Ni unidos ni transversales, sino todo lo contrario.
Mientras viajaba ayer en mi habitual periplo por la entera ciudad, repasaba mentalmente algunas de las posturas expuestas en el post anterior, y que en buena medida se resumen en el título del texto actual. El argumento sería, más o menos, así.
Es indudable que Néstor Kirchner le pidió demasiado al PJ cuando lo colocó como base esencial y primaria para una construcción con libreto progresista. Los jefes comunales, los gobernadores, los propios sindicalistas, tuvieron que aprenderse un guión que se parecía poco, no sólo al que conocían de la década previa, sino al que codifica su entera experiencia política.
Y es que en rigor, el kirchnerismo, de haber existido, no les proponía ni la clásica apelación a la tarea sin fin de construir el Estado y agrandar la Nación (que muchos rápida y concretamente traducen en la secuencia esencial de toda gestión: trabajo -asfalto – vivienda – escuelas – hospitales, etc.), ni la más sectaria y menos probable construcción de un “partido de ideas” (esto último, en el mapa político argentino, hubiese sido especialmente curioso, por no decir divertido). Les proponía, antes bien, algo en el medio: obra pública con apelación al centro izquierda, derechos sociales como parte de los derechos humanos, gestión pragmática y eficiente con épica setentista.
Ahora bien, a la vista de la perdurable herencia dejada por la no menos curiosa combinación que realizó el menemismo para gobernar diez años y medio la Argentina, es también razonable pensar que un amplio sector de los cuadros dirigentes formados o sumados a esta experiencia han de mantener buena parte de la prédica kirchnerista, aún en caso de serios reveses electorales.
Porque, al fin y al cabo, esa prédica, aunque compleja, resultó en una de las fórmulas más exitosas de gestión de gobierno en nuestra historia reciente: crecimiento económico, una relativa distribución social, un aceptable nivel de recuperación productiva y empleo, revitalización de la militancia política -por no decir, de la política misma- y ocho años de gobierno. En suma, un país mejor, en una sociedad que difícilmente esté tan dispuesta a retroceder como algunos creen -de todos modos, pronto lo sabremos: yo también creo que “2011 es interesante, pero 2012 es más interesante“-.
Mientras tanto, tenemos esta situación: con el peronismo no alcanza, y éste a su vez se rebela. El progresismo no se decide a acompañar -básicamente, porque por el momento no es rentable- y los sectores de centro – derecha no logran articular una sesión parlamentaria. El gobierno, porque lo justo es justo, tampoco. Todos los sectores mencionados, y los otros también, van a la justicia a destrabar lo que por alguna misteriosa razón (torpeza, probablemente: seguro que ésto no es ideología) no logran arreglar en antecámaras. Y toda la mercadería queda a la vista -no es mucha, tampoco: lomo no se consigue…
Si bien el principal problema del peronismo no es ideológico, sino electoral, lo cierto es que las aguas están hoy muy divididas. Como señala Manuel Barge, “si el Kirchnerismo va con el libreto del Progresismo, y los Disidentes y Federales van con los de la Coalición Cívica; es inútil el debate, se perdió antes de comenzar.”
A diferencia de Manuel, sin embargo, yo no creo que una interpelación exitosa de la sociedad siga pasando por “hablar en peronista”. Hay mucha vida fuera de las estructuras, muchos votantes hoy no se identifican con ellas: aún cuando pueden seguir siendo deudores de las identidades políticas tradicionales, un discurso sectario no garantizaría la genial cohesión de otrora -que no ha de volver- y nos alejaría de las alianzas de clases que debemos pensar, así como de los desarrollos posibles. Es muy cómodo pensar que el futuro se arregla con una buena restauración, pero los marcos sociales no dan la impresión de soldar como lo hacían treinta años atrás.
En este sentido, cabe aclarar, como desagravio al compañero Omar Bojos, que si bien el autor de estas líneas adhiere a la necesidad de buscar algún correlato de apoyo entre los sectores medios -no necesariamente doctrinario, ya que nunca lo ha sido, y nosotros tampoco-, ese apoyo puede servir solamente como soporte adicional y -quién lo dice- elemento ganador en una constelación política donde la preocupación fundamental de quienes elaboran el proyecto nacional debe seguir siendo recuperar, proteger y preservar las bases sociales del voto peronista entre los sectores populares urbanos y rurales.
Un peronismo de clase media, como demuestra la experiencia del Frepaso y pronto lo harán otras, es un contrasentido: conduce al frentismo desparejo o a la absoluta claudicación proyectiva. A lo que debe tenderse es hacia una alianza de clases. Y en este punto, bueno es aclarar que tenemos que volver a pensar el problema de los entramados empresarios que puedan apoyar esta lógica política y este proyecto nacional -algo que intentó Fede Vázquez, por acá-.
En este sentido, la propuesta de sumar una “política blanca” sólo puede entenderse como soporte de otra “morocha”, en cuya máxima expresión reciente -a saber, la Asignación Universal por Hijo- debe buscarse la razón del inesperado repunte veraniego del kirchnerismo. Diría más: si pensamos a largo plazo -en este caso, el PT vuelve a ser un referente-, dadas las dificultades del desarollo en países que no terminan de abandonar su condición periférica, sólo una firme alianza entre sectores populares y sectores medios, bajo la dirección del Estado, puede reemplazar a los sujetos históricos ausentes -vg: empresariado argentino, burguesía nacional, etc.-
En síntesis, ni unidos -porque esa fórmula ni es posible, ni es deseable-, ni transversales -porque aquella otra, aunque perfecta en su cuarto de hora, no funcionó en el tiempo y es imposible reproducirla-. Tenemos que construir, con habilidad pero también con pragmatismo -y aquí los transversales que suspiran por Brasil poco ven de la política de alianzas de Lula, en especial en el Nordeste-, la fuerza del cambio en la Argentina. Una fuerza que debe nacer -o, al menos, aspirar a existir- en los barrios y en los sindicatos, en las provincias y en el conurbano, en las universidades y en los municipios.
Una fuerza tal ha de construirse con voluntad, ciertamente, pero también con los materiales que existen -en eso, no podemos ponernos muy exigentes–. Su ineludible punto de referencia será la experiencia kirchnerista, que debe verse menos como oportunidad perdida, y más como alternativa plausible a un escenario históricamente dado, sin por ello abandonar la vocación por el aprendizaje.
Ezequiel Meler,
Administrador.






Excelente artículo y, como brasileño, me parece muy adecuada la referencia a la experiencia brasileña. Argentina parece encontrarse frente a una posibilidad muy interesante de debatir un proceso de cambio histórico. En Brasil esto va a requerir, como mínimo, otra renovación electoral desde la misma izquierda.
Será porque en Argentina hay una clase media crítica históricamente consolidada y en Brasil esa esté emirgiendo recién ahora?
Excelente, Ezequiel. Mi primer impulso fue escribir “Firmo abajo”. Luego, reflexioné con más detenimiento, pero me parece relevante destacar mi primer impulso. Finalmente, suscribo esta versión de tu última frase:
Una fuerza tal ha de construirse con voluntad, ciertamente, pero también con los materiales que existen – en eso, no podemos ponernos muy exigentes. Su ineludible punto de referencia serán las experiencias peronistas, las del pasado, y la actual, que debe verse menos como oportunidad perdida, y más como alternativa plausible a un escenario históricamente dado, sin por ello abandonar la vocación por el aprendizaje. Tomando en cuenta que, por razones tanto doctrinarias como muy prácticas del nivel dirigente, se seguirá llamando peronismo.
Como verás, las modificaciones son pequeñas y muy precisas, basada en mi valuación de la experiencia histórica. Y la última frase está basada en mi anterior experiencia de político práctico.
Un abrazo
Marcelo:
Gracias. De hecho, el grueso de las clases medias históricamente consolidadas no son proclives a este gobierno, por lo que creo que nosotros también vamos a necesitar otra renovación.
Abel:
Gracias.
Ahora, yo firmo abajo. La enmienda se acepta, y así deberá leerse el texto. Un abrazo grande,
Ezequiel
Ezequiel:
Me parece que la gran clase media (urbana y rural) va detrás de la propaganda a granel que reparte a diario TN & Clarín. Es cuestión de que el grupo económico se ponga de acuerdo con un mesías apropiado, lo buscarán en el peronismo (Duhalde o Reutemann) o transarán con un no peronista (Cobos). Me parece que el 2011 tendrá una campaña mediática muy fuerte apuntada a la clase media, en donde el kirchnerismo no remota por más que les siga dando el oro y el moro (subsidios que mantienen bajas las tarifas, viajes baratos al exterior, compras en cuotas sin interés, etc). El fuerte de los K está en la asignación por hijos, en los convenios colectivos, es decir en las clases que pueden desenchufarse de la propaganda y ver la diferencia hecha por un gobierno que cada tanto tira algo para el pobrerío. Hay que convencerse de una vez por todas: el grueso de la clase media urbana y rural va detrás de la zanahoria massmediática, más cuando el gobierno se empecina en combates perdidos de entrada (la 125).
El peor escenario es un 2011 con el peronismo unificado bajo Duhalde o Reutemann, y aliado a TN & Clarín. En ese caso hasta soy capaz de votar a lilita.
Saludos.
Muy de acuerdo con los dos últimos post, en especial con los dos párrafos que cierran este, toda esa construcción debe hacerse desde abajo, partiendo de la experiencia kirchnerista y tratando de crecer en sindicatos, barrios, etc.
Algo que podría hacerse desde el gobierno para seguir mejorando la imagen luego de la asignación universal, sería preocuparse por implementar un buen plan de acceso a la vivienda. Eso apunta a la clase media baja y media-media, sería un punto intermedio entre la “política blanca” y la “morocha” si querés. Una de las frases que (con razón) se escuchan más en defensa del menemismo es “digan lo que digan, con el turco yo me compré la casita”. Es una de las pocas ventajas verdaderas que tuvieron los 90, respecto de la economía actual. Así como antes creía que lo que faltaba era algo del tipo de la asignación universal y ya está cumplido, ahora creo que lo fundamental es un plan que para mejorar ese rubro. Los planes que hizo hasta ahora el gobierno en ese sentido son muy deficientes. Saludos.
Muy bueno che, hay varias puntas para pensar y discutir.
Tiro: la idea de una política de clase media como subsidiaria de otra para los sectores populares me recuerda la fatal metáfora marxista de estructura y surpestructura. Porque en verdad, dada la reestucturación social pos76 y pos 91 ambos mundos están con márgenes confusos, y con dimensiones también alteradas (¿dónde termina el imaginario político “blanco”?dónde el otro?, si el “blanco” es hoy un discurso está articulado desde las usinas mediáticas, no hay una hegemonía de éste en sectores que seguimos queriendo pensar en términos culturales peronistas?, ¿De nervaez ganó agitando el escudo? y así). A mi modesto entender, el gobierno tuvo la mala idea de pedirle demasiadas cosas al PJ. Pero atenti: ese “demasiado” fue luego del famoso recueste sobre el partido. Ahí está el problema: cuando el kirchnerismo se hizo PJ y nada más, llevó sus molestos guiños setentistas de la transversalidad al conurbano. Y ahí empezó el resquebrajamiento. La fórmula exitosa era: obras para los intendentes, juicios para la centroizquierda. A los intendentes ya les costaba hacer las obras, y ahora le piden que lo hagan en nombre de Rodolfo Walsh, too much. Pero lo hecho, hecho está. El juego se sigue angostando porque ahora es un todo o nada a la interna. ¿Será sencillo volcar a votantes de sectores medios (digamos el voto 678 y su inverso de injerencia social, cultural, etc) en una interna del PJ? Si ese voto no está, cómo va a ser la disputa (bajo qué simbólica) en los territorios bonaerenses? Una pesadilla posible: Néstor colgado del escudo, de la marcha, de los intendentes, de los ladrillos de bosta para armar la casa de todos, perdiendo frente a un colombiano que llama a doña rosa a que vote -aunque no le guste- en la interna de ese partido, sin liturgia, siendo menos peronista, poniendo toda la fé en “la gente” contra “el aparato”.
Fede:
Tu comentario me recuerda al clásico debate de la sociología, entre clase de pertenencia y clase de referencia. Lo cierto, sin embargo, es que hay dos mundos muy distintos. En uno pueden ganar Sabbatella, Pino, Macri, Filmus, etc. En el otro, no. De hecho, Sabatella se viene a la Capital en persona porque sabe que, en la PBA, de lo que sacó no pasa. Y la razón de esto es la vigencia del peronismo. Necesita otro Morón, y demográfica y socialmente, eso es la CABA.
La autonomía de los estratos más bajos, con su propia cultura y pautas de consumo (hablamos desde sectores marginales hasta obreros bajo convenio, agremiados de ser posible) respecto de los sectores, por ejemplo, medios urbanos -pude decir también “rurales”, y entonces entraríamos en un tercer fenómeno: el reclamo chacarero, que es también un reclamo de clase media- es tan real como lo es vivecersa. Por ende, no te alcanza con una, sino que necesitás las dos interpelaciones: la rubia y la morocha, digamos, estilizando
Respecto de la teoría del “recueste”, que sigo viendo en los términos de siempre, te contesto con una cita al compañero Artemio López:
“Las críticas al “recostarse en el PJ” del kirchnerismo por parte de cierta progresía hoy desilusionada , desconoce que el kirchnerismo ab initio fue una experiencia “recostada” en el PJ, es en todo caso una modalidad histórico concreta diferente a las anteriores de “recostarse” en el PJ, pero es puro PJ, en y desde sus orígenes.”
Entonces, el “demasiado” puede haberse notado en términos patéticos hacia, digamos, 2007, pero estaba presente con anterioridad en el propio armado. ¿Quién gana 2005 en la PBA, con qué margen y con qué discurso? ¿Qué estructura banca ese discurso, en aquel momento en su apoteosis?
Por otra parte, vuelvo a marcar otra diferencia: el recostarse es producto del declive, que se ve acompañado, naturalmente, por la merma de socios de centro – izquierda. Es la propia Transversalidad la que falla: funcionaría con un gobierno diez puntos más arriba -LDS no se te va-, pero no se banca un 2008.
Aparte, lo de FDN. No es un fenómeno simple: junta muchas cosas, desde el antikirchnerismo peronista hasta el antiperonista, y desde el voto esperanza hasta el voto útil, etc. Pero, ojo que De Narváez agita el escudito, pero poquito. No tiene sindicatos, no tiene intendentes… se parece muy poco a los productos de ese escudito, incluso a los peores. Te concedo que muerde en ambos sectores, o que lo hizo. Mi impresión es que él, particularmente, no llega de nuevo. Pero si llegó él… ese es el tema, me parece. Si ponés a un payaso y te gana, te puede ganar cualquiera: ese es el peor legado del 28 J. En tus términos, ¿me podés explicar por qué ni un sólo intendente se pasó a FDN? Ni siquiera Bruera y Massa, que ahora están volviendo.
“La gente” le puede ganar al aparato una elección real, no una interna. Pruebas de ello son las internas Chacho versus Bordón, o Fernández Meijide versus De la Rúa: sin aparato, vas muerto. El Colo, que tampoco tiene la habilitación, lo sabe: está jugando al plan “me dicen que no y voy por afuera por la PBA”. Nuestro problema: ni por afuera ni por adentro tenemos un candidato sólido en la PBA. Y eso es grave para el peronismo: porque perder la presidencia es anecdótico, pero perder la Provincia es una catástrofe inenarrable.
Me quedó colgado algo: el tema de las primacías. ¿Porqué la política blanca debiera funcionar como soporte de la morocha? Se me ocurren varias razones:
a) Porque hemos resistido mejor en los sectores más vulnerables que en los sectores medios.
b) Porque el repunte electoral que marca La Nación (cinco puntos como mínimo desde diciembre, tanto en Néstor como en Cristina, mientras caen todas las figuras opositoras) es producto liso y llano, no de nuestros aciertos “blancos”, que no los hubo este verano siniestro, sino de los morochos (asignación universal).
c) Porque las identidades, pese a todo lo dicho en su contra, existen, y la realidad nos está marcando que los dos grandes conglomerados a enfrentarse en las nacionales de 2011 se parecen cada vez más al PJ y a la UCR, más aliados que son históricos en el segundo caso, aunque no tanto en el primero. Esto tiene su contraparte en la data que tenemos en las provincias, donde el enemigo a vencer es, cada vez más claramente, el radicalismo.
d) Porque quienes decimos esto somos peronistas, y creemos que la bandera de la justicia social es un aspecto innegociable de nuestra identidad, que la representación de los sectores más castigados, los más humildes, etc., es un deber prioritario.
e) Porque esos sectores son, númericamente hablando, más.
f) Todas las anteriores.
La seguimos, abrazo,
EM
Post Scriptum:
Creo que acá, de fondo, se encuentran menos dos visiones del proceso argentino que dos concepciones de la política en estos tiempos “líquidos”. Por un lado, esquemáticamente, están los que piensan que cualquier experiencia popular de cambio a escala, medianamente perdurable -Lula, Evo, Correa, Chávez, etc.- requiere de sectores populares organizados en estructuras determinadas, con una cierta identidad y un determinado liderazgo orgánico. Por el otro, quienes, basados en las diferencias que frente a esas sociedades ostenta la Argentina, están quienes siguen de algún modo el axioma mediático del Chacho (vg: “quince minutos de TV…”), y consideran que un apoyo sólido de clase media garantiza lo necesario para una sintonía perfecta con las mayorías. En el fondo, en el caso argentino, éstos últimos confían en el rol de clase de referencia de los sectores medios. No digo que vos seas uno y yo otro, pero me parece que habría que buscar algo en el medio, sin renunciar a buscar lo primero.
Abrazo,
EM
Empezás con una lista de nombres que no podrían ganar en PBA, con la cual concuerdo, salvo el caso de Macri. Pero te preguntaría, por qué De Narváez no está en esa misa lista. Y respondo: porque ganó el 28.
Si no, lo pondrías también como ejemplo de candidatura mediática que no puede erosionar el mundo del conurbano. Creo que ya no son dos mundos disímiles. que existen diferencias y se arrastran historias de pertenencia social diversa, concuerdo. Pero el propio triunfo del colo es una muestra concreta y real de que eso está en crisis. Tampoco me parece válido decir que ganó porque “agitó un poco el escudito”, porque entonces tendríamos que creer que los poderes simbólicos del peronismo no sólo no están en crisis, sino que están en su mejor momento. Y creo que acordamos que están en retroceso.
Tampoco quiero entrar en la onda “el peronismo murió, no murió, etc”, un poco pasada de moda, al menos en los esquemas en que lo discutíamos, y nos equivocábamos, en los 90/00.
Lo que dice Artemio, lo leí en su blog, me parece que tiene un error importante: ¿kirchner entre 2003 y 2005 gobernó gracias al PJ? O por una construcción veloz, mayoritaria pero endeble con amplios sectores sociales. La relación política fundamental en esos años fue presidente-ciudadanía. Poco o nada mediada por la corporación política restante (Pj y otros)
El análisis del recueste omite este aspecto, a mi modo de ver escencial, y crea una línea continua dónde el PJ aparece como garante sine qua non de cualquier gobernabilidad (Menem, kirchner, reutemmann, etc) Cuando en verdad, hay que tener en cuenta que, desde Menem para acá, el peronismo es el socio menor de otro proyecto político. La UCEDE y liberales extremos durante el menemismo, un progresismo nac and pop durante el kirchnerismo. A medida que el gobierno empieza a tener problemas de legitimidad social (2007-2009) comienza a apelar cada vez más a la simbólica peronista y a acrecentar los lazos políticos con la realpolitik correspondiente. Y, en el marco que tenemos ahora, está muy bien. Pero no hay que hacer de la necesidad virtud. La peronización es producto del achique, de la mengua de la alianza política y social que se juntó en los comienzos. Y de seguir así, sin chances de ser mayoría.
En estas internas, con el grado de politización y división que se generó en estos años, y con el dato no menor de que no se configuran padrones partidarios…no estoy para nada seguro de que se gane con los aparatos.
PD: Ojo al piojo, la Asignación Universal no es una política parida de la construcción con los sectores populares, ni con sus organizaciones, ni con los intendentes, etc. Si no desde las entrañas del pensamiento progresista, aún del más republicano y choto: carrió. Ojo. Y es por eso, una de las pocas medidas que tienden los puentes para reconstruir en algo la alianza social inicial. Los efectos políticos de la asignación operan en dos sentidos: legitima por abajo, en los propios beneficiarios, como por el medio Porque es una medida “no clientelista”, que otorga un derecho sin contraprestación, etc. Y por eso mismo desapareció de los medios, salvo ahora para decir que se está diluyendo por la inflación.
Fede:
Lo bueno de estos intercambios es que reactualizan preguntas. Por ejemplo: ¿es concebible un esfuerzo de transformación real de la Argentina sin una estructuración orgánica de los estratos bajos? ¿Es posible el desarrollo del país en condiciones en que, como sabiamente marcaste, “no hay Sr. Whirpool“? ¿Lo es de otra manera que no incluya en la ecuación una alianza social motorizada desde el Estado? Preguntas que, en el fondo, responden los procesos latinoamericanos, según como se interprete cada uno.
Yo me quedo con una pregunta esencial: ¿es perdurable una “construcción veloz con amplios sectores sociales”? No ya por el tema de los antagonismos distributivos, que los hay, por los procesos de nivelación, etc., sino por esa idea de que puede existir -y perdurar- una “relación política fundamental presidente-ciudadanía”, sin mediaciones de ningún orden. Porque eso, y no otra cosa, fue lo que llamamos Transversalidad: una imagen positiva. Punto. Saldo organizativo: cero. En el medio, el sostén concreto de la gestión fue el PJ. Y cuando bajó la marea de la imagen positiva, fue lo único que quedó.
Ahora, a las respuestas.
1) No, no lo pongo en la lista a FDN, porque no podría volver a ganar. Como te dije, FDN fue el fruto de muchas cosas: antikirchnerismo peronista, antikirchnerismo no peronista, campaña mediática, voto de sectores medios, erosión por inflación de los ingresos de los sectores populares, etc. Pero su triunfo tiene dos claves que me parece que no son estimadas correctamente en tu análisis: el voto útil del sector agropecuario tras el conflicto de 2008, y la capacidad de Solá -que hoy por hoy ya no sería segundón- de explotar nuestras contradicciones en la gestión de la PBA. Porque la exigua diferencia que obtuvimos en los tres cordones se explica menos por traiciones como por un corrimiento de la propia base en el área de nuestra mayor fuerza relativa (he escuchado, en varios plenarios del Evita, la frase “Con Solá estábamos mejor…”, y la organización no tiene con qué contestar esa verdad elemental). Esa es mi referencia al uso menor del escudito.
2) Concuerdo en el tema de los socios, no en su fuerza relativa. En ambos casos, el socio principal era el PJ (el siniestro “aparato”), mientras que las fuerzas asociadas ponían las ideas, los ideólogos, y algunos cuadros dirigentes. Y todavía agregaría: es mucho más homogéneo y concreto el proyecto de la UCEDE que la difusa referencia a un socio progre. ¿Quién sería? ¿Ibarra, salvado por Kirchner? ¿Los LDS, que crecieron con los planes de Duhalde? ¿La CTA, a la que seguimos esperando?
3) Concuerdo con esta frase…
“La peronización es producto del achique, de la mengua de la alianza política y social que se juntó en los comienzos. Y de seguir así, sin chances de ser mayoría.”
…Pero aclaro que
a) En 2007 no ganó la Transversalidad, ganó el PJ.
b) Más importante: ese proceso estaba destinado a suceder, en la medida en que no había mediaciones que organizaran las fuerzas de los sectores populares. Viejo adagio peronista: sólo la organización vence al tiempo.
3) En los dos casos que mencioné tampoco se configuraron padrones partidarios, sencillamente porque las terceras vías raramente los tienen. Son casos de internas abiertas. Concedo que las circunstancias son disímiles, pero en Fernández Meijide – De La Rúa, todos sabíamos que estábamos eligiendo presidente.
4) De nombre, “asignación universal” suena a proyecto progresista. Pero la implementación (vg: trabajadores en negro y desocupados) desmiente esa rápida afirmación. El proyecto elegido fue el de Recalde, insospechable de progresismo, salvo que reflotemos la discusión sobre izquierda y derecha en el peronismo…
Te envío un fuerte abrazo.
Ezequiel
A ver, no estoy diciendo que la alianza esquiva y endeble con los sectores medios sea la brújula para todo, ni mucho menos. Pero veo repetido en tu análisis la palabra organización. Que serviría como balsa de la cual agarrarse para sostenerse en medio de la marea. Pensándolo desde una orgánica (como puede ser que lo estés pensando vos) eso es casi un axioma, una necesidad cotidiana. Pero pertenece a la necesidad de un circulo hoy muy minoritario de la población. El problema político de un gobierno nacional en la Argentina de 2010 no pasa por ahí. Pasa por construir un consenso social lo más amplio posible que te permita seguir siendo gobierno. En términos mediáticos (indec, por ejemplo) y reales (inflación, por ejemplo)
Claro que cuanto más organizado estén los sectores populares, más chances de resistir se tendrá. Pero eso, o es un proceso veloz con mucha decisión desde el Estado (Chávez ordenando batallones en la Plaza ante 100,000 personas) o una construcción de décadas como puede ser el PT o el FA. Acá no estamos ni en uno, ni en otro caso. No digo que no sería necesario, digo que no tenemos ni esa decisión de los conductores (que no pasan de dar una venia y otorgar espacios gubernamentales menores a los dirigentes de los MMSS, lo cual es bastante sabio viendo algunos rendimientos y lealtades) ni los tiempos uruguayos o brasileños.
El PJ como representante de los más humildes es una novedad del 2003, ante lo cual, cabe preguntarse por la sobrevida de eso una vez concluida la etapa kirchnerista. ¿Hubo, al menos, un cambio sustancial en el partido como para que podamos pensar que la reconfiguración a la que lo sometió el menemismo (y antes también) se modificó? Ojo, no estoy diciendo que está mal estar adentro, ni afuera, ni al costado. Pero de nuevo, no hagamos de la necesidad virtud. Si el PJ es la única carpa dónde abrigarse, no te quedan muchas opciones. Pero de ahí a plantearlo como una herramienta de acumulación política de los sectores subalternos, no sé, tengo mis dudas.
Si FDN se junta con Reutemann, lo ves igual? Las características particulares de la elección que anotás están muy bien, pero no veo serias dificultades de que se refloten o mantengan. xj: el voto agropecuario chacarero, no creo que vuelva, y no creo que deje de pensarse utilitariamente.
De las preguntas que te hacés al comienzo, creo que compartimos las respuestas, pero no creo que de acá al 2011 sean el momento de plantearlas. Faltan menos de dos años, hay que juntar imagen positiva y votos, y si hay 4 años más, a poner la pelota abajo del zapato y repensar algunas cosas.
azobra.
Emilio:
Yo no creo que las circunstancias sean tan dramáticas. Nosotros tenemos un límite de cierre: nuestro electorado (al que todavía tenemos, me refiero) no vota cualquier candidato. Esa presión volteó el arreglo K – Reutemann, que era un hecho, y le está dando dolores de cabeza a Scioli.
Abrazo,
EM
Sergio:
En verdad, esta construcción está en marcha. Por ejemplo, el Plan de Cooperativas Argentina Trabaja es, en buena medida, un plan de vivienda. En el conurbano, Scioli, independientemente de lo que uno pueda pensar -y yo pienso altamente bien de él, sobre todo después de 2008 – 2009- tiene planes muy buenos. En las provincias, el panorama es más variado, pero similar.
Lo que puede estar faltando absolutamente son créditos reales para el acceso a la vivienda, créditos hipotecarios, por ejemplo. Un tipo de acceso que casualmente no es muy popular en el planeta, al menos hoy por hoy. Mi impresión es que el beneficio de la salida definitiva del default marginal nos puede ayudara a reinsertanos cuando pase el chubasco, no ahora.
El límite de cualquier Plan Nacional, insisto, son las provincias. Si lo financia Nación, quieren saber con qué -porque la coparticipación está en un piso histórico porcentual muy bajo-.
Abrazo,
EM