Notas: acerca del peronismo y la derrota.

“Hay que pegar duro y a la cabeza de Vandor. Yo no me opongo a que viejos peronistas hagan política, pero si tienen edad para ponerse los pantalones largos, que no usen mi camiseta”
Juan Domingo Perón, mensaje radial
(Reproducido en La Nación, 17/04/66).
A estas alturas, cualquier lector asiduo de este blog sabe que lee a un peronista. Pero, ¿qué es el peronismo? ¿Qué significa hoy ser peronista? Eso nadie te lo explica, posiblemente porque nadie lo tiene demasiado claro, fuera de un puñado de certezas. Personalmente, la pobreza de lecturas como las de Feinmann y Bárbaro me induce a creer que esa respuesta está siempre por hacer. La verdad y la praxis, como decía Marx, van de la mano.
Por eso, ser peronista es defender una identidad peligrosa. Hay que hacerse cargo de su historia, hay que reflexionar sobre su presente. Y, después, hay que saber mirar hacia adelante, por feo que sea, y hacer lo que se proyectó para ese presente.
Con los datos que tengo a mano, creo que junio, en sus líneas gruesas, está definido por adelantado: será una derrota del kirchnerismo, el soñado banquete de los profetas del odio. Y lo digo con la conciencia de quien marcó hace tiempo que no era posible seguir pensando en la dimensión nacional como algo que se levantaba en la PBA. Son las alianzas que hicimos las que ahora nos llevan a este momento. Es la organización que postergamos la que ahora nos reclama su deuda.
Un caso paradigmático, en el que insisto tal vez demasiado, es el de los socios del kirchnerismo: hemos alienado a los que podían bancar una construcción alternativa, a cambio de atar nuestro destino a quienes siempre nos detestaron. Esos mismos que se deshacen en loas a Perón, porque no saben dónde dejaron los pantalones largos: si alguna vez tuvieron un par, los vendieron por monedas al FMI, para luego denunciar la “extranjerización”.
El único corolario bueno de todo esto, a fin de cuentas, es que la gobernabilidad no estará en juego. El peronismo disidente, seguramente, se encargará de poner esa cuota de racionalidad para garantizar una transición ordenada, a cambio de una participación gradual y, por supuesto, de la sucesión. Sucesión que dirimirán ellos, los indudables ganadores de junio. Su mesa está servida, y no serán muchos los argentinos que reciban sus sobras.
Me consuela pensar que el país de 2009 es mucho mejor que el de 2003, y en eso Kirchner algo ha tenido que ver. Es hora de pensar en la etapa que se abre como la etapa del legado: un repliegue ordenado y civilizado sobre los territorios, la siempre postergada formación de los cuadros (esta vez en serio, no como los 500 perejiles de Puerto Madero) y la afirmación de los bastiones que resten en una estructura que dé cuenta de los sujetos emergentes en estos ocho años, como enseñanza para los que vienen.
En las elecciones que vienen, muchos creen que alcanza con pedir una victoria del peronismo. No aclaran, porque no lo creen necesario, de qué peronismo hablamos. Ya he dicho que el mito de un movimiento unitario no me resulta verosímil, salvo en el campo de los mitos y la construcción simbólica. En el campo de las opciones de poder, hoy el peronismo define sus contenidos en función de sus sociedades: Kirchner con un sector -cada vez menor- de la centro – izquierda, Duhalde con el macrismo, mientras se toleren. En ambos casos, los socios le ponen el sentido al proyecto, que de otro modo sería una cáscara.
El problema, entonces, no pasa por la victoria del peronismo, sino por indagar qué significa dicha victoria, sea en 2009, sea en 2011. Así como en el 87 no era lo mismo Cafiero que Menem (y no lo fue), así como en los noventa no era lo mismo Menem que Duhalde, o Menem que Kirchner, o Kirchner que Duhalde, etc., hoy una victoria del peronismo bien podría significar el advenimiento de personajes dispuestos a desarmar las razones que hacen de la Argentina un lugar relativamente mejor para vivir y para proyectar que un lustro atrás. Y a ese futuro pasado no estoy dispuesto. Me encontrará, como a muchos compañeros, en la vereda de enfrente.
Sigo pensando que, por razones que exceden este post, sólo el peronismo -pero, paradójicamente, no en soledad, no si quiere que duren- puede conducir los procesos y los cambios que el país necesita. Su identidad, que siempre ha estado en litigio en el seno de la sociedad, hoy se dirime en buena medida con el cuerpo de una militancia que en buena parte no procede de su desarmado tronco histórico. Los Cabandié, la JP Evita, los movimientos sociales, la militancia en que se deposita la continuidad de la organización en el tiempo, van a durar lo que duren las banderas que los trajeron. Banderas que muchos vienen expresamente a arriar.
Hablar de política es hablar de poder, y siempre será así. Pero la lección del frepasismo es que Chacho estaba equivocado cuando nos decía que “diez minutos de TV valen más que cien militantes”. No, Chacho, el poder se construye con algo más que imagen: se construye en el barrio, en el territorio, en el sindicato, en el municipio, allí donde haga falta. El resto es Carrió.
Pero bueno, así le fue. Así nos fue. El legado objetivo de la norteamericanización de lo público fue la liquidación del país. Hablar de poder es hablar de para qué lo queremos. Si no lo sabemos, si no se nos cae una idea, el mejor servicio público que podemos hacerle al país es quedarnos en casa, mirando Los Simpsons.
No, no festejen todavía: no se librarán tan fácilmente de nosotros. Los que llegaron con Kirchner, como los que volvimos con Kirchner, no nos vamos. No necesitamos de las bancas para hacer política -los que llegaron de nuestra camada no hicieron ninguna maravilla desde el atril… les iba mejor antes-. Aprendimos del llano, en el barro de los noventa, escuchando a los pocos militantes curtidos en el oficio que estaban activos. Por eso, paradójicamente, yo no le temo al porvenir: en el peor de los casos, lo conozco bien.
Ezequiel Meler,
Administrador.
PD: Este texto es una reformulación de un diálogo con Abel B. Fernández.
Trackbacks
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- El país después del 29 J: (III) El voto bonaerense. « Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.
- Pensar políticamente: (II) De – legados. « Pre-textos. Notas sobre política argentina contemporánea.
- Tres años de CFK: gobernar desde la adversidad. « Ezequiel





Me quedo con esta idea -digo, para no tirarme abajo del tren!-: “Los que llegaron con Kirchner, como los que volvimos con Kirchner, no nos vamos”.
Toda esa gente, la de las marchas, la de la militancia, la que bancó desde más afuera y desde más adentro, en algún lugar queda. Estamos mal, sí, pero estamos mejor preparados que antes para estar mal. No es consuelo, ni mucho menos troskismo de retirada. Pero cosas buenas hay que sacar.
Saludos, excelente post.
Tomás:
Exacto. Vamos a seguir siendo una expresión política, decisiva en la Provincia -eso es lo que se juega: no la hegemonía parlamentaria, sino los tiempos del repliegue-, y con presencia propia y genuina -al fin- en varios distritos. Por eso es crucial una victoria en Buenos Aires.
Evidentemente, ya no vamos a tener a disposición los recursos del Ejecutivo Nacional para la construcción política. La verdad, a la vista de lo mal que lo hicimos desde arriba, bien viene probar desde el medio y desde abajo. Por otra parte, como dijo Abel, “el derrumbe del gobierno no favorece ningún proyecto serio de poder”. Yo agregaría que incluso una sucesión es, en términos proyectivos, compleja.
Y nosotros tenemos que permanecer. La organización vence al tiempo, decía el General. Permanecer, en la inmediatez de la política argentina, siempre da resultados. Con un PJ depurado de sus carcamanes y / o con una estructura completamente distinta, pensada y diseñada para aquellos que no vienen del movimiento.
Un abrazo grande, gracias por pasar.
Ezequiel
Tu advertencia me parece fundamental, incluso para los que no somos peronistas: no será el mismo proyecto de país con un peronismo que con otro. Por ahora no estoy tan seguro de que las cartas estén echadas. Creo que un empate en la cuenta total todavía es posible (aunque perdiendo las provincias más ricas). El rsto (como dijo alguien hace poco en AP) será gobernar activamente, impulsando leyes incontestables, como lo fue la recuperación de las AFJP. Y ayudando a la construcción de la militancia, claro. Un abrazo.
Roberto:
Antes que nada, gracias por pasar.
En el plano de las especulaciones, hoy estamos así:
a) Terceros en Córdoba (primero Juez, segundo Schiaretti), asumiendo que los radicales vayan con Juez o que el voto radical los castigue. Si no, estamos cuartos, lejos del 30%, e incluso del 20%. Schiaretti envió a su emisario, Mondino, a Salta, al encuentro disidente, como narro acá.
b) Terceros en Santa Fe (Primero Reutemann, por ligera ventaja sobre Giustiniani, que lo puede dar vuelta si crece Rossi con un buen candidato a senador).
c) Quintos en Capital, donde no llegamos al 10%, como publica acá Diego F. Ni Ibarra ni Telerman cierran con nosotros.
d) Segundos en Mendoza, como marca Artemio.
Sumale a eso derrotas en San Luis, posiblemente Tierra del Fuego,
El panorama general indica que ni siquiera superando el 50% de los votos en Provincia y duplicando al segundo (De Narváez + Solá andan por el 25%), retenemos la primera minoría nacional, salvo milagro o intervención divina. Perdemos de cuatro a ocho distritos (hoy estamos en seis).
La Mesa de los Gobernadores está servida, y ese clásico factor de poder del peronismo no viene a continuarnos, viene a liquidarnos.
En el trajín de posts de estos días, la verdad, traté de transmitir los valores sobre los que tiene que regirse una construcción que será, creo, desde cero y medio.
Como militantes activos, somos pocos, y estamos a la retaguardia. Esto lo viví en un partido que llegó al gobierno, pero no al poder, y hoy lo vivo de nuevo, en un proyecto que no terminó de encarnar en ninguna estructura, y que no generó esa identificación de la población.
Duele decirlo, pero prendemos más en los adversarios que entre los que nos bancan, a regañadientes. O, peor, prendió más el menemismo -que, en tanto proyecto, incluye dos presidencias y media, también la de Chupete- que el kirchnerismo. Dos procesos de cambio, con sentido inverso, claro, que se movieron muy distinto en el terreno de la construcción de adhesiones.
Incidir en la interna peronista, como abiertamente la llama Pampuro, con un voto útil -tal y como hacen los opositores no peronistas- sería, en efecto, un corolario efectivo. Pero si se pierde la estructura del peronismo como banca de este proyecto, ¿qué queda? ¿armamos un partido nuevo en dos años, con popularidad en baja y un Congreso opositor? Eso requeriría de la muñeca que no tuvimos en las buenas. Como mínimo, me resulta improbable.
Hoy -cláusula de coyuntura indispensable para un análisis electoral- el gran ganador de las elecciones es, efectivamente, el peronismo disidente, que ya hace planes sobre el país que quiere, en Salta y en Capital.
Por estas cosas, uno realiza esas advertencias, sobre todo hacia algunos que no entienden que “peronismo” puede querer decir muchas cosas, pero que hoy quiere decir, resumiendo, dos: el país de Kirchner, en el que se anotan cada vez menos dirigentes a medida que salís de la Provincia de Buenos Aires, y el país de Macri.
Como reza el gaucho Martín Fierro: “el que avisa no traiciona”.
Un abrazo,
Ezequiel
Ezequiel:
No tenés nada que agradecer, al contrario. Vengo para aprender.
Lo que yo no puedo creer es que en la globalidad de la población, el 50% que mejoró su situación con este gobierno vote contra sus intereses simplemente por la campaña de desprestigio mediática.
Tus datos son probablemente reales en cuanto a las grandes provincias sojeras. Pero dados los modelos contributivos en disputa ¿podría haberse evitado esta situación? Sólo se me ocurre el caso de Córdoba, donde en mal momento se optó por Schiaretti en lugar de Juez; pero, aún así, sería muy parecido por el peso social de la sojización.
En Capital el problema histórico parece insoluble. Ibarra no va a perdonar que le soltaran la mano y el principismo (en este momento estoy escuchando a Puricelli por la radio online de Los Trabajos Prácticos) aunque reconozca la corrección de las medidas no está dispuesto a tragarse el sapo de las “inconsistencias” (así dice) y recolectará los votos de su rebaño.
El resto del país no parece tan perdido de antemano. Los liberales (de adentro y afuera) van a crecer, seguramente, y van a hacer más patente lo desastroso que sería su triunfo en 2011. Veremos si se aprovecha el tiempo restante de gobierno para corregir “inconsistencias”. Un abrazo.
El artículo de Ezequiel sin duda es perspicaz y convocante. Puedo diferenciarme en algunos planos desde la comodidad de mi distancia con el movimiento de marras. Para mi el peronismo fue una resultante de varias circunstancias que lo transforman en un instrumento dual en tanto barrera de contención y al mismo tiempo plataforma de identidad para la defensa de la dignidad de los trabajadores, entre otras cosas. Los dos corazones latieron en este conglomerado y hoy los K convocan lo mejor y lo menos malo y dejan enfrente al bando de los intermediarios y agentes del establishment. En el medio, como siempre ocurre en estos fenómenos bifrontes, están los oportunistas de siempre. En Junio se podrá empatar o perder, sin que resultan indiferentes los márgenes. Yo me alineo sin vacilar con los que convocan desde lo positivo porque no hay ningún atajo imaginable. Y lo hago desde la certeza de que desde un inicio era imposible un ascenso sin tropiezos hacia cumbres expectantes (de allí que algunos confundan mi estado de satisfacción con “optimismo” o cosas por el estilo. No me angustio porque nunca pensé que ibamos a ganar. Si podemos sacar un buen resultado para los partidos que vendrán). Nos hallamos en medio de huestes llenas de evocaciones y mitos inconducentes. Pero con el equipo que salimos a la cancha no podíamos hacer mejor papel. Pero lo mejor de Ezequiel es esta valoración de que en el 2009 estamos mucho mejor que en el 2003. Y esto es lo que vale. Con todo lo que los K lograron convocar, incluido Carta Abierta, podemos retroceder sobre nuestros territorios para tomar inpulso. Por tanto hemos ganado mucho. Si hoy podemos convocar a un tercio de la población en el 2002 no eramos ni un décimo. Los goles que hicimos son como los de visitante que valen doble a la hora de la verdad. Si perdemos 5 a 3, que se agarren los “ganadores”. Venimos de muy atrás y por tanto, algunas disquisiciones más sofisticadas deben esperar. Nada es conducente si no lo metabolizan las mayorías. En términos un tanto provocativos, a algunos les suelo decir: volveremos en el 2011. Y en serio podría ser una opción. A menos la que yo alentaría. Los que agarren de apuro el paquete en una eventual emergencia en el año actual, se van al bombo. Porque se van a pelear, no podrán estabilizar sus pretensiones y además, se la vamos a hacer difícil. ¿porqué no? ¿tendría sentido aguardar en forma lastimera? Lo que vale es que en cualquier caso, somos muchos los que nos hemos sentido convocados y tenemos ánimos para pelearla duro en los tiempos que se avecinan. Los pronósticos más escépticos sobre diluciones inexpresivas, son una eventual posibilidad, pero no es lo que se ha esbozado en este tiempo transcurrido. Además, por cierto, hay que estar ahí para exigir y respaldar lo mejorcito. En cualquier caso, no nos anticipemos. Hoy hay que pelearla a rajatabla para sacar un empate de visitante. (El artículo de Luis Bruschtein del sábado en P12 recordándonos lo de Lula y poniéndolo en perspectiva con lo que nos toca vivir, no tiene desperdicio). Hoy figuramos en la tabla. Ya no peleamos por descenso.
Mario:
Gracias. Pese a otras lecturas que pueden hacerse, yo no soy pesimista ni en el peor de los casos. Creo, sí, que hay que empezar a pensar el repliegue. No soy el único, por cierto: estas cosas se debaten en todo el kirchnerismo dentro del PJ.
Existe, sin embargo, un riesgo, y ese riesgo reside en aferrarse al gobierno más de la cuenta. Honestamente, prefiero perder el turno y volver en 2014. Que la sociedad vea (un poquito, no demasiado) los “proyectos alternativos” -¿existirá tal cosa?- mientras nosotros recuperamos el sentido de la tarea.
Pensar el repliegue es, entonces, la tarea a la que estoy abocado.
PD: ¿seguís pensando que todo hubiese sido mejor con la UD?
Te confieso Eze, tal vez pase por este texto y en mi triunfalismo preferi ignorarlo. Tu capacidad de analisis es inmensa y es una bendicion tenerla de este lado.
Este texto adquiere ahora otra dimension, mucho mas palpable y tangible.
Saludos.
Mauri:
Se agradece. Pero sos vos, como es Abel, como muchos otros que no me canso de citar en cada aniversario de este blog, el que despierta, con sus preguntas, sus afirmaciones y sus negativas, mis ganas de escribir. Este blog es una larga charla, y vos, amigo, estás del otro lado de ese eterno cafecito que es la vida. Gracias por la paciencia.
Un abrazo,
Ezequiel