Saltar al contenido

Gobernabilidad y sociedad: revisitando el 19 y 20 de diciembre.

15/03/2010

“El pueblo no debería temer al gobierno, el gobierno debería temer al pueblo.”

Hugo Weaving, en “V de Vendetta”.

Ayer miraba de reojo el programa de Nara Ferragut (linda, la morocha, ¿no Pepe?) que, desde C5N, se dedica a revisar el pasado reciente, bajo la provocadora pregunta ¿donde estabas cuando? El episodio de ayer se resumía en una continuidad que ya avanzaba en la explicación: ¿dónde estabas cuando nos robaron nuestros ahorros?

Ok.

Formato berreta, invitados en su mayoría sin mucho que decir -y su silencio hubiese ayudado a mi salud: digo, ¿qué tenía Baiano para decir sobre el tema? El show pasaba por las imágenes documentales, y de vez en cuando lo devolvía a la realidad el análisis agudo de los tres únicos invitados capaces de enhebrar una idea: Graciela Römer, Enrique Carlos Vázquez y Rosendo Fraga. Que tiraron varias buenas ideas, por cierto.

Y me quedé pensando.

Yo había leído, hace tiempo, este texto de Tomás. Algo me hacía ruido. Lo encontraba reductivo, muy apegado al cómo y al “así debería ser”, poco flexible y un toque irreal. Porque, ojo, a mí también me resulta preferible, digamos, un escenario así:

“Una clase política profesional, unos mecanismos institucionales más o menos burocratizados, algunos ciertos partidos que canalicen las reivindicaciones sociales, unos factores de poder tratando de incidir, con el contrapeso de la política tratando de contener esos poderes, y con la participación popular en la calle, claro, en determinados momentos y lugares. Muy conservador, muy burgués todo. Es lo más democrático que conozco, y es lo más alejado a diciembre de 2001 que puedo pensar.Y donde me siento cómodo: en, digamos, un orden democrático estable y canalizado a través de instituciones.”

Claro, ¿quién no lo preferiría? Tomás responde a esa pregunta: un trosco, un chino (PCR), en suma -él no lo dice, lo digo yo- un salame. Y yo puedo llegar a coincidir.

Y también, sobre todo, acuerdo en su párrafo esencial:

“Fue, por suerte, la clase política, deslegitimada, cuestionada y vilipendiada por la sociedad civil, la que pegó el volantazo, la que sacó al país fuera de ese error de seguir cuestionando las formas cuando, en realidad, el problema era todo el fondo. Si la respuesta de la Sociedad Civil al 2001 fueron las asambleas barriales, los cacerolazos y el “que se vayan todos”, la respuesta de la Clase Política fue la transición de De la Rúa a Duhalde, con todos los problemas “de forma” en el medio (los 5 presidentes en una semana, Chapadmalal, etc.), pero con el diagnóstico claro “de fondo”: había que recuperar la política y los políticos porque había, en definitiva, que cambiar el rumbo de un modelo agotado. Y esa tarea no la llevarían a cabo ni los piquetes ni las cacerolas.”

Con todo, muchas cosas me separan del análisis de Tomás. La primera estriba en la supresión analítica del estallido social que opera en su narrativa: el 19 y 20 se reduce al 20, y el 20 a las asambleas de Caballito y al “Chorros, chorros chorros…” En pocas palabras, el componente “cacerolas”. Y no es tan así. En primer lugar, porque es indisputable que el 20 es consecuencia del 19, y que el 19 es consecuencia, ante todo, de un quiebre en el orden social, cristalizado en los saqueos.

Algunos pensaron entonces, y otros siguen pensando, que esos saqueos fueron armados. Me remito a lo que señaló Fraga en el programa de la morocha Ferragut: bancarización trae iliquidez, iliquidez golpea los bolsillos de los más humildes, y entonces sucede lo previsible, el motín popular. O, más elaborado, en la mirada de Norma Giarraca,

“Si aceptáramos por un momento la teoría conspirativa que nos proponen algunos dirigentes, el gobierno de la Alianza se equivocó de adversario y endureció su estrategia represiva para masacrar a la población en vez de enfrentar con firmeza y decisión a quienes, supuestamente, conspiraban contra él. Las conspiraciones no sacan multitudes a la calle que sustraen a los políticos del espacio público; no sacan miles de personas ocupando plazas, calles, exigiendo honestidad, derechos, nuevos modos de hacer política o administrar justicia. Calles y plazas llenas de poblaciones recuperando el poder instituyente, sin políticos mesiánicos, sin dirigentes corporativos ni medios de comunicación convocando, no suelen ser productos de conspiraciones palaciegas y más bien suelen representar fenómenos transitorios de alta significación política que los dirigentes no debieran subestimar o tratar con cinismo. Los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre necesitan reflexión.”

En segundo lugar, Tomás equivoca el análisis cuando concluye que en su texto “hay una reivindicación, en un momento de la Historia, de la clase política por sobre la sociedad civil”. Porque no son categorías estancadas, sino interrelacionadas -como todo principio analítico-. Porque, además, la sociedad política estaba limitada de hecho por la sociedad civil “movilizada”. Porque reprimir no era una opción. Y porque la brillantez presunta de esos dirigentes también puede probarse al revés: necesitaron ese terremoto social para virar hacia una gobernabilidad socialmente posible: el kirchnerismo.

Por último, creo que Tomás, que no deja por ello de ser la mejor pluma en circulación, omite el trasfondo material del conflicto, y con él pierde de vista el proceso histórico concreto que llevó a ese conflicto. Y eso, amigos politólogos, no debe hacerse. No si quieren entender los fenómenos sociales, que son siempre totales. No hay gobernabilidad posible con determinados niveles de pobreza y exclusión, no cuando el hambre aprieta tanto: ahí hay (ya) represión y fracaso.

No hay gobernabilidad posible cuando todas las instituciones que debieran defenderte te fallan: el PEN, que decreta un estado de sitio más allá de sus facultades, la Justicia, que no lo detiene, el Parlamento, que se paraliza. Y la policía, que mientras tanto inicia su masacre al grito de “Viva el Estado de Sitio”. Cuando las instituciones te fallan, es la Constitución de la Nación Argentina la que exige (artículos 21º y, sobre todo, 36º) que te levantes en su defensa. Y si no lo hiciera, las circunstancias sociales reseñadas le pasarían por arriba.

No siempre hay una institucionalidad a mano. La política -Tomás lo sabe y lo aclara- también es entender esto. Las grandes insurrecciones del siglo XX argentino, desde la Semana Trágica hasta el Cordobazo, fueron ante todo actos políticos. Tenemos problemas identificando el sujeto, ese es otro asunto. Pero no podemos quitarles esa dimensión. Podemos decir que no nos gustan, pero esto no fortalece nuestra comprensión de la tarea que empeñamos. Y comprender viene antes que juzgar, aún cuando todos hagamos las dos cosas.

Por otra parte, nos guste más o menos, el 19 y 20 de diciembre se cortó -no dije que se terminó, dije que “se cortó”- un ciclo en la Argentina. No el ciclo de la gobernabilidad imposible, sino el de la Reforma del Estado noventista. Se acabó el margen para el Ajuste Estructural, de la manera más dramática. Se acabó el margen para la violencia cotidiana sobre los de abajo, al menos, sin respuesta de éstos. Ese ciclo no lo terminó la dirigencia política, por los tranquilos cauces de la transición institucional: lo derrocó una movilización popular de alta espontaneidad, violenta y furiosa, con todo y contra todos. Y ese aprendizaje, que alimenta la experiencia en curso, debe mantenerse en el recuerdo, si es necesario, por constante reiteración, precisamente porque preferimos mil veces este presente imperfecto, esta democracia gris.

Ezequiel Meler,

Administrador.

Advertisement
5 comentarios dejar un →
  1. 15/03/2010 19:34

    Ya te dije en privado, y te lo repito: es un gran texto que me hace repensar lo mío. Entre otras cosas, da en el clavo respecto del debate politología-historia.

    La discusión no es entre vos y yo, me parece. La discusión es entre la visión del historiador y el politólogo. La discusión está acá:

    “muy apegado al cómo y al “así debería ser”, poco flexible.”

    Ambos tenemos anteojeras académicas. Que están muy bien y que son legítimas: creo que hay que discutir la noción de ideología, o quizás de postura teórica, como anteojera. O no. Lo que hay que discutir es su dimensión peyorativa: ¿quién dice que una anteojera es, en verdad, una forma de reduccionismo?, ¿acaso la alternativa a la anteojera es la apreciación de la realidad en su carácter verdadero? Empíricamente, la supresión de una anteojera es un caballo que no sabe para qué lado correr.

    Un historiador no puede suprimir analíticamente un estallido social; un politólogo sí. Lo que escribí era, quizás antes que un análisis sobre diciembre del 2001, una expresión de deseo. Me gustaría que el sistema político fuera eso y lo puedo decir porque mi formación es así: necesito saber cuál es el deber ser, y hacer lo posible para que eso pase. Un historiador no puede anteponer su utopía histórica por sobre su análisis, porque estaría escribiendo ficción.

    Ezequiel dice con justa razón: “omite el trasfondo material del conflicto, y omite el proceso histórico concreto que llevó a ese conflicto. Y eso, amigos politólogos, no debe hacerse. No si quieren entender los fenómenos sociales, que son siempre totales. No hay gobernabilidad posible con determinados niveles de pobreza y exclusión, no cuando el hambre aprieta tanto: ahí hay (ya) represión y fracaso. (…) No siempre hay una institucionalidad a mano. La política también es entender esto.”

    El ser y el deber ser: donde el historiador dice que no había, el politólogo dice qué lástima que no hubo. Es, políticamente, mucho más efectiva la visión de ese historiador, ante la irrealidad del politólogo. Pero quizás, hay un punto que ambos compartimos: el deber generacional es construir las bases de la gobernabilidad. El 2001 es un faro del que hay que alejarse, pero no por un voluntarismo que exija institucionalidad a mano todo el tiempo (ojalá la hubiera, repite el politólogo). Sino rompiendo los pactos que el Estado firmó consigo mismo para seguir existiendo con pobreza (http://labarbarie.com.ar/2010/el-futuro-ya-llego/). Tal vez ambos queremos gobernabilidad y lo expresamos distinto: vos lo decís advirtiendo que las crisis no se pueden resolver con institucionalidad siempre; yo invierto las variables, quizás equivocadamente, y digo que hay que construir institucionalidad para que no sean necesarios los estallidos. De lo que estamos seguros es que el piso de esa construcción lo armó el kirchnerismo. Vamos a tener que laburar para heredarlo.

  2. 15/03/2010 21:35

    Compañero:
    Lo invito a participar del primer y único blog de humor oficialista
    ¡Un fuerte abrazo peronista!

  3. 16/03/2010 12:00

    Tomás:

    Debí agregar que mi apunte es también el de un testigo / “observador participante”: yo estuve el 19 / 20 en esas calles. Creo que entre esto y la diferencia formativa tenemos un componente de indudable diferenciación.

    Pero la diferencia, siempre que se la reconozca como válida, enriquece. Este texto, por ejemplo, no hubiese sido posible sin el tuyo. Lo mismo sucede con aquel sobre el vínculo con los setenta y sus protagonistas.

    Más en general, historia y ciencias sociales se acercan mucho en el campo de la historia reciente, y es muy importante el aporte de una ciencia política capaz de problematizar las cosas de un modo más complejo. Esta afirmación surge de todo lo que he aprendido leyéndolos a “ustedes, los politólogos”, y a sus referentes actuales y lejanos / clásicos.

    Creo que, para un profesional que se aboca a la comprensión de la acción social, importa mucho diversificar las fuentes formativas, comprarse lentes multifocales, para decirlo de algún modo. Por eso, me voy expandiendo hacia la filosofía y las ciencias políticas, e incluso el psicoanálisis. Creo que te aportaría hacer lo propio con sentido historiográfico, pero ahí puede estar hablando el Gremio.

    El otro elemento que nos ayuda a entender los fenómenos sociales -te lo dije muchas veces- es el compromiso de romper la pecera y meternos adentro de vez en cuando. Como nos dicen los epistemólogos actuales, el distanciamiento no sirve de mucho de todos modos.

    Respecto del debate concreto, yo no creo tanto en la diferencia formativa, como interpretativa: a mi juicio, vos seguís una línea de interpretación válida, que yo cuestiono por incompleta. Me refiero a aquella que surge del enfoque en las clases medias metropolitanas, las cacerolas, y sí, las asambleas. Te confieso que nunca fui a una.

    Porque había otro actor ahí, y eran los desocupados que conformarían la base de las organizaciones sociales, algunas nacientes, otras preexistentes. Ellos rompieron el cerco primero, y ellos bancaron, en buena medida, el asalto policial después. Los eventos de Plaza de Mayo tuvieron eco en la periferia metropolitana (hubo muertos en Mataderos -CABA-, y en la zona sur y oeste del conurbano, por ejemplo) y en todas las ciudades del país. Esa foto no se replicó necesariamente en el voto a Zamora y Carrió.

    ¿Podemos entender los años 2002 – 2003 – 2010 sin observar de cerca a los desocupados / ocupados precarios/ ocupados menos precarios en su comportamiento político y en su voluntad de acción? Yo también pondero: creo que el “chorros, chorros, chorros…”,. por justo que fuere, terminó en acciones de 200 personas pegándole a los bancos, políticamente aisladas de la corriente central de los eventos. No pasa lo mismo con sectores que, en su movilización, tomaron conciencia de su poder y gravitación nacional, y que en muchos casos alimentan hoy las huestes de nuestro sindicalismo. Por eso recuerdo los saqueos y el estado de sitio como ruptura, y la consiguiente aparición de nuevos agentes sociales. Porque veo en esos agentes una clave de la política contemporánea.

    Un abrazo,

    Ezequiel

Trackbacks

  1. Vientos de Pampero: sobre aquel 25 de marzo « Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.
  2. De nuevo sobre el 19 y 20 de diciembre. « Ezequiel

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 42 seguidores