Valenzuela, un emisario del pasado.
¿Y, che, seguimos derecho?
Evidentemente, la visita de Arturo Valenzuela, subsecretario adjunto de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado norteamericano, sepultó en tiempo récord la esperanza de que el encuentro internacional de Trinidad y Tobago fuese, tal cual se avizoraba, un punto de inflexión para la relación de los Estados Unidos con América Latina. Si términos como “diplomacia” evocan imágenes ligadas al tacto, la negociación profesional, la generación de buena voluntad, la cooperación, etc., Valenzuela se irá del país habiendo conformado a muy pocos, alienando a unos cuantos, y generando fastidio en amplios sectores de la sociedad política.
Es que, después de ocho años de Bush, lo menos que podía esperarse de un gobierno que se prometía distinto -aunque no lo fuese- era el silencio, la prudente prescindencia, y el reconocimiento de la nueva realidad regional.
Pero no. En vez de eso, nos encontramos con declaraciones etimológicamente intempestivas, poco propias de un emisario, así como con operaciones y presiones tan públicas como burdas.
En efecto, tras señalar que los empresarios de su país “estaban mejor en el 96” -linda cosecha, la del 96: unos ocho millones de desocupados…-, Valenzuela remató su conferencia de prensa condicionando la cooperación privada a “cambios” que brinden “seguridad jurídica” a las inversiones. Según el mensajero de Obama:
¿Se planean inversiones? ¡Esa sería una novedad! ¿Como cuáles, y en qué sectores? El proceso de crecimiento que el país lleva adelante desde 2003 a la fecha ha sido intensivo en muchas cosas, menos en inversión externa, directa o crediticia. Por el contrario, una de las claves de la recuperación “asiática” del país residió en el expediente, muchas veces compulsivo, del ahorro interno. Pero bueno, si el reclamo de seguridad jurídica fuese todo, la visita quedaría en una mera intrascendencia.
No fue el caso, sin embargo. Ocurre que Valenzuela, con un poco de torpeza, hizo gala excesiva, casi promiscua, de sus encuentros con referentes opositores, como Mauricio Macri, Francisco de Narváez y el inefable Julio Cobos, con quien, parece, tuvieron una excelente sintonía. Como señaló Luis Bruschtein,
“Las declaraciones de Valenzuela, en nombre de los empresarios norteamericanos o de lo que fuera, sumadas a su reunión con el vice por fuera de la agenda institucional, dejan un sabor a sopapo y golpe bajo, que muchos no esperaban de un funcionario de Obama. En otro momento nadie hubiera dudado de que Cobos había recibido un guiño obvio del gobierno norteamericano. Es cierto que se reunió con otros dirigentes de la oposición, como Francisco de Narváez y Mauricio Macri. Pero el encuentro con Cobos implicó un compromiso más alto porque para hacerlo debió transgredir premisas muy básicas de la diplomacia.”
Por supuesto, existen fuertes afinidades ideológicas que explican el sentimiento nostálgico de los sectores ligados a los intereses norteamericanos. Pero existen, también, otras razones, más estructurales. Obama, lejos de representar a los sectores de la economía real, mantuvo un fuerte apoyo de los sectores financieros directamente ligados a la burbuja inmobiliaria que estalló el año pasado, sectores que se vieron resarcidos con su plan de rescate. Son esos mismos sectores los que litigan, desde hace años, contra la renegociación de la deuda argentina en los tribunales neoyorquinos. Para esos sectores, que no dudan al recurso de solicitar el embargo de nuestras exportaciones, o bien festejan cada acción punitiva del CIADI, no habrá seguridad jurídica mientras haya un sólo bono en default.
No obstante, es un índice llamativo de la baja de las acciones norteamericanas en la región el grado de rechazo que generaron las poco delicadas declaraciones del secretario adjunto. Mientras Cancillería señalaba que las presuntas quejas del sector privado no habían sido remitidas por los canales específicos, el Ministro Florencio Randazzo replicaba con menos terciopelo:
“Lamentamos que algunos funcionarios reincidan en viejas prácticas cuando tenemos expectativa en que se inaugure una nueva etapa en la política exterior estadounidense.”
Idénticos serían los términos del embajador argentino en Washington, Héctor Timerman, quien expresó crudamente su decepción por la visita:
“Cuando Valenzuela me mandó una carta con los temas que quería hablar no figura la supuesta inseguridad jurídica. [...] Nosotros le pedimos que abra la agenda a los distintos sectores, a la CGT y al partido radical, pero eligió a interlocutores que están a la derecha del espectro político.”
Mientras la embajadora norteamericana, Vilma Martínez, trataba de poner paños fríos entre las partes, un sector bastante amplio de la oposición cuestionó con igual o mayor dureza al poco educado huésped.
Pino Solanas, por ejemplo, afirmó que “el señor Valenzuela es el representante de un gobierno que sigue pensando que los desastrosos y trágicos años 90 para la Argentina son el modelo a seguir.”
Rubén Giustiniani, titular del Partido Socialista y senador por Santa Fe, señaló que “los argentinos no necesitamos que vengan a marcarnos qué hacer. Yo soy muy crítico, desde la oposición, respecto al gobierno nacional, pero no me parece bien que un diplomático de cualquier país, venga a marcarnos cuestiones referidas a la política interna.”
Ricardo Alfonsín, vicepresidente primero de la Cámara de Diputados, se expresó en términos similares:
“Que nos venga a decir que en el 96 había un clima de confianza de prosperidad y que todo el mundo estaba perfecto, cuando nosotros sabemos mejor que él la pobreza que existía en la Argentina, realmente me preocupa y mucho.”
A la vista de la secuencia reciente de eventos -a saber, el golpe en Honduras, la instalación de bases militares en Colombia, o más localmente, la desembozada intervención de la Administración Obama en el conflicto gremial desatado con la firma norteamericana Kraft Foods-, marcan los indicios centrales de una continuidad política que los gestos y abrazos oficiales no alcanzan a desmentir. Al decir de Bruschtein,
“Si la política de Obama para la región se define como hasta ahora por instalar bases norteamericanas en el corazón de Sudamérica, en cierta concesividad hacia los golpes derechistas y dureza contra gobiernos como los de Venezuela y Bolivia, lo lógico sería que desarrolle al mismo tiempo una estrategia activa en ese sentido para desmontar gobiernos y alianzas que impliquen un obstáculo a esos fines. Si ese es el camino que elige Obama, su política no se diferenciaría tanto de la de George Bush.”
O, como dicen por ahí, meet the new boss, same as the old boss. Por suerte, entre uno y otro, dependemos menos de sus intereses y caprichos. Si estábamos como en el 96, elegían presidente ellos…
(Digo yo: Carrió, Estenssoro, y los firmantes de la carta a la Embajada, ¿dirán algo en estos días?)
Ezequiel Meler,
Administrador.






Con todo respeto, creo que no se puede evaluar una política a partir de los dichos de un funcionario que visita fugazmente. Considerando que Valenzuela lleva apenas un mes en su cargo (su nombramiento estuvo bloqueado por los republicanos en el Senado), creo que se debe esperar un tiempo prudencial (de seis meses a, mejor, un año) para evaluar su gestión y su influencia en las políticas de USA hacia América Latina.
Eddie
Eddie:
Posiblemente tengas razón: no deberíamos hacerlo. Pero, ¿dónde encaja el Plan de Bases Militares para Colombia, que como secretario adjunto Valenzuela conoce? ¿El reconocimiento de los comicios hondureños? ¿La pésima relación entre la nueva administración, Bolivia y Venezuela? Valenzuela fue designado hace un mes, pero en los hechos es parte del equipo Obama desde el minuto cero, y tuvo algún protagonismo, con o sin chapa, en todos estos hechos.
Por otra parte, el hombre tiene su trayectoria: Valenzuela fue miembro de los equipos Clinton en los años noventa: no es un recién llegado a la gestión, así como tampoco a la política. Y ha viajado varias veces en los últimos años a la Argentina, siempre con el mismo discurso: inseguridad jurídica, bonistas, bonistas. No creo que vaya a cambiar en el futuro.
La única diferencia que encuentro entre este tipo y Otto Reich, ambos lobbystas de los grupos financieros y del complejo militar industrial, es que uno (Reich) tenía la sartén por el mango, mientras que el otro debe lidiar con un cuadro regional diferente, y una menor incidencia del sector financiero.
Pero, claro, ese soy yo. Mis mejores saludos.
Ezequiel
Solo viene a defender los pocos negocios que tienen lo yankees aca. No somos tan importantes para ellos geopoliticamente, entonces no necesitan ser ni diplomaticos, ni negociar nada. solamente representar los intereses de sus companias. No hay toma y daca, ni porque disimular. El dia que la derecha se avive de esto nos vamos a sacar un peso de encima
A mi me hace un poco de ruido esta caracterización de Valenzuela y Obama. Reconozco que es la mayoritaria por estos días en los blogs amigos y demás referencias. Pero, creo que pasa algo de lo que pasó con el Golpe a Honduras. Cuando encontramos comportamientos “imperiales”, rápidamente argumentamos que no cambió nada con Obama y cia. Y yo no sé si ese es un buen termómetro. Porque, que va a seguir siendo imperio, es una verdad de perogrullo, creo que nadie tenía la esperanza de que el obamismo desarmara semejante que cosa. Desde la continuación de Irak hasta las palabras de Valenzuela. Ahora, intentemos ver qué sí se modificó, no para hacer loas ingenuas, pero sí para advertir las grietas, las nuevas luces y sombras.
Habría que notar que Valenzuela es parte de un nuevo repertorio de funcionarios latinos no gusanos. En las anteriores administraciones el rol de los “latinos” estaba reservada a los de origen cubano, con su correspondiente visión microscópica de latinoamerica, que empezaba en Bahía cochinos y terminaba en Ñancaguazu. Valenzuela es un chileno, opositor a Pinochet y el pinochetismo. Ese sólo dato es un buen dato, al menos desde el punto de dónde partimos. No es la derecha de la derecha. La pregunta más bien sería, creo yo: ¿podrá Obama cambiar la política hacia nosotros, que significaba arrebatarsela a la IV Flota y los Otto Reich y que sea más “política”? También hay otro punto, y es que cualquier imperio va a ver actuar sobre las debilidades de los otros: el gobierno argentino está débil, los yanquis lo saben y operan desde ahí. Pero eso es responsabilidad interna. Un gobierno con veleidades nacionalistas no puede darse el lujo de ser minoría. Gran abrazo.
Fede:
Buen análisis. De hecho, en su momento dediqué tres posts a intentar una mirada menos taxativa (vg: imperio o cambio) del fenómeno Obama. Estos son
http://ezequielmeler.wordpress.com/2009/01/22/colores-imperiales/
http://ezequielmeler.wordpress.com/2009/01/23/obama-y-nosotros/
http://ezequielmeler.wordpress.com/2009/01/24/primeros-pasos-del-presidente-obama-o-el-palo-y-la-zanahoria-no-combinan-tan-mal/
En general, creo que implica un cambio dentro de una estructura, lo que no quita la posibilidad de un cambio estructural. Por otra parte, la región ha cambiado mucho, y poses antes esperadas hoy concitan el rechazo de un Alfonsín -aunque sospecho que eso tiene que ver principalmente con la interna radical-.
En todo caso, me parece indudable que Obama no ha salido, en general, de la lógica de Bush para la región -posiblemente porque todavía no controla todos los resortes, pero también porque ocho años de Bush no son en vano-.
En cuanto a Valenzuela, ojo que ya fue destacado funcionario con Bill Clinton. La Administración Bush lo devolvió al ámbito académico, y el ascenso de Hillary le devolvió credenciales, pero no es un tipo nuevo en política, y hace años que, como Obama, representa los mejores intereses de Wall Street, que no son ni demócratas ni republicanos -aun cuando sus vínculos políticos funcionan mejor con los demócratas-, y ciertamente no quieren pasar por “bushistas”.
Gran abrazo,
Ezequiel
Lo que dijo desvinchado y es cierto es que hoy la Argentina representa soko un lugar donde hay empresas americanas radicadas. Su importancia estratégica para USA empieza y termina allí, y lo que es bueno para esas empresas, es lo único bueno para Washington.
Por ejemplo nunca hubiera dicho la misma frase en Brasilia. Y si una empresa anericana radicada en Brasil tuviera un problema, es probable que el Depto de Estado llame a la empresa y les pida que acuerden, que la relación USA-Brasil es mucho más importante que los negocios particulares.
Muy buen artículo, Ezequiel. Yo he tenido siempre la convicción de que para América Latina los gobiernos demócrátas son más peligrosos que los republicanos. Puedo dar una serie de ejemplos desde Braden, que era demócrata, hasta Bahía Cochinos, en la presidencia de un demócrata paradigmátiico, John F. Kennedy.
Valenzuela pertenece a una generación de chilenos cipayos formados en el mundo imperialista y convertidos en ciudadanos norteamericanos para cooptarlos al establishment. Que no haya sido pinochetista no significa mucho como también carece de importancia la cuestión de definirlo de derecha o de menos derecha. Lo central es que vino a evidenciar que el Departamento de Estado forma parte de la oposición a Cristina y fogonea a dicha oposición.
Las declaraciones del señor Fernando Ezequiel Solanas Pacheco son de una flagrante incoherencia. ¿Los Kirchner son o no iguales a Menem? Poque si son iguales, ¿por qué Valenzuela pide volver al 96? Y si no son iguales, ¿por qué ese diputado porteño se une a la oposición contra el gobierno al que Valenzuela viene a atacar? Su antimperialismo es meramente declarativo, de discurso parlamentario. En la práctica, ayuda a los que aplaudieron la visita de Valenzuela.
Para Ezequiel:
No voy a intentar tapar el sol con el dedo. Las declaraciones de Valenzuela en Buenos Aires fueron -por decirlo amablemente- infortunadas. No había necesidad de revolver el avispero. Tampoco intento decir que su nombramiento es revolucionario. Ni Obama ni Hillary ni él van a saludar alborozados un amanecer socialista en el mundo. Son los ocasionales timoneles de la nave imperial y lo que yo encuentro elogiable en la nueva Administración es que parecen determinados a evitar (o retardar, cuando menos) el hundimiento de su buque sin arrastrar al resto de la humanidad al abismo (como sí parecía ser la intención de la Administración Bush).
Conservo la esperanza que el nuevo equipo tendrá una política más inteligente y menos confrontativa hacia la América Latina, nada más que eso y creo que, repuesto de su desastrosa presentación en Buenos Aires, Valenzuela aportará conocimientos útiles con ese fin. O tal vez no. Pero tomémosnos un tiempo.
En cuanto a la claudicación final respecto a Honduras: aquí se difundió como parte del acuerdo entre Obama y los senadores republicanos. Estos dejaron de bloquear el nombramiento de Valenzuela precisamente a cambio de la aceptación del infame golpe hondureño por parte de aquel.
Gracias por la atención. Gracias por las respuestas.
Eddie