
Pongamos un grado cero en el relato: 20 de junio de 1999. Veamos qué decían los diarios.
I.
Mario Wainfeld analizaba la campaña presidencial en curso, esa que consagró a De La Rúa, y con él, la continuidad de la Convertibilidad, de la desindustrialización, del desempleo y de la impunidad. Entretanto, en un diario que nunca pretendió ser neutral, Chupete, ya investido de presidente por las encuestadoras de Cavallo, exponía su visión de la articulación entre Estado y mercado. ¿Se acuerdan de cómo terminó eso?
II.
En La Nación, leemos que el Banco Mundial, el Fondo Monetario y el BID ponderaban la convertibilidad argentina. No sólo eso, el analista enviado por el Banco Mundial se mostraba optimista ante el reportero:
“[El modelo económico argentino] es la es la envidia del mundo. Desearía que mi propio país, Paquistán, hubiese adoptado un modelo como ése. Los argentinos lo han hecho extremadamente bien, entendiendo lo que un país emergente necesita hacer. Desde que este modelo económico fue puesto en marcha el crecimiento del PBI fue de un promedio del 6,5% anual sobre un período de diez años, entonces ¿qué vimos en la Argentina? Que se duplicó el producto bruto interno.”
Indagado sobre el 34 % de pobreza, el analista que monitoreaba nuestra economía responde, muy suelto de cuerpo:
“Los economistas hablan de “lo contrafáctico”, que es lo que hubiese sucedido si algo no se hubiese hecho. Si la Argentina no hubiera adoptado este modelo económico la pobreza sería hoy mucho más alta y la distribución del ingreso, mucho peor. Es por haber adoptado este modelo económico que el terreno fue preparado para una considerable mejoría en la reducción de los niveles de pobreza. Si la Argentina siguiera las políticas “populistas” la situación de los pobres sería peor hoy en día. Lleva tiempo para que estas cosas mejoren.”
O sea, sigan con la convertibilidad, que la cosa se arregla sola, en el tiempo. Sí, claro, pero… ¿cuánto? Por suerte, conocemos la respuesta: nunca. Lo que pasó después no se parece al cuentito del Banco Mundial.
III.
Clarín, por su parte, destacaba que el 56% de los trabajadores (ocho millones y medio de personas) no tenían cobertura social. Un tercio estaba en negro, el resto no aportaba. Si bien se destacaba el apoyo del presidente norteamericano al modelo, se enfatizaba la gravedad de la crisis económica en curso. Para ponerle datos, todos los años el país perdía 1.800 millones de dólares en divisas. Eso sí, los organismos multilaterales apoyaban, pero ya no ponían un cobre.
IV.
Ese tiempo terminó, aunque no por méritos de una dirigencia empeñada en el corto plazo. Los grandes estadistas resultaron vendedores de buzones, fuimos a la peor crisis económica de nuestra historia -y mirá que tuvimos varias-, un millón de compatriotas abandonaron el país, y algunos intelectuales comenzaron a hablar del “fin de la Argentina”.
V.
Hoy, sin ser perfectas, las cosas son distintas. Los calificadores de ayer quebraron, y con ellos la respetabilidad intelectual de una economía donde la riqueza, se suponía, generaba más riqueza, desvinculada de la producción y el empleo. El mundo de la valorización financiera, que hoy termina en quiebras históricas en los propios países centrales, hace ocho años que terminó en nuestras tierras.
No fue hace tanto: no pasó una generación. Muchos lectores recordarán aquellos días aciagos, en que sólo quedaba esperar el tiro del final. Sinceramente, querido lector, ¿esperabas estar en este país, con todos sus defectos e imperfecciones, diez años después?
Yo no lo hubiera imaginado. Y la sóla certeza de que estoy en un país mejor, construyendo un futuro aún mejor, me deja felizmente asombrado.
Para pensarlo, ¿no?
Ezequiel Meler,
Administrador.
Etiquetas: democracia, economía, elecciones, Historia, Historia Argentina
20/06/2009 a las 02:58 |
Excelente paralelo a diez años, Zeque, me lo llevo para difundirlo en el fb
20/06/2009 a las 11:19 |
Incluya lo comentado por Artemio, cumpa.
Un abrazo,
EM
PD: es “Zequi”
20/06/2009 a las 04:28 |
Qué bueno revisar archivos.
Internet tiene ese costado interesante también.
Salú!
20/06/2009 a las 11:17 |
Son notas que uno recuerda…¡cuando compraba el diario! Ahora, en parte, es más sencillo: tenés una hemeroteca a disposición. La mejor es la de El País (Madrid).
Saludos,
Ezequiel
20/06/2009 a las 09:16 |
Muy bueno Ezequiel, pero hay cambios estructurales que hay que destacar y el “hoy sin ser perfectas las cosas ” no logra indicar adecuadamente. Me refiero claro a las reestatizaciones en especial las AFJP, la incorporación del 1,8 millones de desamparados previsonales al sistema y la anulación del indulto y el punto final, el reigreso de la historia a la política y entonces el retorno de la política entendida como administración de conflictos permanentes Meler hay que decirlo con todas las implicancias que tiene decirlo: El Kirchnerismo como modalidad de populismo peronista de la post crisis – que también el populismo en su modalida menemista provocó- , ha cumplido su rol histórico, puede ya descansar en paz.
salu2!
salu2!
20/06/2009 a las 11:14 |
Artemio:
Concuerdo: hay que revisar las estrategias de construcción política. Creo que Néstor lo sabe. Veremos cómo digiere los resultados del 28.
Gracias por agregarle data concreta, y sobre todo, gracias por pasar.
Un abrazo,
Ezequiel
20/06/2009 a las 11:33 |
No paso una generacion, que gran dato.
20/06/2009 a las 13:31 |
Muy bueno el paralelo, Ezequiel. Una acotación a lo que dice Artemio: “el retorno de la política entendida como administración de conflictos permanentes Meler hay que decirlo con todas las implicancias que tiene decirlo: El Kirchnerismo como modalidad de populismo peronista de la post crisis – que también el populismo en su modalida menemista provocó- , ha cumplido su rol histórico, puede ya descansar en paz.” Que descanse en paz, si el fin del rol histórico es una superación. Si es un retroceso o una continuidad mal llevada, significará que todavía no cumplió su rol histórico. Entre otras cosas, porque los roles históricos no están predeterminados ni en su comienzo ni en su final, sólo se los puede identificar pasado un tiempo, cuando efectivamente se han cumplido o no cumplido.
Saludos
20/06/2009 a las 13:36 |
Andrés: yo lo entendí como la necesidad de una superación. Si es de otro modo, comparto tu punto de vista.
Un abrazo,
EM