Malvinas: un enfoque pragmático.
El guión parece reiterado: dos gobiernos enfrentados a un amplio descrédito interno disputan sus derechos -y, más sensiblemente, distraen sus problemas- en un litigio internacional sobre una potencial Isla del Tesoro Natural. Las apariencias, con todo, pueden ser engañosas.
Partiendo de la base del indiscutible control de facto que el Reino Unido posee sobre las Malvinas -control que no está, en sentido alguno, en riesgo cercano o lejano de perder-, surgen dos cuestiones inmediatas. En primer lugar, la futilidad a usos prácticos de cualquier intento de discutir siquiera cuestiones relativas a la soberanía. Gran Bretaña, que desconoce desde los años sesenta toda resolución internacional desfavorable a sus intereses en el Atlántico Sur aludiendo a la problemática autodeterminación de los kelpers, ha de proceder y procederá a voluntad sobre aquello que considera sus posesiones. Es cierto, la maniobra del primer ministro laborista, Gordon Brown, sobre el territorio en litigio parece salida de manual: insistencia en prerrogativas adquiridas por la fuerza, refuerzo de la presencia militar, poca o nula vocación para eludir potenciales conflictos diplomáticos… tal es la delicadeza de un gobierno que necesita aparentar mayor fuerza de la que tiene ante una opinión pública que sufre los efectos de una dura recesión.
En segundo lugar, debe establecerse la naturaleza del botín en cuestión, algo problemático a estas alturas. Las estimaciones mínimas refieren a unos quinientos millones de dólares; las de máxima, a unos seis billones. Las reservas mínimas recuperables, que parecen siderales en comparación con los restos del petróleo argentino, no lo son tanto en términos de costos operativos. Por ejemplo, según Daniel Montamat, ex secretario de energía de la Alianza:
“En el mercado, la única reserva probada es la reserva descubierta. Para que este potencial se transforme en probado, hay que hacer la perforación. [...] Perforar cada pozo les sale a las empresas entre 50 y 100 millones de dólares. Si están arriesgando esto, es porque tienen una sísmica de aproximación por demás interesante. Lo que no deben tener en claro es cuál es la magnitud de los yacimientos”.
En otras palabras, o saben más de lo que dicen -y entonces estamos en serios problemas, con o sin arreglo a derecho-, o el perfil financiero del negocio -que supondría apenas un vuelto en los números británicos, y a un costo diplomático excesivo- se encuentra subsumido por su contexto político -y ahí, no hay buque de guerra que valga-.
Me explico brevemente: una plataforma marítima no es autónoma, sino que depende del abastecimiento continuo, en fuerza de trabajo, tecnología, y provisiones, desde un territorio continental necesariamente cercano. Si a ello sumamos las dificultades operatorias derivadas de los restos de guerra, el problema aparece más claro. Como señala Federico Bernal,
“Según confirmó la ministra de Minería de las islas, Phyll Rendell, a este autor en 2004, se ha creado una suerte de área de exclusión al sur de las islas donde se prohíbe cualquier tarea de perforación. La razón es simple: en esa zona se registraron hundimientos de barcos británicos que se presumen contienen material nuclear bélico.”
Es en razón de este argumento que las áreas licitadas, aunque gigantescas a primera vista, no resultan tan prometedoras al analista desapasionado. De nuevo según Bernal,
“De las cuatro cuencas, la menos costosa (por sus bajas profundidades y cercanía a las islas) y la de mayor potencial petrolero (3900 millones de barriles o un 60 por ciento de los volúmenes estimados camino a ser certificados) es la denominada Cuenca Norte. Dicha cuenca tiene una superficie de 50 kilómetros de ancho por 230 kilómetros de largo. Las cuencas al sur y al este, si bien muy prometedoras, están a mayores profundidades y las áreas licitadas más próximas a las islas se ubican recién a 150 kilómetros de distancia (contra unos 25 km para la Cuenca Norte).”
Más profundidad es mayor costo, y mayor lejanía implica -amén de lo anterior-, dificultades logísticas superiores a los recursos humanos que brindan las islas per se. En cristiano, Gran Bretaña necesita un socio regional que provea dichos elementos.
Aquí ingresa la posición argentina. Desde 2003, el gobierno, primero de Néstor Kirchner, y luego de Cristina Fernández, ha insistido con el argumento de la soberanía, lo cual ha llevado a no pocos desencuentros y conflictos, especialmente por el álgido tema de las licencias pesqueras. En ese contexto, y teniendo en cuenta las mutuas reticencias a negociar por parte de ambos países, Argentina, el mejor socio potencial, es al mismo tiempo el menos probable.
¿Puede Gran Bretaña encontrar ese socio en otros países? En política nada debe descartarse, y seguramente será un desvelo de la siempre hábil diplomacia británica romper el férreo bloque diplomático que presentan, hoy por hoy, los Estados del Grupo Río, la UNASUR y el CARICOM. Actitudes todas, agregaría, que presagian el eventual desmantamiento de la OEA, debilitada por los cambios en la región, a manos de nuevos y mejores esquemas multilaterales.
Esa es la estrategia británica. Ahora bien, ¿cuál debe ser la estrategia argentina? En el corto plazo, en tanto permanece abstracto el problema de fondo -que será siempre la irrenunciable soberanía argentina sobre todas las islas dentro de su plataforma marítima, de acuerdo al precepto constitucional-, el gobierno argentino debe lograr dos objetivos.
Primero, el Estado nacional debe mantener y sostener el bloqueo diplomático en sus puntos más vulnerables. Para ello, sería ideal reforzar el vínculo estratégico con Chile, de cara a una eventual empresa binacional de exploración de hidrocarburos en el Atlántico Sur.
Segundo, por una vez coincido con Solanas, el país debe adoptar una diplomacia activa y replantear su política petrolera. La Argentina debe dejar en claro que no habrá empresa, pública o privada, de bandera alguna, que pueda operar en cualquier sentido sobre el petróleo de Malvinas sin esperar severas e inmediatas represalias económicas. En concreto, ninguna colaboración comercial o logística con el Reino Unido puede tener asiento en territorio nacional -nos referimos, claro está, al continente-. Idénticas expectativas debe mantener cualquier interés o capital británico en el país -de ser posible, se recomienda actuar antes de avisar-.
El fin estratégico de estas tareas, sin embargo, no debe llamarnos a engaño. No se trata de recuperar las islas en el plazo inmediato: esa opción no es viable por medio alguno, diplomático o político, y quien diga lo contrario miente o delira. De lo que se trata es de forzar a Gran Bretaña a negociar la operatoria de los recursos, preferiblemente en el marco de una sociedad estatal mixta, sin por ello renunciar al reclamo histórico de soberanía. De lo que se trata, en definitiva, es de conseguir, para el Estado de los argentinos, en el marco de la recuperación de la experiencia petrolera nacional, una tajada razonable de un negocio internacional que hoy despierta más dudas que certezas.
Ezequiel Meler,
Administrador.






me gustaron los tres últimos párrafos. beso.
Coincido, la idea es quedarse con parte de la producción y espantar a empresas que quieran meter la cuchara sin permiso. Aunque probablemente Cobos o Formula uno pongan el gancho en un contrato de alguna petrolera transnacional con los Brits de socios mayoritarios y “listo a otra cosa no nos quedemos afuera del mundo estamos espantando a los inversionistas” a classic moment .
Interesante post.
Estoy bastante de acuerdo.
Me gustó mucho el análisis Ezequiel, además vos tenés la virtud de poder ser mas desapasionado. Me queda la duda en el aspecto que marcás sobre “el país debe adoptar una diplomacia activa y replantear su política petrolera”, yo particularmente no dejo de coincidir con Solanas (o con todos aquellos que lo sostienen) en la recuperación de los recursos naturales y revertir los efectos de los ’90 en el área. Pero mi pregunta es ¿como?. Creo que las posibilidades para Argentina de hacerse nuevamente del control de sus recursos y de poder replantear su política petrolera y/o minera tiene mucho que ver, entre otras cosas, con las posibilidades económicas y con la coyuntura política. No parece tener ninguno de los dos aspectos a favor, especialmente el último. Y abriría un frente de batalla nuevo, el gobierno se quemó con leche con la 125 y enfrentarse a nuevos sectores (y a los pueblos directamente vinculados que viven de eso) parece peligroso.
Saludos.
PD: ¿Me lo habilitarías para publicarlo?
Nix:
Gracias. Abrazo,
EM
Desvinchado:
Antes de llegar a eso tendríamos que proponernos una línea de conducta de este tipo. Creo que sería la más racional, pero por ahora estamos yendo por otro lado.
Guillermo:
Me alegro de que te haya interesado. Gracias por pasar.
Martín:
Ojo, tener una petrolera estatal no necesariamente implica confrontar con las empresas existentes. Podés hacerlo, o no. En pocas palabras, no necesariamente hay que recuperar el sello de YPF, que vale poco en función de sus bajísimas reservas. La ventaja de las empresas petroleras nacionales es que simplemente podés crear otra, para los pozos no licitados (pienso en ENARSA, que hasta ahora tiene unas bonitas oficinas)
[De todos modos, el anterior no es un camino a descartar tan rápido. Pongámoslo así: en la situación en que se encuentra Repsol, donde YPF representa más del cincuenta por ciento de sus activos a nivel mundial, pero al mismo tiempo aparece un horizonte de reservas muy escasas en el horizonte, yo no descartaría traer capitales españoles, chilenos, venezolanos o brasileños, a la mesa en una empresa mixta. La ventaja de un acuerdo con Repsol es que:
a) han evaluado su venta al Estado argentino.
b) si lo resisten, enfrentan precedentes de conductas menos sutiles.
c) España podría funcionar como la cuña diplomática que nos falta en la aceptación de las Malvinas como territorio asociado a la UE en el ensayo de constitución europea. Ganan más asociados a nosotros, y lo saben. De nuevo, eso requiere de los requisitos precedentes: mantener el bloqueo diplomático (no va a ser fácil), y estar dispuesto a tomar represalias y bloquear a operadores y terceros partícipes.]
Las Malvinas siguen siendo las Malvinas: su peso simbólico, si bien no es -por suerte- el de 1982 hace difícil que alguien se oponga a posturas firmes en defensa de su recuperación, sea por derecha o por izquierda. Y la prédica de Solanas ha servido para poner de relieve temas nacionales de larga data, como el control nacional de los recursos naturales, que hoy informan incluso los discursos ecologistas. Al peronismo le sería difícil oponerse: a Solanas, imposible.
En el caso de la 125, el gobierno chocó con 100.000 productores argentinos, intereses concretos, ramificados, internacionalizados, pero intereses argentinos, con los que se dio de frente. Para peor, no tenía razón, ni visible ni invisible. Hoy, los intereses británicos en la Argentina, ni son inexistentes -no en el sector servicios públicos-, ni tienen una gravitación decisiva que pueda influir sobre medios y capas sociales. Y media un indudable rencor nacional.
Políticamente, ningún sector social vive del petróleo malvinense, ni de los negocios con los kelpers: al contrario, existen acentuados conflictos en el sector pesquero. Y la movida incide también en el marco de las empresas petroleras más importantes, regionales o externas. Montar una operatoria de estas características ahora no tendría, a mi entender, un impacto social notorio. Y la causa, encima, es visiblemente legítima, especialmente a partir del creciente apoyo internacional.
La Argentina sólo tendría que bloquear a las empresas prestatatrias vinculadas al negocio -ninguna de las cuales es argentina: varias son pantalla de firmas de primera línea, señal de que esperan represalias- y mantener el cerco diplomático. El resto lo imponen la distancia, la necesidad, y una buena diplomacia.
Podés reproducirlo.
Un abrazo,
EM
Brillante. Sencillamente.
Acá hay uno que va por ahí también.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1237769&pid=8416542&toi=6485
Gracias, Tomás. Efectivamente, el enfoque de Makin es el mismo.
Un abrazo grande, hablamos en estos días (estoy en cuenta regresiva, o progresiva, o como sea que se llame!!!)
EM
Si, probablemente lo sea