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El señor Whirlpool (Un post de Fede Vázquez).

15/01/2010

Mi estimable amigo y colega Federico Vázquez, un analista usualmente agudo, me envió esta semana un comentario sobre la coyuntura política. Aún cuando no coincido plenamente con la caracterización de todos y cada uno de los elementos, considero que su breve y bien expuesto argumento merece una discusión profunda. Por eso, con su permiso expreso, lo publico. Para aquellos que aprecien su calidad, pueden encontrar más textos de Fede en Noticias del Sur y en su blog.

EM,

Admin.

El señor Whirlpool.


El técnico de Whirlpool que vino para arreglar mi heladera me dice:

-La verdad que por la cantidad que se venden, son pocas las que se rompen así, en tan poco tiempo…

-¿Y cuántas se venden?, pregunto, oliendo que la charla me iba a permitir intentar alguna militancia instantánea.

-El año pasado, 450.000.

-¿En serio?

-Si, si, una barbaridad.

“Bueno, tan mal no estamos, entonces”, arranco yo, despacito, subiendo la empinadísima loma anti k. La rapidez del arreglo de la heladera conspira contra mis intentos de sembrar, al menos, la duda. No sé a quién votará ese pibe en 2011, pero lo que es seguro es que el dato de las 450.000 no se traducen para él en….nada. “mm, si, hay de todo, algunos están mal y otros no” cierra, de compromiso.

Pero a mí sí. 450.000. Supongamos que es cierto. Que es como decir que más del 5% de la población cambió la heladera en el 2009. Crecimiento, consumo, producción, recaudación. La calesita feliz kirchnerista. Pienso, si en ese dato no habrá algo que me ayude a entender porqué en los últimos días sectores políticos y mediáticos parecen haber decidido que lo mejor es el caos económico. Por qué las 450.000 heladeras no enfrían esa temperatura insoportable.

Pienso en una primera cuestión: heladeras-empresarios-grupos económicos. Claro, como siempre, los “grupos económicos” conspirando contra el gobierno popular. Por más que, objetivamente, sus intereses se encuentren a buen resguardo. Es más, aunque sus ganancias sean extraordinarias. Pero bueno, no soportan la distribución, así sea pequeña. Mmm, no, no. Muy fácil, muy lineal. No es del todo falso, pero…

La idea de “grupos económicos”, habría que ir dejándola de lado. Muy abarcativa, muy ligada a una época dónde a la economía la mirábamos desde la movilización de la Marcha Federal. Donde era lo mismo el Perro Santillán y Moyano.

Ese error nos viene acompañando en toda la era k, y muy especialmente durante el conflicto con el campo. Esperábamos una rebelión de los “grupos económicos” pero, a nuestros ojos, iban cobrar la forma de una empresa privatizada, de los bancos privados, de Techint, etc. De los que cada año debían ahora discutir salarios en paritarias. ¡Otra vez! Casi nadie hubiera arriesgado que la cosa vendría por parte de los empresarios agrarios. Las referencias irónicas al neo uso de “oligarquía” por parte de los periodistas progres habla de eso. Lanata -como nosotros- está formado en la idea de los “grupos económicos”. Entonces se preguntaba irónicamente: “¿La oligarquía todavía existe? ¿Ese tipo con las botas embarradas es un oligarca?” y así.

Y es cierto, Grobocopatel no es igual a Martínez de Hoz, ni hace 100 años  existía el enjambre de “pequeños y medianos” que hoy pueden sostener un paro por 3 meses.

Lo que hay que pensar es la relación entre esas 450.000 heladeras y el conflicto con el campo. ¿Qué pasa ahí, en esa relación? ¿Por qué el señor Whirlpool no sale a “bancar”?

Por suerte, el técnico que en 10 minutos cambió el repuesto de la heladera resulta clarificador:

-No, éstas se fabrican en Brasil. Desde el 2000 la fábrica de San Luis cerró. Ahora las traen todas de allá.

O sea, no hay señor Wirphol. Hay 450.000 consumidores. Ahora, ¿qué es más probable?

1) Que 450.000 compradores en 40 cuotas sin interés gracias al banco Francés y al Carrefour visualicen el contenido político de su heladera, lo retenga cual peceto congelado y en octubre, en el cuarto oscuro, olvide todo lo que escuchó durante 6 años por los medios y vote “a conciencia”.

2) Que un hipotético conglomerado empresario-productivo, incorpore en sus demandas sectoriales la necesidad del aumento del consumo interno, como variable principal para el aumento de sus ventas.

450.000 heladeras versus Redrado. La pelea viene larvándose desde 2007 y parece haber estallado ahora con la disputa por reservas. El señor Whirlpool no existe, lo que existe son exportadores de cereales en alianza de intereses con los productores de esos bienes exportables. Son “grupos económicos”, pero a diferencia de lo que creíamos, de una economía muy especial. Una economía que no necesita de consumidores locales.

¿Qué interés une a Biolcati con las 450.000 heladeras? Ninguno. Es más: parte de esas heladeras son compradas con lo que el Estado le quita a Biolcati. Pero por otra parte, la tragedia se completa porque el hipotético contrapeso de Biolcati (el señor Whirlpool) vive en Brasil.

El kirchnerismo puso plata en el bolsillo, este año más que nunca. Parece que seguirá así. Y la pobreza va a bajar y muchos serán menos infelices. Pero no hay ninguna costura entre esa renta capturada y volcada a los más necesitados e intereses empresariales para ampliar el consumo interno. O no se ven, o son muy pequeños todavía. Lo más probable es que sea una combinación. Pero el punto es pensar en eso. Pensar que el nudo de la Argentina (sus posibilidades de disputa política, también) es entre una producción -no sólo consumo- volcada al mercado interno y la economía primaria para exportar.

Al campo (a todos, salvo al MOCASE) no le sirve el crecimiento económico. Menos el desarrollo. Sus “buenos” y “malos” años dependen exclusivamente de si llueve o no llueve, si China compra o no compra, si el dólar está más o menos bajo. Listo. Clin, caja. Acá, el tamaño no importa. Sea desde un sillón en la estancia o desde la camisa transpirada del pequeño productor, la mirada está puesta en esas (pocas) variables, en su mayoría exógenas a las decisiones políticas argentinas.

Durante el conflicto con el campo hubo un desplazamiento del debate: siempre se puso como contradicción principal a la renta. O sea: de un lado los agrogarcas que quieren volver a tener 3 departamentos en París y por el otro un Estado que quiere distribuir parte de esa renta entre los más necesitados. Ese conflicto es, en parte, inevitable. Pero encubre uno más profundo, y más condicionante a futuro. Dos pruebas.

1) La salida de esa “luchas de clases en Argentina”, como hubiera titulado Marx de haber estado por estas tierras en junio de 2008, fue un triunfo de los que querían poner límites claros a la apropiación de esa renta extraordinaria. El nivel de retenciones quedó en un modesto lugar. Importante en volumen, pero no tanto en porcentaje. Comparado con las “retenciones” que decenas de países aplican sobre otras producciones primarias, como el petróleo por ejemplo. Cómo dijo Víctor Hugo Morales: “que me saquen el 30% de lo que gano está bien, el 60% no”. Así están las cosas desde entonces, sin ninguna posibilidad de cambio en un futuro cercano.

2) Lo que viene pasando con el Central y las divisas. Es la segunda parte de la película. Y apunta -más claramente que el anterior capítulo agrario- a condicionar el gasto y, por lo tanto, el crecimiento. A primera vista, también se presenta como un conflicto por “caja”, pero en verdad es una pelea por el nivel de producción, por el perfil de esa producción. La oposición por pequeñez política, y los grandes grupos por inconveniencia económica. Las posibilidades de un desarrollo económico de largo plazo están en declive, en paralelo a la supervivencia del kirchnerismo.

El error está en que la cuestión de la renta es sólo el segundo elemento en importancia. La cuestión que los verdaderos “grupos económicos” están queriendo imponer es el grado de desarrollo que les resulta más funcional para su estrategia sectorial. Y ese grado es bajo. El “fin del conflicto” que se pretende, en verdad implica el fin de la tensión actual entre aumento de la demanda interna y aumento de las exportaciones de soja. Aunque en el cortísimo plazo puedan funcionar conjuntamente, son esquemas insalvablemente divergentes.

Es más: una medida como la asignación universal, si bien tiene -además de la virtud ética- la facultad de retroalimentar ese consumo interno y parcialmente de la producción nacional, sigue discutiendo en los mismos términos que antes de la 125. Renta. ¿Por qué el campo no se opuso al ingreso? Porque la medida no está enfrentada con su visión de país. Después de la batalla de la 125, el saldo que queda es un campo con cierta “obligación moral” para con el mar de desposeídos. Una confesión de parte de que el agro algo tiene que ver con eso. Pero siguen siendo países distintos, separados. Un apartheid económico. El campo resigna parte de su renta para que un Estado (menos corrupto, menos crispado, menos politizado en su ideal republicano) mantenga con respirador artificial a la población sobrante. Si mañana no hay plata, se intentará sacar o bajar. Pero no hay contradicción de base.

Ahí está el punto. La población sobrante del esquema económico agrícola exportador. La 125 fue un error político, y todo lo demás. Pero habría que tener en claro que el gobierno jugó mal una pelea que está tallada en piedra: “Combatirás contra los que no quieren una Nación para el desierto argentino”. En el 76 la consigna era “achicar el Estado para agrandar la Nación”, hoy sería “achicar la economía”. Ya lo dijeron los más gurkas, como Lopez Murphy el 2007, “no hay que recalentar la economía”. La misma cuestión aparece sublimada en la discusión sobre la inflación. Mejor crecer poco. Hoy están para algo más, 28 de junio mediante. En verdad, pasa porque logren volver sentido común lo que ya es el pan de todos los días de cualquier productor pampeano: nuestra suerte atada al mercado de Chicago.

Los límites del gobierno para construir una herramienta política propia, que garantice mayorías sociales perdurables, son la otra cara de los límites que tiene para iniciar un desarrollo económico que supere la instancia “rentística” de la justicia social.

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8 comentarios dejar un →
  1. 15/01/2010 20:05

    Una vez un anti-k me dijo: el kirchnerismo es Garbarino con Derechos Humanos.

    Yo nunca entendí por qué era anti-k.

  2. 15/01/2010 20:23

    No coincido en que sean “insalvablemente divergentes” ambos perfiles de producción.
    Creo, por el contrario, que uno debe financiar al otro. Y a la exportación de cereales, integrarla vía agregación local de valor, a la industria.

    Por lo demás, impecable.

  3. 15/01/2010 21:09

    Yo soy una de las que cambió la heladera en 2009!
    posta

    excelente post

  4. 15/01/2010 22:34

    Lucas, y ¿cuál sería el incentivo para que los empresarios agrarios financien la producción industrial? Fijate que las veces que el Estado intentó eso fue voleteado, particularmente por ese sector.
    En un plano teórico, tenés razón, y por supuesto que sin financiamiento de los dólares provenientes de ese sector, cualquier intento industrial está en el horno, pero en cuanto a los intereses reales de los sujetos involucrados, no veo más que divergencias.

  5. 16/01/2010 19:12

    El post nos enfrenta a una realidad más dura que la piedra: la INEXISTENCIA de una burguesía nacional.

    No sólo porque cuando este ciclo comenzó en 2003 esa denominación era algo así como un elefante verde con alas, sino porque a continuación el proyecto no se encargó de articularla.

    Ahora existen empresarios nacionales. Están. Y ganan buena guita. Pero en las próximas elecciones va a votar mayoritariamente en contra del clima de crispación y la inseguridad.

    Vamos, este proyecto no hizo nada por articular dentro de la política. Mucho menos habría de hacerlo por articular dentro del empresariado.

    Ahi sigue el viejo y herrumbrado edificio de la CGE, testigo mudo de una historia que termino mal. Y no me vengan conque la burguesia nacional es Electroingenieria, por favor.

  6. 17/01/2010 20:52

    El texto de Federico tiene, indudablemente, muchas aristas, la mayoría dignas de un análisis pormenorizado. Por cierto, no termino de compartir la idea de una secuencia o serie de conflictos por el modelo de país en la que puedan inscribirse, en igual o similar espacio, el conflicto agropecuario y la actual crisis política desatada por el llamado Fondo del Bicentenario. En ambos casos, sin desmerecer la importancia histórica que adquiere el primero, nos encontramos dentro de la misma lógica de desarrollo económico, y no precisamente por el resultado político.

    Pero Federico acierta, a mi juicio, en la descripción de los grupos sociales opuestos al kirchnerismo en tanto conjunción de políticas públicas: menos concentrados de lo que suponíamos, se encuentran, no obstante, plenamente integrados a la economía global, de la que son un anexo. Para ellos, el Estado y la economía nacional resultan lastres en un proceso de acumulación que se percibe como inherentemente unitario, a escala mundial.

    ¿Cuál es la salida? Indudablemente, sólo pueden indicarse algunas cuestiones. En ausencia de entramados sociales y productivos que rimen con los viejos supuestos en torno a un empresariado o burguesía “nacionales” -debate viejo si los hay, que me encuentra en la tradición que va desde Milcíades Peña hasta Jorge F. Sábato y Jorge Schvarzer-, la única maniobra de sustitución imaginable es aquella encabezada por el Estado -el supremo vector del desarrollo nacional, y el único interesado en su propulsión-, de la mano de la organización firme y decidida de los sectores populares pauperizados. En esa confluencia reside nuestra esperanza, cercana o remota, de alcanzar cualquier grado de desarrollo que nos libere del respirador artificial.

    Saludos,
    EM

  7. severocensor Enlace permanente
    15/03/2010 12:49

    Quizás haya que pensar que toda la industria argentina ha sido diseñada con el objetivo de desproletarizar. Este objetivo puede definirse como evitar que el mundo del trabajo se realice en un poder de clase y se confunda con un poder del estado. No es que olvidamos desarrollar la industria pesada. Simplemente decidimos-nosotros o ellos- que ese lugar, el de la patria, ya estaba ocupado por el modelo agroexportador y que no hacía falta otra cosa. Así la industria mediana quedó herida por la limitada capacidad económica y tecnológica de sus actores, y las industrias digamos así estratégicas, petroleo acero, aluminio, en manos del ejército. Cuando el estado metió mano en el año 58, se crearon 5 fábricas de automóviles!, en este país que con una sobraba. Allí se perdió en mi modesta opinión, una oportunidad histórica. Esta no ha sido una trampa ideológica como piensa la izquierda sino estratégica, destinada a que el poder del trabajo jamás alcance un poder de clase y resulte una suerte de entretenimiento sostenido por los excedentes del modelo agroexportador. Cuando en los 70 quemaron las papas, las clases dominantes, mostraron su verdadero rostro y el alcance de su determinación. A aquella determinación deberemos nosotros equiparar la nuestra. Mientras pensemos en dirimir semejante antagonismo en el cuarto oscuro, me temo que estaremos jodidos. Culpar de este asunto al kirchnerismo parece a todas luces un exceso. Pero hoy por hoy todo este mundo pertenece a la edad de piedra. Sólo lo comprendemos a través del vestigios que ha dejado. Buen artículo sincero, pero un poco mezclado,tal como indica sabiamente el moderador. Gracias

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  1. Ni unidos ni transversales, sino todo lo contrario. « Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.

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