Saltar al contenido

Notas de campaña (VIII): Violencia e intolerancia.

31/05/2009

rossi

 

Finalmente, los “escraches” -o, mejor dicho, la versión especialmente virulenta que determinados grupos de ruralistas “autoconvocados” han desarrollado de los mismos- se colaron como tema de campaña.

Primero fue el caso de Agustín Rossi -que los medios han naturalizado hasta convertirlo casi en el huevazo nuestro de cada día, omitiendo la destrucción  material y la agresión física que sufriera el diputado nacional por Santa Fe. Luego, llegó el turno de la presidente Cristina Fernández, y finalmente, el del gobernador, Daniel Scioli.

A estas alturas, señalar que se trata de minorías organizadas con anticipación y con una vocación política precisa ya es poco menos que una evidencia: hasta el cotillón trajeron preparado. También está clara su lógica “territorial”, tal cual la ha descrito Sandra Russo:

“La violencia en general es repudiada por todos. Cuesta encontrar a quien la defienda. La violencia en particular en otra cosa. La violencia en particular se ejerce y está siendo ejercida, concreta, física, sistemáticamente, en un armado de territorio rural que aspira al modelo boliviano. Dejar al kirchnerismo “en zona de exclusión” es uno de los objetivos que más se repiten en los blogs rurales. En ese sentido estos “escraches” se abren en dos líneas: la que lleva a los ruralistas a acosar a los dirigentes kirchneristas y a sus familias (fueron agredidos así, entre otros, Jerónimo Vargas Aignasse, Julio de Vido, Patricia Vaca Narvaja, Carlos Kunkel, José María Díaz Bancalari y, por supuesto, quien más cucardas tiene en la materia, Agustín Rossi), y la que intenta ahora, con más énfasis, impedir que los candidatos kirchneristas, los ministros y hasta la Presidenta recorran el interior del país.”

Las organizaciones rurales, que niegan como pueden su participación, no se privan de justificar las agresiones a los candidatos del oficialismo. Ulises Forte, vicepresidente de Federación Agraria y candidato a diputado por el radicalismo pampeano, sugirió que “los Kirchner se tienen que disfrazar de monos para andar por el interior”. Hugo Biolcatti, más fino, afirmó:

“Condenamos estos hechos, pero responden a la sensación de malestar en el interior y lamentablemente están siendo utilizados dentro de la campaña para devastar a las entidades rurales que no tienen nada que ver”

Anteriormente, sin embargo, el propio Biolcatti, a la sazón titular de la Sociedad Rural Argentina, había justificado las actitudes violentas contra los funcionarios agredidos:

“La actitud concretamente tan opuesta a los intereses del campo de Rossi o la actitud tan genuflexa del gobernador de la provincia de Buenos Aires (Daniel Scioli) que dio la espalda a los intereses de su provincia para arrodillarse frente al poder federal, en alguna medida, hace que sea comprensible este tipo de reacción de la gente, aunque sea condenable”.

Indudablemente, estos hechos generan un microclima que, adecuadamente reproducido por los medios de comunicación, instala una sensación de rechazo popular cuasi unánime. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de grupos minúsculos, si bien influyentes, de productores lanzados al “hágalo usted mismo” de la política mediática. La intención territorial es prístina: así como el kirchnerismo intenta tabicar el conurbano como su territorio -y, en ese sentido, pueden comprenderse las declaraciones de Durán Barba respecto de una derrota eventualmente ajustada de Francisco De Narváez-, los ruralistas hacen lo propio con los” interiores” de la región pampeana. Claro que los métodos son algo distintos, y en esa medida reflejan otras perspectivas para la ciudadanía.

A nuestros ojos, estos sucesos preparan el terreno para una determinada lectura de los acontecimientos el 29 de junio a la mañana, a saber: una oposición profundamente reaccionaria y dispersa reclamará como propia la victoria – incluso si, como parece, el kirchnerismo se impone en la mayoría de los distritos, ratificando una vez más que es la única fuerza política nacional- bajo el argumento de la inalcanzable “mayoría absoluta”.

Ya conocemos esos argumentos: son los mismos de octubre de 2007, cuando Elisa Carrió, la candidata que salió en segundo término, a veintitrés puntos de distancia, lanzó su particular concepto de legitimidad segmentada.

Lo cierto es que esta vez, la situación es diferente. La pausa que prometían las elecciones en la campaña de desgaste lanzada por la oposición corporativa se agota en la medida en que las encuestas marcan una clara victoria del kirchnerismo en distritos considerados cruciales, como Provincia de Buenos Aires, y más ajustada, pero igualmente importante, en localidades de gran importancia simbólica, como Corrientes, Entre Ríos y Mendoza. En la medida en que el calendario electoral siga apareciendo adverso a los sectores propietarios y a sus candidatos -muchas veces difíciles de distinguir-, es más que factible que retorne a un primer plano el mecanismo en pinza que describimos en otra ocasión, en el cual las elecciones, en toda su importancia, son sólo una dimensión, y no la principal, de la lucha política.

Veremos. En todo caso, las urnas nos darán una primera certeza, pero gobernar, como hemos visto desde 2007, es otra cosa.

Ezequiel Meler,

Administrador.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 42 seguidores