descrito, parece voluntarista esperar, como sugerí, que alguien tome consciencia de la dificultad funcional del esquema actual.
Abel tiene razón. Pero el planteo no se completa acá. El reciente fracaso de la Iglesia en sentar a los principales dirigentes empresarios y gremiales a los fines de redactar un documento sobre la pobreza ilustra otro punto, del que hemos hablado y conversado bastante: la incapacidad manifiesta de la oposición de presentar una propuesta económica y social se relaciona en proporción directa con la cantidad de actores corporativos que reclaman ajustes de modelo incompatibles con la etapa preelectoral -yo agregaría que son incompatibles también con la supervivencia de cualquier gobierno, incluso uno propio-.
Y no, no es para ponerse contento: el desajuste entre la propuesta kirchnerista y los deseos empresarios pone de relieve un aspecto de la disputa política mucho más profundo que aquel que transunta los medios masivos. Es, en el fondo, la pelea entre oficialismo y oposición dice muy poco de esa otra disputa, la disputa por la renta. Una disputa que la distancia entre los niveles inflacionarios y los balances empresarios irán convirtiendo en central en los años que vienen.
Ezequiel Meler,
Administrador.





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