Los Foros Sociales Mundiales y el nuevo internacionalismo de izquierda.

1.
Durante mucho tiempo, y especialmente tras la caída del Muro de Berlín, la fuerza del discurso neoliberal provino de su apelación a la existencia de fuerzas impersonales -el mercado, la globalización, la economía en general-, cuyo avance era, al mismo tiempo, necesario e inevitable. ¿Qué podíamos hacer nosotros, simples mortales, contra lo que parecía ser, ni más ni menos, una nueva y más genuina manifestación del espíritu de la historia? Si, como creímos durante décadas, la Historia no estaba librada al acaso, sino que tenía un propósito y un sentido, ¿cómo negar la función perversa del presente en el curso general de los acontecimientos, sin renegar al mismo tiempo de la fibra misma de nuestras convicciones?
La respuesta, un tanto obvia, sobrevino una soleada mañana de otoño, allá por 1999. Todo comenzó en Seattle, una ciudad pequeña aunque altamente sindicalizada. La cumbre de la OMC, prevista para el 30 de noviembre de aquel año, encontró una inesperada resistencia, coordinada por sindicatos y organizaciones sociales de todo tipo (feministas, ecologistas, pacifistas, religiosos, etc.). Los manifestantes, inicialmente alejados de las tradiciones de lucha obrera, no intentaron entablar combate con las fuerzas represivas. Simplemente, se sentaron en las escalinatas del edificio consignado por los organizadores, el Teatro Paramount, dispuestos a impedir el acceso de los delegados nacionales. La violenta represión subsiguiente sólo en parte logró sus objetivos: pese a la movilización de la Guardia Nacional, los manifestantes eran sencillamente demasiados. Nacía así el altermundismo, la primera opción socialmente movilizada contra la globalización neoliberal.
2.
Dos años después, bajo el auspicio del PT do Brasil y de la organización internacional ATTAC, las diversas fuerzas antineoliberales que se habían expresado en las jornadas de resistencia pasaban de la protesta y la acción directa a la propuesta y la organización. El Primer Foro Social de Porto Alegre, realizado en enero de 2001, fue considerado la respuesta orgánica a los Foros Económicos Mundiales, organizados por los países más industrializados, y sustentados por los organismos multilaterales de crédito.
Desde entonces, los Foros Sociales (en adelante, FSM) han sido un modo, no el único, de tomarle el pulso a la bronca generada por las políticas globalizadoras. Situados en el centro de un sinnúmero de agendas, los FSM han trabajado problemáticas ligadas a la salud, al género, al trabajo, al medio ambiente, a la discriminación, al desarrollo, etc. Por sobre todas las cosas, han sido verdaderos faros de reflexión sobre las condiciones de un anticapitalismo posible, a partir de la experiencia compartida de sus distintos participantes.
3.
Claro que, con el correr de los años, y ante el ascenso, especialmente en América Latina, de variadas constelaciones progresistas, mantener la preciada unidad de las diversas tendencias, así como una postura positiva y productiva, se fue volviendo cada vez más difícil. Esto fue visible, por caso, en la edición de 2006, cuya estadía caraqueña despertó airados balances. Para el mexicano Luis Hernández Navarro, por ejemplo:
“A diferencia de los foros anteriores, la reunión de Caracas tuvo un carácter más marcadamente político-estatal, es decir, estuvo centrada en el debate sobre las estrategias de poder, la naturaleza de los gobiernos de izquierda en América Latina, la resistencia al imperialismo y la integración regional. Esto no quiere decir que las reflexiones sobre el estado actual de los movimientos feministas, indígenas, ambientalistas, por un software libre, de comercio justo, por una comunicación alternativa, contra la deuda externa, por la diversidad sexual o a favor de una economía popular estuvieran ausentes. Sin embargo, el sello específico del foro no estuvo marcado por sus reivindicaciones. En distintos momentos el foro adquirió un carácter más propagandístico y de denuncia que de análisis profundo de las nuevas realidades. La reunión estuvo más cerca de ser un acto antimperialista ortodoxo que un foro altermundista heterodoxo; ratificó y dio un impulso a una corriente política ya existente, pero no abrió nuevos horizontes. El pensamiento de izquierda de los setentas ha renacido y se está comiendo otras expresiones del pensamiento crítico.”
La respuesta llegó de la pluma del sociólogo argentino Atilio Borón, quien replicó:
“Si los movimientos reunidos en Caracas comenzaron a discutir temas como las estrategias de poder; el imperialismo y los esquemas de integración regional; y la naturaleza y desempeño de los gobiernos de izquierda en América Latina (Cuba, Venezuela y Bolivia) o de la capitulante “centro-izquierda” (cada vez más inclinada hacia el primer término de la ecuación), esto constituye una muy buena noticia. La instalación de esos temas en la agenda de los movimientos revela una promisoria maduración de las fuerzas sociales en consonancia con la evolución experimentada por la coyuntura política latinoamericana desde la primera edición del FSM, en Porto Alegre, en enero del 2001. Si en aquel momento el neoliberalismo campeaba casi sin contrapesos -con la excepción de Cuba y las incertidumbres que signaban los primeros momentos de la revolución bolivariana- la situación actual es radicalmente distinta. Lo grave habría sido que todavía en el 2006 los movimientos sociales hubiesen llegado a Caracas para regodearse en su narcicismo explorando las infinitas gradaciones y matices que les confieren su única identidad, desentendiéndose por completo de los desafíos planteados por la coyuntura nacional, regional e internacional. Esto habría significado, en la práctica, el certificado de defunción del Foro, convertido de ese modo en un ámbito meramente escolástico. Precisamente, porque buena parte de los movimientos – no todos, por cierto- tomaron nota del significado histórico de la inclaudicable resistencia de Cuba a un bloqueo que casi dura medio siglo; de las reiteradas declaraciones de Chávez en el sentido de que no hay solución en el capitalismo y que el futuro de las luchas emancipatorias se encuentra en el socialismo; y del acontecimiento epocal simbolizado por el triunfo de los pueblos originarios en Bolivia, con Evo Morales a la cabeza, es que incorporaron en su agenda aquellos temas de índole político-estatal que Hernández Navarro considera inapropiados para discutir en el Foro. Ocurre que aquellos movimientos y fuerzas sociales antes no eran una opción de poder real; ahora sí, y un cambio de tal envergadura no podía dejar de reflejarse en la temática discutida en el Foro.”
4.
Esta controversia, por cierto, tuvo otras miradas, o, al menos, otros autores. Pienso en los trabajos de Jorge Sanmartino, Carlos Gabetta, Eddy Ramos Ludueña, Verónica De La Torre, etc. En general, no obstante, los términos de la discusión se mantenían incólumnes. O bien se sostenía que los FSM debían renunciar por anticipado a convertirse en otra cosa que un espacio de encuentro de diferentes experiencias, tan diversas como irreductibles, bajo el formato y la agenda de organizaciones autónomas, o bien, que era imperativo transformarlos en estructuras para la acción, esto es, reorganizarlos gradualmente como espacios de coordinación de acciones concretas, en el marco y a favor de reformas sociales de neto tinte anticapitalista. Quien mejor marcó el eje de la cuestión fue el destacado intelectual norteamericano Noam Chomsky, quien sostuvo que los Foros ya eran “internacionales de la Izquierda”. Parea él, el verdadero motor de los cambios en América Latina estaba clarísimo: su potencia nacía de la iniciativa de los Foros:
No sé por qué, pero ya en ese momento se me hacía que no era tan así. De hecho, como puede verse, sostuve una prelación inversa, a saber, que fueron las sucesivas y variables mutaciones en la correlación de fuerzas en el seno de cada sociedad las que alentaron la idea misma de una equiparación de lo diferente. El cambio mantuvo rasgos comunes y rasgos propios a la vez, como resultado de un equilibrio determinado entre lo general y lo particular, equilibrio que modificaban, entre otros factores, la historia y la identidad cultural de nuestros pueblos.
5.
Pero está claro que, a partir de Caracas, algo se rompió. Los FSM fueron perdiendo autonomía -aunque todavía el MST brasileño pudo darse el lujo, meses atrás, de condicionar la presencia de Lula a su compromiso con la reforma agraria-, y los gobiernos progresistas se fueron fortaleciendo. No debe verse en ello alguna suerte de contradicción, o bien el resultado macabro de una cooptación de fuerzas independientes, como recientemente propuso el periodista uruguayo Raúl Zibechi, en ese tono apocalíptico que tan poco me agrada. Por el contrario, debemos tener la ecuanimidad del caso para reconocer aquello que siempre estuvo ahí -esto es, la dimensión nacional de las luchas sociales-. Esta propuesta puede entreverse, en cierto modo, en las líneas finales del balance, más ponderado, que realiza Boaventura de Souza Santos.
A fin de cuentas, independientemente de la mundialización en curso, la mayoría de la población mundial se levanta cada mañana, y vive su vida cada jornada, de acuerdo a determinantes relacionados con fuerzas y decisiones palbables, que se pueden remitir a sujetos específicos. Pensar la identidad social como una eterna dicotomía entre lo universal y lo particular tiene poco uso: es importante ver, en todo caso, cómo actúa lo universal a través de lo particular en una situación concreta.
Siempre he creído que el primer componente de la política es su dimensión espacio – temporal, o, en otras palabras, su contexto. En el caso de los FSM, independientemente de su discurso universalista, todo lo que he visto lo confirma. Que cada quien saque sus conclusiones, porque para eso no estamos.
Ezequiel Meler,
Administrador.





Para mi el FSM es la V Internacional, no sabia q CH lo pensaba igual, me alegro, pero por otro lado es muy evidente y con el titulo de alguna manera lo aceptas.(supongo)
De hecho creo que va derecho hacia eso, con sus idas, venidas, flujosy reflujos, ocupa ese espacio,el del intercambio internacionalista y fraternal de expresiones anticapitalistas, independientemente de que tenga o no vocacion de Poder, es una referencia para todos los MMSS. No creo que tenga la fuerza ni de la I ni de la II. La 3era fue puro PC. La IV un sello frances.
Asi como esta, a pesar de todo, el FSM funciona y su influencia en el populismo naciente latinoamericano es notable.
Saludos.
Sí, no molestan, pero no se dirime nada ahí. Son lo contrario de la III, que quedó clavada en la memoria, como diría León.
Che, ¿se nota que me había cansado cuando llegué al quinto punto? No hay caso, viejo, el mal es la extensión. Tengo que hacer post más cortos, porque termino fusilado de tanto fundamento.
Gracias por pasar.