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Renovaciones: (I) Antecedentes.

31/07/2009

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Advertencia: el texto que sigue contiene escenas de pejotismo explícito.

Hoy es un lugar común aludir al llamado “pejotismo”, una suerte de desviación del que sería, a juicio de algunos, el verdadero peronismo. Desde Luis D´Elía hasta Ramón Puerta, la preocupación central de muchos dirigentes reside en la reivindicación de un peronismo genuino, por fuera de las estructuras partidarias, a las que se acusa de tergiversar su legado.

Pero, ¿qué legado es ese?

Para responder esta pregunta, es necesario reconocer, antes que nada, que el dispositivo político -esto es, el partido, integrado a un sistema de parcialidades que se tratan como pares- rara vez fue la pieza central en el armado del movimientismo peronista.

Ya en el inicio, la tensión entre el laborismo y el peronismo se resolvió en contra de las estructuras existentes, dominadas por el sindicalismo laborista, pero también, en el fondo, en un rumbo contrario a la organización de cualquier eje partidario protagónico como mecanismo de articulación de las instancias del peronismo. Antes bien, se privilegiaron otras instancias, como la sindical, que el ala política se encargaba meramente de expresar.

Luego de 1955, con la dirigencia política encarcelada, proscrita, exiliada o bien “aggiornada”, fueron las organizaciones gremiales las que, tras superar una primera etapa “inorgánica”, se encargaron de liderar el proceso de resistencia social y política.

En el retorno de Perón jugaron, como es sabido, otros actores: la cúpula  sindical tradicional, debilitada por la represión del Onganiato como por sus propias parcialidades y defecciones, quedó relegada frente al surgimiento de las “formaciones especiales” y del sindicalismo clasista, ambos volcados a la estrategia insurreccional.

El viejo caudillo falleció con la lucha por su sucesión sin zanjar, y fueron finalmente las Fuerzas Armadas las encargadas, una vez más, de intervenir, pero esta vez, con la intención de modificar radicalmente la faz económica y social del país.

Brevemente, en el seno de las Fuerzas Armadas, se afirmaba la idea de que la crisis no habría sido sino la conclusión de un proceso caracterizado por la aplicación de un esquema institucional y político vulnerable a la influencia perturbadora del peronismo. Por analogía, el liberalismo atribuyó la crisis económica que se fue gestando en esos años hasta su eclosión, en 1975, a la persistencia de un ordenamiento de la economía en cuya elaboración el peronismo había tenido un aporte significativo. La virtud del planteo del liberalismo económico consistió en demostrar a las Fuerzas Armadas que el esquema político institucional que procuraban reemplazar estaba estrechamente ligado al ordenamiento económico que le daba sustento. En consecuencia, la reforma económica era una condición necesaria de la reforma política. El plan económico de Martínez de Hoz fue justificado en tanto atendía, más que a objetivos económicos, a los objetivos políticos del proyecto de transformación de las Fuerzas Armadas. Se estableció así una doble prelación: el plan económico aparecía como dependiente del proyecto político, pero a la vez como su condicionante.

Con el retorno de la democracia, el esquema económico heredado no sufrió alteración alguna. Pero algo había cambiado.

En 1984, la Argentina retornaba al orden constitucional con la pretensión de convertirse en una moderna democracia de partidos. La derrota del peronismo abría la expectativa de una alternancia efectiva entre dos estructuras que debían adecuarse a un juego diferente del conocido. Luego de tres décadas de movimientismo, el peronismo se preparaba, por primera vez, para organizarse como partido legalmente reconocido, en el marco de un sistema competitivo, sin el concurso del Estado.

(Continuará…)

Ezequiel Meler,

Administrador.

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5 comentarios dejar un →
  1. 31/07/2009 18:08

    Ezequiel:
    Felicitaciones.
    Los peronistas, los argentinos en general, somos adictos incurables al “relato” histórico. Es muy común en las naciones con un Estado débil, con pocas generaciones de distancia de una dominación externa: caso típico: los países de la Europa Oriental y del Sur. Pero nosotros – un poco más sofisticados – le ponemos mucha(s) ideología(s) al asunto.
    Si te hago esta introducción, es para remarcar que me pareció el tuyo un comienzo excelente. Breve, racional, con un enfoque ideológico -por supuesto- que es el tuyo pero que no fuerza los hechos para que encajen en su molde. Estoy pensando en particular en la descripción del proceso (valga el uso de la palabra) que llevó a las Fuerzas Armadas a suscribir el proyecto de Martínez de Hoz.
    Una sola observación, Eze. Creo que sería un error asumir que ese proyecto fue completado coherentemente. Porque estoy convencido que era imposible en ese tiempo. Seguro, produjo enormes e irreversibles transformaciones en el tejido social y económico argentino. Pero no la transformación que pretendía. Aún en lo puramente económico, debió esperar a Menem. Que sería ingenuo considerarlo como un simple resultado del Proceso.
    Por lo menos, es lo que yo pienso. Espero la continuación. Un abrazo

  2. 31/07/2009 18:49

    Abel:

    Me dejás pensando, lo cual es siempre admirable.
    Pienso, sobre todo, en esa Francia que supo ser nuestra Meca cultural, y en su historiador estelar -al menos, en la segunda mitad del siglo XX-, Fernand Braudel.

    Como sabrás, Braudel escribió el borrador de su obra más significativa -vg: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II- en el campo de prisioneros de Lübeck, sobre la base de algunos esbozos previos, y con una notable influencia de la geografía germana.

    Es un libro que se aleja como pocos de las dimensiones tradicionales del relato: su objeto no es una Nación, ni tampoco un personaje. Ni siquiera se trata de un proceso, sino de un conjunto de elementos que se despliegan en distintas temporalidades sobre un recorte geográfico de confines difusos.

    Bien. Esa es la obra que lo hizo conocido. Pero… pese a su vocación por la historia social y a su simétrico desprecio por la historia de las naciones – Estado, no pudo dejar este mundo sin escribir La Identidad Francesa, un texto notablemente más tradicional en su objeto -aunque tampoco se trata de una historia nacional clásica, se le aproxima bastante-.

    ¿Qué quiero decir con esto? Creo que los relatos históricos son adictivos en Occidente en general -no podemos decir que Francia, un Estado particularmente fuerte y centralizado, se parezca en algo a la Argentina sin caer en cierta suma de falacias- por razones que exceden las ideologías modernas. Buscamos en el pasado la clave de un tiempo que se agota, en la promesa cristiana de una redención final, o bien en sus variantes seculares, propias de las filosofías de la historia decimonónicas.

    En el caso argentino, por supuesto, existen variantes específicas -vg: “¿Por qué estamos como estamos?”, “¿Por qué somos Argentina y no, más bien, Australia y Canadá?”, “¿Dónde perdimos el rumbo?”, etc.-. Pero aún así, el renacimiento de la preocupación por la historia en estos tiempos desangelados, ya sin expectativa de progreso indefinido, resulta un fenómeno largamente más amplio que aquellos acontecimientos propios de nuestras fronteras.

    Respecto de la Dictadura, diría que ese proyecto nunca acabó de completarse, ni en ese tiempo ni en el tiempo menemista. Y una de las razones esenciales reside en que se trataba de un no – proyecto, de la erosión de las bases sociales de los proyectos precedentes. Pero esa erosión, por destructora que fuese, estaba destinada a destruir, a la vez, las bases de cualquier hegemonía perdurable. Y el agotamiento del menemismo, no en vano, se llevó puestos unos cuantos muñecos de época.

    El plan de vuelo sigue con la Cafieradora -menudo problema para alguien clase 78: toca mi infancia pero no llega a ser, todavía, historia-, el menemismo, el Frepaso, la Alianza, el Duhaldismo, el Kirchnerismo y el desafío federal – disidente. Espero, siempre en diálogo con el lector, establecer la pregunta esencial: ¿cuáles son los contenidos, las ideas, de un peronismo aggiornado al siglo?

    Un abrazo grande,

    Ezequiel

  3. 01/08/2009 00:22

    Vamos con la Segunda que esto se transrforma, si no, en una zamba trunca…

    • 01/08/2009 10:25

      Gerardo:

      Debo confesar que me causa cierta aprensión la segunda parte. Aunque la tengo más o menos elaborada, cualquier lector de este blog sabe más de la etapa 83 – 89 del peronismo que yo. Pero hoy o mañana la saco.

      Después, ya tengo mis propias memorias, pero el 83 – 89 peronista, o si se prefiere, como le decía a Manolo, el 74 – 89 peronista, es un bache en mi formación. Ojalá Néstor, Omar, Manolo, Abel y vos puedan aportar sus miradas cuando salga.

      Un abrazo,

      EM

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  1. Renovaciones: (II) De Cafiero a Menem. « Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.

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