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Notas de campaña (I).

21/04/2009

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Debo confesarlo: me aburren enormemente las campañas electorales de los últimos años.  No hay debate, no hay intercambio, no hay misterio. En mi  caso, ni siquiera hay demasiada ansiedad, aunque sospecho que esto último puede cambiar en los próximos treinta días.

Entretanto, hay que hacer algo, escribir algo. Y los temas de la oposición -la inseguridad y el dengue-, con todo lo interesantes que son, en la medida en que revelan las miserias del proyecto abierto en 1976 -pues la expansión sideral de la marginalidad y la exclusión durante las últimas tres décadas ha ido de la mano con el desguace del sistema sanitario y educativo que hiciera de nuestro país, en el pasado, un orgullo de la región y del mundo-, no me motivan a escribir nada serio. Cosa que puede también cambiar en los próximos días.

Mientras releo, entonces, con un semblante bastante abúlico, las páginas de los principales diarios en búsqueda de alguna consigna que trascienda el nivel burdo de la barricada, me encuentro con estas declaraciones de Eduardo Duhalde: 

“Este año me voy a hacer cargo de la conducción del justicialismo”

Cosa que me preocupa, en tanto afiliado.

Veamos el contexto de la frase: un local capitalino -el Negro, disgustado con Macri por el armado de las listas, viene amagando con desembarcar en la ciudad-, en el que se presentó la candidatura a diputado nacional bonaerense de Daniel “Chicho” Basile, quien fuera su abanderado en la “cruzada” por el PJ bonaerense el año pasado, y que hoy no termina de encajar en las listas del binomio Solá – De Narváez. Entre los asistentes, destacó largamente la presencia de la activista Cecilia Pando, reconocida defensora de los militares condenados por delitos de lesa humanidad. Como era de esperarse, otros se anotaron en esta carrera.

¿Cómo se entiende la jugada del Cabezón?

Si leo bien, Duhalde juega fuerte, y a dos puntas. Por un lado, le advierte a Macri que la sociedad política que conforman debe redituar políticamente a todas las partes. Por la otra, se posiciona como sucesor del kirchnerismo, especulando con que un mal desempeño electoral en el territorio bonaerense le permita capitalizar eventuales diásporas, y apostar, así, a un papel relevante en la etapa 2009 – 2011, sea como garante de la gobernabilidad, sea como eventual candidato -algo que sus más fieles seguidores, como Barrionuevo y Venegas, no descartan-. Fue precisamente Venegas quien acercó a Claudia Rucci a las filas de Unión – PRO.

Aquí se revelan las complejidades de un entramado opositor que requiere integrar en sus filas, no sólo a los díscolos peronistas disidentes, sino incluso a muchos dirigentes leales a la conducción nacional liderada por Néstor Kirchner. Conocedor de esta realidad, Duhalde apuesta a girar de nuevo la bisagra, redefiniendo la sociedad con Macri -hoy por hoy, signada por el predominio del empresario- como cabecilla de un peronismo razonablemente unificado.

No hay 2011 sin 2009, como supo sintetizar el siempre lacónico Carlos Reutemann. Pero tampoco hay 2011 si no se dirime primero una conducción opositora. Menos aún, si una parte significativa del peronismo no abandona definitivamente las filas oficiales. Estos liderazgos también se dirimen un 28 de junio. Duhalde lo sabe, y ya largó su campaña.

Ezequiel Meler,

Administrador.

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