Fuerzas Armadas, Estado y Proyecto Nacional.
El otro día hojeaba el libro de Ernesto López: El primer Perón. El militar antes que el político, publicado por Capital Intelectual en la colección “Los otros militares”. El libro en sí no me pareció significativo -no agrega nada a lo ya dicho-, pero la vocación de la colección me forzó a reflexionar un poco. Lo que sigue, en parte, es un correlato lógico de nuestros debates sobre el lugar de los setenta en la memoria del presente.
Creo que, en los últimos treinta años, buena parte del consenso social posible que alcanzamos sobre nuestro pasado descansó en una serie de omisiones de importancia, omisiones que los juicios por crímenes de lesa humanidad no resolvieron, y que es hora de encarar.
Una de esas omisiones alude al lugar de las Fuerzas Armadas en una sociedad democrática. Lugar, ciertamente, marginal y relegado, en parte por buenas razones, y en parte por otras que no lo son tanto.
Se ha vuelto jerga hablar de “golpes militares” en nuestra cultura, como si los levantamientos viniesen a quebrar escenarios perfectos y armónicos, o como si las querellas que nos separan a nosotros, los civiles, no tuviesen nada que ver con la irrupción militar en sí.
Sin embargo, una constatación elemental sugiere otra alternativa, a saber: los golpes militares fueron el instrumento para reemplazar un elenco de fuerzas de la sociedad civil, por otro elenco civil, preexistente, con intereses enfrentados frente al primero. Fueron, en definitiva, parte de nuestras contiendas, y no un medio externo a ellas.
No hubo un sólo golpe militar que diese por resultado un gabinete militar, y las políticas aplicadas desde los distintos gobiernos de facto siempre apuntaron a objetivos enraizados en determinados sectores de la sociedad civil. En ese sentido, el relato alfonsinista democracia versus dictadura, sencillamente, falla.
Existe otra razón para no confundir a las instituciones militares con sus representantes más cercanos, los autores materiales del plan de exterminio de 1976 -porque Menéndez fue eso: el verdadero enemigo, el más perdurable, era Martínez de Hoz-. Y esa razón puede y debe encontrarse en la trayectoria de la propia fuerza con anterioridad a la tragedia desatada desde arriba. Porque, creo, es necesario reconocer que el aporte militar a los aspectos positivos y modernos de nuestro país en la primera mitad del siglo XX fue innegable.
Veamos: fue un militar, Enrique Mosconi, el ideólogo y primer director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Fue otro militar, Manuel Savio, el primer director de Fabricaciones Militares y de SOMISA. ¿Se acuerdan del Pulqui? Bueno, un proyecto de esa naturaleza, producto de la inteligencia cordobesa, no hubiese sido posible sin la insistente prédica de hombres de armas como Mosconi y Savio.
Y hay muchos otros: para no nombrar al propio Perón, me quedo con Domingo Mercante, Juan José Valle, Jorge Carcagno y Bernardo Alberte. Estos hombres también son parte de la historia, no sólo de las Fuerzas Armadas, sino de la propia Argentina moderna. Se me dirá que son pocos, pero hicieron bastante.
Por si no alcanzara, existe todavía otro motivo para repensar las Fuerzas Armadas en una clave generacional distinta. Lo señala Tomás Aguerre:
“Tiene que haber, por mero razonamiento matemático, una incipiente nueva oficialidad que no estuvo en aquella y que no la comparte, un grupo de oficiales jóvenes que no tiene por qué recibir los cachetazos de una momento histórico que no vivió. Hay que laburar con esos, sin descuidar la cuestión de los Derechos Humanos, dando cuenta de que se trata de un poder del Estado democrático, con una cabeza civil.”
Es por estas cosas, antes que nada, que debemos repensar la clave estratégica de nuestras Fuerzas Armadas como un instrumento más de la construcción ya infinita de nuestro Estado y de nuestra Nación, liberados por completo de estupideces como ésta. El Ejército, y más en general nuestras Fuerzas Armadas, tienen funciones que cumplir -y que cumplen, aún si lisiadas por la escasa discusión que damos al respecto- en la defensa de nuestra soberanía, en la preservación de los recursos naturales del país -pienso, por ejemplo, en el Mar Argentino-, en el desarrollo de infraestructura y en el progreso tecnológico. No contra los vecinos, sino con ellos, pensando a su lado. Esto también es unidad latinoamericana.
Subsidiariamente, aunque no llego, como Martín Rodríguez, a postular la necesidad de un retorno del servicio militar como, entre otras cosas, remedio contra la desaparición de los sentidos colectivos, sí creo que debemos pensar el debate sobre las Fuerzas Armadas que queremos, el debate sobre su profesionalidad.
No es militarismo: es sentido común.
Ezequiel Meler,
Administrador.
Autor de la foto aquí.






Me recuerda un poco el reciente discurso presidencial en que se evocaron Savio y Mosconi. Claro que materialmente los militares actuales no son los de 40 años atrás, pero existen en toda institución siempre tradiciones. Y el tema es, creo, cuál de ellas impera en el presente; es decir, el problema no estaría en la institución sino en los ideales que pretende erigir y, por supuesto, los métodos que cree lícitos.
Saludos.
Ezequiel:
No entraré en la conclusión del artículo, quisiera formular unas observaciones sobre el desarrollo.
Yo diría que el Pulqui II fue un producto de la inteligencia de la Focke Wulf de Bremen con el grupo de Kurt Tank a la cabeza. Eso podría ser anecdótico, más importante es el hecho de que los militares mencionados tuvieron alguna deficiencia en la formación, en sus realciones o vaya a saber en qué. Ninguno impulsó una verdadera siderurgia. Tal vez habría que perdonar a Savio, pero no a Perón, Lucero, etc; ellos tuvieron la posibilidad de crear la gran siderurgia y no lo hicieron.
Los brasileños le dieron importancia. No me refiero al canje del alineamiento en la SGM por Volta Redonda, en rigor impulsado por Vargas y Aranha (incluso Itamar Tronca encuentra en los militares un factor de la inviabilidad de Volta Redonda). No obstante, hay un punto al que me he resistido hasta hace poco tiempo: la experiencia de la SGM hizo (o ayudó a hacer) la diferencia. No es lo mismo la mentalidad de militares que protagonizaron la guerra (los que observaron en el campo de batalla la importancia de la industria de base), que la mentalidad de militares de escritorio. Esta diferencia se encuentra en el apoyo a Kubitschek y en la falta de respaldo a Frondizi. Ya en los setenta las dictaduras lo mostraron acabadamente, mientras en Brasil los militares industrializaban, acá Videla, Viola y Cía. le entregaban la economía de Martínez de Hoz y su grupo, con la consecuente desindustrialización.
Yo dudaría de la supuesta mentalidad industrialista-desarrollista de nuestros militares. Me parece que no tuvieron una concepción acabada de la industria de base más allá de los discursos.
Un abrazo.
Fe de erratas:
Donde dice “Itamar Tronca” debe decir Ítalo Tronca.
Peter:
No escuché ni leí ese discurso, así que parece que estamos en sintonía presidencial automática.
En todo caso, si lo tenés a mano, poné un enlace y lo miro.
Respecto del problema de las tradiciones institucionales… bueno, también dependen de lo que pasa afuera. Unas FFAA sujetas al antimilitarismo de los primeros años kirchneristas no te van a mirar bien, y acudirán a aquellos que mejor expliquen ese presente. Pero la gestión Garré, con sus limitaciones, y gracias al buen laburo de tipos como López -que en gestión anduvo bien-, ha reorientado razonablemente bien a las instituciones militares, en uno de los mejores trabajos de gestión ministerial de esta etapa. Abrazo,
Emilio:
Touché. Es 100% cierto lo que comentás del Pulqui. Lo que quiero remarcar es que esa Argentina desarrollista que se ha vuelto el Parnaso de ciertos sectores (vg: películas y películas como Argentina Latente, discursos y discursos sobre la Fábrica de Aviones, etc.), omite deliberadamente a los militares. Nadie, ni por derecha ni por izquierda, parece querer reconocer que en esa Argentina los militares tuvieron mucho que ver y que hacer, desde Mosconi en adelante.
El texto saltea a Perón por las inevitables discusiones aparejadas, pero se ve que no fue muy inteligente de mi parte incluir a Mercante, Valle y Alberte… así es la vida. Esos son ejemplos cívicos más que ideológicos.
La discusión sobre industria pesada es difícil. Si bien el pensamiento militar industrialista aparece claro ya en los años veinte, su desarrollo bajo la etapa liberal estaba naturalmente limitado.
Distinto es el panorama en los años cuarenta, cuando ese pensamiento, tanto civil como militar, madura. El mundo de posguerra no estaba tan abierto a procesos como el propuesto por Savio -o, del lado civil, por Pinedo-. Las materias primas abundaban, pero no los compradores; los países europeos no tenían capacidad de pago ni en equipo ni en divisas convertibles, y EEUU mantenía una relación conflictiva con los gobiernos argentinos desde 1941. Mirando las actas del Consejo de Posguerra, creo que la concepción estaba, pero también había conciencia de las limitaciones inmediatas.
El caso brasileño, me permite dos observaciones. En primer lugar, siguiendo a Rapoport, creo que tuvieron menos beneficios de su alineamiento, sobre todo a partir del momento en que Argentina, en los cincuenta, cambia de política. Por otra parte, ese caso parece compararse mejor con la experiencia de Onganía que con la de Videla, que es resultado de ese fracaso, entre otras cosas. De todos modos, tu razonamiento es muy interesante. Lo voy a pensar un rato.
Un abrazo,
Ezequiel
Por eso me pasé a la escritura de poemas políticos: hay demasiados grosso escribiendo artículos en la blogósfera Nac & Pop. Muy buen texto, Ezequiel.
Comandante:
No es para tanto. Mientras más plumas, mejor. Abrazo
Peter:
Como estaba intrigado, me puse a buscar. Lo encontré, creo, acá. Es más celebratorio, pero la coincidencia es notable en algunos puntos. Lo mío lo venía pensando desde la entrada de Tomás en Arte Política, en una clave similar a la que plantea Emilio.
Ezequiel, muy bueno. Comparto.
Es muy interesante analizar a las FFAA en este sentido. Yo creo que hay que trabajar mucho, y en serio, para instalar el debate en cuanto a la importancia económica que podrían significar los aportes de las FFAA. En ese sentido, se me ocurre traer el ejemplo de EEUU, que aunque ellos se dedican casi con exclusividad a la industria armamentística, y por escala obviamente no es comparable con Argentina, han desarrollado avances tecnológicos que influyeron tremendamente en la estructura productiva americana en los últimos 100 años. Es por estas razones también que los yankis tienen el I+D más importante del planeta. No sé si alguien lo habrá medido alguna vez, pero estaría bueno tratar de estimar cuál es el peso de la industria militar en la productividal lograda por la economía americana.
¿Cuánto aportó el INTI acá en 60 años de historia?
Un abrazo
Es complicado el asunto. El miércoles en la plaza pensaba ya no tenemos que cantar más el que no salta es militar. Un himno que une, pero que ahora tenemos que diferenciar, no todos los milicos. Pensabamos con unos compañeros si las madres hubieran dicho “nuestros hijos fueron desaparecidos porque eran peronistas” hubieran tenido un apoyo de la concha de la lora. Quedaron mucho tiempo en el reductyo de la izquierda cultural, que no construye, puro testimonio. hoy que cambió la mano también cambia la visión sobre los milicos. Imaginensé que venga Chávez un 24 de marzo y le cantemos el que no salta es un militar.
Así que tenemos que pensar una canción que diga el que no salta es un militar antiindustrial.
Esas cosas tiene el kirchnerismo, repensar lo que está fijado.
Hasta la figura del desaparecido, cuando son encontrados sus restos, como le decimos?
abrazo
nacho
Que tal Ezequiel?
Totalmente de acuerdo. Las FFAA nunca lograron imponer sus políticas, sino las de otros grupos civiles (quizás un poco los del 43, pero hasta ahí). Siempre me llamó la atención que los militares del 76 se comieran ellos sólos el garrón de los juicios y el desprestigio sin siquiera jamás intentar arrastrar con ellos a todos los civiles que hicieron de “empujadores”. ¿Lealtad? ¿O realmente aun no se dan cuenta que los usaron de forros, de mano de obra para el trabajo sucio? Vaya uno a saber.
No estoy muy al tanto de la política hacia las FFAA de las gestiones K, exceptuando por las medidas que son de público conocimiento, pero creo que va siendo sabio tratar de despegar a la oficialidad jóven de lo que han hecho sus predecesores. No para “olvidar” en el sentido duhaldístico del término, sino para propiciar un acercamiento con la sociedad civil… por más historia que carguen en su espalda, a nivel Institución podrían ser un elemento muy útil para el país, como en los casos que mencionás.
Bien canalizadas, las FFAA pueden dar un gran aporte en la cosntrucción de un proyecto nacional, si se las entiende como la parte armada del pueblo.
Tengo una teoría, que no ayuda a hacer amigos la verdad, sobre la conscripción, pero ahi va. Sería una buena idea intentar reflotar -y claramente reformular- aquella institución, no para que un grupo de sádicos se descargue contra pibes indefensos, sino como instrumento de cohesión y formación social. Un amigo que es suizo me contaba que tuvo que hacer algo como un “servicio social obligatorio” (o algo así) y el elijió hacer un curso de bomberos y primeros auxilios. Pienso que sería muy útil hacer algo por el estilo, y las FFAA tienen infraestructura y capacidad para hacerlo, y no necesariamente tienen que ser actividades relacionadas con lo militar per se: montañismo, superviviencia en la naturaleza, trabajo en fábricas o campos, natación, primeros auxilios, manejo responsable de armas (porque no), conservación de recursos naturales, ni que hablar de dar asistencia en situaciones de desastre: logística, sanidad, educación. O el simplísimo hecho de destinar gente hacia lugares diferentes de su medio habitual, lugares que para muchísimos sería una utopía conocer ¿Cuantos argentinos hay que no conocen el mar, SU mar? Fomentar el conocimiento del país y de otras realidades distintas de las propias es constriuir soberanía.
Aparte hay otro plus: la conscripción fue una de las instituciones más “democráticas” que hubieron. A diferencia de la escuela, clubes, la iglesia, etc que se confroman en base a pertenencias más que nada de clase, en la conscripción caían todos en la volteada: el rico, el pobre, el peronista, el gorila, el católico y el musulman, y encima todos mezclados en un mismos cuartel (claro que siempre había prevendas y favoritismos, pero eran excepciones y a lo sumo te ayudaban con el destino o que no te verduguearan tanto, pero no mas que eso) . No se me ocurren en la actualidad instituciones de esa magnitud que tengan tal diversidad social.
No se si sea el tiempo este, no creo que tenga mucha aceptación y no tengo idea de cómo sacar los fondos, pero creo que es una idea a analizar en algun momento. No tiene nada que ver con el susanagimenismo de recuperar adictos ni mucho menos, sino de aprovechar una fenomenal (como le gusta decir a Lozano) capacidad ociosa para aportar a la integración social, el conocimiento del país, y el aprendizaje de actividades que no se lograría en el ambiente diario de una persona.
No se, es una idea. Yo por suerte zafé de la colimba, je.
Uh, me salió un choclazo, cuando empecé a ecribir pensé que 5 renglones bastaban. Poder de síntesis a Marzo.
Abrazo,
PD: Al respecto de la relación Estado – FFAA – geopolítica – soberanía, te recomiendo este discurso que Cristina dió en 2008, en la cena de camaradería, evento al que Nestor nunca fué y ella, creo que sabiamente, decidió ir y decir esto: http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=3592&Itemid=118. Es una joyita.
Klamar:
Concuerdo. En EEUU hasta los avances en zapatillas vienen de proyectos militares. Esta gestión ha avanzado bastante, pero todavía falta…
Un abrazo,
EM
Nacho:
Muy bueno el ejemplo de Chávez. Obviamente, hay que diferenciar. Los militares genocidas, sus adeptos y aquellos que mantienen sus doctrinas son enemigos de la democracia y de las FFAA. Abrazo,
EM
Javier:
Eso mismo lo charlábamos con Martín Rodríguez: las FFAA tienen una capacidad operativa inmensa, y en cierto punto, también una capacidad de aculturación muy grande. El SMO que pensó Dellepiane no era en modo alguno militarista, sino civilizatorio. Hay que caminar para ese lado, o por lo menos instalar la discusión. Por otra parte, unas FFAA modernas pueden pensarse desde muchas puntas que no son simplemente disparar un arma: justamente, es valioso pensarlas como servicios sociales.
Néstor nunca fue por ciertas circunstancias que rodearon su llegada al poder, circunstancias de las que no fue ajena la cúpula previa a Bendini, y la forma que tuvo de salir de ellas. Pero siempre marcó, en sus discursos, que el cerebro al que había que apuntar era Martínez de Hoz. Recién con Cristina este tema se fue acentuando, hasta llegar a la noción de “golpe cívico militar”.
Gracias por el material. Salúdeme a la patrona.
Un abrazo,
Ezequiel
Ezequiel:
Yo quiero enfatizar que el aporte al desarrollo de las FFAA en la posguerra es mucho menor de lo supuesto, la jerarquía estaba más interesada en equiparse rápido para igualar a Brasil (por Préstamo y Arriendo había recibido 332 millones de dólares) que en la industria de base. Argentina tenía para financiar su gran siderurgia en 1946-1949 antes de que se evaporaran 800 millones de dólares de las reservas (en 1942-1945 Volta Redonda necesitó solamente 50 millones de dólares), pero no lo hizo.
Comparto que no es conveniente (hasta es injusto) denostar por siempre a las FFAA, pero no sé hasta que punto la oficialidad joven se banca a una montonera en el ministerio, me parece que su inserción en el marco democrático es bastante compleja, están muy lejos de Mercante, Valle, etc. Abrazo.
Ezequiel: ve que alabás la gestión de Garré. Me gustaría saber que le ves de distinto.
Creo que tuvo alguna buena intención, motorizada por Montenegro, de propender a la llamada “conjuntez”, en lugar del individualismo de cada fuerza.
Sin embargo se ha quedado en espamos, y ha estado mas interesada en el revisionismo y la prosecución de algunas políticas como los temas de género, que suenan muy lindo pero aportan muy poquito para el desarrollo de lo militar.
Por ultimo te agrego que habiendo logrado algunos aumentos, de carácter nominal, en el presupuesto, el año pasado Defensa fue la jurisdicción mas castigada, con un 30% de reducción del mismo, sobre lo aprobado.
Eso no quita que ehaya algunos colaboradores de Garré muy lucidos y trbajadores, pero eso solo no alcanza.
Ezequiel:
Excelente post. Un tema que valdría la pena profundizar es la influencia y trascendencia de la línea “desarrollista” de las FFAA que representaba p.ej. el Gral. Guglialmelli en los ’60 y ’70. Y yo quiero recordar al Cnel. Enrique P. González y al Clte. Iraolagoitía, que hasta el ’55 fueron los responsables de convertir la Comisón Nacional de Energía Atómica en una institución de excelencia, superando el penoso “affaire Richter”. En lo cual colaboraron muchos científicos no peronistas y hasta antiperonistas.
Un abrazo.
Emilio:
En parte es cierto, pero el marco de la posguerra era otro. No obstante, hasta mediados de los sesenta encontrás militares desarrollistas en las fuerzas armadas. Y eso es interesante.
Holandés:
Acá nadie es alabado: leé más detenidamente. Si la gestión Garré fuese perfecta, y el lugar de las FFAA estuviese ya definido, el post sería innecesario. Yo le reconozco tres cosas: el ejercicio del control civil, el reconocimiento de la dimensión de las necesidades militares, y la reorientación estratégica de las fuerzas armadas. Fuera de ello, hay mucho por hacer, por no decir todo, y cuesta pensar que un presidente argentino destine fondos a equipos militares en estas circunstancias. No con encuestas como ésta dando vueltas.
http://sitemason.vanderbilt.edu/files/iQW4iA/I0827Do%20you%20trust%20your%20Armed%20Forces.pdf
Rafa:
Muy buen aporte, hay muchas historias así entre nuestros uniformados. Saludos.
Excelente post Ezequiel. Igualmente interesantes los comentarios.
Me gustaría agregar lo siguiente: para nosotros los politólogos la condición sine qua non de que haya políticas de Estado (del color que sea) es que haya “autonomía” de las instituciones, particularmente de la administración. Esto significa, en concreto, que hace falta que haya un cuerpo de funcionarios que tenga independencia relativa de sus condiciones de clase social de origen y que tengan una cohesión ideológica mínima como para formar objetivos para la administración del Estado.
Creo que lo que sería interesante es plantearnos esta hipótesis: la importancia de los militares en el siglo XX para la política argentina puede venir de que eran el único grupo al amparo del Estado de funcionarios de carrera, profesionales y con una institución capaz de darles fuerza por encima de sus pertenencias de clase.
De tener cierta validez este enunciado, habría que hacerse una pregunta que va mas allá de militares si/militares no. Si queremos políticas de Estado, ¿como hacemos para formar cuerpos de funcionarios de carrera, profesionales y autónomos que se mantengan, sin embargo, dentro de los principios democráticos de la política?
Un saludo.
Los militares son desarrollistas,la represa de Assuan la hizo Nasser,la reconstrucción chilena la encara el ejercito,aca somos especialistas en sociologia de todo sin ejecutar absolutamente nada.
Saludos.
Edgardo Arrivillaga.
Guillermo:
Muy buena pregunta. Es un equilibrio delicado.
De todos modos, el modelo profesionalista actual implica cero en materia de autonomía: no es el profesionalismo de los años de Agustín P. Justo, primero al frente del Ministerio de Guerra (presidencia de Alvear), y luego él mismo como presidente de la Nación.
Un abrazo,
Ezequiel.
Harry:
La frase “los militares son desarrollistas” me parece válida hasta fines de los sesenta: sostenerla respecto de la camada del PRN es más complicado. Pero el sentimiento desarrollista despierta de nuevo ¿no te parece? Pienso en CITEFA.
Saludos cordiales.
Ezequiel Meler.
Son desarrollistas,el mismo Martinez de Hoz que daba clase a los generales una vez a la semana no logró desmantelar las fabricas ni flexibilizar el empleo.El proceso tuvo una mezcla muy extraña de ultraliberales,nacionalistas genuinos y burocratas como siempre.
Creo que hay que reconstruir la herramienta militar y volver a activar la ley Richieri adaptada a la situacion actual.
El general que tenia mas claro el factor desarrollista era Guglialmelli,fue profesor mio pero solo quedaron algunos residuos de su pensamiento en el Centro de Estudios Internacionales de Rosario que dirigía el profesor Bologna.
Ellos me veian cuando yo revistaba en la Secyt-Conicet pero en Defensa estaba gente como Pereyra de Olazabal.Nada que hacer.
Cordialmente.
Edgardo Arrivillaga.