¡Viejos son los trapos!

“La destrucción del pasado, o, más bien, de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de las generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo, crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en que viven. Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan, mayor trascendencia de la que han tenido nunca, en estos años finales del segundo milenio. Pero por esa misma razón, deben ser algo más que simples cronistas, recordadores y compiladores, aunque esta sea también una función necesaria de los historiadores.”
Eric Hobsbawm: Historia del Siglo XX (1914 – 1991), Barcelona, Crítica, 1995, p. 13.
El lenguaje internacional de la antipolítica, hecho carne ya hace años en la cultura política de nuestro país, tiene, según el referente, algunos ejes centrales. Uno de ellos es el que se establece a partir de la dicotomía entre vieja y nueva política.
En una suerte de imagen redentora, la vieja política -identificada con entelequias tales como “estructuras tradicionales”, “caudillismo”, “clientelismo”, “personalismo”, etc., sería la responsable de todos los males del país. En tanto, la nueva política -por el sólo hecho de su novedad- representaría la posibilidad de la ciudadanía de ampliar los horizontes del país hacia una modernidad carente de conflictos, donde primarían valores como el diálogo y el consenso, “venir con propuestas”, la “no agresión”, etc. Se trata de palabras – talismán, que una vez convocadas, se supone que han de transportarnos a un plano superior de existencia, donde sólo primen las ideas y nadie hable de intereses.
Claro, pero ¿qué ideas?
Y ahí empezamos a notar que algo huele mal. Si reseñásemos los debates en torno a las elecciones políticas que sacudieron la vida institucional del país en los últimos años, quedaría claro que, en principio, no existe un interés en debatir ideas, ni de parte de la sociedad, ni de parte de los sectores más interesados en promoverlo -me refiero, claro, a los militantes, a los dirigentes, a los representantes de la vida política-.
Incluso los debates intelectuales más desafiantes se han dado al interior de circuitos relativamente cerrados, con cierta seguridad y certeza respecto de una larga lista de valores compartidos, y casi sin lugar a excepción, entre personas que saben con antelación que piensan lo mismo. Las propias convocatorias al “debate” se realizan, en la mayoría de los casos, desde consignas sumamente generales y discutibles, antes con vistas a la convergencia -voluntaria o forzosa- que a la disidencia.
Este clima no surge, sin embargo, de sociedades de alto nivel del desarrollo, donde muchos temas ya no se discuten porque, mal o bien, se han alcanzado ciertos consensos sobre ellos -aún si son, como remarca Boaventura de Sousa Santos, “consensos problemáticos“-. No, este clima surge en sociedades fracturadas a lo largo y a lo ancho de su estructura social, de su esqueleto cultural, de sus valores dominantes, etc. En ese sentido, la falta de debate revela una forma preocupante de eliminación de la disidencia por autocensura: de ciertas cosas, parece, no se puede hablar.
En ese contexto, la alusión al dialogo y al consenso, en combinación con la ponderación exultante de lo “nuevo” -y aquí no hay que ser demasiado observador para notar cierta transversalidad en el marketing que sostiene el discurso público de consumo interno, transversalidad que seguramente se explica menos por un clima de época que por el propio recurso a la publicidad en detrimento de los contenidos políticos y de las referencias ideológicas-, de la mano de la condena impiadosa de lo viejo, actúan como factores que excluyen, de antemano, las referencias al pasado -o, en términos de Hobsbawm, a los vínculos entre lo público y lo privado que constituyen la trama elemental de nuestra vida cotidiana-.
Creer en la “nueva política” supone, desde luego, afirmar el fracaso de la “vieja” ¿Sobre qué bases? ¿En torno a qué problemas? ¿Por qué causas? Es el silencio en torno a estos interrogantes el que ha permitido que, año tras año, los mismos carcamanes de siempre se revistan de un hálito de renovación: Ricardo López Murphy, Ramón Puerta y Mauricio Macri pudieron ser referentes de la “nueva política” en 2003 -y el segundo lo sería todavía en 2007-, Juan Carlos Blumberg ocupó un lugar destacado en esa lista entre 2005 y 2007, al igual que Horacio Rodríguez Larreta, Gabriela Michetti, Alfonso Prat Gay, etc. en días más recientes.
Pero ojalá la lista acabase allí: lo grave reside en que muchos dirigentes mal llamados “progresistas” han levantado acríticamente las banderas de la nueva política como un valor a encarnar, y se han puesto a competir en esa riña con los referentes del establishment. Los casos de Jorge Ceballos, Martín Sabbatella, Claudio Lozano, Roy Cortina y Pino Solanas, por mencionar algunos, reflejan un verdadero tributo de la sociedad a los parámetros culturales establecidos por el pensamiento neoconservador. De este modo, los dirigentes que, por “ubicación ideológica” debieran ser los más interesados en romper el cerco deshistorizante terminan cumpliendo, y con agrado, las funciones alienatorias propuestas por la agenda del “establishment” y los mass media.
La renovación política no puede ser, retomando el concepto de Laclau, un “significante vacío”: debemos precisar qué prácticas y qué ideas han fracasado, cuándo y por qué, para poder plantear un horizonte de reflexión libre, no del pasado, sino de sus lastres. Para eso, la mirada de la historia cumple una función vital, pues provee con las armas esenciales de la crítica. Y si muchos de los que abogan por lo nuevo, bien lo sabemos, no resisten el archivo, ciertamente sus ideas tampoco. Cambiar, en tiempos de crisis, no puede identificarse con la mera novedad, como si la política fuese una rama bizarra de la alta costura. Al contrario, exige recordar, examinar de cerca el pasado para ver dónde fallamos, y tratar de no repetir el error.
Ninguna propuesta superadora ha de surgir de la negación de nuestras experiencias a través de dicotomías caprichosas y simplistas. Antes bien, de suceder, dicha propuesta sólo podrá surgir de las entrañas mismas de nuestra memoria.
Ezequiel Meler,
Administrador.





Puffffff…. tremendo.
Muy bueno lo que escribiste Eze, tan bueno que si lo necesito lo voy a citar… ¿mesplico?
Salutes
Compañero, “robe pero haga” es la consigna
Le siguen faltando como 18 post… jajajajaja
probando
Comparto tu criterio en la selección del fragmento de Hobsbawm, así como la perspectiva de análisis que proponés; la expresión “nueva política” vaciada de contenido, el discurso lavado que continua alimentando a una sociedad -en general- poco crítica, carente de repregunta.
Sin embargo, es necesario decir que la expresión por sí misma no es ni buena ni mala, y su mero uso no conlleva ser reproductor de los defectos que señalamos. Para trazar un paralelismo, que algunos tipos lleven flores a su pareja por la culpa que les genera el haber sido infieles, no debe limitarnos al resto en la intención de tener tal gesto -regalar flores-. Entonces, criticar a un referente político por la utilización de la expresión “nueva política” sería similar a que nuestra pareja nos reciba con un cachetazo cuando le llevamos un regalo. Lo importante del asunto, es lo que esta persona o espacio político hace al momento de construir, lo que hizo cuando tuvo la oportunidad. Comparar lo que dijo que iba a hacer con lo que efectivamente realizó.
Te consulto:
- ¿Estás informado sobre la experiencia de gobierno de los últimos 10 años en Morón? (1) (2)
- ¿Conocés los valores y principios que definen al Encuentro por la Democracia y la Equidad, el partido que lidera Martín Sabbatella? (3) ¿Tenés argumentos para opinar acerca de si, en la práctica, este espacio es coherente con aquello que dice ser? (4)
El aporte que hacés desde tu lugar es valioso, despierta el sentido crítico. Pero es necesario meterse, involucrarse, leer mucho, participar, discutir, antes de opinar sobre otros. De esa manera estaremos haciendo un mejor aporte a que se alcancen los objetivos que anhelamos.
Un abrazo,
Rodrigo
(1) http://www.moron.gov.ar
(2) Un muy buen repaso: http://www.scribd.com/doc/14000197/Discurso-Apertura-de-Sesiones-2009
(3) http://partidoencuentro.org.ar. Recomiendo la sección de noticias.
(4) Acercándose a los espacios de participación de cada distrito: http://partidoencuentro.org.ar/sedes.php?site=encuentro
Rodrigo.
Vamos por partes:
a) El sistema de premoderación de WordPress a veces manda a spam aquello que tiene más de un link, y es el caso.
b) La comparación o paralelismo que trazás es improcedente: el lenguaje político es efectivamente una pieza muy importante de la practica. No es lo mismo decir “pueblo” que “clase”, o “gente”. Estás apelando a distintos receptores, estás emitiendo distintos mensajes
c) Conozco bien la experiencia de Sabbatella, y aunque no dejo de reconocerle méritos, también estoy familiarizado con esa genealogía mítica que ha construido, por la cual él sólo derrotó al “aparato” de Rousselot. Primer problema: llegó con la Alianza. Segundo problema: no, no le ganó a Rousselot. El ex intendente ya estaba preso, y el supuesto “aparato” punteril que hace las delicias del discurso de Sabbatella, había sido desarmado por el propio justicialismo moronense, en particular, por Crespi.
¿Cómo conozco esto? Porque militaba en el Frente Grande, junto a actuales sabbattellistas, y porque actualmente milito en la JP. De nuevo, el discurso tribunero conmigo no prende. No sólo participo: conozco. A veces, más de lo que quisiera.
Saludos
PD: me permito recomendarte un muy buen blog sobre la política de Morón, efectuado por un reconocido compañero mío, que es mi otra fuente en estos casos. Visitalo: en una de esas, cambiás de parecer.
http://omixmoron.blogspot.com/
b) Tu respuesta es confusa y sirve para descalificar mi comentario frente a lectores desprevenidos. Las conclusiones no tienen vinculación clara con lo que dije.
c) El tema planteado es lo que Sabbatella hizo en estos 10 años de gestión en Morón, y en cuanto a la construcción de un espacio político autónomo. La resumís a una disputa por ver quien tuvo mayor responsabilidad en la destitución de Rousselot, con lo cual desviás el sentido.
Pd: visité el blog de OMIX y también leí comentarios suyos en artepolítica.
Es el paradigma de lo que aleja a gran cantidad de gente de la política: el discurso agresivo e incomprensible.
Rodrigo:
No, la respuesta no es ni confusa ni agresiva: te di todas las definiciones que me pediste, todos los marcos de referencia, y las opiniones que comparto. Simplemente, no te agrada. Perfecto: estás en tu derecho. Me imagino que muchos se politizan cuando les hablan de “gestión” y “nueva política”.
El tema planteado es que la política no es una construcción vecinal -algo en lo que Sabbatella se parece peligrosamente a Macri-, ni una apelación épica a la lucha contra gigantes malvados (vg: “el aparato”… municipal, que de hecho creció frenéticamente en estos años en Morón). Hay una dimensión nacional, proyectiva, profundamente imbuida de una historia que no arranca en 1999 -el grado cero de Sabbattella-, y en la cual, todo aquel que no vive en Morón debe meterse si quiere saber cómo actuaría Sabbatella en la eventualidad de ser electo diputado nacional por la Provincia.
Tu comentario era difícil de calificar desde el momento en que ponés un vínculo a la municipalidad por toda evidencia, como si no hubiese siquiera un mínimo distanciamiento entre municipio y acción partidaria. Ese sólo dato es preocupante, porque la gestión municipal no puede reducida a la plataforma política -el trampolín, para ser más precisos- para la carrera política de un individuo. En eso, lo que hace Pomelo Sabbattella es viejo, pero viejo viejo.
Espero que no seas un municipal detrás de un servidor, googleando “sabbatella” en los blogs, pagado por los impuestos devengados por el municipio moronense. Eso aleja a la gente de la política, creo…
En todo caso, tendrás que buscar otro espacio para hacer propaganda por el EDE. No será en este blog, ni será con esos modos.
Discurso agresivo es aquel que se centra en mostrar su argumentación como verdad revelada (un dogma que como tal no debe ser discutido) y no lo enriquece en el intercambio de ideas, es decir que no busca enriquecerlo sino “ganar” una discusión.
Aclaro para que no oscurezca.
Se que es algo local el ejemplo pero hasta el momento el sabatelismo no puede hablar de otra cosa.
Si querés opinar sobre la estructura militante del sabatelismo en el distrito te responden con Rousselot, y el asunto es que se desvía el tema hacia el campo que mejor maneja la mediocridad que es la “arqueología del horror”, es decir se van una docena de años atrás y se refieren a Rousselot o se fijan si vos sos separado, o sos millonario o pobre o lo que sea y no discuten el tema que es el que le interesa a los vecinos hoy y que nos cabe discutir como oposición local que somos en el rol de control de los actos de gobierno.
Me permito Ezequiel sugerir la lectura de estos 2 posteos,
Sobre la existencia de un aparato sabatelista http://omixmoron.blogspot.com/2009/02/comparaciones-odiosas-el-aparato.html
Sobre obras publicas http://omixmoron.blogspot.com/2008/12/mi-amigo-luis-acua-comparando-gestiones.html
Aunque la lectura no va dirigida a vos Eze, sino a los que quieran hablar directa y civilizadamente (el sabatelismo es muy pagado de si mismo e intolerante con los disidentes) sobre temas municipales.
Leí tu posteo y me parece que la discusión con el vecinalismo moronense te embarra la cancha y le baja el buen nivel que tiene tu blog.
A Rodrigo le digo que “es necesario meterse, involucrarse, leer mucho, participar, discutir, antes de opinar sobre otros. ” asi que cada vez que desde el sabatelismo vayan a hablar de mis amigos los intendentes peronistas del conurbano, les pido que se pongan de pie y se laven la boca antes.
Como cuando hablan de Mario Ishii http://omixmoron.blogspot.com/2009/03/que-te-pasa-javier-romero.html
OMIX:
Gracias, compañero. Efectivamente, seguí su recomendación al leer la tercera reformulación de un discurso de campaña, con link simultáneo al EDE y a la comuna de Morón. Este no es un blog de campaña: es, todo el tiempo, un blog peronista, escrito por un peronista.
El día que quiera discutir sobre Sabbatella, pondré un pomelo de imagen y el título correspondiente.
A mi, que toco de oído y se muy poco, me preocupa terriblemente el discurso de la antipolítica (y ni hablar las alucinaciones quijotescas de luchar contra “los molinos de viento clientelistas”).
Como bien marca Eze, noto un paralelismo entre Sabbatella y Macri (y otros), no en lo ideológico por supuesto pero sí en el rechazo a los partidos políticos y la militancia, y la idea de que la política debería volverse apolítica, paradojicamente. Lo mismo me pasa con Pino Solanas y otros, es decir… me da la sensación de que los polos se tocan en algún punto, y la izquierda que quiere estar a la izquierda de los Kirchner termina dándo la vuelta y tocándose en algunos puntos comunes con la derecha que quiere estar a la derecha de los Kirchner, en ambos casos veo jóvenes universitarios o jóvenes empresarios exitosos hablando en los mismos términos y pudiendo ser tranquilamente votantes y hasta candidatos del PRO o de la izquierda de Pino Solanas y el PSur. No es casual, creo, que Macri hable de nueva política y el PJ, que Sabbatella hable de nueva política y el PJ, que Iglesias hable de nueva política y PJ, que Pino hable de nueva política y PJ. Todo muy loco si se quiere, porque todos estuvieron o están vinculados con la vieja política (ni hablar Iglesias con la UCR, como bien hoy le marcó el propio Sabbatella en el programa del dúo dinámico ladriprogre).
Salutes.
Martín:
Es curioso: el post estaba planteado y dirigido, en sus trazos muy gruesos, contra Macri y De Narváez -de ello dan cuenta los links-. Sabbattella, en este debate, era una anécdota.
Pero bueno, estamos en Google, se ve. En campaña, además.
Respecto del paralelo entre los distintos vecinalismos, uno siente alguna curiosidad cuando se afirma que “a fulano cualquier bondi lo deja bien“, y se omite el paso del autor de la frase por la Alianza, el kircherismo crítico (“acompañamos desde afuera“) y ahora el progresismo, con Juez y… Binner, que es del PS y nunca dejará de serlo.
Ese margen de maniobra te lo permiten dos discursos en la Argentina: el peronismo y la antipolítica. Lo grave es que nosotros, los que somos PJ, nos hacemos cargo de todo lo que hemos hecho y dejado de hacer. Del otro lado, nos venden una nueva política recién salida del lavarropas, usando Blanco Ala. Grado cero: 1999.
Por eso uno reclama definiciones nacionales en una propuesta que dejó de ser vecinal el día que se presentó Pomelo a diputado nacional. Y cada tanto las da, ojo. En algunas cosas, puedo estar de acuerdo, incluso.
Pero al rato empieza el eslogan serial: “ayuda social no es clientelismo”, “nosotros derrotamos al aparato”, etc. Y cuando les querés poner en discusión el discurso mismo -no digamos la práctica de la gestión- se sacan.
Amigos del EDE: la gestión es política, la política es gestión, y el discurso construye la praxis tanto como hacer una plaza.
Un abrazo,
EM