Posse, un ladrillo más en la pared.
“Estos dos años que vienen van a ser nuestros mejores años, porque no somos omnipotentes y aprendimos de nuestros errores y aciertos.”
Mauricio Macri, al anunciar la designación de Abel Posse.
“Este país se deshace por la permisividad de los ladrones, los corruptos y los periodistas cobardes.”
Abel Posse, en áspero diálogo con Ernesto Tenembaum.
“La Argentina piensa mal. En muchos campos, vamos contra la experiencia y el buen sentido. Es el país que llega a la indefensión nacional para castigar a un ejército por hechos de hace cuatro décadas. Es el país que indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el orden democrático. El mismo partido que ordenó aniquilar ese alzamiento siguiendo el pensamiento de defensa del Estado del propio Perón es el que ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos.”
De nuevo Posse, en reciente columna para La Nación.
Pocas veces -aunque ya son varios los precedentes en el terreno de los funcionarios porteños- un ministro genera tanto repudio antes de asumir. En efecto, las reacciones frente a la designación del diplomático Abel Posse como sucesor del saliente Mariano Naradowsky al frente del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluyen un arco casi infinito, que va desde los sindicatos docentes, las organizaciones de derechos humanos, el oficialismo nacional, los sectores de la oposición, los ámbitos universitarios (véase, por ejemplo, la nota de Paenza y otros) y los propios especialistas en materia educativa. Y los antecedentes del aludido, sus declaraciones sobre la especialidad que le tocará conducir, así como la pieza magistral de apología del Jurásico que publicase en La Nación en los últimos días, francamente, no lo ayudaron mucho. El propio matutino conservador que lo supo arropar hoy parece soltarle la mano.
Lo que no se entiende demasiado bien es la causa de su nombramiento. Existen, desde luego, varias explicaciones. La primera sugería que el nombramiento de Posse formaba parte de un nuevo acuerdo entre Mauricio Macri y Eduardo Duhalde, cosa que el propio Macri desmintió, aún cuando el propio ministro designado aludió a conversaciones con el ex presidente.
Como gesto genérico hacia el electorado peronista, no es el mejor: Posse, con suerte, es un outsider que jamás ha gozado de predicamento propio. Como gesto hacia los grupos conservadores, parece excesivo: su designación ha generado fisuras en el propio gabinete macrista, que hubiese preferido un hombre menos expuesto en el cargo.
Lo cierto es que la designación de Posse reconfirma, por enésima vez, ciertos aspectos de la gestión Macri que se han vuelto verdaderas insignias. El primero reside en la ausencia de figuras de peso fuera del núcleo inmediato que rodea al Jefe de Gobierno. Su endeble construcción política ha debido recurrir, una y otra vez, a cuadros de origen externo para saldar las falencias de número de una fuerza que todavía no supera el rango vecinal. Y varias de esas figuras -no todas- las ha buscado en un peronismo disidente en el que quisiera ver su plataforma nacional.
En segundo término, aparece un problema de concepción. Posse asumió bajo la garantía expresa de mantener todas las líneas y equipos técnicos de su predecesor, los principales proyectos, etc. Esto empalma bastante bien con una concepción tecnocrática de la política, característica de la retórica macrista, para la cual los ministerios son meras vidrieras de notables al estilo ancien régime, que no modifican ni un trazo de la política heredada. Incluso en esta lectura, la decisión es equivocada, porque entorpece un aspecto vital de la gestión educativa, como es la relación con los gremios.
En cualquier caso, la experiencia de Posse no se compadece con su designación -el oficialismo porteño, que tiene un Secretario de Agricultura pese a que el distrito carece de tierras, evidentemente no tenía lugar para un canciller-, su relación con los gremios es pésima, tiene el handicap de contar con el absoluto rechazo de todo el arco político y social, y demuestra, una vez más, que el macrismo, en tanto fuerza política con presencia y liderazgo, está en pañales. Habrá que ver cuánto dura: sospecho que varios de los intelectuales cercanos a Aurora, menos polémicos en sus dichos y más mesurados en sus intervenciones, deben mirar el teléfono con aprensión en estas horas. Quién dice: en una de esas se acuerdan de Ale Rozitchner y le pagan sus servicios.
Ezequiel Meler,
Administrador.






¿Los del Grupo Aurora están mirando el teléfono? Para ver si no lo tienen pinchado por Ciro y el Fino!!!!
Che, vos sabés que, en serio, pensé que Macri se la iba a jugar y lo ponía a Alejandro de Ministro.
Hubiese sido una jugada audaz, innovadora, comunicativamente inteligente, propia de Durán Barba, no?
Lucas: lo peor es que lo deben tener pinchado, en serio… junto con otras cosas.
Yo también creí que, en términos de opciones, llegaba Ale R. Pero el tipo no tiene exactamente un perfil de gestión. De todos modos, el gobierno de Macri es el gobierno de los equipos técnicos. Arriba de ellos, Macri sigue nombrando “notables”, que lo son más por los escandaletes que generan que por sus pergaminos. Este es otro Palacios: asume con los días contados. Si llega a terminar el año, los paros de marzo serán su final.
Un abrazo, y si no te cruzo antes, feliz fin de año.
Ezequiel
PD: Mientras sumo mi comentario, me llegan este documento de FEDUBA y este newsletter de Zoom, con la entrevista a Tito Nenna, quien se ha puesto a la cabeza del operativo “clamor-por-un-ministro-mejor”