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Lo que se juega en Honduras.

22/09/2009

Mapa_Politico_Honduras

Hasta hace no demasiado, cualquier mención a Honduras evocaba un pequeño territorio centroamericano, dedicado a las actividades agropecuarias, la minería y el turismo. No se trataba de una nación sacudida por conflictos especiales, ni que contuviese alguna importancia estratégica.

Desde el 28 de junio próximo pasado, todo esto ha cambiado con celeridad. El golpe de Estado que desplazó del poder al presidente constitucional, Manuel Mel Zelaya, colocó al pequeño país centroamericano en el centro de una tormenta diplomática de incalculables proporciones, en la cual los líderes latinoamericanos no ahorraron participación ni compromiso.

El golpismo hondureño, que contó con el aval innegable de un sector del establishment norteamericano, representado por la figura de Otto Reich, fue objeto de un inmediato aislamiento internacional, que se reflejó en sanciones de Naciones Unidas, la UNASUR, la Unión Europea, la OEA y Petrocaribe. Si pudo sostenerse, ello se debió al precario equilibrio que constituyó en el plano interno. Como señala Modesto Emilio Guerrero,

“Ese gobierno se apoya en tres poderes de Estado: el Congreso Nacional, la Corte Suprema y las Fuerzas Armadas. Y cuenta con el respaldo de cinco fuerzas que resultaron decisivas en la caída del presidente Manuel Zelaya: tres de las cinco empresas multimedia, la Iglesia, dos de las tres cámaras empresarias de Honduras, la jefatura de la Base Militar de Soto Cano y las multinacionales de medicamentos que controlan el 82 por ciento de ese mercado.”

La complejidad del panorama devino en un contexto intrincado de negociaciones en punto muerto y presiones de escaso eco, momento en que, como muchos observamos, sólo una fractura “por arriba” del bloque golpista, y específicamente de sus fuerzas armadas, permitiría el retorno de Zelaya y la recuperación del orden legal.

Pero Zelaya, que percibía con claridad la medida en que el tiempo perdido en la mesa de negociaciones le jugaba en contra, pateó el tablero. Primero, se estableció en la frontera con Nicaragua, tras un regreso simbólico. Luego de un nuevo intento diplomático, nos enteramos de que ha vuelto definitivamente al país, esta vez, a Tegucigalpa, donde fue acogido como refugiado por la embajada de Brasil.

La primera reacción -diría mejor: el reflejo- del régimen de facto, luego de la torpe negación de la realidad, ha residido en la represión y la implantación del Estado de Sitio. Pero ya algunas voces dentro del propio Partido Liberal comienzan a advertir que una política de esa naturaleza no será perdurable en el nuevo escenario. Sencillamente, es momento de negociar.

¿Qué pasó aquí? Sencillamente, el desplazamiento de Zelaya sacudió por completo al variopinto campo democrático latinoamericano, cuyas miradas se posan con insistencia en ese diminuto espacio de nuestra tierra. Pues es en ese espacio donde se disputa el peso simbólico y político de los nuevos equilibrios emergentes de estos años. Es en Honduras donde se enfrentan, como en ninguna otra parte, la restauración conservadora de raíces oligárquicas y el proceso de integración latinoamericana llevado a cabo por los gobiernos surgidos de la debacle del orden neoliberal. Como señala Luis Bruschtein, “América latina necesita la derrota del golpe hondureño para desalentar cualquier ilusión de regresar a una práctica que asoló la región durante décadas. Necesitaba el regreso de Manuel Zelaya, tanto como los hondureños mismos.”

El nuevo bloque latinoamericano reaccionó, en efecto, con la firmeza del caso porque sus referentes percibieron, desde el principio, que, como en Bolivia, aquí se jugaba parte de su propio futuro. Y no una parte menor: en Honduras se dirime la perdurabilidad y profundidad de las reglas de juego democráticas que la región ha adoptado, paulatinamente, en el último cuarto de siglo, así como los límites del proceso de cambio regional de signo progresista acaecido en la última década. El nuevo equilibrio regional, en efecto, necesita a Zelaya en el poder, tanto o más que los propios hondureños.

Ezequiel Meler,

Administrador.

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3 comentarios dejar un →
  1. 22/09/2009 18:29

    Exactamente lo mismo decimos en nuestro post de hace un ratito. Lo que está en juego es la la estabilidad de la democracia en el región y Brasil se está poniendo el equipo al hombro en una jugada tan delicada como arriesgada. Sin duda, esto consolida a Brasil como el principal líder del cono sur.

  2. 22/09/2009 20:54

    Me hubiera gustado que fuera Argentina quien refugiera a Zelaya en su Embajada. Pero no hay que ser muy creativo para imaginar las voces y leer las crónicas de la oposición si así hubiera sido.
    Y después se cansan de citar a Lula como su modelo.

  3. 25/09/2009 17:25

    Que tal Ezequiel, mucho tiempo que no pasaba por acá. Este post es muy bueno. Creo que se está marcando un nuevo orden en América Latina, Obama por un lado con una política de zanahoria y garrote (por decirlo de una manera burda) y Brasil que salió a jugar por primera vez. Creo que el detonante fueron las bases militares en Colombia, sin eso no se podría haber jugado de esa manera Lula.
    También son 8 años de cambios importantes en la región, mayor aoutonomía y una mayor valoración por la democracia.
    También es hora de pensar que es lo que hace la administración Obama, dejo el link de alguien muy importante en la política exterior norteamericana de los ultimos 30 años.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Zbigniew_Brzezinski

    Me parece que por acá viene la mano.

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