“Macri o Kirchner”

Así definió Abel Fernández el contenido de la disputa electoral en curso, y pese a que disiento en algunas de sus observaciones específicas, estoy sustancialmente de acuerdo con su lectura.
En efecto, junio significará muchas cosas, pero esencialmente representará un test decisivo para el futuro del proyecto kirchnerista, frente al desafío más concreto que, en términos de opciones de poder y proyectos de nación, puede planteársele hoy: el del neomenemismo conformado por el peronismo disidente y el macrismo -donde los dirigentes y las estructuras las pone el primero, y el sentido proyectivo lo pone el segundo-.
¿Interna o plebiscito? Ya discutimos esto con anterioridad, y llegamos a la conclusión, algo rugosa en su fórmula, de que será un plebiscito, precisamente en la medida en que se presenta como una interna, en un contexto en que las diversas referencias del peronismo -en este caso, el kirchnerismo y sus aliados versus el duhaldismo y el macrismo- aparecen como el germen de su propio recambio.
Es decir, está claro que aparecen distritos en los cuales prima el aspecto “interna” (GBA, Córdoba, Santa Fe), tanto como que, en la dimensión nacional, todo un sector del no – peronismo y del antiperonismo ha de ejercer un “voto útil” a favor de la opción política que le permita cumplir su sueño dorado, esto es, derrotar al kirchnerismo. Y esa opción, hoy por hoy, es la que se nuclea en torno a la entente Macri – Duhalde.
¿Perderá el kirchnerismo? Dados los nuevos acontecimientos de Santa Fe, Córdoba y Mendoza, es lo más probable. En las condiciones actuales, ni siquiera la jugada de las “candidaturas testimoniales” -que no tienen nada de ello, así las fustiguen De Narváez, Cobos, Binner, Busti, Zaffaroni, Schiaretti, Solanas, Badeni, Mondino, Carrió, Macri, Sabbattella, etc.- puede lograr un volumen de votos tal en el conurbano y el interior de la Provincia de Buenos Aires como para compensar las derrotas electorales casi seguras en cuatro de los cinco distritos más importantes del padrón, que concentran más del 70% de los sufragios.
No, lo que se define en la Provincia no es el “voltaje” que todavía despierta el kirchnerismo en la sociedad en general, sino su capacidad de liderar al peronismo bonaerense, y por ende, de transformarse en un actor perdurable de la política argentina, con independencia relativa de los avatares de 2011. En ese sentido, creo que la apuesta de Kirchner tiene más elementos de repliegue estratégico sobre el territorio que de golpe táctico con fines de iniciativa, y la reacción destemplada de varios gobernadores y caudillos provinciales del propio peronismo -que se estaban preparando para heredar su poder sin discusiones ni disputas- abona esta perspectiva.
¿Qué se juega en estas elecciones, entonces?
Varias cosas. El liderazgo al interior del peronismo bonaerense, que en buena medida será una medida del liderazgo respecto del peronismo nacional, en primer lugar. ¿Alcanzará, al menos para eso, con ganar la Provincia? Todo depende de los márgenes, pero también de las estrategias. En criollo, el kirchnerismo, desprovisto de la hegemonía cultural que detentaba hasta hace dos años, debe decidir si continúa con su política de alianzas de corto plazo o apuesta a un mediano plazo con fuerzas propias, medianamente puras, en todos los distritos.
La suerte de las alternativas opositoras, en segundo lugar: en esa carrera, parece claro que el entramado de la alianza residual UCR – CC va quedando relegado al tercer puesto. Esto, no obstante, no implica necesariamente una marginación, ya que serán sus votos los que decidan la interna general, ahora o en 2011. De más está decir que, hoy por hoy, ese electorado es marcadamente antikirchnerista, por lo que el pronóstico es bastante malo.
La estrategia de las corporaciones, en tercer lugar: al parecer, sus dirigentes, poco convencidos del impacto de una participación directa, prefieren mantener prescindencia, apostando a colocar referentes propios de segunda y tercera línea en todas las listas, pero especialmente en el peronismo disidente. Como han señalado, a su turno, Néstor Sbariggi y Mario Wainfeld, esto tiene su lógica: la presión corporativa, y no la convocatorial electoral, es el arma dilecta de estos sectores.
Finalmente, se define el tono de la etapa 2009 – 2011. La disyuntiva que se le presentará al oficialismo luego de las elecciones reside en discernir qué sociedades pueden viabilizar su gobernabilidad entre esa fecha y las presidenciales, y a qué costo.
El peronismo, como toda estructura policlasista, siempre ha gobernado en sociedad, algo que sus detractores suelen olvidar. En la composición de esas sociedades puede leerse mucho de su historia y de su presente. Si la clase obrera suburbana, sumada a la clase media y baja del interior, constituyó la columna vertebral de su gobierno en el 45, la sociedad de una parte de esta alianza con la clase media y alta liberal signó el dispositivo menemista, frente a la renovación resurrecta en el Frepaso. Entre 2003 y 2007, Kirchner gobernó sobre el apoyo de los restos de esa estructura social -desocupados, excluidos, clases bajas y medias del interior-, con la sociedad inherentemente minoritaria, pero significativa, de los sectores progresistas de la clase media urbana y rural.
El interrogante que se abre hoy reside en elucidar con qué actores sociales ha de constituirse una eventual opción de relevo anti kirchnerista. En otras palabras, a quiénes apelará, prioritariamente, el neomenemismo, o, si se prefiere, la restauración en marcha.
Ezequiel Meler,
Administrador.
Postdata:
Por cierto, los alaridos de los republicanos vernáculos sorprenden por su corta memoria y estrechez de miras. Si el problema es la presunta “estafa a la voluntad popular“, habría que constatar dos cosas. En primer lugar, que la práctica de abandonar cargos antes de la finalización del mandato está extendida a todos los arcos de la política argentina desde hace muchos años. Concretamente, este 28 de junio no será el oficialismo el único en recaer en dicha práctica: los casos de Felipe Solá, Martín Sabbatella, y Gabriela Michetti así lo demuestran. Todos ellos están en funciones en cargos electivos, y todos ellos han de presentarse como candidatos a nuevos cargos, abandonando los existentes en caso de obtener las nuevas designaciones. Lo mismo hicieron Francisco De Narváez y Margarita Stolbizer en las provinciales de 2007 y 2003, respectivamente. El oficialismo, en cambio, no oculta que sus candidatos han de continuar en sus puestos actuales.
Pero no sólo se lanzan candidaturas sin abandonar los cargos existentes: también -y esto es notablemente más grave- se abandonan partidos políticos y se producen “pases” del oficialismo a la oposición sin abandonar las bancas y magistraturas obtenidas. Los casos paradigmáticos, en este sentido, son los de Eduardo Lorenzo Borocotó y Julio Cobos. Este último, que es nada menos que el vicepresidente de los argentinos, ha llegado al extremo de reintegrarse a un partido de perfil opositor y presentar listas contra el gobierno que integra sin renunciar al cargo, algo que, unido a su recordado voto en el Senado el año pasado, no cuenta con precedentes en la historia contemporánea de la Nación.
No escuché a los constitucionalistas anunciar presentaciones judiciales contra estas prácticas, tanto o más nocivas para el funcionamiento de las instituciones que aquellas propugnadas por el oficialismo de cara a las elecciones de junio. Por eso, muchachos, un poco de calma y un tecito no les harían daño: miren que hace mal tanto pescado podrido.
EM





Ezequiel:
Respecto a tu postdata y tu referencia a la estafa a la voluntad popular, creéme que se me hace difícil, por lo obvio, explicarte la diferencia que hay entre postularse para un cargo que vas a asumir y postularse para un cargo que no vas a asumir. Se entiende ?. Precísamente allí reside la estafa. Si el objetivo no es engañar a la gente, qué sentido tiene poner en la boleta encabezando la lista a Scioli, por ejemplo ? Hace falta que te explique la cantidad de votantes que sólo votan por la cabeza de lista, y que recién conocen a los otros candidatos cuando se encuentran con la boleta en el cuarto oscuro, esto en el caso de que lean algún nombre por debajo del primero ? O acaso Scioli va a hacer explícita su decisión de no asumir como diputado en cada acto de campaña, o en el material de propaganda electoral, para no defraudar a la gente, o acaso las boletas van a hacer alguna referencia explícita a esa circunstancia. A esta altura tengo la certeza de que pensás que somos unos ignorantes o unos pelotudos.
Ricardo: la diferencia, teniendo a la vista ejemplos tan curiosos (vg: un diputado que abandona la banca que ya tiene, a mitad de mandato, para conseguir otra por otro partido, ¿no traiciona a sus votantes?), no parece tan obvia a mis ojos como a los tuyos. Por otra parte, una candidatura “testimonial”, etimológicamente hablando, sirve para dar testimonio, prueba de fe. En este caso, fe en un proyecto político. Nadie, pero nadie, cree que Scioli o Kirchner vayan a asumir como diputados, si es que finalmente se presentan. Invertí tu certeza: el que cree que los argentinos son “ignorantes o pelotudos”, sos vos. Algo, por cierto, muy común entre los que no pueden entender los niveles de apoyo, no mayoritarios, pero sí significativos, que mantiene, pese a todo, este gobierno
Seguís sin entender: Precísamente es al revés. Felipe se postula porque considera que su actual banca no es legítima si el ya no comparte el proyecto del gobierno por el que fue elegido. Si lo que quieren es plebiscitar el “modelo”, pongan las bolas arriba de la mesa y háganlo en serio, como hizo Chavez.
Ricardo:
Créeme que entiendo muy bien. ¿Devuelve la banca ilegítima, Felipe? En tu lógica, debería, puesto que -amén de no compartir el proyecto-, insinuó que 2007 fue una victoria fradulenta -algo que lo compromete también como gobernador en aquel momento, no sólo como diputado electo por nuestras listas, encabezadas por Scioli en octubre de 2007-.
No, no la devuelve. Apenas renuncia a una y se la deja al suplente, siempre que gane la banca alternativa. ¿A cuál renuncia? Siguiendo tu lógica, no lo sabemos. Por cierto, renunciar es algo que debió hacer al instante de pasar a la oposición, no cuando tiene enfrente otra banca. Posiblemente tampoco termine ese mandato, si le va bien en un binomio presidencial en 2011.
Un caso similar es el del vicepresidente Julio Cobos, que utiliza los fondos y el cargo para hacer campaña por la UCR, partido opositor en el que fue readmitido formalmente en menos de un año, y que ya planifica enfrentar a este mismo gobierno, en junio, por no decir en 2011.
La Constitución no tiene previsión de plebiscitos revocatorios, por lo que la comparación con Chávez es improcedente. Acá, el único mecanismo sería llamar a presidenciales anticipadas directamente. Pero eso no es lo que votó la gente, ¿o sí, Ricardo?
Acá el único que está pretendiendo plebiscitar la gestión es el gobierno, pero como sabe que pierde a lo perro, recurre a la estafa, y como siempre, subestima a la gente. En cuanto a Cleto, te recuerdo que se lo debemos a otra de las alquimias de Néstor.
Ricardo:
Está bien, votalo a Felipe que es un hombre de principios -por eso hace menos de un año estaba con nosotros, antes con Duhalde, antes con Menem y antes con Cafiero-.
El entero sentido de esta entrada es marcar la antinomia política de la coyuntura: para usar nombres propios -porque eso es PRO- Néstor o Mauricio (y sus candidatos, Gabriela, Felipe y Francisco). Con líderes como esos, y con dirigentes como Santilli, Ritondo, Mércury, etc., en pocos años vamos a estar en el primer mundo…
PD: Por cierto, nunca dije que no fuera un plebiscito: al contrario, dije que era un plebiscito. Algo así como presentar a la vice de candidata a diputada… ¿No la votaron para vice jefa de gobierno?
Es un plebiscito que se juega como una interna, es cierto. Pero ¿qué es lo que se plebiscita? si se tratara solamente del predominio bonaerense entre Kirchner y Duhalde sería de transparente interés para la gran familia peronista pero mucho más opaco para el resto. Y no es así.
Lo que se plebiscita es la hegemonía ideológica de dos modelos de país contrapuestos. Uno en el que el Estado sintetiza las disputas sectoriales en la estructura de clases existente para proyectar su transformación (transformar la matriz productiva implica alterar las clases sociales mismas). Otro en el que el Estado representa a las clases tal cual son, asegurando su reproducción e inmovilidad; es decir: representa al Mercado.
Yo no estoy seguro de que Kirchner tenga conciencia plena de representar un proyecto transformador. En cambio, sí estoy seguro de que la Oposición tiene plena intención de representar el mantenimiento del status quo. Por lo tanto, tengo claro que mi voto debe ir hacia la posibilidad de que la transformación sea discutida en el Estado. Como dijo Luis D’Elía hace ya mucho: este es un gobierno en disputa”.
Si la Oposición consigue seducir y unificar a la mayoría estaríamos volviendo a los noventa. Y yo ya estoy viviendo mis últimas décadas, como para esperar otros diez años y otro desastre para empezar de vuelta; no, gracias. Las virtudes republicanas de las candidaturas (sean testimoniales, desgrasadas o bajas en sodio) me las paso por ahí donde Ricardo se lo puede imaginar. Un abrazo.
Roberto:
Exacto! El aspecto “interna” vale en la medida en que el peronismo disidente es parte del recambio, pero el país no peronista (para no decir “el país antiperonista”) va a votar “K o anti K”.
Ahora bien, es cierto que hay dos proyectos en disputa, y ahí le pifia Tumini, con sus caracterizaciones a medias. Ni hablar de Solanas…
Kirchner ha demostrado conciencia de este aspecto, aunque su concepción de la política me resulta demasiado “alfonsinista”, para decirlo de algún modo, en los términos del ideario del 83. Es decir, sabe lo que quiere, pero no tiene la menor idea de cómo realizarlo, o bien -peor aún- cree que sabe, y termina en Catamarca, o aliado a Reutemann y Obeid, etc. Los casos de Santa Fe y Córdoba, donde después de seis años llegamos a la conclusión de que es mejor perder con listas propias que ganar con socios que no son socios, representan una muestra clara del límite político – ideológico que tiene el proyecto. La política social es otro punto flaco. Y uno podría seguir, pero es como vos decís: nosotros tenemos esto, que puede ser poco o mucho, pero frente a esto se alza la voz de una mirada reaccionaria.
Flaco desempeño del progresismo y de la izquierda (salvo el PC) en esta coyuntura decisiva. No los voy a acusar de una derrota, porque es la sociedad la que ha virado, y no para ese lado, pero podrían haber hecho, por una vez, una estrategia de Frente Popular. Como la Unión Democrática, pero con los peronistas. Pero que, en el mejor de los casos, sean neutrales…
Bueno, de todos modos no pasan del 5%. El voto útil también les va a pegar a unos cuantos con complejo de estadista.