¿Querés ser un ganador?

“Lo único que no cuesta nada es la esclavitud; lo único que no requiere esfuerzo es la derrota; lo más cómodo de todo es dejarse destruir.”
“Toda discusión sobre las elecciones en estos días puede devenir rápidamente en una ceremonia de sacrificio expiatorio: el político sobre la piedra ritual a punto de ser diseccionado por granuja y malandra.”
“Y en un punto medio, otro hecho burgués del país maldito: De Narváez, el hombre del momento. De Narváez “acusado de rico”. Un empresario de medios da: político en potencia. Ya conoce los medios, ahora va por los fines. De Narváez consuma el espectáculo político de su acumulación originaria: hice dinero para estar acá. Invierte los modos: no necesita la política para hacer dinero. Vengo con todo mi dinero para la política, dice. Una extraña teoría del derrame hacia la política: hice dinero para gastarlo acá. [...] Enfrenta de cara el tabú progresista: ¿un empresario en la política? ¿No es como la explicitación de los compromisos? No, De Narváez es el mejor representante de un ciclo, supera en eso a Macri. [...] De Narváez para poner en orden la representación política de la economía kirchnerista, del producto bruto kirchnerista, del fin de la negación cultural de los años 90. Un vindicador en esta década de consumo popular. Una década abierta de ampliación de las pautas culturales de consumo. El país con mas celulares. De Narváez como representación de los ganadores. De Narváez como equilibrio inevitable de esta década que ya hizo ganar mucho a muchos mas. De Narváez, el inevitable, el que llega a decir que hay que seguir ganando, pero que además, moralmente, está bien ganar.”
Lo primero que me llamó la atención de los spots de De Narváez fue la apelación estrictamente individual. “Hay alguien nuevo en la política: vos”, o bien, el ya clásico “¿me ayudás?”. No hay colectivos: sólo la enunciación de un credo personal, de un individuo a otro. La fuerza y consistencia del mensaje viene de la semblanza del personaje: hombre de familia, de la familia que fundó Casa Tía, no oculta su patrimonio, y apela a una idea sencilla, a saber, yo soy nuevo, no tengo nada que ver con “ellos”, y por eso puedo cambiar lo que hay que cambiar. La temática, aunque se mencione el trabajo y la educación, brinda una abrumadora preeminencia de los aspectos ligados al combate del delito.
Nicolás Casullo decía, hace tiempo, que la derecha argentina, en campaña, acentuaba una narrativa idealizada y hasta bucólica, donde el conflicto era algo innecesario, que tranquilamente podía evitarse. Para Casullo, frente al discurso kirchnerista, se extendía:
“Un extendido credo liberal republicano [que] se rehúsa a pensar lo político básicamente desde la concreta densidad social. Rechaza el enfrentamiento político de intereses como eje de actuación, también la disparidad fuerte, en tanto plantea la perennidad de la lógica económica imperante. No compete a la política refundar tal mundo previo al mundo, sino aplicarse a una buena gobernabilidad globalizada. Se trata de predicar la necesidad de gestionar adecuadamente el modelo y alcanzar un consenso donde los actores sociales –dominantes y dominados, hegemónicos y subalternos– acuerdan un país que conforme a todos sin modificar el clásico establishment de los poderes.”
Efectivamente, el mensaje de De Narváez es un mensaje de conciliación, donde el componente faccioso aparece de un modo casi subliminal. Ante ello, uno debe preguntarse con quién debemos conciliar. Publicidades más recientes, en un tono de inconfundible arenga maradoniana, nos aclaran que “el campo no se mancha”.
Francisco De Narváez, sin embargo, no habla por un sector. Interpela a todos los ganadores del período, para decirles que está bien ganar. Y los convoca a ganar más. Eso sí, lo hace en tanto individuos. Porque, si fuese una convocatoria colectiva, tendría que dar cuentas de aquellos que no han ganado, y no van a ganar con su “plan”. Tendría que explicarle, a cada ganador, que la medida de su acumulación es la desposesión de otro, que crecer sin techo implica abolir los cimientos de lo social, y el riesgo consecuente, esto es, caer a un pozo sin red alguna de contención, no es desconocido en nuestra historia reciente.
Hoy lidiamos con las consecuencias sociales de un régimen de acumulación que se olvidó de los perdedores, que no ofreció trabajo, salud, educación, vivienda, ni crecimiento. Y una de sus consecuencias directas, el crecimiento de la delincuencia violenta, es, paradójicamente, la bandera de retorno de la misma corriente política que hizo posible ese modelo. Ellos hacen el problema, y ellos prometen la solución. Corremos el riesgo de que los nuevos ganadores, alienados por la “innecesaria” conflictividad de este bienio, crean que es posible este portento: un país que mejora porque es atendido por sus propios dueños, eliminando el “gerenciamiento” político de la democracia. El orgullo de tener plata, el desprecio altivo por quien no la tiene, el temor al morochaje que vagabundea errante por las noches bonaerenses. Una identidad colectiva construida en torno al derroche ostentoso, a la indiferencia y al miedo. Estos no son temas publicitarios mal pergeñados: son temas de época, de nuestra época, en nuestra sociedad. Son procesos e instancias culturales que ocurren en nuestro aquí y en nuestro ahora.
Las sociedades tienen que tener un cimiento sólido. Ese cimiento pasa por la recuperación de lo público, por la reconstrucción del Estado en clave solidaria, por la responsabilidad social del capital, debidamente regulado. Para que podamos ganar como individuos, primero debemos asegurarnos de no haber perdido el rumbo como sociedad. De lo contrario, nada tiene sentido, no habrá reja ni gendarme suficiente.
Ezequiel Meler,
Administrador.





Muy bueno!
Ya lo decían Platón y Aristóteles, es imposible construír una sociedad con tantas diferenciaciones sociales. Ellos planteaban hace más de 2000 mil años la necesidad de un desarrollo armónico de la sociedad. La idea de progreso era entendido como algo colectivo y dentro de la polis, no fuera de ella, y mucho menos, como ahora, de manera individual, sin importar en lo mas mínimo lo que le pasa al de al lado.
El desprecio altivo por quien no tiene dinero se expresa en todo momento y en todo lugar lamentablemente..
Creo que estamos a tiempo de cambiarlo.
Abrazo grande
Muy buena la descripción de un discurso y de un proyecto. Los nùmeros del 28 aparentemente no serán tan grandes como al comienzo aparecían, inclusive en las encuestas de Consultora Equis, pero sí indicativos de un respaldo social importante.
Por supuesto, no sabemos cuántos de esos votos serán simplemente votos contra Kirchner que se canalizan ahí. Pero Macri en Capital – discurso y proyecto muy similar – muestran que tiene un espacio propio.
Y eso da para preocuparse, si se piensa en el otro sector, menos numeroso pero no insignificante, que se expresa a través de un Jorge Chemes http://centroizquierda.blogspot.com/2009/05/jorge-chemes-hay-que-ir-matando-los-de.html
Hay algo que le juega en contra: no hay un Menem que pueda sumar a este sector una parte importante del voto peronista. La presidencia de Boca y una buena propaganda electoral no alcanzan.
Pero los votos peronistas sólos no son suficientes para el 2011. Y el progresismo – Solanas, Sabbatella – es importante solamente en la Capital y en la blogosfera.
Respeto tu disposición a pelear desde el llano. Pero, por el interés de la Argentina, pienso que corresponde tratar de articular el bloque social y político que pueda poner límites al proyecto “ganador”, en su versión urbana y en la rural. Para eso, me parece, es necesario elaborar un proyecto convincente que dé esperanzas de “ganar” a la mayoría de los argentinos.
Un abrazo
¿Recibiste mi respuesta a tu mail? No requería una contestación determinada, pero habitualmente sos muy articulado
Abel:
Recibí tu mail. No entendí que debiese contestarlo, aunque tal vez fue descortés de mi parte no hacerlo. En tal caso, me disculpo. Tuve la sana aprensión de no decir demasiado, y por las dudas, siguiendo el consejo de Groucho Marx, no dije nada.
En lo demás, como Jack, vamos por partes.
Efectivamente, con el peronismo no alcanza, y los socios del otro proyecto son mejores que los eventuales socios nuestros, aún si ellos se vieran a sí mismos de ese modo.
Por otra parte, entiendo que, como político peronista (R), te encontrás en el llano, de modo que, de algún modo, estamos en situaciones similares. Con la diferencia de que, obviamente, yo nunca supe cómo era estar en otro lado. Porque, debo decirlo, no me siento gobierno u oficialismo, pese a las cosas que me tiran desde diversos lares. Y si esto es ser gobierno, si estos son los recursos -humanos, económicos, políticos, etc.-, la verdad, no termino de ver la diferencia. Teníamos mejores recursos en el Frepaso opositor hace diez años que en el PJ oficialista, incluyendo la JP, hoy, por lejos. Incluyendo a los recursos humanos: los cuadros eran mejores.
Sin embargo, somos lo más parecido a una burocracia nacional, no precisamente en el sentido weberiano, y sinceramente, no creo que se pueda gobernar sin nosotros. Ahí le doy la razón a Manolo, y por extensión a vos: algún acuerdo va a ser necesario, porque si no, no hay 2011 – 2014 para nadie. Y eso, a nadie conviene, tampoco a nosotros. Los guardianes de la República saben que pueden cantar cualquier milonga, porque en el fondo, estamos nosotros de bomberos voluntarios. Ese acuerdo tácito nos rige desde 1989.
Y también acuerdo en las tareas: articulación de un bloque social y político que se encuentre en condiciones de poner límites, y elaboración de contenidos adecuados a la nueva sociedad.
(Creo que acordamos en que es más fácil el llano a secas, pero son las responsabilidades que nos tocan por la identidad que representamos)
Ahora bien, una cosa es mi posición, muy cercana a la tuya y a la de Manolo, y otra cosa es la posición de aquello que llamás “el ala izquierda”. Yo me quedo, eso no está en discusión, salvo que me echen. El ala, los subsistemas, no creo. Muchas veces, en mi esfuerzo por darles voz, terminé hablando por ellos. Creo que no los distorsioné -no mucho-, pero el tema es que se me identifica con aquello que discursivamente represento, y la representación, en este caso, me hace más “llanero” de lo que realmente soy.
En otras palabras, yo me quedo, pero el ala izquierda, no creo. Tampoco sabe para dónde disparar, ojo: en una de esas, eso limita el impacto. Todo depende de quién resulte ungido en la mesa de los gobernadores, y de qué posición adopte Kirchner: si pone el candidato, es decir, él, o si cede ese espacio, y acompaña a un Lole con Scioli de vice, por decir algo. La primera opción pierde, la segunda es fractura. Ninguna es buena.
¿Tendré que buscarme otro subsistema dentro del PJ, por decirlo eufemísticamente? Ahí tal vez te pida consejo: los muchachos que conozco son de La Plata o de Morón.
Un abrazo grande,
Ezequiel