Lavado de cara.

2010 Enero 24
por ezequielmeler

En coincidencia con el primer aniversario del blog, decidí cambiar algunos aspectos de su diseño, darle un toque personal. Creo que salió bien… ¿ustedes qué opinan?

EM,

Admin.

Chile, una nueva luz amarilla.

2010 Enero 17

“Hoy se cierra un ciclo, para bien o para mal se cierra un ciclo. (…) Ésta es la última elección con la lógica de los 90, la última elección con la lógica de la transición”

Marco Enríquez – Ominami, hoy, al momento de sufragar por Eduardo Frei.

El triunfo de la derecha chilena clausura, en cierto modo, el proceso de transición democrática que los países del Cono Sur iniciaron en algún momento de los años ochenta. No lo hace, por cierto, a través de una acción de fuerza, sino del anhelo legítimo de los demócratas de aquí y allá: el surgimiento de una derecha que juega dentro del contexto de la institucionalidad y en el marco del respeto por la voluntad popular. La derrota de la Concertación, la fuerza gobernante desde 1990, puede imputarse a varios factores: el desgaste de sus estructuras, la ausencia de un adecuado recambio generacional, el excesivo centrismo de sus políticas -Chile, modelo favorito de las derechas regionales, mantiene uno de los índices de desigualdad más altos del continente-, su escaso celo transformador -permanece allí, enhiesta, buena parte de la legislación pinochetista-, etc. Pero, al menos en este examen, creo que el dato central reside en que sus adversarios no aparecen como una amenaza surgida del pasado, sino que han logrado reconvertirse en promesa de cambio, en alternativa, frente a fuerzas identificadas con ese pasado.

Como en Uruguay, Brasil y en la Argentina, también en Chile ha surgido, con poderosa incidencia en los sectores progresistas, una proclamada alternativa a los esquemas binarios de la política tradicional, y en especial, a gestiones desgastadas por su diario roce con los factores de poder. Pero esa tercera vía, no obstante, no debe asociarse con un determinado tipo de conciencia social y popular, como demuestra el resultado final. La calidad ideológica de los apoyos que despierta, de las adhesiones que genera, tiene menos que ver con la adhesión a un determinado programa político que con la novedad misma de su existencia. Y la novedad, inevitablemente, es un atributo tan relativo como efímero. Este es un desafío que Enríquez – Ominami conoce bien, y que ha de conocer mejor en los próximos meses.

Chile, como en otros tiempos, marca para nosotros una luz amarilla en el camino centrista elegido por algunos gobiernos de la región. Apresuradamente calificados como progresistas por muchos de sus observadores, muchos de los éxitos cosechados por formaciones políticas renovadoras no eran más que un resultado inevitable de la debacle neoliberal que sufrió el Cono Sur a fines de los años noventa. En disputa con las estructuras de poder heredadas, dichas formaciones políticas asumieron una suerte de “giro pragmático“, que les permitió avanzar considerablemente eludiendo todo obstáculo pasible de ser diferido. Pero el agotamiento de su estrategia política, desde un tiempo a esta parte, se evidencia en toda la región, y resulta especialmente agudo allí donde la articulación entre el Estado y los sectores populares organizados no ha alcanzado la masa crítica necesaria para motorizar un proyecto de desarrollo -esto es, casi en todas partes-.

Tiene razón Enríquez – Ominami: la etapa de la transición ha terminado. La denominación vale tanto para el difícil período abierto con la recuperación democrática, como para los gobiernos que se propongan agendas de cambio reducidas a la esfera institucional, disociada del cambio social, cultural y político que nuestra región necesita. Nuevos escenarios se dibujan en una tierra en la que, como ayer, los sucesos trasandinos bien pueden convertirse en espejo de nuestro porvenir.

Ezequiel Meler,

Administrador.

El señor Whirlpool (Un post de Fede Vázquez).

2010 Enero 15

Mi estimable amigo y colega Federico Vázquez, un analista usualmente agudo, me envió esta semana un comentario sobre la coyuntura política. Aún cuando no coincido plenamente con la caracterización de todos y cada uno de los elementos, considero que su breve y bien expuesto argumento merece una discusión profunda. Por eso, con su permiso expreso, lo publico. Para aquellos que aprecien su calidad, pueden encontrar más textos de Fede en Noticias del Sur.

EM,

Admin.

El señor Whirlpool.


El técnico de Whirlpool que vino para arreglar mi heladera me dice:

-La verdad que por la cantidad que se venden, son pocas las que se rompen así, en tan poco tiempo…

-¿Y cuántas se venden?, pregunto, oliendo que la charla me iba a permitir intentar alguna militancia instantánea.

-El año pasado, 450.000.

-¿En serio?

-Si, si, una barbaridad.

“Bueno, tan mal no estamos, entonces”, arranco yo, despacito, subiendo la empinadísima loma anti k. La rapidez del arreglo de la heladera conspira contra mis intentos de sembrar, al menos, la duda. No sé a quién votará ese pibe en 2011, pero lo que es seguro es que el dato de las 450.000 no se traducen para él en….nada. “mm, si, hay de todo, algunos están mal y otros no” cierra, de compromiso.

Pero a mí sí. 450.000. Supongamos que es cierto. Que es como decir que más del 5% de la población cambió la heladera en el 2009. Crecimiento, consumo, producción, recaudación. La calesita feliz kirchnerista. Pienso, si en ese dato no habrá algo que me ayude a entender porqué en los últimos días sectores políticos y mediáticos parecen haber decidido que lo mejor es el caos económico. Por qué las 450.000 heladeras no enfrían esa temperatura insoportable.

Pienso en una primera cuestión: heladeras-empresarios-grupos económicos. Claro, como siempre, los “grupos económicos” conspirando contra el gobierno popular. Por más que, objetivamente, sus intereses se encuentren a buen resguardo. Es más, aunque sus ganancias sean extraordinarias. Pero bueno, no soportan la distribución, así sea pequeña. Mmm, no, no. Muy fácil, muy lineal. No es del todo falso, pero…

La idea de “grupos económicos”, habría que ir dejándola de lado. Muy abarcativa, muy ligada a una época dónde a la economía la mirábamos desde la movilización de la Marcha Federal. Donde era lo mismo el Perro Santillán y Moyano.

Ese error nos viene acompañando en toda la era k, y muy especialmente durante el conflicto con el campo. Esperábamos una rebelión de los “grupos económicos” pero, a nuestros ojos, iban cobrar la forma de una empresa privatizada, de los bancos privados, de Techint, etc. De los que cada año debían ahora discutir salarios en paritarias. ¡Otra vez! Casi nadie hubiera arriesgado que la cosa vendría por parte de los empresarios agrarios. Las referencias irónicas al neo uso de “oligarquía” por parte de los periodistas progres habla de eso. Lanata -como nosotros- está formado en la idea de los “grupos económicos”. Entonces se preguntaba irónicamente: “¿La oligarquía todavía existe? ¿Ese tipo con las botas embarradas es un oligarca?” y así.

Y es cierto, Grobocopatel no es igual a Martínez de Hoz, ni hace 100 años  existía el enjambre de “pequeños y medianos” que hoy pueden sostener un paro por 3 meses.

Lo que hay que pensar es la relación entre esas 450.000 heladeras y el conflicto con el campo. ¿Qué pasa ahí, en esa relación? ¿Por qué el señor Whirlpool no sale a “bancar”?

Por suerte, el técnico que en 10 minutos cambió el repuesto de la heladera resulta clarificador:

-No, éstas se fabrican en Brasil. Desde el 2000 la fábrica de San Luis cerró. Ahora las traen todas de allá.

O sea, no hay señor Wirphol. Hay 450.000 consumidores. Ahora, ¿qué es más probable?

1) Que 450.000 compradores en 40 cuotas sin interés gracias al banco Francés y al Carrefour visualicen el contenido político de su heladera, lo retenga cual peceto congelado y en octubre, en el cuarto oscuro, olvide todo lo que escuchó durante 6 años por los medios y vote “a conciencia”.

2) Que un hipotético conglomerado empresario-productivo, incorpore en sus demandas sectoriales la necesidad del aumento del consumo interno, como variable principal para el aumento de sus ventas.

450.000 heladeras versus Redrado. La pelea viene larvándose desde 2007 y parece haber estallado ahora con la disputa por reservas. El señor Whirlpool no existe, lo que existe son exportadores de cereales en alianza de intereses con los productores de esos bienes exportables. Son “grupos económicos”, pero a diferencia de lo que creíamos, de una economía muy especial. Una economía que no necesita de consumidores locales.

¿Qué interés une a Biolcati con las 450.000 heladeras? Ninguno. Es más: parte de esas heladeras son compradas con lo que el Estado le quita a Biolcati. Pero por otra parte, la tragedia se completa porque el hipotético contrapeso de Biolcati (el señor Whirlpool) vive en Brasil.

El kirchnerismo puso plata en el bolsillo, este año más que nunca. Parece que seguirá así. Y la pobreza va a bajar y muchos serán menos infelices. Pero no hay ninguna costura entre esa renta capturada y volcada a los más necesitados e intereses empresariales para ampliar el consumo interno. O no se ven, o son muy pequeños todavía. Lo más probable es que sea una combinación. Pero el punto es pensar en eso. Pensar que el nudo de la Argentina (sus posibilidades de disputa política, también) es entre una producción -no sólo consumo- volcada al mercado interno y la economía primaria para exportar.

Al campo (a todos, salvo al MOCASE) no le sirve el crecimiento económico. Menos el desarrollo. Sus “buenos” y “malos” años dependen exclusivamente de si llueve o no llueve, si China compra o no compra, si el dólar está más o menos bajo. Listo. Clin, caja. Acá, el tamaño no importa. Sea desde un sillón en la estancia o desde la camisa transpirada del pequeño productor, la mirada está puesta en esas (pocas) variables, en su mayoría exógenas a las decisiones políticas argentinas.

Durante el conflicto con el campo hubo un desplazamiento del debate: siempre se puso como contradicción principal a la renta. O sea: de un lado los agrogarcas que quieren volver a tener 3 departamentos en París y por el otro un Estado que quiere distribuir parte de esa renta entre los más necesitados. Ese conflicto es, en parte, inevitable. Pero encubre uno más profundo, y más condicionante a futuro. Dos pruebas.

1) La salida de esa “luchas de clases en Argentina”, como hubiera titulado Marx de haber estado por estas tierras en junio de 2008, fue un triunfo de los que querían poner límites claros a la apropiación de esa renta extraordinaria. El nivel de retenciones quedó en un modesto lugar. Importante en volumen, pero no tanto en porcentaje. Comparado con las “retenciones” que decenas de países aplican sobre otras producciones primarias, como el petróleo por ejemplo. Cómo dijo Víctor Hugo Morales: “que me saquen el 30% de lo que gano está bien, el 60% no”. Así están las cosas desde entonces, sin ninguna posibilidad de cambio en un futuro cercano.

2) Lo que viene pasando con el Central y las divisas. Es la segunda parte de la película. Y apunta -más claramente que el anterior capítulo agrario- a condicionar el gasto y, por lo tanto, el crecimiento. A primera vista, también se presenta como un conflicto por “caja”, pero en verdad es una pelea por el nivel de producción, por el perfil de esa producción. La oposición por pequeñez política, y los grandes grupos por inconveniencia económica. Las posibilidades de un desarrollo económico de largo plazo están en declive, en paralelo a la supervivencia del kirchnerismo.

El error está en que la cuestión de la renta es sólo el segundo elemento en importancia. La cuestión que los verdaderos “grupos económicos” están queriendo imponer es el grado de desarrollo que les resulta más funcional para su estrategia sectorial. Y ese grado es bajo. El “fin del conflicto” que se pretende, en verdad implica el fin de la tensión actual entre aumento de la demanda interna y aumento de las exportaciones de soja. Aunque en el cortísimo plazo puedan funcionar conjuntamente, son esquemas insalvablemente divergentes.

Es más: una medida como la asignación universal, si bien tiene -además de la virtud ética- la facultad de retroalimentar ese consumo interno y parcialmente de la producción nacional, sigue discutiendo en los mismos términos que antes de la 125. Renta. ¿Por qué el campo no se opuso al ingreso? Porque la medida no está enfrentada con su visión de país. Después de la batalla de la 125, el saldo que queda es un campo con cierta “obligación moral” para con el mar de desposeídos. Una confesión de parte de que el agro algo tiene que ver con eso. Pero siguen siendo países distintos, separados. Un apartheid económico. El campo resigna parte de su renta para que un Estado (menos corrupto, menos crispado, menos politizado en su ideal republicano) mantenga con respirador artificial a la población sobrante. Si mañana no hay plata, se intentará sacar o bajar. Pero no hay contradicción de base.

Ahí está el punto. La población sobrante del esquema económico agrícola exportador. La 125 fue un error político, y todo lo demás. Pero habría que tener en claro que el gobierno jugó mal una pelea que está tallada en piedra: “Combatirás contra los que no quieren una Nación para el desierto argentino”. En el 76 la consigna era “achicar el Estado para agrandar la Nación”, hoy sería “achicar la economía”. Ya lo dijeron los más gurkas, como Lopez Murphy el 2007, “no hay que recalentar la economía”. La misma cuestión aparece sublimada en la discusión sobre la inflación. Mejor crecer poco. Hoy están para algo más, 28 de junio mediante. En verdad, pasa porque logren volver sentido común lo que ya es el pan de todos los días de cualquier productor pampeano: nuestra suerte atada al mercado de Chicago.

Los límites del gobierno para construir una herramienta política propia, que garantice mayorías sociales perdurables, son la otra cara de los límites que tiene para iniciar un desarrollo económico que supere la instancia “rentística” de la justicia social.

CGT – CTA: Algunos apuntes.

2009 Diciembre 27

En un texto sumamente estimulante escrito menos de dos meses atrás, Sebastián Etchemendy analizaba uno de los aspectos más espinosos de la política argentina, como es la continuidad del modelo sindical que, por pereza intelectual, seguimos llamando “peronista”.

Etchemendy comenzaba señalando dos elementos esenciales del sindicalismo nacional:

a) Su carácter escasamente democrático, subrayado por todos los observadores interesados desde 1945 a la fecha.

b) Su capacidad para obtener mejoras económicas ostensibles. Según el autor,

“Ahora, hay un segundo elemento que el dispositivo mediático y cierta izquierda o progresismo de buenos modales se encargan de soslayar sistemáticamente. Los sindicatos argentinos hegemónicos consiguen, en mayor o menor medida, conquistas para sus afiliados. Globalmente, el modelo sindical argentino le pone límites al capital como quizás en ningún otro país no desarrollado y más que en muchos desarrollados.  Basta notar las mejoras salariales conseguidas en el sector formal en los últimos años, casi siempre por encima de la inflación hasta 2008. [...]Mas en general ¿alguien cree que el hecho de que Argentina haya sido desde la posguerra, y sea aun hoy después del diluvio de los 90, el país más igualitario de América Latina es absolutamente independiente del modelo sindical que tenemos?”

En conclusión, para Etchemendy, “el modelo sindical argentino tiene mucho de bueno, pero grietas importantes que la CTA marca con razón: poca democracia interna, escasa o nula atención a los trabajadores no formales, demasiados negocios.” Podríamos alargar el “etc.”, pero la idea se entiende bastante bien. En este punto, no está de más aclarar que, en reglas generales, acuerdo con la caracterización que realiza el analista citado.

Más adelante, Etchemendy se mete en el terreno minado por excelencia: el de la personería. Y, de nuevo, lo hace con notable lucidez, distinguiendo en el reclamo de la CTA dos elementos que muchas veces aparecen retóricamente confundidos, pese a sus implicaciones diametralmente opuestas, a saber, el reconocimiento de la central de tercer grado per se, y su habitual correlato, menos enunciado: la posibilidad de armar múltiples sindicatos por rama en el nivel nacional y de planta. Como bien señala, “en los hechos la CTA reclama ambas cosas. Es decir una asociación de tercer grado (confederación) legalmente reconocida que pueda reclutar uniones, y federaciones nacionales y locales, y a la vez formar sindicatos propios a nivel de planta.”

Ahora la diferencia. Etchemendy propone, en ese texto, cumplir con el primero de los reclamos -esto es, el reconocimiento de la CTA en tanto central de tercer grado-, manteniendo el sindicato único por rama en el resto del esqueleto gremial.

El problema no reside tanto en la propuesta, como en su viabilidad e implicancias. Todo conocedor de la historia del movimiento obrero argentino sabe que la presencia de una central sindical única, sin competidores significativos, ha sido menos la regla que la excepción desde que este modelo adquirió encarnadura legal. Muchos dirigentes de la CGT -varios, con años de militancia en el MTA- reconocen este dato y se encuentran dispuestos a integrar a la CTA como central alternativa para la canalización de demandas que, de otro modo, difícilmente serían visibles. Pero ello tiene un límite esencial: la ley.

En efecto, cualquier intento de modificación de la legislación sobre asociaciones sindicales parece poco menos que inviable, mucho más en el contexto parlamentario posterior al 28 de junio. Llevar la propuesta de  modificación del acápite octavo al recinto en estas condiciones sería un arma de doble filo. Por otra parte, como sucede siempre que se discuten cuestiones de orden general, no existe posibilidad práctica de abrir el juego a la CTA sin dejar la puerta abierta a nuevos reclamos (vg: Barrionuevo, Venegas, etc.). Más claramente, cualquier principio que habilite a la CTA a armar sindicatos por rama (el punto dos de Sebastián) será de aplicación general. E incluso, es bastante improbable que una opción en este sentido satisfaga a la CTA, que bien sabe de la dificultad de reclutar gremios con “ventajas políticas competitivas” sin el concurso de estructuras paralelas.

Asimismo, es de público conocimiento que la CTA se encuentra hoy embarcada en distintos proyectos políticos de signo contrario al oficialista, algo que dificulta aún más la “condición de satisfacción” que la propuesta supone. Lisa y llanamente, negociar con quienes reducen el kirchnerismo al mero gerenciamiento de un presunto modelo agro – minero – exportador que habría sido el pilar de los fatídicos e infames años noventa, virtualmente indiferenciado de cualquier otra alternativa de derecha o extrema derecha neoliberal, no parece muy prometedor, especialmente a la luz de su reciente comportamiento legislativo. Tampoco puede creerse seriamente en una cooperación de largo plazo entre el gobierno y quienes sostienen una autonomía que se define por el grado de distanciamiento que operan respecto del primero -esto es, una oposición-.

Aquí tocamos un aspecto que nos resulta especialmente significativo, y del que hemos hablado en otras ocasiones. Es regla general aludir a la “dispersión del arco progresista” como una de las razones del “avance de la derecha”. Nosotros sostenemos, en cambio, que esas interpretaciones presuponen, con una pizca de metafísica, un sujeto social y político homogéneo, artificialmente dividido, donde en rigor coexisten varios, con clivajes estructuralmente diferenciados por su posición en un mercado laboral marcadamente más heterogéneo que en el pasado inmediato. Y la diferencia no reside tan sólo, aunque se explica en buena medida, por el posicionamiento histórico de las izquierdas vernáculas ante el peronismo. Es, y seguirá siendo ante todo, un problema de proyectos. En esa medida, es discutible asumir que “es crucial preservar cierta unidad de acción CGT-CTA para cualquier proyecto transformador e inclusivo de los sectores populares“, pues, en rigor, no se trata ni ha de tratarse del mismo proyecto, algo que, podemos arriesgar, seguirá observándose incluso en un eventual reflujo, pese a las veleidades neo – entristas de algunos referentes del centro izquierda. Existe una notable ingenuidad política en este sentido.

En suma, la propuesta de Etchemendy asume demasiados beneficios, varios de ellos discutibles, de una política que no puede sino fracturar una de las últimas bases sociales del gobierno sin ofrecerle nada a cambio. Las causas justas no se ganan con justicia: se ganan con fuerza. Y esa propuesta, meritoria como es, no la ofrece. En estas condiciones, cercenada políticamente la posibilidad, ofrecida por la CGT, de compartir la personería gremial, bajo la evidencia de que el contexto actual no es siquiera similar al vivido por el sindicalismo en la década pasada, los caminos del sindicalismo argentino parecen resueltos a bifurcarse, antes y después de 2011.

Ezequiel Meler,

Administrador.

Duhalde candidato: Ruidos en el peronismo disidente.

2009 Diciembre 26

La naturaleza odia el vacío, reza el adagio, y es posible que el peronismo lo odie aún más, agregaríamos. Tal vez por ello, las propias vísperas navideñas encontraron a uno de sus referentes de las últimas dos décadas lanzando su candidatura presidencial. Nos referimos, claro está, a Eduardo Duhalde.

Cuando el año político parecía virtualmente cerrado, con la oposición plenamente dedicada al armado del rompecabezas parlamentario, el lanzamiento de Duhalde como candidato a la presidencia sonó, como mínimo, extemporáneo. Por lo menos, así lo vivieron Felipe Solá y Mario Das Neves, dos de los adversarios de Duhalde en el campo disidente. Solá, puntualmente, advirtió:

Si se busca enfrentar a Kirchner en una interna como la que está reglamentada por ley, se necesita un candidato que vaya creando un clima de acuerdo en el peronismo no kirchnerista.”

Reacciones similares deben esperarse del clan Rodríguez Saá. Una sonrisa, en cambio, debe dibujarse en el rostro de Reutemann: ahora otro será, imagina, quien cargue con el desgaste de una candidatura a tamaña distancia de las elecciones generales.

Desde el punto de vista del Negro, en cambio, la jugada tiene su sentido. En parte, porque “primerea”: capitaliza el desierto antikirchnerista roturando un terreno de indecisiones en el que, a partir de la reforma política, la dispersión disidente hacía que Kirchner se viera carente de adversarios “por adentro”. En segundo lugar, porque, de cara a un año electoralmente sabático, Duhalde se posiciona, de este modo, como el único candidato reconocido por el establishment en condiciones de arrebatarle a Kirchner el control de su base de poder, el PJ bonaerense -al menos, así se vende el flamante candidato desde hace tiempo-.

Por otra parte, y en ausencia de una figura aglutinante en el campo peronista opositor, Duhalde lanza su candidatura como último medio de retener influencia sobre la política nacional, una influencia que le hubiese sido arrebatada por otros candidatos -principalmente, sus críticos, pero también Mauricio Macri- en caso de permanecer estático.

Claro que la jugada, como todas, tiene sus límites: la posición de francotirador y “director técnico” con que coqueteaba el ex presidente queda ahora desplazada, y en vez de sus declaraciones sobre la conveniencia del default, debe ahora calzarse el traje de sereno estadista, aún cuando los nombres que convoca -vg: Alfredo Atanasoff, Jorge Remes Lenicov, Graciela Camaño, Roberto Lavagna, etc.- no llamen demasiado la atención por su novedad respecto al proceso abierto en 2002. Por otra parte, y visto el tiempo de reacción de sus competidores, la fórmula que encabeza difícilmente resuelva el tránsito de reducción a la unidad del campo disidente: antes bien, podría garantizar la dispersión necesaria para un eventual triunfo de Kirchner.

¿Cuáles son los apoyos reales con que Duhalde al interior del peronismo? No son muchos, ni significativos. Aparte de la CGT Azul y Blanca encabezada por Luis Barrionuevo, de las 62 Organizaciones Peronistas lideradas por el Momo Venegas, y de los agrupamientos bonaerenses que responden a Osvaldo Mércuri, Duhalde sólo cuenta con el aval de un limitado grupo de ex gobernadores (Busti, De La Sota, tal vez el propio Reutemann) que hace tiempo se encuentran distanciados del kirchnerismo.

Pero el poder de fuego de esta estructura, como bien sabe el Negro, es dudoso de no presentarse grietas como las que constantemente invoca entre los intendentes del conurbano y los principales sindicatos, factores decisivos en el padrón del justicialismo. Y varios de los propios interesados rechazaron esa aseveración.

En todo caso, la jugada parece descansar menos en los apoyos que en el sentido de oportunidad: lo que Duhalde busca capitalizar, antes que nada, es un descontento, un malestar, incluso un fastidio, de muchos dirigentes peronistas para con Kirchner. A sabiendas de que muchos de esos dirigentes no ven reversible la debacle de 2009 de cara a las presidenciales, el Cabezón se muestra tempranamente como la alternativa para un justicialismo que comienza a imaginarse en la oposición. Lo peor que le puede pasar, en ese sentido, es que Kirchner repunte el año que viene, de la mano de la recuperación económica y la política social. El peronismo, bien lo sabe Duhalde, siempre ha de apostar a ganador.

Ezequiel Meler,

Administrador.

En estas fiestas, mejor brinde con…

2009 Diciembre 25
etiquetas: ,
por ezequielmeler

Amigos:

Les agradezco por haber compartido este año de pre-textos. Mis mejores deseos, en lo personal y en lo colectivo, para 2010.

Un gran abrazo,

Ezequiel Meler,

Administrador.

Y no duró nada.

2009 Diciembre 23
por ezequielmeler

Se fue, nomás, tal cual lo anunciáramos hace poco, Abel Posse: ni una quincena duró el polémico ministro de Educación porteño -sí, ese que no se iba y que no estaba en revisión-.

¿Decisión profiláctica, para tener un verano más tranquilo y un marzo estrictamente salarial? Probablemente. Lo cierto es que no se entiende muy bien, a menos que uno asuma que Macri realmente no entiende en grado alguno cómo funciona lo que insiste en llamar “la cosa pública”, que un jefe de gobierno pase de una semana de apoyo al matrimonio gay, al nombramiento de semejante dinosaurio en una cartera tan delicada, para derrapar, finalmente, apenas doce días después. Todo parece indicar que Macri no termina de decidir la impronta general de su gobierno en áreas clave -vg: derecha moderna y reaccionaria, o solamente reaccionaria, y por ende también antimoderna-, y que no tiene una estrategia elemental de gestión -eso que tanto prometían sus voceros cuando se les requería la más mínima definición de políticas públicas-.

Algún día haremos la cuenta de la cantidad de funcionarios que, desde el pionero, Ignacio Liprandi, a la fecha, han renunciado al cargo, o bien no han llegado siquiera a asumir. Recordemos que Liprandi, quien coordinó los equipos de campaña en Cultura y estaba prácticamente designado en el área, sufrió un desgaste fulminante por parte del sector más ligado a Bergoglio, De Estrada y Michetti, debido, paradóicamente, a su posición favorable al matrimonio gay, posición que le costó la renuncia al espacio. Desde entonces, el funcionamiento de las designaciones ha sido bastante caótico, por ser generosos, en el armado PRO -tanto, que algunos no quieren asumir-.

En todo caso, la designación inminente de Esteban Bullrich en la cartera -una desilusión más para el ala clerical- refuerza en sus posiciones al sector pragmático, liberal, comandado por Rodríguez Larreta, de cara a la eventual sucesión de Macri en 2011. Eso, si Mauricio no desiste y trata de sostener su posición en la Ciudad.

Llegamos, así, al final del comercial.

Ezequiel Meler,

Administrador.

Pensando el año que pasó, en La Bloguera.

2009 Diciembre 23

Ayer, merced a la siempre gentil invitación de Gerardo, tuvimos la oportunidad de proponer un primer balance, tentativo, de 2009, el año que se va, y avizorar algunas cuestiones del tiempo que viene. Ahí va. No lo pude escuchar, todavía, así que les pregunto: ¿cómo estuvo?

Saludos,

Ezequiel Meler,

Administrador.

PD: Arranca con precisión 21: 35, o, mejor, en el minuto 85.

El peronismo en situación.

2009 Diciembre 18

Hace poco, Abel Fernández subió un excelente análisis  en dos tiempos del presente del peronismo -uno más, en este tema al menos-. Para él

“Existe, desde el 2003, fastidio, en muchos casos bronca, con Néstor Kirchner en mucho de la militancia tradicional del peronismo. Yo lo comparto, por ejemplo. [...] Es una tentación para los opositores internos subirse a esa ola. Y lo han hecho. Pero no les alcanza para construir alternativas nuevas. Para la sociedad en general, y para muchos peronistas, el enfrentamiento interno en el peronismo es entre Kirchner, que ya lleva seis años, y un peronismo más viejo aún.”

El problema esencial, concluye Fernández, reside en las escasas chances de que el peronismo disidente, en solitario, alcance a capitalizar la oleada antikirchnerista. En sus términos,

“La oposición peronista a Néstor Kirchner no ha elaborado propuestas nuevas [...] Se han limitado a repetir las críticas que ya le hacían otros opositores al gobierno, el menemismo residual, o, más recientemente, el grupo Clarín. El problema obvio que se les presenta es que, si la mayoría de los argentinos deciden votar contra los K, lo que parece probable ¿por qué habrían de hacerlo por opositores peronistas?”

En efecto, ese es uno de los problemas, probablemente el central que enfrenta el peronismo disidente de cara a 2010 -2011. Agregaría que, así como carece de un proyecto propio, tampoco tiene, como parecía en junio, una figura popular aglutinante. El derrumbe de Reutemann y las reticencias generalizadas hacia Macri por parte de la tropa -reticencias que el derrumbe electoral de PRO en Capital parece confirmar- lo han dejado en una vulnerabilidad extrema respecto de una generación sobre la cual existe un amplio consenso negativo.

En ese marco, el alarde de protagonismo de Duhalde, que hasta poco tiempo atrás entendíamos como parte de un intento, un tanto desesperado, por contener a la tropa, evitando fugas hacia Unión – PRO o el kirchnerismo, puede comenzar a mostrar visos de intención real. Sencillamente, hoy por hoy, no hay nadie más en condiciones de pelear, simultáneamente, el liderazgo del justicialismo y su habitual correlato, la presidencia de la Nación. Y eso es bastante malo, no sólo para los disidentes.

Pues ese mismo dato señala otra realidad, a saber, que por primera vez desde 1999, el peronismo en general se expone claramente a una elección en la que bien puede salir derrotado, resignando importantes posiciones a manos de otras fuerzas, como el radicalismo, sus aliados, y, por supuesto, el poco confiable armado PRO bonaerense. No es precisamente un buen escenario para un partido que, aún en cenizas, gobierna -con diferentes sociedades y elencos- casi sin interrupción desde 1989.

Todo parecería impulsar, por la lógica misma de las cosas, un acuerdo entre Kirchner y los disidentes, acuerdo que Abel imagina atado a la suerte de un candidato “que garantize a los sectores que hoy apoyan o toleran el liderazgo de Kirchner que no serán tratados peor que hoy, y que pueda rescatar algunos de esos sectores alienados por el estilo K.”

Hay que decir, sin embargo, que esa fórmula política no contiene, pese a sus virtudes formales, demasiadas chances. Es cierto que existe un aliciente importante -por ejemplo, la perduración en los cargos, muchas veces asociada a la perduración política per se-. Pero hay dos problemas. El primero reside en la composición del kirchnerismo: un sector decreciente del peronismo, anclado en la estructura política bonaerense y en la CGT, convive con un electorado de centro – izquierda, históricamente adverso al PJ, muchos de cuyos integrantes hicieron sus primeras armas contra dicha estructura, tildada de “aparato”. En ese escenario, la sensación de peligro del electorado que sigue respondiendo a Kirchner debiera ser sumamente alta, si se espera que tolere y obedezca un pacto de continuidad con sectores ligados al duhaldismo a la cabeza.

El problema presenta, también, una faceta inversa: dado el antikirchnerismo predominante, parece difícil que un eventual apoyo disidente, fruto de un pacto con el kirchnerismo, o bien de una derrota interna, dé como resultado un peronismo unificado detrás de un liderazgo que, como el de Kirchner, aparece demasiado golpeado entre los sectores medios, erosionado en los sectores populares, rechazado en amplios bolsones de la Región Centro, desgastado por casi una década de gestión. Es decir, si parece improbable que los kirchneristas procedentes del progresismo -y, en general, del no peronismo- apoyen a un candidato disidente, es casi tan improbable que los votantes disidentes, reflejo interno de un sentimiento más amplio de rechazo, se vuelquen hacia Kirchner, así lo dictamine una interna partidaria o un acuerdo cupular -o, incluso, ambas opciones-. Si el candidato no ofrece garantías, al menos que no recabe demasiado rechazo: si suceden ambas cosas…

En lo personal, hace tiempo que rodeo estos temas, con la sensación de que el partido está ya jugado y definido: Kirchner, de presentarse, debería ganar, salvo cataclismo, la interna frente a un duhaldismo mermado y caduco, pero tiene pocas o ninguna chance en un ballotage frente al arco del antiperonismo tradicional. Lo mismo vale para un eventual candidato disidente. Es cierto que la futurología no es mi área específica -me dedico, antes bien, al estudio del pasado-, pero no puede negarse que es éste el fantasma que acecha como pesadilla a los dirigentes y militantes peronistas. Con un agravante: la presencia simultánea de Kirchner y Scioli en la derrotada boleta de junio dejó al peronismo fuertemente tocado en el territorio más sensible a sus intereses: el conurbano.

Por otra parte, si bien es cierto que perder, a secas, sin judicialización de la política, no es el final de la historia para Kirchner, la edad promedio de sus adversarios indica lo contrario. Veinte años mayores, veteranos de muchas batallas, 2011 puede ser su despedida del plano nacional, potenciando así las tendencias centrífugas de un sector que se apresta a ver en Macri o en De Narváez a su nuevo estratega -algo que, a su vez, depende del desempeño simultaneo de PRO en Provincia y Capital en el año del recambio presidencial-.

Todo esto nos lleva a dos preguntas esenciales:

a) ¿Cómo y con quién ha de asociarse el peronismo actualmente en el gobierno para los dos años que le restan de gestión?

b) ¿Cuáles serían, de existir, las alianzas hacia fuera susceptibles de generar para el peronismo el grado de consideración social y electoral que requiere para gobernar?

En estos dos años, la identidad social, cultural y política del peronismo vuelve a estar en juego, señal de que algo no anda bien. Serán sus militantes los que elijan su color, reforma política mediante, y será el pueblo quien decida su suerte. Cualquiera sea el resultado, hay algo seguro: ya nada será igual.

Ezequiel Meler,

Administrador.

Valenzuela, un emisario del pasado.

2009 Diciembre 18

¿Y, che, seguimos derecho?

Evidentemente, la visita de Arturo Valenzuela, subsecretario adjunto de asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado norteamericano, sepultó en tiempo récord la esperanza de que el encuentro internacional de Trinidad y Tobago fuese, tal cual se avizoraba, un punto de inflexión para la relación de los Estados Unidos con América Latina. Si términos como “diplomacia” evocan imágenes ligadas al tacto, la negociación profesional, la generación de buena voluntad, la cooperación, etc., Valenzuela se irá del país habiendo conformado a muy pocos, alienando a unos cuantos, y generando fastidio en amplios sectores de la sociedad política.

Es que, después de ocho años de Bush, lo menos que podía esperarse de un gobierno que se prometía distinto -aunque no lo fuese- era el silencio, la prudente prescindencia, y el reconocimiento de la nueva realidad regional.

Pero no. En vez de eso, nos encontramos con declaraciones etimológicamente intempestivas, poco propias de un emisario, así como con operaciones y presiones tan públicas como burdas.

En efecto, tras señalar que los empresarios de su país “estaban mejor en el 96” -linda cosecha, la del 96: unos ocho millones de desocupados…-, Valenzuela remató su conferencia de prensa condicionando la cooperación privada a “cambios” que brinden “seguridad jurídica” a las inversiones. Según el mensajero de Obama:

Escuché que existe preocupación por temas de seguridad jurídica y de manejo económico en Argentina y que, a menos que haya cambios, no podrían realizarse las inversiones que se planean.”

¿Se planean inversiones? ¡Esa sería una novedad! ¿Como cuáles, y en qué sectores? El proceso de crecimiento que el país lleva adelante desde 2003 a la fecha ha sido intensivo en muchas cosas, menos en inversión externa, directa o crediticia. Por el contrario, una de las claves de la recuperación “asiática” del país residió en el expediente, muchas veces compulsivo, del ahorro interno. Pero bueno, si el reclamo de seguridad jurídica fuese todo, la visita quedaría en una mera intrascendencia.

No fue el caso, sin embargo. Ocurre que Valenzuela, con un poco de torpeza, hizo gala excesiva, casi promiscua, de sus encuentros con referentes opositores, como Mauricio Macri, Francisco de Narváez y el inefable Julio Cobos, con quien, parece, tuvieron una excelente sintonía. Como señaló Luis Bruschtein,

“Las declaraciones de Valenzuela, en nombre de los empresarios norteamericanos o de lo que fuera, sumadas a su reunión con el vice por fuera de la agenda institucional, dejan un sabor a sopapo y golpe bajo, que muchos no esperaban de un funcionario de Obama. En otro momento nadie hubiera dudado de que Cobos había recibido un guiño obvio del gobierno norteamericano. Es cierto que se reunió con otros dirigentes de la oposición, como Francisco de Narváez y Mauricio Macri. Pero el encuentro con Cobos implicó un compromiso más alto porque para hacerlo debió transgredir premisas muy básicas de la diplomacia.”

Por supuesto, existen fuertes afinidades ideológicas que explican el sentimiento nostálgico de los sectores ligados a los intereses norteamericanos. Pero existen, también, otras razones, más estructurales. Obama, lejos de representar a los sectores de la economía real, mantuvo un fuerte apoyo de los sectores financieros directamente ligados a la burbuja inmobiliaria que estalló el año pasado, sectores que se vieron resarcidos con su plan de rescate. Son esos mismos sectores los que litigan, desde hace años, contra la renegociación de la deuda argentina en los tribunales neoyorquinos. Para esos sectores, que no dudan al recurso de solicitar el embargo de nuestras exportaciones, o bien festejan cada acción punitiva del CIADI, no habrá seguridad jurídica mientras haya un sólo bono en default.

No obstante, es un índice llamativo de la baja de las acciones norteamericanas en la región el grado de rechazo que generaron las poco delicadas declaraciones del secretario adjunto. Mientras Cancillería señalaba que las presuntas quejas del sector privado no habían sido remitidas por los canales específicos, el Ministro Florencio Randazzo replicaba con menos terciopelo:

“Lamentamos que algunos funcionarios reincidan en viejas prácticas cuando tenemos expectativa en que se inaugure una nueva etapa en la política exterior estadounidense.”

Idénticos serían los términos del embajador argentino en Washington, Héctor Timerman, quien expresó crudamente su decepción por la visita:

“Cuando Valenzuela me mandó una carta con los temas que quería hablar no figura la supuesta inseguridad jurídica. [...] Nosotros le pedimos que abra la agenda a los distintos sectores, a la CGT y al partido radical, pero eligió a interlocutores que están a la derecha del espectro político.”

Mientras la embajadora norteamericana, Vilma Martínez, trataba de poner paños fríos entre las partes, un sector bastante amplio de la oposición cuestionó con igual o mayor dureza al poco educado huésped.

Pino Solanas, por ejemplo, afirmó que “el señor Valenzuela es el representante de un gobierno que sigue pensando que los desastrosos y trágicos años 90 para la Argentina son el modelo a seguir.”

Rubén Giustiniani, titular del Partido Socialista y senador por Santa Fe, señaló que “los argentinos no necesitamos que vengan a marcarnos qué hacer. Yo soy muy crítico, desde la oposición, respecto al gobierno nacional, pero no me parece bien que un diplomático de cualquier país, venga a marcarnos cuestiones referidas a la política interna.”

Ricardo Alfonsín, vicepresidente primero de la Cámara de Diputados, se expresó en términos similares:

“Que nos venga a decir que en el 96 había un clima de confianza de prosperidad y que todo el mundo estaba perfecto, cuando nosotros sabemos mejor que él la pobreza que existía en la Argentina, realmente me preocupa y mucho.”

A la vista de la secuencia reciente de eventos -a saber, el golpe en Honduras, la instalación de  bases militares en Colombia, o más localmente, la desembozada intervención de la Administración Obama en el conflicto gremial desatado con la firma norteamericana Kraft Foods-, marcan los indicios centrales de una continuidad política que los gestos y abrazos oficiales no alcanzan a desmentir. Al decir de Bruschtein,

“Si la política de Obama para la región se define como hasta ahora por instalar bases norteamericanas en el corazón de Sudamérica, en cierta concesividad hacia los golpes derechistas y dureza contra gobiernos como los de Venezuela y Bolivia, lo lógico sería que desarrolle al mismo tiempo una estrategia activa en ese sentido para desmontar gobiernos y alianzas que impliquen un obstáculo a esos fines. Si ese es el camino que elige Obama, su política no se diferenciaría tanto de la de George Bush.”

O, como dicen por ahí, meet the new boss, same as the old boss. Por suerte, entre uno y otro, dependemos menos de sus intereses y caprichos. Si estábamos como en el 96, elegían presidente ellos…

(Digo yo: Carrió, Estenssoro, y los firmantes de la carta a la Embajada, ¿dirán algo en estos días?)

Ezequiel Meler,

Administrador.