1976 – 2009: Todo está clavado en la memoria.

Música de León Gieco.
“Con una descendencia elaborada -no como contraproceso, sino que sea la descendencia del proceso- el juego del péndulo no tiene sentido. El juego del péndulo vino justamente como un juego entre el proceso, los procesos y los antiprocesos. Las salidas, los procesos militares eran salidas sobre las bases del anti-proceso militar; entonces generaban lógicamente la contrarreacción de la otra salida del gobierno civil por parte de los militares que lo echaban. Eso no puede ser. El proceso no puede ser heredado por el antiproceso. El Proceso tiene que ser heredado por el propio Proceso, para lo cual el proceso tiene que crear su propia descendencia. Y esa es la descendencia que va a crear esa convergencia sobre la concentración en objetivos comunes que aceptemos civiles y militares, médicos y sacerdotes, jóvenes y adultos y viejos en esa concertación sobre los objetivos. Y eso va a darle trascendencia al proceso. La descendencia que es trascendencia y el juego del péndulo, si eso se mantiene, no tiene objeto ni sentido.“
Jorge Rafael Videla, 1979.
(Video gentileza de Mundo Perverso).
“El poder dictatorial pretendía así que el pueblo todo se rindiera a su arbitrariedad y su omnipotencia. Se buscaba una sociedad fraccionada, inmóvil, obediente, por eso trataron de quebrarla y vaciarla de todo aquello que lo inquietaba, anulando su vitalidad y su dinámica y por eso prohibieron desde la política hasta el arte. Sólo así podían imponer un proyecto político y económico que reemplazara al proceso de industrialización sustitutivo de importaciones por un nuevo modelo de valorización financiera y ajuste estructural con disminución del rol del Estado, endeudamiento externo con fuga de capitales y, sobre todo, con un disciplinamiento social que permitiera establecer un orden que el sistema democrático no les garantizaba. Para el logro de estos objetivos querían terminar para siempre con lo distinto, con lo plural, con lo que era disfuncional a esas metas. Ese modelo económico y social que tuvo un cerebro, que tuvo un nombre y que los argentinos nunca deberemos borrar de nuestra memoria y que espero que también la memoria, justicia y verdad llegue, se llama José Alfredo Martínez de Hoz. Lamentablemente, este modelo económico y social no terminó con la dictadura; se derramó hasta fines de los años 90, generando la situación social más aguda que recuerde la historia argentina.”
Néstor Carlos Kirchner:
“Discurso en conmemoración del Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia”, Colegio Militar de la Nación, 24 de marzo de 2006.
Este no será un 24 de marzo más. Y por ende, la reflexión que lo piense debe dar cuenta de la diferencia, tanto como de la continuidad.
Durante los años noventa, el 24 de marzo se fue volviendo (especialmente a partir del aniversario de los 20 años) una movilización masiva, que supo aglutinar a todos aquellos que se oponían a su herencia en los años de la post dictadura. Masivo como llegó a ser, ese aniversario no despertaba, sin embargo, mayores críticas por parte de los voceros del orden establecido. El poder real pasaba por otro lado en aquellos días, y no estábamos en condiciones de disputarlo. Sin una disputa efectiva sobre el contenido y el legado de la Dictadura, las marchas, los tenues avances judiciales, e incluso cierto consenso periodístico (véase por ejemplo este artículo de La Nación, de 1996) respecto del horror sufrido, no eran amenazantes.
La situación comenzó a cambiar a medida que, luego de la debacle de 2001, se hacía claro el proyecto político que, encarnado en la presidencia de Néstor Kirchner, permitía una ruptura histórica con la impunidad de los genocidas, a la vez que daba inicio, por fin, a la ruptura decisiva con el aspecto central de aquella herencia. Me refiero, claro, al régimen de acumulación neoliberal, cuyos pilares están hoy en tela de juicio.
El año pasado vimos lo que podía implicar cualquier avance en este sentido: un conflicto sectorial desató la más furiosa reacción social de la derecha en veinticinco años de democracia. Vastos sectores de la ciudadanía se movilizaron detrás de las banderas de entidades largamente vinculadas a los intereses más tradicionales y conservadores de nuestro país. Recordaremos, a tal efecto, las declaraciones públicas de dirigentes como Néstor Roulet y Pedro Apaolaza, ambos pertenecientes a CRA.
En el análisis de estos desarrollos, Alejandro Horowicz señaló:
“La derecha restableció su filiación con la dictadura terrorista burguesa del ’76, al reconocer –al igual que el entonces almirante Massera en el juicio a las juntas– que esta democracia es el resultado de esa dictadura. El bloque campero reconoce sin vergüenza que su línea de ahora continúa punto por punto la postura de entonces. Debemos admitir que es cierto. Exterminaron a la oposición obrera y popular, a las organizaciones que la nucleaban, aplicaron el programa de reprimarización de la economía nacional sintetizado por José Alfredo Martínez de Hoz, y fracasaron.”
¿Fracasaron? La reciente controversia pública sobre pena de muerte y el pedido de un sector de la farándula por el retorno del Servicio Militar Obligatorio -una experiencia que seguramente no desean para sus hijos- pone en cuestión la real magnitud de ese “fracaso”.
Que hayan pasado más de treinta años, y se mantengan vigentes muchas de las leyes de aquella Dictadura -el grueso de la reforma financiera, la ley de comercialización de granos, la ley de radiodifusión, y la lista sigue- supone una deuda que, en verdad, prueba lo contrario: a la fecha, todavía luchamos contra la herencia de un régimen que dejó su impronta en casi todas las áreas de la sociedad, pero especialmente en el campo de la cultura política.
Daniel Freidemberg lo expresó con mayor precisión:
“Es que si es cierto que si, desde 1983, casi nadie quiere volver a una dictadura, son muy pocos también los que están dispuestos a que este deje de ser el país que dejó la dictadura. [...] ¿Eso quiere decir que nunca antes, desde fines del 83 en adelante, estuvo en cuestión el proyecto de la dictadura? ¿Y el Nunca Más, entonces? ¿Y los juicios a las juntas? Dejando de lado lo que después ocurrió con Punto Final y Obediencia Debida, y dejando de lado incluso el modo autolimitado en que lo hizo, los procesamientos y las condenas a los miembros de la dictadura y a algunos ejecutores de su política represiva durante el alfonsinato afectaron a las personas que condujeron y ejecutaron el programa que instaló el proyecto de la dictadura, pero no afectaron al proyecto mismo. Y es precisamente el proyecto de la dictadura, denunciado en gran parte en la famosa carta de Walsh y explicitado por la dictadura misma, lo que nunca se tocó, ni durante Alfonsín ni durante Menem ni durante De la Rúa ni durante Duhalde. [...] Esa es la línea que vino a interrumpir, sorpresivamente para muchos (incluso para muchos de los que hoy lo apoyan, tal vez la mayor parte) Néstor Kirchner.”
Por ello, un nuevo aniversario del golpe militar más sangriento de nuestra historia no debe encontrarnos en un mero ejercicio de memoria pública, si bien dicho ejercicio resulta esencial. No debe hallarnos en un mero reclamo de justicia, aún cuando dicho reclamo es una pieza indispensable del camino a desandar. Debe forzarnos a una reflexión más profunda, que abarque el país y la sociedad que tenemos, y se proyecte en el tiempo, hacia la sociedad y la Nación que debemos ser.
Ezequiel Meler.
Administrador.
P.S.: Agradecemos la colaboración de Diego F., del blog Mundo Perverso. El documento con la conferencia de prensa de Videla no hubiese sido accesible sin su ayuda, y su post sobre el tema fue una indudable inspiración.





Uf, buenísimo el informe Ezequiel. Sobre la conferencia de prensa de videla es increible cómo no la levantó nadie en los medios masivos, y cómo pasó casi desapercibida incluso en la blogósfera. Creo que se expresó con una transparencia (que obviamente surge de esa sensación de impunidad y poder) que permitió ver cuál era el plan. Lamentablemente el plan salió bien y eso es lo que tenemos que tener presente a la hora de evaluar el presente.
Abrazo!
Diego: gracias. Vuelvo a hacer público que, si este informe fue posible, ello se debe al laburo brillante que hacés desde Mundo Perverso, en el cual me basé. Un abrazo,
Ezequiel.
muy bueno.